Issuu on Google+


- Primero contemplar y despuĂŠs enseĂąar.

- Predicar siempre y en todas partes.


Decían sus compañeros: “De día nadie más comunicativo y alegre; de noche, nadie más dedicado a la oración y a la meditación”. “Consagraba el día a su prójimo y la noche al Señor”.

De carácter alborozado y risueño, tenía gran capacidad de seducción. La alegría era fiel testimonio de su buena conciencia.


Una caracter铆stica de santo Domingo era su amor a la verdad. La buscaba en el asiduo contacto con la Sagrada Escritura, buscando la salvaci贸n del pr贸jimo. Constantemente le铆a la Biblia hasta saberla casi de memoria, especialmente el evangelio de san Mateo y las cartas de san Pablo.


Un elemento propio de santo Domingo y de los dominicos es el estudio: Un estudio que estĂĄ orientado a la bĂşsqueda de Dios para luego poderlo predicar.


Su estilo de predicación con los herejes no era el de inquisidor, sino el de diálogo largo y paciente o la discusión formal y académica esgrimiendo argumentos, no castigos. Con sus frailes tenía una gran delicadeza y afabilidad, aun cuando debía imponer algunas penas en la orden.


Por la penitencia busca unirse a Cristo crucificado Su penitencia está orientada hacia la salvación del prójimo. Así su predicación se basará en la palabra y en el ejemplo.


Era inalterable, a no ser cuando se turbaba por la compasión y la misericordia hacia el prójimo. Sólo las penas del prójimo quebraban su carácter risueño. Los dolores ajenos le hacían llorar, como también el pensar en sus pecados.


Hombre de profundos afectos, expresaba su cariño hacia los religiosos de otras órdenes. De aquí viene la leyenda, ya que no existe comprobación histórica, del encuentro entre Sto. Domingo y san Francisco. Pero es un encuentro muy significativo.


Su familia era noble y muy cristiana.

Santo Domingo de Guzmán nació junto a este, su torreón

familiar, en Caleruega, Burgos-España, en 1170.

Su padre, Félix de Guzmán, es venerable. Su madre, Juana de Aza, es beata. Su hermano Antonio fue sacerdote y es venerable. Su hermano Manés le siguió, entre los primeros dominicos, y es beato.


Le pareci贸 ver saliendo de ella un cachorro de perro con una tea encendida. Fue al cercano monasterio de Silos a pedir protecci贸n a santo Domingo de Silos y prometi贸 poner este nombre al ni帽o.


Fue bautizado en la iglesia parroquial de Caleruega. La madrina creyó ver en la frente del niño una estrella, que es, con el perro de la tea, uno de los símbolos de santo Domingo.

La pila donde fue bautizado, ahora ornamentada, se usa para bautizar a los hijos de los reyes y príncipes de España.


La beata Juana de Aza era una mujer extraordinaria. Era querida y respetada por todos, muy caritativa, sinceramente piadosa y siempre dispuesta a sacrificarse por la Iglesia y por los pobres.

De su madre recibió Domingo su educación primera. No sólo le “dio a luz”, sino que le dio luz.


Hacia los seis años llevaron a Domingo donde un tío sacerdote, hermano de su madre, para ser educado en su formación literaria. Este sacerdote era el arcipreste de Gumiel de Hizán, pueblo importante en la comarca. Allí estuvo hasta los catorce años.


A los catorce años fue a Palencia para formarse en el “Estudio General”. Era la primera universidad en España, fundada por el rey Alfonso VIII. Vivía solo, con un pequeño mobiliario y sus libros.

Así tenía más tiempo para el estudio, la mortificación y la oración, que alternaba con su asistencia a la iglesia, hoy cripta de la catedral.


Por causa de unas guerras hubo un hambre muy grande en Palencia y aumentaron los pobres. Domingo dio todo lo que tenía para los pobres. Sólo le quedaban los libros muy queridos y con anotaciones particulares. Y se dijo: “¿Cómo podré yo seguir estudiando en pieles muertas (pergaminos), cuando hermanos míos en carne viva se mueren de hambre?”.

Y los dio para los pobres.


Después llegó una mujer llorando amargamente: “Mi hermano ha caído prisionero de los moros”. Domingo no tenía nada más que dar, y pensó venderse como esclavo para rescatar al desgraciado. Pero, enterados estudiantes y profesores en Palencia, no hizo falta venderse como persona y hasta se recuperaron los libros.


Estos gestos heroicos de Domingo, que todavía no era sacerdote, llegaron al conocimiento del obispo de su diócesis, Osma, quien le rogó que aceptase en su catedral una canonjía. Los canónigos, entonces, constituían una especie de comunidad religiosa, bajo la regla de san Agustín, trabajando al servicio del obispo y la diócesis.


Apenas comenzó su vida de canónigo, sus compañeros le eligieron subprior.

Fue también sacristán del Cabildo, es decir, director del culto de la catedral. Además tenía a su cargo la enseñanza de la religión en la misma catedral. Esto significaba la predicación allí y en otras iglesias.


El rey Alfonso VIII había pedido al obispo de Osma un favor: dirigirse, como embajador suyo, a Dinamarca para buscar una dama noble que pudiera ser la consorte de su hijo Fernando. El obispo pidió a Domingo que fuese su compañero para ese viaje.

Pero al llegar a Francia, y especialmente en Toulouse, vieron que estaba infeccionada con perniciosas herejías: los cátaros, los valdenses y otras herejías procedentes del maniqueísmo oriental.


Los únicos que hacían frente a las sectas eran los cistercienses, hijos de san Bernardo; pero con poco éxito.

Uno de estos herejes era el mismo hospedero en Toulouse. Domingo se pasó toda la noche conversando con él. Al fin el hereje, impresionado por el amor y la ternura con que le hablaba Domingo, reconoció sus errores y abandonó la herejía.


El obispo de Osma y Domingo siguieron su viaje a Dinamarca para cumplir con su misión. Cuando volvieron a Francia, palparon mejor los estragos de las herejías y sobre todo la diferencia en los predicadores: Los herejes, que eran muy pesimistas y negaban todos los dogmas católicos, además de tener más ayuda civil, tenían un aspecto muy severo, vestían de negro y practicaban la austeridad, deslumbrando a las multitudes.

En cambio, para predicar un católico, debía tener autorización del papa o al menos del obispo. Y solían venir con grande pompa y boato.


Desde entonces el obispo de Osma y Domingo comenzaron a advertir al papa que no se pod铆a combatir a los herejes con esa manera de presentarse. Santo Domingo, desde el momento que tuvo la facultad de predicar, comenz贸 a expresar externamente sus ideales apost贸licos.

Viv铆a de limosnas, renunciando a toda comodidad, caminando descalzo, sin casa propia, dando testimonio de lo que predicaba.


En 1208 aparece ya como predicador pontificio y delegado del papa con autorización para dar certificados de reconciliación. Se forman varios centros de predicación. Santo Domingo se queda en un lugar pequeño llamado Prulla. Desde allí organiza a su grupo. A él se le llama: “magister praedicationis”.


En el año 1209 se suscitó una cruzada contra los herejes. Se creía que con las armas se podía terminar con los herejes. Santo Domingo no estaba de acuerdo con estos procedimientos.

Decía que las únicas armas para convertir a los herejes debían ser: los buenos ejemplos, la predicación y la doctrina.


Por este tiempo comenzó santo Domingo a reunir en Prulla un grupo de damas convertidas de la herejía. Les fue dando poco a poco normas y reglas de vida, que más tarde se convertirían en verdaderas constituciones religiosas. De ahí se constituiría la nueva congregación de dominicas que con su oración le iban a ser de gran ayuda para su apostolado.


Mientras continua la guerra, Domingo sigue retirado en Prulla; pero ahora dedicado a otra gran labor, la de ir formando al grupito de compañeros que tenía, que serían la base para la nueva orden de predicadores. Esto al mismo tiempo que seguía formando también al grupo de damas. Por tanto, cuando en 1212 quisieron hacerle obispo, el seguimiento de estas formaciones fue la excusa para rehusar el obispado.


En 1213, calmada un poco la guerra, santo Domingo predica la Cuaresma en Carcasona. Era una ciudad difícil para los predicadores, pues se les insultaba y arrojaban piedras.. Santo Domingo toma cariño a esa ciudad, y el obispo a él. Por lo cual le nombra vicario suyo, sobre todo para la reconciliación de los herejes. En 1215 quieren hacerle obispo de Conserans; pero vuelve a resistirse con tenacidad.


Por este tiempo, estando en Fangeaux, tiene el santo cierta visión que le impresionó grandemente. Los santos nunca suelen sacar al público estos secretos.

Quizá haya sido la revelación sobre el rosario. La tradición atribuye a santo Domingo esta fundación, obra de una gracia extraordinaria de la Virgen María.


Desde 1214 vuelve Domingo a sus continuas andanzas de predicación y apostolado. Solía ir con un compañero. Siempre en extrema pobreza y descalzo. Se cuenta que un hereje se ofreció para guiarle a un lugar desconocido. Pero le llevó por un sitio lleno de piedras y espinos. Los pies de Domingo sangraban; pero el santo daba gracias a Dios y al guía porque por ese sacrificio seguro que su predicación tendría éxito. El primero que se convirtió fue el mismo guía.


En 1215 dos importantes caballeros de Tolosa se ofrecieron a Domingo para seguirle con voto de fidelidad y obediencia. Como uno de ellos tenía casa propia, allí comenzó la nueva Orden de Predicadores. El obispo ya les había nombrado “vicarios suyos en orden a la predicación”. Ahora faltaba la aprobación del papa.


En el mes de Noviembre de 1215 se celebraba en Roma el IV Concilio de Letrán, al que acudió santo Domingo. Llevaba las constituciones para una posible aprobación. Pero en el concilio, en el canon 13, se prohibió la fundación de nuevas órdenes religiosas.

El papa era Inocencio III, quien afirmó que aprobaría alguna si se acogen a las antiguas reglas, completadas por especiales constituciones. El papa le aseguró a santo Domingo que le aprobaría las constituciones adicionales. El santo volvió para tratarlo con los compañeros.


Santo Domingo había reunido a los suyos el día de Pentecostés de 1216 para redactar las nuevas constituciones; pero cuando quiso ir a Roma para que el papa cumpliese su palabra de confirmarlas, había muerto y había sido elegido Honorio III. Este papa no quería contradecir un canon del Concilio para aprobar una orden con muchas novedades. Sobre todo sobre el privilegio de la predicación sólo por pertenecer a esa orden.


El papa quería y veneraba mucho a Domingo, y cuanto más le iba tratando más le veneraba y le quería. Por fin, el 21 de Enero de 1217 el papa Honorio III dio la bula a santo Domingo, dando su confirmación a la nueva orden. En años sucesivos fue enviando el papa diversos documentos beneficiosos para la Orden.


Una vez que estaba confirmada la Orden, volvió santo Domingo a Francia, y el 15 de agosto de 1217 reunió a los dieciséis discípulos en Tolosa, y los envió por el mundo. A siete les mandó a París, pensando en su formación académica. Entre ellos estaba su hermano Manés. Cuatro fueron a España; tres se quedaron en Tolosa y dos en Prulla, donde ya había un grupito de discípulos.


En el año 1219 visita Domingo la comunidad de París, que había crecido ostensiblemente. Ya eran más de treinta dominicos y varios con el título de doctor. Comienzan a dar clase en su propio convento. Por el año 1220 tienen su propio Colegio y dan clase en Bolonia, asociados a la universidad.


En 1220 las herejías de los cátaros y albigenses se habían extendido mucho por Italia. El papa Honorio III pensó organizar una gran misión, con el fin de detener los progresos de la herejía. En vez de poner al frente a un cardenal u otro personaje importante de la Iglesia, encomendó la dirección a santo Domingo, con la facultad de reclutar predicadores de cualquier Orden religiosa.

Mucho fue lo que tuvo que trabajar santo Domingo, sin dejar de predicar un solo día y varias veces.


El 28 de Julio de 1221 llega santo Domingo extenuado y casi moribundo a su convento de Bolonia. Quiere pasar la noche en oraci贸n. Pero el 1 de Agosto ya no puede levantarse del suelo ni tenerse en pie. Por primera vez en su vida acepta un colch贸n de lana en una celda prestada. Es grande la intensidad de la fiebre; pero el santo sigue en continua oraci贸n.. El 6 de agosto habla a toda la comunidad del amor a las almas, de la humildad, de la pureza, condici贸n necesaria para producir grande fruto.


Les decía: “No lloréis, yo os seré más útil y os alcanzaré mayores gracias después de mi muerte”. Y oraba: “Padre santo, bien sabes que con todo mi corazón he procurado siempre hacer tu voluntad. He guardado y conservado a los que me diste. A Ti los encomiendo: Consérvalos, guárdalos”.


En ese momento, el beato Guala, dominico, parece ver a santo Domingo llevado por ĂĄngeles al cielo a travĂŠs de una escalera.


Los funerales fueron presididos por el cardenal Hugolino, como legado del papa, y que aĂąos despuĂŠs, siendo papa, le declararĂĄ santo.


Doce años después de su muerte sus restos se pasaron a una tumba más especial. Lo extraordinario fue el perfume sublime que exhalaban sus restos, de modo que impregnaba a todo lo que tocase en ellos.


Resuena el sue帽o de una madre en espera, antorcha de fuego que al mundo rode贸.


que contagiarĂ­a a muchos de amor.


Vive en tinieblas, fulgor incesante, entre blancos y negros creci贸.


Tesoros escritos, un mundo en tinieblas,


“Mas son pieles muertas�, se dijo Domingo,


Su contemplaci贸n logr贸 inspirarlos, y a mujeres y a hombres contagi贸.


Un nuevo carisma naci贸 para el mundo:


de claustros a calles por todos lugares,


AMÉN


Santo Domingo