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cas de la ciudad, ¿quien, yo? No amigo, eso es imposible. - Que equivocado estaba, en aquellos meses me case con Montse y murió mi madre casi seguido, cuantas veces le he dado las gracias a Dios de que no permitió que mi madre viviera aquel infierno. Cuando nació mi hija mayor pensé que era un buen momento para dejarlo, ahora tenía una nueva motivación, pero aquello ya era imposible, ahora la heroína había tomado el mando y yo iría donde ella quisiera. - Montse intento que reconociera mi adicción con la promesa de que me ayudaría con los médicos, pero yo la trataba de loca y volvía a salir una noche más. Hasta que un día mi hija, Patri, encontró los artilugios que utilizaba para inyectarme, olvidados por mí en el lavabo en mi locura. Eso fue la gota que colmo el baso, Montse se fue, cogió algo de sus cosas y de la niña y se fueron, se marcho harta de luchar con la barrera que yo había levantado entre los dos y al marchar se llevó lo único limpio que quedaba en mi vida, mi Hija Patricia. - Entonces todo fue una carrera desbocada, en pocos meses me deterioré tanto como aquellos yonquies de los que hablábamos antes, solo sin dinero, sin amigos sin nadie pues mi padre y mi hermano no querían ni verme tras haberles intentad robar a los dos, decidí hacer lo que hacen los cobardes, suicidarme, así que con mis últimos recursos compre una dosis doble de lo que habitualmente consumía y me la inyecte, al momento caí fulminado, no recuerdo nada de aquellas horas, se que me desperté mas tarde en la sala de cuidados intensivos del hospital de la ciudad, lleno de tubos y de cables lo primero que pude distinguir fue la mirada de mi padre, estaba allí mirándome, pero esta vez su mirada no era de reproche sino de pena, aquella mirada pude verla durante mucho tiempo cada vez que cerraba los ojos. - Viendo que no servía ni para quitarme la vida, decidí probar el otro camino y librar mi particular lucha contra aquella que asta aho-

ra siempre había salido vencedora, la heroína. Busque yo solo, pues no quería ser una carga para nadie mas, un centro cristiano, en aquel entonces yo era un orgulloso ateo el motivo de que el centro fuera cristiano era que aquí en España solo los centros evangélicos son gratuitos y mi mas que escaso capital me obligaba a pasar por encima de mis convicciones. - Recuerdo el día en que ingresé como si fuera esta misma mañana, y se que no lo olvidaré mientras viva, bueno ni aun después, aquellos muchachos me agasajaron con sus cuidados y su amor de tal manera que quedé abrumado. No podía comprenderlo, aquellos chicos hace solo unos años o incluso unos meses eran adictos igual que yo, tipos duros, tipos de la calle curtidos en mil batallas y ahora estaban hablando de amor, me cuidaban y velaban durante la noche cuando los dolores provocados por el síndrome de abstinencia se hacía todavía mayores. Además podía oírlos como oraban por mi durante esos amargos momentos, y entonces yo empecé a interrogarles, ¿por que hacían aquello? Y además ¿ por que estaban siempre tan gozosos? Yo sabía por los testimonios que escuchaba en los cultos dominicales que muchos de ellos tenían detrás una historia mucho más terrible que la mía y estaban allí gozosos, siempre cantando alabanzas y mostrándose amables y cariñosos. - Entonces ellos me hablaron de Jesús, de su inmenso amor, de su perdón... Ya esta, yo quiero apuntarme en esa lista, rápido yo quiero estar como ustedes, ahora, ya. - Con el tiempo comprendí que las cosas no son así, empecé a leer en su Palabra cosas que llegaban hasta mi corazón, leí que El me amaba, incluso antes de que yo hubiera nacido, leí también que si buscaba primero su Reino y su Justicia El iba a devolverme todo lo que la droga me había quitado, y poco a poco todas aquellas promesas fueron haciéndose mías casi sin que me diera cuenta. Leí también que El había sufrido mucho por lo tanto sería la persona ideal para comprender mi sufrimiento y los días pasa-

Marihuana  

folleto sobre la marihuna

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