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GÉNEROS LITERARIOS LA ELEGÍA

Errat, qui finem vesani quaerit amoris: verus amor nullum novit habere modum. Terrra prius falso partu deludet arantis, et citius nigros Sol agitabit equos, fluminaque ad caput incipient revocare liquores, aridus et sicco gurgite piscis erit, quam passim nostros alios transferre dolores: huius ero vivus, mortuus huius ero. PROPERCIO, Elegías, II 15,29-36 “Yerra el que busca un fin al amor enloquecedor, el verdadero amor no sabe tener límite alguno. Antes la tierra con ilusorio fruto burlará al labrador, y más pronto el Sol guiará caballos negros, y los ríos comenzarán a llevar sus aguas a las fuentes, y el pez quedará en seco en el abismo desecado, que yo pudiera pasar mis dolores a otra parte: de ella seré vivo, muerto de ella seré”.

CARACTERÍSTICAS La elegía latina se suele considerar como un subgénero de la lírica por su carácter íntimo y personal, frente a la elegía griega que abarcaba, además de los temas sentimentales, otros muchos (mitológico, guerrero, político, filosófico, etc). En Grecia la elegía tuvo un carácter menos personal y más objetivo. En su origen la elegía era un canto de lamentación fúnebre, pero después dio cabida a temas muy diversos: exhortaciones al combate, normas de comportamiento político o, ya en época helenística, narraciones mitológicas de contenido amoroso. Los poetas alejandrinos del siglo III a. C. componen elegías de tema amoroso pero no personal. Desde Grecia llegó a Roma abundante material que inspiró a poetas como Catulo, Tibulo, Propercio, Ovidio y Cornelio Galo, todos de la época de Augusto, Ellos otorgaron al género un carácter propio, creando una elegía sentimental y subjetiva inexistente entre los griegos. Con su último gran representante romano, Ovidio, surgirá la elegía dolorosa, que pasará luego a ser exclusiva en el concepto moderno del género. La elegía romana constituye la expresión de sentimientos personales, entre los que figura en primer lugar la experiencia amorosa, que casi siempre es desgraciada, de ahí que dolor y sufrimiento estén casi siempre presentes en este tipo de composiciones. Además de este amor desgraciado, casi romántico, los poetas elegíacos utilizan un repertorio común de tópicos:

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1. Pseudónimo de la amada (Catulo: Lesbia; Tibulo: Delia y Némesis; Propercio: Cintia). 2. Encantamientos para lograr el amor. 3. El poeta se presenta como un peritus amoris, un experto en las penas del amor, que pretende ayudar a los demás. 4. El lamento ante la puerta cerrada de la amada. 5. El paralelismo del amor con la milicia (militia amoris). 6. Exhortación a disfrutar del presente (carpe diem). 7. Alabanza convencional de la vida en el campo, de la paz, de la paupertas, es decir, de la vida humilde, o de la aurea mediocritas, por la cual el poeta dice contentarse con poco. La forma métrica que define este género es el dístico elegíaco: una pequeña estrofa de dos versos, un hexámetro y un pentámetro dactílicos. Es posible que el inventor de la elegía romana, es decir, el primero en dotarla de contenido personal fuese Cornelio GALO. Compuso cuatro libros de elegías dedicadas a su amada Lícoris pero se han perdido todos ellos, pero en unos versos de Virgilio que hacen alusión a Galo podemos deducir que el contenido de sus elegías era sentimental y subjetivo. OVIDIO (43 a. C.-17 d. C.) Publio Ovidio Nasón nació en Sulmona, en el seno de una familia acomodada de rango ecuestre. Introducido en ambientes intelectuales, rehusó seguir la carrera de abogado para dedicarse plenamente a la poesía. En el año 8 a. C. fue objeto de una acusación, aún no aclarada, y se le condenó al destierro en Tomis (hoy la ciudad de Constanza, en Rumanía), y tuvo que abandonar la familia que había formado, su círculo de amistades y la fama y el éxito que ya conocía como poeta. Ovidio murió en el destierro. Las elegías de Ovidio son de dos tipos y pertenecen a dos períodos distintos de su vida: en su juventud escribió elegías “amorosas” como Tibulo y Propercio, las obras son: Amores, Heroidas, Ars Amandi y Remedia amoris. En su madurez, desde el destierro, escribió elegías “dolorosas”: Tristia y Epistulae ex Ponto. En las elegías amorosas, Ovidio expresa sentimientos más bien convencionales; no se basa en su experiencia personal, pero sin embargo es un poeta de talento extraordinario, su estilo es brillante y refinado, abundante en recursos, y por ello consigue evitar la monotonía de una inspiración más superficial que en los poetas anteriores Amores es una colección de poemas elegíacos recogida en tres libros, en la que el poeta canta a Corina, su amada tal vez imaginaria. Se trata de un conjunto de poemas que exponen todos los lances con los que se puede encontrar una pareja de amantes: espera ansiosa, celos, rechazo, perseverancia, goce efímero…., todo ello en una atmósfera sensual y un tanto frívola. Heroidas se compone de quince epístolas poéticas en dísticos elegíacos. Se trata de cartas dirigidas por heroínas legendarias a sus amados: Penélope a Ulises, Fedra a

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Hipólito, Dido a Eneas, etc; se incluyen también entre estas cartas las respuestas de algunos amantes, como la de Paris a Helena. En las Heroidas, Ovidio aprovecha al límite el tema amoroso, sacando partido de los amores míticos de mujeres abandonadas o alejadas de sus amantes. Ars Amandi (El arte de amar): en tres libros. Esta obra podría encuadrarse en el género de la poesía didáctica, pero la tratamos aquí por su temática y su métrica. Los dos primeros libros, dirigidos a los hombres, les instruyen con todo detalle sobre la manera de conquistar y retener el favor de las mujeres. A estas últimas se dirige en el libro III, dándoles consejos sobre el arte de seducir a los hombres. Remedia amoris (Los remedios del amor): es una especie de antídoto contra el veneno de la obra anterior. En unos 800 versos defiende el poeta que, para el enamorado sin esperanza, el mejor remedio es enamorase de otra persona.

Contudit ingenium patientia longa malorum, et pars antiqui nulla vigoris adest. Siqua tamen nobis, ut nunc quoque, sumpta tabella est, inque suos volui cogere verba pedes, carmina nulla mihi sunt scripta, aut qualia cernis, digna sui domini tempore, digna loco. Denique non parvas animo dat gloria vires, et fecunda facit pectora laudis amor. Nominis et famae quondam fulgore trahebar, dum tulit antemnas aura secunda meas. OVIDIO, Tristia V 12,31-40

“Aplastó al ingenio un largo padecimiento de desdichas/ y no queda parte alguna del antiguo vigor./ Pero si he tomado, como ahora, una tabilla,/ y he querido reducir las palabras a la medida del verso,/ no he escrito versos, a no ser los que ahora ves,/ dignos del momento de su dueño, dignos de su estado./ En fin, no pequeñas fuerzas otorga al ánimo la gloria,/ y vuelve fecundo al pecho el amor a la alabanza./ Por el fulgor del renombre y de la fama en otro tiempo era arrastrado,/ mientras viento favorable empujó las velas mías”.

Trista, en cinco libros, consta de casi cien poemas en los que lamenta su partida de Roma, donde ha dejado a familiares y amigos, y en los que se hace patente la tristeza por vivir en una tierra salvaje y alejada de su refinada Roma. La obra tiene el carácter de una autobiografía en un intento de justificar sus errores pasados, causantes de su lamentable situación. Hay elogios desmedidos a Augusto para conseguir que le levante el destierro y explosiones constantes de dolor y de amargura. Epistulae ex Ponto son cuatro libros de cartas poéticas en dísticos elegíacos, dirigidas a su mujer y a sus amigos, para pedirles que intercedan por él ante Augusto. Como en la obra anterior, la mayoría de las cartas está presidida por el tono de 3


lamentación y queja, pero Ovidio es capaz de hacer poesía a partir de su desgracia personal, poesía pura en la que la forma sobrepasa el contenido.

TIBULO (55-19 a.C.) Albio Tibulo nació en Gabios, una ciudad del Lacio. Procedía de una familia acaudalada del orden ecuestre, que había sido víctima de las confiscaciones del segundo triunvirato. Perteneció al círculo de Mesala, famoso cónsul y hombre distinguido de la aristocracia republicana, de quien era íntimo amigo, pues con él había combatido durante la guerra civil en el bando de Augusto. En una de su campañas Tibulo enfermó, se quedó en la isla de Córcira (actual Corfú), y a partir de entonces se dedicó a la poesía. Nuestro autor gozó también de la amistad de Horacio, Virgilio, Propercio y Ovidio. Se han conservado dieciséis elegías suyas divididas en dos libros dentro del llamado Corpus Tibullianum; el primer libro consta de diez elegías y el segundo, consta de seis. Este corpus incluye un tercer libro de composiciones de poetas del círculo de Tibulo y de la poetisa Sulpicia (hermana de Mesala Corvino), en el que sólo hay dos elegías atribuibles al propio Tibulo. Cada libro está dedicado a una amada distinta. El primero contiene diez elegías y está dedicado a Delia (epíteto de Diana), su tierno e idílico amor del que se sintió esclavo (se trataba de una mujer casada de origen plebeyo llamada realmente Plania). El segundo está compuesto por seis poemas dirigidos a Némesis (la Venganza), por quien parece experimentar una pasión arrebatadora, pero en realidad podría tratarse de un personaje ficticio con el que quiso desquitarse del amor de Delia perdido. Los temas de la mayoría de sus elegías son los propios del género: el amor, enfermizo y casi romántico, pero también los lamentos por la enfermedad y la muerte, el rechazo de la guerra, del comercio, de la riqueza, el cultivo de la vida sencilla y tranquila al lado de su amada y la predilección por lo bucólico (se le relaciona con Virgilio por la exaltación del campo). Su poesía se caracteriza por la expresión sincera de sus sentimientos amorosos y de una personalidad melancólica, lánguida y enigmática. Sencillez, armonía y precisión distinguen el estilo de Tibulo, quien prescinde de la erudición mitológica en sus poemas. Sus poemas no son “arquitectónicos”, es decir, dotados de un orden claro y una línea concreta, sino más bien sinfónicos o impresionistas, pues tiende a conectar temas en apariencia distantes, para luego retomar la idea o sentimiento con el que abrió el poema. Con todo, su obra no carece de coherencia o unidad. Es indiscutible, por otra parte, la perfección técnica de sus versos. Ianua difficilis domini, te verberet imber, Te Iovis imperio fulmina missa petant. Ianua, iam pateas uni mihi, victa querelis, Neu furtim verso cardine aperta sones. Et mala siqua tibi dixit dementia nostra, Ignoscas: capiti sint precor illa meo. Te meminisse decet, quae plurima voce peregi Supplice, cum posti florida serta darem.

¡Puerta de un amo difícil! ¡Que te golpee la lluvia! ¡Que rayos enviados por orden de Zeus te alcancen! ¡Puerta! ¡Así te me abras sólo a mí, vencida por mis quejas, y no hagas ruido, abierta furtivamente, con el rotar de tus goznes! Y si alguna mala palabra te dirigió mi demencia, perdona: ruego caiga ésta sobre mi cabeza. Acordarte debes de las muchísimas cosas que te dije con voz suplicante cuando a tus jambas entregaba coronas de flores.

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PROPERCIO (50 a.C.-15 a.C.) Sexto Aurelio Propercio era de origen umbro (se cree que nació en Asís). Su padre se arruinó como consecuencia de las guerras civiles y las confiscaciones de tierras, y Propercio, muy joven aún, se vio empujado a probar fortuna marchándose a Roma, ciudad a la que acabó amando extraordinariamente. Trató de abrirse camino como orador, pero el amor por Cintia hizo que surgiera su vocación poética. Llamó la atención de Augusto y de Mecenas, en cuyo círculo literario se introdujo. Allí conoció a Virgilio y a Ovidio. Al igual que Catulo y Tibulo murió joven, recién entrado en la treintena. Propercio escribió cuatro libros de Elegías. Los tres primeros están dedicados a su amada Cintia, nombre inventado bajo el que se oculta Hostia, hija de un poeta y nieta de Roscio, un célebre actor. El cuarto libro de las Elegías Propercio parece haber perdido su obsesión casi enfermiza por Cintia y se ocupa de temas religiosos (viejas leyendas romanas) y patrióticos, en consonancia con el programa de restauración cultural y moral de Roma propugnado por el emperador Augusto. La poesía de Propercio imita la de los poetas alejandrinos, especialmente a Calímaco, de quien adopta el barroquismo de estilo y el gusto por la erudición y las curiosidades mitológicas. Es una poesía fogosa y apasionada, muy elaborada; una poesía refinada y sutil, repleta de metáforas e imágenes de gran plasticidad. La violenta pasión que sintió por Cintia hizo que el poeta expresara con gran patetismo su concepto trágico del amor, los celos, la tristeza y la desilusión.

tum tibi pauca suo de carmine dictat Apollo et vetat insano verba tonare Foro. At tu finge elegos, fallax opus: haec tua castra! scribat ut exemplo cetera turba tuo. militiam Veneris blandis patiere sub armis, et Veneris Pueris utilis hostis eris. Nam tibi victrices quascumque labore parasti, eludit palmas una puella tuas: et bene cum fixum mento discusseris uncum, nil erit hoc: rostro te premet ansa tuo. Illius arbitrio noctem lucemque videbis. Gutta quoque ex oculis non nisi iussa cadet. Nec mille excubiae nec te signata iuvabunt limina: persuasae fallere rima sat est. PROPERCIO, Elegías IV, I, 133-146 …”desde entonces Apolo te inspira unos pocos de sus versos/ y te prohíbe tronar en el loco Foro. / Pero tú compón elegías, tarea engañosa: ¡este es tu campamento!/ para que la caterva restante escriba a tu ejemplo./ Soportarás la milicia de Venus bajo sus dulces armas,/ y para los jóvenes de Venus serás provechoso enemigo./ Pues de las victoriosas palmas tuyas que con trabajo te procuraste, se burla una sola joven:/ y aunque hayas apartado el gancho bien hundido en el mentón,/ de nada te servirá: el anzuelo te oprimirá en la boca./ A capricho de ella verás la noche y el día./ No caerá gota de tus ojos si ella no da la orden./ Ni mil guardias ni puertas selladas te ayudarán:/ decidida a engañarte, una rendija le basta”.

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