Page 1

1


Gritos deleitados atravesaron el aire mientras paseaba por el carnaval las luces se arremolinaban, parpadeé y aparecieron en mi cabeza. Me acerqué a mi hermano mayor través de la multitud de personas. Hacía años desde la última que estuve en una feria y en el momento en que llegamos, nuestro padre nos arrastró con mamá hacia la Rueda de la fortuna y mi hermano de doce años, se fugó con mi novio para dar un paseo, dejándome sola con Daniel. Todo estaba inundado de sonidos y olores: mantequilla artificial, risas, masa para freír y los gritos. Se sentía bien estar fuera de esta manera. Normal. -Sólo tú y yo, hermanita- dijo Daniel a medida que se arremolinaron en torno entre las cabinas. -¿Qué es lo que vamos a hacer? Una niña pequeña caminaba llevando suficientes globos para preguntarme cuántos le faltaban para que saliera volando. Le sonreí, pero el segundo en que se encontró con mis ojos, ella se alejó. Mi sonrisa cayó. Pasamos por debajo de una fila con peluches colgados en ella. -Podría ganar un osito de peluche- le dije. Mis pies crujían sobre las palomitas escupidas y esquivé a mi izquierda un charco gigante de agua debido a por una anterior lluvia típica de Miami. Él negó con la cabeza. -Los juegos están manipulados. Noah y Joseph volvieron a aparecer de entre la multitud. Mi hermano pequeño estaba pálido y agitado. Los ojos azul grisáceos de Noah mostraban un punto de diversión. -¿Cómo estuvo el viaje?- pregunté. Joseph levantó la barbilla y se encogió de hombros. -Estuvo bien. -Fue muy valiente- dijo Noah. Una sonrisa tiró de la comisura de los labios. Los cuatro serpenteamos hasta que José nos detuvo y señaló hacia arriba. Una enorme amenazante cara de payaso se elevaba sobre la entrada de un edificio pintado de colores chillones. -¡Salón de los Espejos! ¡Sí! No. Daniel debió notar mi inquietud, porque él puso su brazo alrededor de los hombros de Joseph. -Ya me encargo de esto- dijo él a Noah y a mí -. Divertíos. -¡No hagas nada que yo no haría!- nos gritó a Joseph y se lo tragó la multitud para arriba.

2


Una leve sonrisa malvada apareció en la boca de Noah. Mi favorita. -Parece que estamos en la nuestra- dijo. Asentí. -Así es. -¿Qué vamos a hacer con esta nueva libertad? Las luces parpadeantes acentuaban los ángulos de sus pómulos. El pelo castaño de Noah estaba revuelto, en un desorden magnífico. Estoy segura de que podemos pensar en algo, pensé. Estaba a punto de decir, cuando oí una voz detrás de nosotros. -¿Quieren los jóvenes amantes que les diga su fortuna? Nos volvimos a encontrar una mujer que llevaba el traje tradicional: levaba una falda con dibujos en ella, sí. Blusa de campesina, sí. Cabello ondulado negro derramándose de un ajuste de la cabeza, sí. Demasiado maquillaje, sí. Pendientes de oro, sí. -Creo que vamos a pasar- le dije a Noah no hay necesidad de tentar a la suerte -. ¿A menos que quieras? Él negó con la cabeza. -Gracias de todos modos- le dijo que nos dirigimos de inmediato. -Usted no tiene que ir por ahí- dijo en voz alta después de mí. Sentí una oleada de familiaridad como sus palabras hacía cosquillas en la parte trasera de mi mente. -¿Qué acabas de decir?- le pregunté, mi voz tranquila. Yo había oído esas palabras antes. La pitonisa me miró con los ojos vigilaban, con una expresión misteriosa. -Ven conmigo y se lo voy a explicar. Noah suspiró. -Mira… -Está bien- le dije, mirando hacia él- quiero ir. Noah levantó una ceja, su expresión sombría un poco divertida. -Como quieras- me dijo, y empezamos a caminar. Seguimos a la mujer mientras ella un caminaba a través de las personas dentro de una tienda de campaña pequeña de rayas.

3


Sostuvo que la entrada abierta, había luces centelleantes y cristales, que estaban reunidos y habían manteles colgados en los tapices. El espacio estaba decorado con ironía. Noah y yo entramos La pitonisa negó con la cabeza de Noah. -Usted puede esperar afuera- le dijo -. Mi hija le mostrará dónde. ¡Miranda!- gritó. Una chica de aspecto sombrío con una mecha de color rosa en el pelo apareció de detrás de un reborde cortina. -Por favor, ofrezca a este joven un poco de té. Muéstrele dónde puede sentarse. La muchacha, que tenía unos trece o catorce años, parecía como si estuviera a punto de rodar sus ojos, hasta que miró a Noah se apoyó con descuido contra el marco, puso una perfecta y ligera sonrisa sarcástica en su boca. Su actitud cambió al instante y ella se irguió. -Vamos- le dijo, y echó la cabeza hacia la cortina. Él me miró. -Voy a estar bien- dije, asintiendo con hizo ademán para que me sentara en una silla plegable de plástico al lado de una mesa de juego redondo que estaba envuelto con tela barata. Me senté. Había una baraja de cartas en delante de mí. Tarot, supuse. -El dinero en primer lugar- dijo, y tendió la mano. Por supuesto. Metí la mano en el bolsillo y le di el dinero. Ella guardó el dinero en efectivo en los pliegues de su falda y luego me miró por un instante, como si estuviera esperando algo otra cosa. No tenía ni idea de qué. Sin parar de mirarme fijamente, me dijo: -¿Así puedo cortar la baraja, señorita..?. -Señora. -Señora. . . ¿qué? -Señora Rose. -Señora Rose- le dije con fingida seriedad. Miré hacia arriba en una bola de cristal que se encontraba en un estante. -¿También necesita que le diga mi pseudónimo? Su expresión era grave. -Hay poder en el nombre.

4


Sus palabras hicieron que se me helaran las venas. Se hizo eco en mi mente, pero en la voz de persona. Parpadeé, y sacudí la cabeza para despejarme. -¿Tiene una pregunta?- preguntó, rompiendo el silencio. Tragué saliva y volví a centrarme en Madame Rose. -¿Qué quiere decir? -Una pregunta que usted busca una respuesta. Una amarga sonrisa torcida apareció en mis labios. Tenía un montón de preguntas. Todo lo que tenía eran las preguntas. ¿Qué me está pasando? ¿Qué soy? -Tengo un montón de preguntas- dije finalmente. -Piensa con cuidado- advirtió- si usted hace la preguntas equivocada, obtendrá el la respuestas incorrecta- entonces ella asintió con la cabeza. Se hizo una pausa y empecé a jugar con mis dedos. Mi corazón chocó contra mis costillas. La Señora Rose se dio cuenta de mi vacilación y bajó la cabeza, capturando mis ojos. -Puedo hacer un tipo diferente de la lectura, si lo desea. -¿Cómo que diferente? -Dame tus manos- me dijo. De mala gana coloqué mis manos en las suyas, con las palmas hacia arriba. Sacudió la cabeza y sus pendientes se balancearon. Giró mis manos, las palmas hacia abajo. Luego movió su cuello, su pelo largo cubrió su rostro como un velo. No dijo nada. El silencio se prolongó con incomodidad. -¿Cuánto tiempo…? -Silencio- susurró ella. La adivina señaló a la cabeza y examinó mis manos. Ella las estudió por unos momentos, luego cerró los ojos muy fuerte. Me quedé allí sentado mientras sostenía mis manos y esperé para que me contara lo lo que, yo no sabía. Después de otro período de tiempo, no sé cuánto, sus labios rojos se separaron. Sus párpados temblaron. Ella inclinó la cabeza ligeramente hacia arriba y hacia la izquierda y su frente se arrugó por la concentración. Sus dedos se movieron alrededor de la mía y me apretaron. Estaba asustada y casi me alejé, pero antes de que yo pudiera, sus ojos se abrieron. -Tienes que dejarlo- dijo. Sus palabras cortaron el aire. Pasaron unos segundos antes de que encontrara mi voz.

5


-¿De qué estás hablando? -El chico de los ojos grises. El que está fuera. -¿Por qué?- le pregunté con recelo. -El chico está destinado a la grandeza, pero contigo, él está en peligro. Están conectados. Usted debe alejarse de él. Esto es lo que he visto. Eso hizo que me sintiera frustrada. -¿Está en peligro por mí? -Él va a morir antes de su tiempo con usted a su lado, a menos que usted lo deje ir. ¿Destino u oportunidad? ¿Casualidad o destino? No se lo puedo decir -. Su voz se había vuelto blanda, suave y triste. Un puño se cerró alrededor de mi corazón. Traté de dejarlo ir una vez antes. No funcionó. -No puedo- fue todo lo que dije, y en voz baja. -Entonces usted lo ama a las ruinas- dijo, y dejó ir mis manos.

6

the evolution of mara dyer  

extracto de la segunda parte de la saga mara dyer

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you