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BREVE BIOGRAFIA DEL M. RDO. D. GABRIEL MARIANO RIBAS DE PINA


Con licencia eclesiรกstica

Depรณsito Legal P. M. 615 - 1973 1. S. B. N. 84 - 400 - 6487 - x Grรกficas Miramar. Torre del Amor, 6 - Palma de Mallorca


GASPAR MUNAR, M. SS. CC.

BREVE BIOGRAFIA DEL M. RDO. D. GABRIEL MARIANO RIBAS DE PINA FUNDADOR DE LAS WAS DE LA MISERICORDIA, TERCIARIAS FRANCISCANAS

MALLORCA 1973


A LAS HERMANAS TER-

FRAN<;1ScA??AS

HiJAS DE L A MISERICORDM.

QUE EN W S &OS

DE Mi iNFANUA

ME E N S ~ ~ A R OIN~ A SPRIMERAS

m

Y LOS RUDIMEVKIS DE NUESTRA FE Y CULTiVBON CON TODA SOLITVD

Mi MChQON SA-TAL

F X TlSTAiONIO DE GRATlTUD


El M. Rdo. D. Gabriel Mariano Ribas de Pina, Fundador de las Hijas de la Misericordia. (1814 - 1873)


La h l . R d i h1;idrr Co~icr,>ciiiiiliih;ii <Ir 1'iii;i. Fuirdailiii-a de las Iiijas de 1;i Xlisrricoriliti. (1826 - 1878)


LOS RIBAS Y EL LUGAR DE PINA Aunque no tenemos todos los datos que hubiéramos deseado, para poner en claro las viejas y estrechas relaciones de la familia Ribas con el pueblo de Pina podemos asegurar que, en el siglo XVI, el rico hacendado Gabriel Ribas, oriundo, según se cree, de Moutuiri, adquirió buena parte de aquellas antiguas alquerías, que con el nombre de Pina figuraron en el repartimiento de Mallorca del año 1232. Otra parte de las mismas y varios predios colindantes sufrieron, en el decurso de tres siglos, múltiples divisiones, en el decurso de tres siglos, múltiples divisiones y subdivisiones y pasaron a manos de pequeños propietarios, los cuales formaron en aquel mismo lugar un núcleo de población, que, llevando el nombre primitivo de Pina, quedó agregado al municipio de Algaida. En el censo de aquella villa, hecho el 24 de mayo de 1577, se registraron en el lugar de Pina 42 hombres, 43 mujeres y 64 niños. En total 149 personas.' Archivo de la villa de Algaida. Libro de Actas. 1576-1593. fol. 25.

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Gallard del Cañar, y fue bautizado el día siguiente en la parroquia de Sta. Eulalia. A los dos años una terrible enfermedad puso aquel niño a las puertas del sepulcro. Sus padres, afligidísimos, lo encomendaron a la poderosa intercesión de la Virgen Inmaculada, de la cual eran devotísimos, e hicieron voto de que si curaba le dedicarían una capilla en Ia iglesia de Pina. Y el niño, casi inilapsamente, recuperó la salud.


INFANCIA EN AMBIENTE REVUELTO Para conocer a fondo la vida de cualquier personaje, y particularmente la de los siervos de Dios, no basta estudiar con detención el carisma que Dios les comunicó, sino que hay que fijarse también en el ambiente que los rodeó, en el tiempo y el lugar en que vivieron, pues aquellas circunstancias, bajo la misteriosa providencia de Dios, contribuyeron también a su santificación. La gracia edifica sobre la naturaleza, o como dice S. Pablo: "Sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas (prósperas o adversas) para el bien de los que le aman, de los que según sus designios son llamados" (Rom. 8, 28). El siglo XIX, en que vivió D. Gabriel, fue un siglo de guerras y revoluciones, de constantes vaivenes políticos y de situaciones muy contrastadas. Aunque Mallorca no experimentó directamente los horrores de la perra, hubo de sentir empero las consecuencias de los profundos cambios experimentados en todos los órdenes, así políticos como religiosos.


Al principio de aquel siglo Mallorca era como una colonia religiosa. Quizás no había otra región en España, donde el clero y en particular los frailes tuvieran tanto ascendiente; mas poco a poco se fueron infiltrando las ideas revolucionarias que nos llegaban de Francia. La Enciclopedia de Diderot y de D'Alembert tenía aquí suscriptores, aunque pocos, y aquellas perniciosas doctrinas fueron dando, poco a poco, sus frutos. Hubo profundos cambios de mentalidad en política, en religión y en costumbres. De ahí brotaron fuertes convulsiones sociales. Ora predominaban los progresistas, ora cantaban victoria los reaccionarios. El triunfo definitivo pareció ser de los primeros, al ser promulgada vor las Cortes de Cádiz, el 19 de marzo de 1812, la nueva Constitución de la Monarquía Española. Esta Constitución empezaba invocando el nombre de Dios y proclamando la unidad católica en España; pero su espíritu era revolucionario a la francesa. El día 22 de agosto de 1812 fue el señalado para la solemne promulgación y jura de la nueva Constitución en Palma. Aquella ceremonia se realizó con una pompa nunca vista, en el borne convertido en grandioso salón exquisitamente adornado con arcos, columnas y festones de arrayán y flores. Asistieron al acto seis Obispos, que residían en Mallorca desde el comienzo de la invasión napoleónica, gran número de


Generales, el Cabildo Catedral, la Nobleza, todas las Corporaciones oficiales y un gentío inmenso. Llegado el momento, el Capitán General sacó de un estuche de terciopelo azul bordado en oro el libro de la Constitución ricamente encuadernado y lo entregó al escribano mayor, para que lo leyera en voz alta. Mientras esto se hacía, repicaban las campanas de las cuarenta iglesias de Palma y se disparaban sin cesar salvas de artillería. El día siguiente la Constitución era también leída y jurada en la Iglesia Catedral y en todas las Parroquias de la Isla. Hubo tres días de luminarias y de fiesta regocijada. En aquel ambiente tan propicio no faltaron quienes, amparados por la misma Constitución, empezaran a desarrollar y propalar los principios liberales en ella contenidos. Los campeones de aquella campaña fueron principalmente tres: Isidoro Antillón, magistrado de la Audiencia, de ideas jansenistas, partidario de una Iglesia Española al estilo de la Galicana y defensor de la supresión de las Ordenes religiosas o al menos de una reforma radical; Miguel Victorica, clérigo, de ideas volterianas, el cual era fiscal de la Inquisición y a la vez uno de sus más enconados enemigos; y Guillermo Ignacio Montis, joven mallorquín, que se había dejado arrastrar por la fascinadora idea de la libertad y el progreso. Estos habían fundado en junio


de 1812 el periódico titulado: AUTOTU Patriótica M& Zlorquinu, órgano de su política antirreligiosa. Pronto les salieron al paso los reaccionarios, lanzando a la publicidad, a más de otros escritos, el Semanurz'o CTEstbno Politico. El adalid de aquel movimiento era el fraile franciscano, P. Raimundo Strauch hombre de vastos conocimientos teológicos y filosóficos, que conocía el francés, el inglés, el alemán y el italiano, y estaba muy bien preparado para la controversia. A él se juntaron, entre otros, el P. Alvarado, dominico, el P. Traggia, carmelita descalzo, y el popular trinitario, P. Miguel Ferrer. A pesar de los esfuerzos de estos defensores de la doctrina católica, la mala semilla seguía dando sus frutos. En el Seminario diocesano había entrado la indisciplina y se notaba una gran falta de espíritu eclesiástico hasta tal punto que el Obispo Nadal, que nada tenía de retrógrado, se había visto precisado a amenazar a los seminaristas con severos castigos. Consecuencia de ello fue que al proclamarse la Constitución, el Seminario y el Colegio de la Sapiencia quedaron desiertos y después convertidos por el Gobierno en Colegios militares. Muchos de nuestros jóvenes leían con avidez el Pacto socbl de Rousseau y algunos comentaban que aquel libro era el verdadero evangelio. Algún laico se jactaba de tener tanta facultad para llevar el Smo.


Sacramento como cualquier sacerdote. Otros ridiculizaban la confesión, como si fuera invento de curas, para saber los secretos de las familias, o decían que bastaba pedir la absolución sin necesidad de confesar pecado alguno. Hasta alguien se atrevía a negar la virginidad de María Santísima. Todos estos dislates corrían entre el .pueblo mallorquín, haciéndole vacilar en su fe. No es de extrañar que los predicadores, sobre todo los frailes, lanzaran desde el púlpito terribles anatemas contra aquellos errores, haciendo frecuentes alusiones a la Aurora, que los fomentaba. La cuaresma de 1813 se señaló sobre todo por este celo impetuoso de bastantes predicadores. De boca de algunos salieron expresiones como esta: "Existe en Mallorca una conspiración contra el trono y el altar". Los ánimos se exacerbaron de tal manera que el Juez Sandino metió en la cárcel a siete predicadores, empezando por el cuaresmero de la Catedral, el capuchino Fr. Daniel de Manzaneda, y acabando por el P. Strauch, que fue llevado a la prisión entre un pelotón de cincuenta soldados con bayoneta calada. En marzo de 1814 vino un cambio radical. El Rey Fernando VI1 se vio libre de la garra de Napoleón y regresó a España entre las aclamaciones más entusiastas de todo el pueblo. En mayo siguiente declaró abolida la Constitución de Cádiz, tan aplaudida y


ensalzada dos años antes, y poco después eran tambikn rescindidos todos los decretos de las Cortes constituyentes. Con tal motivo la euforia de los antiliberales, entre los cuales se contaban bastantes frailes, llegó en Mallorca casi al paroxismo. Se paseaban por las calles en carros triunfales, insultando a los liberales y quemando en un fogón, que llevaban en el carro, los ejemplares que habían podido hallar de la célebre Constitución, mientras cantaban: Viva b religión! Viva Fernando1 Muera, remuera b execrable Constitución! D. José Barberí, sacerdote muy equilibrado, testigo de aquellos hechos, dejó escrito: "Yo he estado muy retirado estos días, porque aunque reconozco la mano de Dios, no puedo sufrir que fomenten este desorden los que debían contentarse en gozar modestamente del triunfo". Desde los Últimos de mayo hasta el mes de diciembre de 1814 hubo en toda la Isla una fiesta seguida, cantándose el Te Deum en todas las iglesias, para ce-


lebrar la vuelta del Rey Fernando y la abolición de la Constitución de Cádiz. Fue en aquellos días de fuerte exaltación patriótica y religiosa, cuando nació Gabriel Mariano ñibas; mas él no podía entonces hacerse cargo de lo que pasaba en torno suyo. Sería algunos años más tarde, al empezar a clarear su razón, que tomaría conciencia de uno de los rudos cambios, que caracterizaron aquel siglo. (En julio de 1820, el Rey Fernando, víctima de los manejos de políticos liberales y sectarios, mal de su grado, se vio obligado a admitir y jurar la Constitución, que había abrogado seis años antes, y entonces empezó el infausto trienio liberal. Los Párrocos fueron forzados a explicar la Constitución a1 pueblo, como si fuera un libro sagrado. Poco después el Gobierno, so color de ser el protector de todos los oprimidos y el gran defensor de la libertad, a fines de 1820, invitó a todos los frailes y monjas a secularizarse, prometiendo a los que tal hicieran una pensión mensual. También declaró que no se permitirían conventos, donde no vivieran al menos doce individuos, tenien-

3 Hemos tomado casi todos los datos anteriores de la obra de Miguel S. Oliver: Mallorca durante la primera revolución. Palma 1901.

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do que trasladarse a otro convento de la misma Orden, si no llegaban a aquel n煤mero. En Mallorca hu-

Portal de la Casa Ribas en la calle de Zaveli谩.

bo 45 frailes y 26 monjas que se acogieron al vergonzoso beneficio de la secularizaci贸n, dando a comprc:lder con ello que su vocaci贸n religiosa no estaba muy


firme.4 Por falta de número se cerraron doce conventos de v a r o n e ~ . ~ Todas aquellas noticias eran comentadas con pena en el seno de las familias cristianas. Esto oiría referir el niño Gabriel, tan inclinado desde su primera infancia a las cosas de Dios y que ya miraba con simpatía a los frailes de todo hábito, y sería la primera pesadilla que experimentaría su corazón de niño. Otras mayores le aguardaban en su vida.

V. Juan Lkbrés B e r d . Noti& de MaUmca. Siglo XIX. T. 11. pg. 15.

y rekzdones histÓricas

Los conventos suprimidos fueron: En Palma, el de los Teatinos y el de Jesús extramuros. En Felanitx, el de los Agustinos. En Pollensa, Inca y Llorito, los de los Dominicos. En Alcudia y Artá, los de los Franciscanos. En Sta. María, Muro, Campos y Sineu, los de los Mínimos. O. C. de Llabrés. pg. 26.


CARRERA MUY ACCIDENTADA Pasó el vendaba1 del trienio liberal. Un Real Decreto de 3 de octubre de 1823 dejó sin efecto todas las disposiciones del Gobierno Constitucional anterior y sobrevinieron diez años de relativa calma para la Iglesia. El niño Gabriel tenía a la sazón nueve años. Era ya tiempo de atender a su formación literaria. Por fortuna los Jesuítas habían regresado a Palma a fines de 1823 y el 10 de enero del siguiente año abrían de nuevo el colegio de Montesión. Allí fue enviado Gabriel, para aprender las primeras letras. En un libro que se guarda en el archivo del mismo colegio, tituIado Matricula de los estudiantes de primeras letras de las Escuelas del Colegio de Montesión bajo la dirección del Hno. Gregorio Trigueros... d h 3 febrero de 1824, hallamos este nombre, señalado con el n.O 55 de la primera clase: Gabriel Ribes de Dn. Miguel y de D.a Ana Gallard, 9 años, cerca de S. Franckco de A&.


El Hno. Trigueros, que regentaba aquella clase, era un Hermano Coadjutor bastante instruido, "natural de Madrid, muy buen siervo de Dios, dotado de extraordinario celo por la gloria de su Divina Majestad y salvación de las almas". Los niños de la primera clase eran los medianamente instruidos en el leer y que aprendían a escribir. En 1825 continuaba Gabriel en la misma clase; mas luego desaparece su nombre de la matrícula de Montesión y no nos ha sido posible seguir s u pista. La única pauta que tenemos, para saber cuales fueron sus estudios y los centros en que los cursó, son sus notas autobiográficas, donde dice que "estudi6 humanidades con los Padres Jesuítas, Filosofía en la Real Universidad y Teología y algo de Cánones en el Convento de S. Francisco7'. En estas mismas Notas manifiesta que a sus quince años sintió el primer llamamiento de Dios a un estado de perfección, y pensó en pedir licencia a su padre, para ingresar en la Orden de S. Francisco, cuyo convento había frecuentado desde su infancia. 6 V . P. Pedro Blanco. El Hm. &g& T~iguerosS . J. Notas pura zlna biografh. Palma. 1952. 7 D. Gabriel, cediendo a la insistente petición de D. Munano Conrado, cuñado de su hermano Miguel, escribió un breve resumen de sus actividades apostólicas. Estas son las Notas autobiográficas, que hemos citado aquí.


{Expuestala idea a su Director espiritual, éste, teniendo en cuenta que era el primogénito de su familia y que por lo mismo encontraría serias dificultades para realizar su deseo, le aconsejó que por de pronto se contentara con ingresar en las filas del clero secular, ya que así le sería más fácil llegar al estado religioso, si tal era el designio de Dios. Siguiendo aquel prudente consejo, pidió permiso a su padre para abrazar el estado clerical; mas éste, que tenía sobre su hijo otros proyectos, sin querer oponerse directamente a un problable llamamiento divino, le pidió que madurara aquel propósito durante tres años. Con fe y confianza el joven Gabriel esperó durante todo aquel plazo, mientras proseguía sus estudios. Por fin, perseverando en el mismo propósito, obtuvo de su padre el beneplácito para recibir la primera clerical tonsura y vestir el hábito +alar el día 6 de abril de 1833.8Tenía a la sazón diez y nueve años. El 15 de diciembre de aquel mismo año se hizo en la plaza de Cort la solemne proclamación de Isabel 11 8 Antes del Código de Derecho Canónico actual no había edad determinada ni estudios estrictamente señalados para recibir la tonsura clerical. Sólo se exigía una cierta instrucción religiosa y profana y recta intención acompañada de un certificado del Párroco y del Maestro de la escuela donde se educaba.


como Reina de España. A aquel acto fueron invitados todos los nobles de la Isla y entre ellos encontramos, al lado de D. Miguel Mariano Ribas du Pina, su hijo mayor el recién tonsurado D. Gabriel Ribas Gallard.g Si las cosas hubieran seguido su curso normal, el joven clérigo se hubiera dedicado entonces al estudio de la Teología, para poder recibir dentro de pocos años el presbiterado; mas todo estaba antonces desquiciado. El Seminario conciliar, a pesar de los esfuerzos del Obispo Pérez de Hirias, no se hallaba en muy buenas condiciones para atender a la formación de los futuros sacerdotes, y en 1836 quedó definitivamente cerrado hasta el año 1845.lo La Universidad Balear prácticamente había dejado de iuncionar desde fines de 1829 y en 1835 quedb suprimida y sustituida por el nuevo Instituto Balear. Las escuelas conventuales eran las únicas que se sostenían en aquellos azarosos tiempos; pero también les llegó el golpe fatal con la exclaustración general de todos los Regulares, decretada por las Cortes en julio de 1835. Aquella inicua ley fue promulgada y ejecutada en Mallorca, el 12 de agosto de aquel año, por el Capitán General D. Ramón Despuig, Conde de Montenegro. 0.C. de Llabrés. T. 11. pg. 472. V . Mateo Rotger. El Seminado í%ndiur de S. Pedro. Estudio históhco. Palma. 1900. pgs. 69 y SS. 9

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Había a la sazón en Mallorca treinta conventos de Regulares con 566 religiosos sacerdotes y 235 legos. En total 801.11 Los Jesuítas habían ya sido expulsados un mes antes. Todos aquellos religiosos fueron echados de sus conventos con el pretexto de que su número era excesivo y de que entre ellos no había la debida observancia; mas en realidad era porque veían en ellos los más temibles contrarios a sus maquinaciones antirreligiosas. Todos sus bienes, tanto muebles como raices, fueron confiscados por el Gobierno, y muchos de ellos pasaron a manos de particulares por precios irrisorios. El Nuncio de Su Santidad, en señal de protesta, salió de España y el Obispo de Mallorca, D. Antonio Pérez de Hirias, para no presenciar aquel tan triste espectáculo, el 7 de agosto anterior, había resignado el gobierno de la Diócesis en manos de D. Juan Muntaner García y se había retirado al Santuario de Lluc y más tarde a Andratx, donde pennaneció hasta principios del año siguiente. En todos aquellos años no habría ordenaciones en Mallorca, pues no hay libros de las mismas en el archivo de la Curia. En 1835 fueron respetados los trece conventos de

11 Puede verse la lista de los Conventos cerrados en Mallorca en la o. c. de Llabrés. T. 11. pg. 569.

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monjas de clausura, que entonces había en Mallorca;12 pero en 1837 salió un Decreto de las Cortes disponiendo que en ningún pueblo pudiera haber dos o más conventos de la misma Regla, debiendo juntarse en uno solo, si hubiera varios. En el mes de abril se llevó a efecto en Palma aquella disposición. En virtud de la misma las monjas de Sta. Margarita (actual hospital militar) y las de la Consolación (hoy plaza Quadrado) pasaron al de la Concepción; las de la Misericordia (Banco de España) al de Sta. Magdalena y las del Olivar (ahora mercado central) al de Sta. Clara. Al mismo tiempo se incautó el Gobierno de todos los bienes raices de las monjas, que formaban la dote de su fundación y de otras mandas piadosas, quedando despojados de todo. Todos aquellos lamentables sucesos causaron un impacto muy amargo en el alma de D. Gabriel e hicieron revivir en su espíritu el deseo de abandonarlo todo y marchar a Roma, para llevar a la práctica su vocación primera de entrar en la Orden franciscana. Cuando ya lo tenía todo a punto, para emprender la 12 Los conventos de Monjas existentes en Mallorca +n 1837 eran los siguientes: En Palma, los de Sta. Margarita, Sta. Clara, San Jerónimo, Sta. Magdalena, La Concepción, Ntra. Señora de la Misericordia, La Concepción del Olivar, La Consolación, Sta. Teresa de Jesús y Las Capuchinas. En Inca, el de San Bartolomé y en Sineu, el de la Concepción.


marcha, un nuevo contratiempo se lo impidió. Su padre D. Miguel moría inesperadamente, en el predio La Torre de Sta. Eugenia, de una terciana maligna, el día 7 de julio de 1837. Su hermano Miguel contaba sólo diez y seis años de edad y su madre no podía con toda la carga de la familia y de la hacienda. Entonces se sintió obligado en conciencia a permanecer por algún tiempo a su lado, para ayudarle en sus tareas. En aquella espera forzosa nunca olvidó sus obligaciones de clérigo ni las que le imponían los beneficios eclesiásticos que tenía. Asistía puntualmente al coro de S. Jaime y se ofrecía para ir a agonizar moribundos cuando el caso lo reclamaba, ayudaba en el despacho parroquial y dirigía rezos y otras devociones en público. Cuando se encontraba en Pina o en Sta. Eugenia era el mejor auxiliar de sus Vicarios en la enseñanza del catecismo y en otras prácticas de piedad. Mas firme siempre en su primer propósito, cuando llegó el año 1842, viendo que ya podía descargar sobre su hermano Miguel el peso de los cuidados familiares, resolvió partir sin falta para Roma, a donde habían ido desde España bastactes candidatos al sacerdocio. Mas él no acariciaba tan sólo la sagrada ordenación, sino consagrarse tambiSn a Dios en la Orden franciscana.


resolvió partir sin falta para Roma, a donde habían ido desde España bastantes candidatos al sacerdocio. Mas él no acariciaba tan sólo la sagrada ordenación, sin3 consagrarse también a Dios en la Orden franciscana.


ORDENACION SACERDOTAL E N ROMA Salió de Palma para Roma el día 6 de abril de 1842. Podemos seguir paso a paso su viaje y su estancia en la capital del mundo católico, gracias a su epistolario, que se ha conservado en el archivo de la Casa Ribas. El día 7 llega a Barcelona. Se hospeda en la fonda del señor Pablo, que se hallaba frente a la aduana. En seguida va a oír misa en la Iglesia de Ntra. Señora del Mar. En días sucesivos visita la ciudad y las iglesias más notables, como Sta. María del Pi, la Merced, la Catedral, la Trinidad, etc. y venera los sepulcros de Sta. Eulalia, San Olegano, Sta. María de Cervellón y del Bto. José de Oriol. Asiste a funciones religiosas y admira la santa libertad con que predican los sacerdotes catalanes. En la iglesia de la Merced le llaman la atención los monaguillos, que llevaban los cinales revestidos con alba y dalmática. Antes de dejar la ciudad tuvo la delicadeza de recorrer varios cuarteles, hasta encontrar a unos soldados de Sta. Eugenia, Gui-


liermo Bibiloni (a) Buc y Antonio Oliver d'es Molí, cuyas familias vivían cerca del predio La Torre, para poder mandar a éstas, noticias de sus hijos. El día 11, a las ocho de la mañana, saIe de Barcelona en el vapor El Balear en dirección a Marsella. Topó con un fuerte temporal de lluvia y viento. Las oIas barrían la cubierta del barco. Durante un rato sintió cierta melancolía, pensando en los que había dejado en Mallorca; pero pronto se serenó, reflexionando que hacía aquel sacrificio por Dios. Así lo expresaba a su madre en carta del 14 de abril: "Por Dios, madre mía, estén todos alegres, como los que aman a Dios y tienen por madre a María Santísima, pues yo he experimetnado siempre la protección de esta Señora y la estoy experimentado hoy, pues aun cuando estaba triste, sentía grandes consuelos". Llega a Marsella el día 13 por la noche y desembarca el día siguiente por la mañana. Va en seguida a casa del Rector de Felanitx, la que residía allí accidentalmente, el cual le recibe muy amablemente. Va con él a la iglesia de S. Vicente de Paúl y le ayuda -

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Este Rector de Felanitx, que entonces residía en Mar-

sella, era el Rdo. D. Sebastián Serra Cerdá, que había tomado posesión del curato de Felanitx, el 19 de mayo de 1927. Por motivos políticos tuvo que emigrar al extranjero en septiembre de 1835. Fue repuesto en su parroquia en 1844. (Historia de Felanitx de Cmme Bauzá. T. IV. pg. 236).


a misa y toman después el chocolate juntos. Visita la ciudad y sus iglesias. De éstas dice en una carta, que no son muy capaces ni muy lindas; mas tienen un adorno muy principal, que es la numerosa asistencia de fieles y el recogimiento con que asisten a las funciones sagradas. Visita en particular el convento de las Capuchinas y manda decir a su tía capuchina de Palma, Sor Verónica, que en Marsella tiene 44 hermanas. Topa con varios mallorquines, entre otros D. Juan Palou de Sóller y D. Tomás Despuig. Se preocupa por encontrar un banquero llamado Bernudac, al cual va recomendado, y que le debe proporcionar dinero para su estancia en Roma. Por fin averigua que ha presentado quiebra. Sus amigos mallorquines, y en particular el Rector de Felanitx, le ofrecen todo cuanto dinero quiera, mas él se contenta con unos cuantos napoleones, que tiene en su bolsillo. El día 17 sale de Marsella en el vapor Virgilb. El siguiente día hace escala en Niza, donde es cariñosamente acogido por la Condesa de Matallanos, muy conocida y amiga de un tío suyo. De Niza sale el 19 y llega a Génova por la mañana del día 20. Va a oomer en casa de su amigo D. Jaime Ignacio de Oleza, que a la sazón vivía en aqualla ciudad con toda sil familia. Este noble mallorquín había ido a Roma en 1835, con ánimo de entrar en d noviciado de la Compañía de Jesús; mas viendo que no era ésta su voca-


ción, en 1837, se casó con D.8 Ana Rafaela Cabrera y Aguilar, hija de los Marqueses de Villaseca y Condes de Villanueva de Córdoba. l" Con ellos vivía un sacerdote, hermano de ésta, Mons. Francisco Cabrera, con quien D. Gabriel tendrá más adelante relaciones muy estrechas. D. Jaime le resolvió todos sus problemas económicos, dándole por de pronto veinte napoleones, para poder seguir tranquilamente su viaje. Pasa por Pisa y Livorno, admirando rápidamente los bellos monumentos de aquellas ciudades, y el día 22 llega a Civitavechia. En compañía de tres Padres Escolapios y del joven Marqués de Cáceres, que había sido su amable compañero de viaje desde Marsella, toma un carruaje para Roma. En este trayecto les ocurrió un lance muy pintoresco. De pronto se para el coche. Se abre la portezuela y se ven detenidos por dos sujetos de muy mala catadura, que les obligan a bajar. Uno de ellos, apuntándoles con una arma de fuego, les pide todo el dinero que llevan, mientras el otro reconoce el vehículo. D. Gabriel había sido el último en bajar y viendo el juego mal parado, disimuladamente había entregado su bolsa al Sr. Marqués, que estaba sentado en el pescante, para que la escondiera. Uno de aquellos Padres -

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V. D. José de Oleza. TA Familia de Oleza en Mallorca.

pg. 370 y

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entregó al descarado ladrón unas dos pesetas y otro, cosa de un duro. El tercero y D. Gabriel se excusaron, diciendo que no traían nada. E n esto, acertó a pasar por allí un hombre a caballo, el cual se puso a correr, y los ladrones, seguros de que iba a denunciarlos, dijeron a los viajeros que subiesen otra vez al coche y ellos se marcharon sin más. D. GabrieI se chanceaba después de aquel lance y lo cootaba a su madre, diciendo: "Ya ve como no nos costó nada ver aquella fiesta". Llega a Roma por la noche del 22 y se hospeda en la Via della Stelleta n.O 7 (Rione Campo Marzio), donde estaban alojados algunos mdlorquines. Los días siguientes no se harta de recorrer basílicas y lugares santos. El 26 escribe por vez primera a su madre desde Ia ciudad eterna, manifestándole sus primeras impresiones. Esta carta empieza con un himno jubiloso, cual no lo hubiera entonado el más ferviente peregrino. "Oh Roma, - dice - cuánto he deseado morar en tí! Y no precisamente por ver ricas iglesias y preciosas antigüedades, sino porque en tí estuvieron presos tantos millares de mártires; en tí fue encarcelado San Pablo; en tí se pusieron @los a San Pedro y en tí fue también este esclarecido Apóstol en una cruz crucificado. En tí espero yo también, por la gracia del Señor, merecer la gracia de consagrarse a Dios". Seguirá escribiendo con frecuencia a los suyos, no


sólo a su madre, que siempre tiene la preferencia, sino también a sus hermanos, y hasta a los mayorales y gañanes de sus fincas. Y sus cartas destilan siempre cariño, solicitud y buen humor. A su madre, que se moría de añoranza, le dice: "Deje todo cuidado por mí, que si yo he dejado una madre en extremo buena, he hallado otra infinitamente mejor, y ésta es María, cuya protección experimento". Le enumera los actos de piedad que hace cada día: la santa misa, el rezo de la Corona, la visita de las Cuarenta-Horas y el ejercicio del Mes de María, que ya entonces se practicaba en Italia y que después él propagaría por Mallorca. Y acababa diciéndole: "Cuando oigo cantar al pueblo la letanía, alternando con la música, y el Tantum ergo, al reservar, desearía tener a V. Merced a mi lado, para que hiciese resonar su hermosa voz en los magníficos templos de Roma7'. A su hermano Miguel, de cuya formación religiosa había cuidado con todo interés desde que murió su padre, le cuenta como el día de la Ascención había visto por primera vez al Pontífice Gregorio XVI en la basílica de San Juan de Letrán, recibiendo después su bendición. Asimismo le manifiesta la profunda impresión que le había causado el Coliseo, donde tantos cristianos habían dado su sangre por Jesucristo. Y acaba diciéndole: "Sé bueno y no te olvides de los consejos que siempre te he dado".


A la hermana Margarita le dice en broma: "Siempre he creído figurar en el mundo y veo por la experiencia que no me he engañado, pues a los tres días de estar en Roma, recibí de la Policía un oficio, en cuyo sobre se me daba el título de Ilustrisimo. Mi ilustrísima persona hubo de presentarse a la Policía, para hacer declaraciones sobre los ladrones", a que antes nos hemos referido. A la hermana Catalina, que era muy habilidosa para cuidar las ropas de casa, le dice que en Roma le sería útil, pero no necesaria. "Quisiera -le añadía poderte enseñar unos remiendos que me hice en unas medias. O qué lindos están! Si tienen defecto, la cuIpa es de mamá, que se olvidó de poner el dedal en el cajoncito". A su querida hermana Josefa, la futura Fundadora, que siempre fue la nota alegre en el concierto familiar, le escribe: "De ningún modo debías venir conmigo (a Roma), pues puedes hacer mejor servicio en casa al lado de mamá. Yo, gracias a Dios, tengo el genio alegre y no necesito de quien me divierta; pero en casa necesitan de quien les distraiga y creo que tú cumples exactamente este oficio y al mismo tiempo suples mi falta". Y después acaba diciéndole con mucho donaire: "Esta ciudad de Roma se compone de casas e iglesias. Hay en ella, como en Mallorca, hombres y mujeres, los niños de dos y tres años


saben hablar en italiano, los perros, los gatos y demás animales hablan todos en mallorquín, o como los que hay en Mallorca". Escribe alguna vez a los mayorales y gañanes de sus predios y lo hace en mallorquín, para que mejor le entiendan. Empieza hablándoles de las cosas de su arte y acaba exhortándoles a la virtud. A los mayorales de La Torre les dice: " A lo poc que he pogut veure, crec que enlloc cultiven tan bé com a Mallorca. Entre ses diferents coses que m'han xocat és el modo de que se valen per aturar els bous, que són més grossos que els nostros i tenen unes banyes d s grosses que e L de Mallorca. Les posen una baula dins el nas i a ella fermen una corda per dirigir-los... A los mayorales de Son Ribas de Pina escribe: "Quedurieu admirats, si veiesseu ses faus, que usen aquz' per segar; no semblen a ultra cosa que a n'aquell ganxo, que du la mort... pero se diu que se fa amb el1 tanta via... Continuau complint exactament amb les vostres obligacions, advertint que la major de totes és el dar bon exemple a n'el poble i mksatges". A los gañanes del mismo predio les habla así: "M'agradaria parlar-vos de ses coses &es camp; pero, com dic a n'es majoral, res casi he o&. Vos recordaré lo que vos vaig dir, quan me vaig despedir de voltros. Siau bons cristians, no jureu, no murmureu, no toqueu res que no sia vostro, &u honests en parau-


les i en obres... estau amb devocicí a l'esgIésia, combregau souint... Siau molt &dets de la PuTZSsiw. El qui vos estima. Gabriel M." Ribas". Uno de los temas más frecuentes de sus cartas en la primera época de su estancia en Roma es el de su ordenación. Lleno de júbilo anuncia a su madre que pronto recibirá Ordenes menores y Subdiaconado. Efectivamente fue ordenado de Menores el 17 de mayo, tercera fiesta de Pentecostés, y de Subdiácono, el 21 del mismo, en la basílica de San Juan de Letrán. El día siguiente participaba a su querida madre la inmensa alegría que rebosaba su alma, por haberse consagrado definitivamente al servicio de1 altar. "Desde ayer -le dice - empecé a ser el hombre más feliz del mundo, pues ayer tuve la gran dicha de entregarme a Jesús, de consagrarme a Jesús, de unirme estrechamente a Jesús, tomando el sagrado orden del Subdiaconado. Ya no soy, madre mía, de V. Merced, pues que tampoco soy ya mío, pues soy todo de Jesús y síento en gran manera 10s efectos del servicio de un tan gran Señor. Cuánto desearía que V. M. y todos los que me aman participasen de aquella inestimable alegría, de aquella suma paz, de que está inundado mi corazón". Aquel fervor, aquella alegría con que D. Gabriel entró definitivamente en el Santuario le había de acompañar toda su vida. El amará siempre por encima


de todo su sacerdocio y siempre podrá decir con el Salmista: "Yo dije' a Yahvé: Mi Señor eres tú; no hay dicha para mí fuera de tí... Yahvé es la parte de mi heredad y mi cáliz... y es mi heredad muy agradable para mí". (Sal. 15). El 11de septiembre, fiesta del Dulce Nombre de María, recibió el Diaconado, circunstancia que él celebró siempre, por ser la fiesta de su segundo nombre. En carta de 14 del mismo mes anuncia a su madre la recepción del presbiterado para e1 día 24, fiesta de Ntra. Señora de las Mercedes. "Voy a recibir -dice- la mtís grande merced, que en este mundo pudiera; voy a recibir la potestad sobre el cuerpo y sangre de Cristo; voy a ordenarme de sacerdote. De sacerdote!... Dios míio!... Mi corazón se estremece y tiembla mi mano, al escribirlo. Pero yo confío en la bondad de Dios, en la protección de María, que, a no poder más, he experimentado, y en las oraciones de V., madre mil veces amada, de mis adorados hermanos, de mis amados parientes y caros amigos, entre los cuales cuento a todos los que tuvieron la bondad de servirme, y a todos les pido perdón, ya de todo lo que les disgusté, ya del mal ejemplo que les di". Con tan santas disposiciones recibió el presbiterado el día prefijado, en la basílica de San Juan de Letrán, de manos del Cardenal Vicario Constantino


Patrizi, y se preparó luego para celebrar su primera misa en el famoso Santuario de Loreto. Le hacía una gran ilusión el que nuestro Señor Jesucristo bajara por primera vez a sus manos en aquel mismo lugar, en que había bajado desde el cielo al seno purísimo de María Virgen. Llegó a Loreto el día 1 de octubre y en seguida fue a visitar la Santa Casa, permaneciendo de rodillas en su recinto por espacio de media hora. Al cerrarse la basílica, suplicó que le dejaran barrer el suelo de la misma junto con unos legos capuchinos. A su hermana Margarita le escribía que nada en Roma le había impresionado tanto como aquella Casita. Con esto ya se puede conjeturar el fervor con que allí celebraría su primera misa, el 2 de octubre, fiesta del Smo. Rosario. Asistieron a la misma algunos españoles y entre ellos el Obispo de Orihuela Mns. Félix Herrero Valverde. Visitó después varios lugares particularmente relacionados con San Francisco, como Monte Alvernia, la Porciúncula y la misma ciudad de Asís. De regreso a Roma, celebró misa, el día 11, sobre el sepulcro de San Pedro en el Vaticano, ayudándole dos amigos suyos mallorquines. Pasaron aquellas dulces primicias de su sacerdocio y siguió llevando vida retirada en Roma, encomendando al Señor su futuro ministerio.


Por dos veces amigos influyentes le ofrecieron el nombramiento de Monseñor y Protonotario Apostólico, cosa que él rehusó, pues estaba más enamorado del sayal franciscano que de los capisayos prelaticios.

Santuario de Loreto en que celebró su primera misa.

Una de las satisfacciones más grandes que experimentó por aquel tiempo fue el de ser recibido en audiencia particular por el Papa Gregorio XVI, que le trató con mucha amabilidad y, a más de muchas indulgencias, le concedió los cuerpos de cuatro Santos Mártires: San Plácido, San Pío, San Urbano y San Faustino, que más tarde depositó en las iglesias de


Pina, de Sta. Eugenia y de Capdellá y en su propio oratorio respectivamente. En marzo de 1843 recibió en Roma la visita de su querido hermano Miguel. Con él visitó Asís, Loreto, Ancona, Milán, Venecia y otras ciudades del norte de Italia. El 6 de junio se despidieron los dos hermanos. D. Miguel partió hacia Marsella, rumbo a España y D. Gabriel quedó en Génova, donde había determinado fijar por entonces su residencia.


SU ESTANCIA EN GENOVA Monseñor Francisco Cabrera, sacerdote celosísimo del cual ya hemos hecho mención, l5 acababa de fundar en la ciudad de Génova un colegio para jóvenes españoles candidatos al sacerdocio o recién ordenados, que quisieran perfeccionar sus estudios y adiestrarse para el apostolado. Estaba instalado en el Palacio Castelluni di ~impettoa S. Nicolu.16 Allá se dirigió D. Gabriel, para ser a la vez discípulo y colaborador de Mons. Cabrera. Los convictores de aquella casa eran entonces diez y ocho, y entre ellos había cinco mallorquines, que D. Gabriel enumera sim16 Mons. Francisco Cabrera vino a Mallorca con la familia Oleza Cabrera en 1848. Vivió algún tiempo en Montesión de Porreras con otros sacerdotes dedicándose a predicar misiones. Puede verse una Biografía resumida del mismo en Vadn popular de la Sierva & Dios Sm Fram'sca Ana Cirer publicada por el P. Francisco Fornés pgs. 228 y SS. 16 Aquel colegio se trasladó después a San Bartolomé del Fosato, un palacio con iglesia pública, que cedió el Sr. Anobispo, situado fuera de la ciudad a corta distancia.


plemente por su apellido: Munar, Cerdá, Fons y dos hermanos Juliá. Escribiendo poco después Monseñor Cabrera a su hermana, hacía de D. Gabriel este bello elogio: "Hay dentro de casa veintiún individuos... Hay uno de casa noble y rico, primogénito, el cual por seguir la vocación de Dios, abandonó todo y se vino al extranjero, para hacerse sacerdote, y éste es fervorosísimo. Aunque tiene medios, nada ha querido tener para sí, ni en su cuarto ni en la mesa, que se diferencie de los otros. Entra en turno con los demás para las misas tarde, para servir o leer a la mesa, etc. y aunque ya había acabado su estudios, asiste a las clases y se aplica mucho. Sobre todo es devotísimo de la Virgen. E1 jueves, día de S. Pedro, que le toca predicar, para ejercitarse, está rebosando para hablar de Nuestra Señora". l7 A poco de estar en aquel coIegío, D. Gabriel quedó encargado de la conferencia de Teología y fue uno de los tres sacerdotes a quienes el Sr. Arzobispo dio licencia para confesar. En julio de aquel aiío le llegó la triste noticia de la muerte de su querida hermana Catalina. A pesar de lo mucho que la amaba, acató con perfecta resig-

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Carta que se guarda en el archivo de la Casa Oleza.


nación la voluntad de Dios y no perdió por ello su paz habitual. Poco después moría también de repente la madre de Mons. Cabrera, a quien D. Gabriel acompañó constantemente en aquel doloroso trance. En el mes de septiembre practica los ejercicios espirituales en la casa de los Jesuítas, y en ellos resuelve definitivamente el negocio de su vocación religiosa. Entonces se decide a entrar en el convento de Frailes Menores reformados, que había en Génova, y queda por éstos admitido. De regreso al colegio, después de los santos ejercicios, se encuentra con una alegre sorpresa. Al entrar en su aposento toparon sus ojos con una retahila de sobrasadas colgadas de una percha, que su madre le había enviado desde Mallorca. D. Gabriel sabía juntar la alegría inocente de un niño con el celo de un sacerdote, y así escribía a su buena madre: "Oh qu6 sorpresa para un mallorquín, que hace año y medio que no está acostumbrado a ver tales colgajos. De aquí tomé ocasión, para decir a algunos compañeros, que se hallaban presentes, que buscasen siempre a Dios, si querían encontrar todas las cosas, aun las temporales; y de aquí también la tomaré para inculcar a V. que esté siempre con una santa conformidad con la voluntad de Dios y de este modo vivir alegramente". D. Gabriel, siempre placentero, hizo participantes de aquel regalo a todos sus compañeros, según


cuenta en una carta dirigida a sus hermanas: "Descolgué tres de las más gorditas y las hice probar en la comida a todos mis compañeros. El modo como lo hicimos fue tostándolas, y quedaron todos muy satisfechos. Regalé una de las chiquitas al Superior y las otras están en la percha, menos una que entre los mallorquines uolauit". Siempre constante en propagar la devoción a María Santísima, el 10 de octubre enviaba a su hermano Miguel el Ejercicio de las Cuarenta AuemrZas, o preparación para el Nacimiento del Niño Jesús, y le encargaba que lo hiciera traducir e imprimir por cuenta suya y que empezara a practicarse en la igIesia de Pina. El 30 de noviembre, cmpezada la novena de la Purísima, anunciaba veladamente a su madre su determinación de vestir el hábito franciscano: "En cuanto a mi salud -le decía- no hay ninguna novedad. Génova al parecer me va bien y me prueba mucho... Sigo con mucha alegría, y aun mayor que antes, pues espero que la Purísima Virgen, que siempre se ha demostrado mi Madre, en este novenario, que hacemos con toda solemnidad, me ha de dispensar la gracia de conocer más la voluntad de Dios, esto es, en el modo como quiere que le sirva... Como buena madre no deje de encomendarme al Señor, ofrecién-


dome a su servicio con aquella generosidad con que María ofreció a Jesús cuarenta días despues de nacido". Efectivamente el día de la Purísima, 8 de diciembre recibió el santo hábito y empezó el noviciado en el convento de los Franciscanos reformados; mas parece que el Señor se contentó con el sacrificio de su voluntad, sin querer las ulteriores consecuencias, pues al cabo de cuatro días tenía que volver otra vez al siglo. He aquí como cuenta el hecho, en carta a su madre del 13 de diciembre: "Carísima madre: Que el Señor se contenta con darme la vocación de religioso sin que llegue a ponerla en práctica, parece que es su voluntad. En Roma procuré vestir el hábito de N. P. S. Francisco y no me fue posible, y ahora también se me ha imposibilitado. Cuando escribí mi Última carta, lo tenía ya todo arreglado, pues dos meses hace que estaba admitido en los Padres reformados, y por esto hablaba de aquel modo, para prepararla para la noticia lo que sin duda no hubíera hecho, si hubiese creído que no debía surtir efecto. Oiga pues lo que me ha pasado. El día de la Inmaculada Concepción, a eso de las diez de la mañana, en la iglesia de Sta. María del Monte y delante del altar mayor, recibi con sumo gozo de mi corazón el santo hábito, y así vestido fui a celebrar en el altar de mi dulce Madre. Yo no sé explicarme la alegría que sentía, y siento no sentirla,


aunque no estoy triste, pues se ha hecho la voluntad de Dios. Está este noviciado sobre un monte, cuyo aire es muy frío, y no sé si sería esto, pero creo que sí, pues el hábito, aunque muy basto no me incomodaba mucho, ni tampoco el ir descalzo, que se me dio un agudísimo dolor en la parte izquierda de1 pecho, y como continuaba de cada día y con fuerza, quien sobre mí tiene autoridad me dijo que dejase el hábito, porque no tuviese un funesto resultado, imposibilitándome para servir a Dios. En efecto, ayer a las doce y media del día me despedí de mis connovicios, que a pesar de hacer poco tiempo que estaba con ellos se pusieron muy tristes hasta haber algunos que, abrazándome, no podían contener el llanto. Esta afabilidad de toda aquella santa Comunidad no deja de aumentar mi sentimiento. Mas ¿qué hemos de hacer? Dios así lo quiere". Todo este relato hace pensar que se trataría de un amago de tisis, que podía traerle fatales consecuencias. Volvió por de pronto al Colegio de Mons. Cabrera y allí se repuso bastante, como lo manifestaba a su hermana Margarita el 21 de diciembre. "Mi salud -le decía - es buena, pues me parece poderlo decir así, supuesto que ha cesado el dolor del pecho, que bastante me oprimía, y se me asegura que no tengo que temer ningún funesto resultado, puesto que se dio pronto remedio. Ya te puedes figurar cuanto


sentiría abandonar mi nuevo estado, y más tratándome todos con suma amabilidad; pero como por otra parte sólo deseo hacer la voluntad de Dios, vivo asimismo con mucha alegría, porque dquién sabe si quiere el Señor que le sirva en mi patria?". En febrero de 1844, para conseguir un restablecimiento más completo, determinó pasar otra vez a Roma, adonde IIegó el 15 de aquel mes. Allí estuvo una temporada pendiente del dictamen de los médicos, y por fin salió de Roma para Marsella, rumbo hacia España, el 19 de abril. El 13 de mayo de 1844 pisó de nuevo su suelo natal, después de una ausencia de dos años y treinta y siete días. Llegaba con la salud un tanto quebrantada, pero enriquecido con el sacerdocio, que él tanto amaba, con la satisfacción de haber dado a Dios todo cuanto le había pedido y con un inmenso deseo de trabajar mucho para gloria suya y bien de las almas.


APOSTOL DE MALLORCA Cuando D. Gabriel llegó a Mallorca, la Diócesis estaba vacante por muerte del Obispo Pérez de Hirias y la gobernaba como Vicario Capitular D. Juan Muntaner García. Luego que D. Gabriel se hubo repuesto de su dolencia, conocedor el Vicario Capitular de las buenas cualidades que le adornaban, espontáneamente le concedió licencias para confesar en octubre de 1844, y poco después, en mayo del año siguiente, le dio cartillas para predicar y licencia para absolver de reservados. Entonces empezó a darse al ministerio de la palabra al cual sc scntía particularmente inclinado, y con el que haría tanto bien en las almas. Hizo su primer sermón en Palma, en la iglesia de San Antonio de la Puerta, hoy desaparecida, el 18 de mayo de 1845, tomando como tema: Mar& refugio de los pecadores. Siempre tuvo la devoción a María Santísima en el centro de su corazón y la propagó constantemente durante toda su vida.


A partir del año siguiente el radio de su predicación se fue extendiendo por todos los pueblos de la Isla, y al morir, no había púlpito en Mallorca, excepto quizás el de la Catedral, donde no hubiera resonado su voz. El llevaba un registro detallado de los sermones predicados con indicación de la fecha, lugar y tema, y, gracias al mismo, sabemos que al final de su vida había predicado 3.447 sermones. En esta tarea de misionero de nuestros pueblos hubo un solo intérvalo, y fue cuando, por imposición del Obispo Manso, estuvo encargado en calidad de Ecónomo de la Parroquia de Sta. Eulalia, la más importante de la Diócesis, desde julio de 1850 hasta febrero de 1853. En el ministerio de la palabra dio siempre particular importancia a la predicación cuaresmal. En aquellos tiempos, durante la cuaresma, al menos en las parroquias más importantes, se predicaba cada día, o, a lo más, había un día de vacación. Así lo hacía D. Gabriel y aun añadía uno que otro sermón de supererogación y voluntariamente iba a predicar en los lugareños vecinos. Así, si predica la cuaresma

1s Este libro, donde además de las anotaciones de los sermones predicados, hay anotaciones de cuentas, que lo hacen muy interesante, se guarda en el archivo de la Casa central de Ias Hnas. Terciarias, Hijas de la Misericordia.


en Felanitx, irá algunos días a Cas Concos, a S'Horta y a N'Es Carritxó; si en Selva, llegará hasta Moscari, y cuando la predique en Sóller, atravesando montes, irá hasta el lejano caserío de la Calobra. El temario de su predicación cuaresma1 eran siempre las verdades eternas y los preceptos de la Ley de Dios. Para muestra copiamos el tema de los 43 sermones predicados en la cuaresma de Manacor de 1860: Primer día: de la muerte. En los días sucesivos; incertidumbre de la muerte; perdón de los enemigos; necesidad de escuchar la palabra de Dios; fin del hombre; necesidad de conseguir este fin; gravedad del pecado; castigos del pecado; pecado habitual; pecados de pensamientos; pecado de escándalo; sobre diferir la conversión; del respecto debido al templo; muerte del pecador; juicio particular; juicio universal, infierno; eternidad de sus penas; confesión general; hijo pródigo; confesión sacrílega; obIigaciones de los padres; sobre el examen para confesarse; sobre el dolor; sobre el propósito; sobre la satisfacción; pecado de impureza; panegírico de San José; muerte del justo; sobre el cielo; segundo mandamiento; tercer mandamiento; octavo mandamiento; obligaciones de los hijos; obligaciones de los ricos; ocasiones próximas; obligaciones de los criados; obligaciones de los casados; séptimo mandamiento; oración y penitencia; panegírico de los Dolores de la Virgen; del pecado venial; de la frecuen-


cia de los sacramentos. A este cursillo de verdades eternas y obligaciones morales se añadían los sermones propios de Semana Santa y Pascua. Aquellos temas expuestos con claridad, sencillez y unción, hacían un bien incalculable en nuestros pueblos, que tenían fe en Dios y en la palabra de los sacerdotes ejemplares. Causaban una verdadera renovación de la vida cristiana. Muchas personas hacían confesión general de toda su vida; se reconciliaban los que estaban enemistados y se hacían muchas restituciones. En las anotaciones que dejó D. Gabriel en su libro hallamos datos tan expresivos como estos: En la cuaresma de Selva (1847) hubo 75 confesiones generales. En Binisalem (1848), 43. En Campos (1849), 32. En Pollensa (1850), 51. En Felanitx (1855); 37. En Manacor (1856), 40. En otras cuaresmas, como las de Sóller, Inca y Santanyi, escribe simplemente: "En esta cuaresma, con la bendición de Dios, se hizo mucho fruto". De la tercera cuaresma predicada en Manacor (1872) dice: "Se hizo mucho fruto, bendiciendo Dios mis pobres trabajos. Fue más concurrida que nunca. Una mujer que hacía cinco años no quería perdonar a otra, acabada la función, fue en seguida a la casa de ésta, le pidió perdón y se reconcilió. De esta misma cuaresma sabemos otro detalle muy curioso. Había preparado los niños para la primera comunión, y en aquel


día, tercera fiesta de Pascua, les hizo tres platiquitas: la primera sobre la renovación de las promesas del bautismo, la segunda sobre la dicha de recibir al Buen Jesús y la tercera sobre los medios para conservar el fruto de la primera comunión. Aquellos niños quedaron tan enfervorizados y tan contentos del predicador, que uno de ellos después de la Última plática le dijo con todo candor: "Voleu que vos doni una besada?". Y D. Gabriel aceptó el beso inocente de aquel niño del cual rebosaba la gracia del sacramento. Era costumbre en Mallorca, en aquellos tiempos, hacer al cuaresmero un obsequio voluntario, que se recogía con ocasión de la bendición de las casas el día de Pascua. Naturalmente era más o menos abundante según el entusiasmo que había despertado el predicador. Con relación a la tal costumbre encontramos estas anotaciones: Cuaresma de Pollensa (1850), recogidas 37 docenas de huevos, 11 libras de sobrasada y 3 libras y 4 sueldos en dinero. Cuaresma de Felanitx (1855): se recogieron 103 docenas de huevos, 22 libras de sobrasada, medio quintal de queso (40 kl.) y 6 libras y un sueldo en dinero. Y así por el estilo en otros pueblos. D. Gabriel al despedirse de la parroquia en que había predicado la cuaresma, obsequiaba a cuantos le habían servido o atendido con rosarios, libros o estampas y, según los casos, también con dinero.


Después de las cuaresmas daba preferencia a los novenarios, particularmente los de las Almas y de la Purísima, y en ellos insistía en las verdades eternas o explicaba las virtudes cristianas. D. Gabriel completaba el apostolado de la palabra con el de la beneficiencia. Su pastoral, como la del Divino Maestro, estuvo siempre informada por estos dos principios: enseñar y hacer bien. Cuando pasaba por los pueblos de Mallorca y se enteraba de que algo hacía falta para el culto divino o para fomentar la piedad de los fieles, lo remediaba en cuanto le era dado. En 1849 regala a la iglesia de S'Arrac6 una vera cruz de plata y otra a la iglesia de S'Horta en 1871. En 1858 ayuda a la obra de la iglesia de San Juan y de la Alquería Blanca. En 1869 paga los planos de la nueva iglesia de S'Horta y el retablo del altar mayor de la de Capdellá, etc. Mas entre todos los pueblos los más beneficiados fueron los de Biniali, Sta. Eugenia y Pina, por ser donde los Ribas tenían sus principales fincas. En la iglesia de Biniali gastó más de 100 libras en mejoras y adornos. En la de Sta. Eugenia, más de 1.300. Además costeó totalmente el nuevo convento de las Hijas de la Misericordia de aquel pueblo, que costó 1.423 libras. En Pina, su pueblo predilecto, por radicar allí su solar familiar, para cumplir el voto que habían hecho sus padres, cuando él se ha116 en trance


de muerte, quiso levantar no sólo una capilla en honra de la Virgen, sino una magnífica iglesia, con cúpula y crucero, y bellamente decorada a gloria de María Santísima. El costeó toda la mano de obra y toda su decoración.

Escalerita del estudio que ocupaba D. Gabriel

El daba cada año una considerable limosna a doce pobres de Sta. Eugenia, de Biniali y de Pina, que representaban a los doce Apóstoles en el lavatorio de los pies el día del Jueves Santo. Socorría conventos y ermitas costeaba la carrera a algún seminarista pobre. En su libro de cuentas se hallan partidas como estas: A la Casa de la Caridad de Binisalem, 3 libras


(moneda mallorquina). A la Casa de la Piedad de Palma, 3 libras. A los ermitaños de Artá, S. Honorato y Trinidad, 2 lib. 13 sueldos. Para una comida a todos los pobres de Pína, el día de S. Cosme y S. Darnián de 1854 año de gran escasez, 24 lib. Para un desayuno de fritura a 84 chicos de Pina en mayo de 1853, 2 lib. 8 sueldos. Al Donado del Castillo de Alaró, 6 sueldos. A los pobres de la cárcel, en 1858, con ocasión de prepararlos para el cumplimiento pascual, 19 sueldos. Partidas semejantes a estas se encuentran en cada hoja. Así fue D. Gabriel. En el púlpito parecía un eco del ángel apocalíptico que decía: "Temed a Dios y dadle gloria, porque se acerca la hora de su juicio" (Apoc. 14, 7). En el trato particular con los hombres tenía algo de la encantadora bondad de Jesucristo, que pasó por este mundo, haciendo bien y curando a todos los oprimidos por el diablo (Art. 10,38).


FUNDADOR DE LA CONGREGACION DE HIJAS DE LA MISERICORDIA Después de la exclaustración general de los Regulares, llevada a cabo en 1835, y del rudo golpe asestado, en 1837, a los conventos de Monjas, la Iglesia mallorquina había quedado como árbol tronchado por un furioso vendabal; mas como tenía la raíz sana y participaba de la savia de la verdadera Iglesia de Cristo, pronto echó nuevos retoños, que le devolvieron su prístina lozanía, aunque presentando una modalidad algo nueva. Para suplir la falta de los antiguos frailes, aparecieron en Mallorca nuevos Institutos religiosos de varones, Ig y en compensación de los conventos de mon19 Además de algunos Institutos laicales, en 1866 se fundó en Felanitx la Congregación de los Alfonsinos, que en 1910 se agregó a la Orden Teatina. En 1890, en la Ermita de San Honorato, fue erigida la Congregación de Misioneros de los SS. Corazones. En 1893 se estableció en Llucmayor la Orden Tercera Regular de San Francisco.


jas que habían quedado vacíos, surgió una pléyade de Congregaciones femeninas de vida apostólica, que poco a poco cambiaron la faz de la Diócesis. !Esta bella eflorescencia había empezado ya al final del siglo XVIII, cuando el celoso Párroco de Felanitx, D. Antonio Roig, fundó en aquella villa la Congregación de Hermanas de la Caridad, en 17@8.Continuó con mayor pujanza durante todo el siglo XIX. En 18W se erigió en Palma, el Instituto de Religiosas de la Pureza. En 1810 el P. Ferrer fundaba en la citada villa de Felanitx la Congregación de Hermanas Trinitarias. Más tarde el piadoso sacerdote D. Rafael Caldentey juntaba en Manacor otra Comunidad de Hermanas de la Caridad independiente de la de Felanitx, y en 1851, hacía otro tanto el Párroco de Sancellas D. Juan Molinas, con la Venerable Sierva de Dios Sor Francisca Ana Cirer. La Casa de la Caridad de Felanitx por aquellos mismos años estableció filiales en Pollensa y Binisalem. Aquellas nuevas Religiosas sin clausura atendían con todo su amor y desinterés al cuidado de los pobres y de los enfermos y a la enseñanza de la niñez. Todo el mundo se hacía lenguas de su benéfica labor. Fue a raíz del establecimiento de la Casa de Caridad de Pollensa, en 1S49, cuando un grupo de sacerdotes, entre los cuales se hallaba D. Gabriel, comentaban muy favorablemente aquel acontecimiento. Este


se alegraba como el que más del bien que aquella Casa hacía. El mismo la socorrió varias veces con su limosna; pero al mismo tiempo sintió que se le clavaba una espina en su corazón, al considerar que aquellas Casas de Caridad se habían abierto hasta entonces sólo en pueblos grandes, mientras que las aldeas, más necesitadas que ningún pueblo, quedaban sumidas en su abandono secular. "Si yo pudiera -dijo él - hacer una fundación semejante, la haría a favor de las aldeas pobres de la Isla". Aquella fue la primera idea que tuvo D. Gabriel de una nueva fundación; pero de momento quedó como sepultada en el fondo de su corazón. Pasaron unos cuantos años. En septiembre de 1853 D. Gabriel se hallaba en su casa convaleciente de unas tercianas; y he aquí que un buen día se presentó en su estancia su hermana Josefa, la siempre jovial, para hacerle un rato de compañía, sin dejar su labor de manos. En el decurso de la conversación, con la confianza propia de hermanos, de pronto le habló así: "2Te acuerdas de lo que me dijiste en cierta ocasión sobre fundar una Congregación, que atendiese al cuidado de los enfermos y enseñanza de las niñas?... Pues sepas que yo me siento llamada de Dios a este servicio. Desde que lo dijiste, lo he estado rumiando y encomendándolo al Señor, y me parece que es esta la divina voluntad. Crees que será posible? Si lo ha


de ser, aguardaré; pero si tal proyecto no se puede realizar, entraré en el convento de las Capuchinas". Al oír esta propuesta, el prudente D. Gabriel hizo a su hermana algunas observaciones sobre las dificultades con que tropezaría, si quería llevar adelante aquel propósito, dada su débil complexión y la delicadeza en que se había educado; mas ella, muy animosa, contestó que nada le arredraba y que estaba bien segura de que, con la ayuda de Dios, todo lo superaría. Ante aquella firme decisión de su hermana, D. Gabriel empezó a reflexionar que, con la bendición de Dios, aquella fundación que él sólo había vislumbrado en lontananza, podría convertirse en realidad. Los dos hermanos dejaron pasar tiempo, encomendando a Dios aquel asunto, y mientras tanto la idea de la nueva fundación iba madurando en la mente de D. Gabriel y se iba perfilando su figura. Su finalidad era sustancialmente la misma, que años antes había impelido a los mentados sacerdotes a establecer Casas de Caridad en sus pueblos; pero D. Gabriel le daría una modalidad nueva: su misión caritativa se realizaría principalmente en los pueblos pequeños y carentes de recursos humanos y además estaría ella informada del espíritu franciscano. Ahora bien; si la nueva fundación iba encaminada a favorecer los pueblos pequeños, zqué pueblo más


indicado, para ser su cuna, que el de Pina, situado en lugar sano y pintoresco, de gente pobre y atrasada, pero de arraigadas creencias religiosas, y donde los Ribas tenían su antiguo solar? Así lo pensaron también los Fundadores, y por eso, al vaciarse una casa de su propiedad, situada en la manzana en que se halla la iglesia y la casa curial, la reservaron para este fin. Empezaron los preparativos. D. Gabriel comunicaba su proyecto al Vicario del pueblo, D. Francisco Oliver, el cual no cabía en sí de gozo ante tan alegre nueva. Se solicitaron los permisos necesarios, y en el mes de agosto de 1856 el Vicario General, en ausencia del Obispo D. Miguel Salvá, que se hallaba en el extranjero, no sólo concedía la licencia debida sino que aplaudía la idea y aprobaba de palabra las Constituciones, difiriendo su aprobación definitiva para cuando regresase el Obispo. El 9 de septiembre siguiente el Gobierno Civil daba también su autorización, para que las Hermanas Terciarias Franciscanas Hijas de la Misericordia, que iban a establecerse en Pina, pudieran dedicarse a la instrucción de los niños y asistencia de los enfermos. Dos jóvenes payesas, Magdalena Mut y Apolonia Coll, naturales de Pina y de Sta. Eugenia, habían resuelto juntarse con la simpática Señorita de "Son Ribas", que contaba entonces treinta años, para dar comienzo a Ia nueva Congregación.


Para su inauguración se escogió el día 14 de septiembre de 1856, fiesta de la Exaltación de la Sta. Cruz, que aquel año coincidía con la del Dulce Nombre de María. La ceremonia se realizó en la iglesia vieja de Pina. Zn ella D. Gabriel dio a las tres postulante~el hábito de la Congregación y les impuso un nombre nuevo. Su hermana se llamaría en adelante Sor Concepción de San José, y las otras dos, Sor Francisca y Sor Gabriela. Aquel trueque de nombres se hizo en honra de los tres Patronos de la Congregación: la Concepción Inmaculada, San Francisco de Asís y el Arcángel San Gabriel. Aquel acto se llevó a cabo sin estrépito ni boato alguno. Fue como el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, que vino a este mundo en una cueva, en la oscuridad de la noche, sin que el mundo se diera cuenta. De igual modo esta Congregación nació en un pueblecito ignorado, sin resonancia alguna en la humana sociedad, y sólo asistieron al acto los sencillos campesinos del lugar como en representación de los pastores de Belén. 20 Después de esta Congregación se fundaron todavía cn Mallorca, durante el siglo XIX, la de las Hnas. del Amparo, Terciarias Agustinas, en 1858; la de las Terciarias Carmelitas, en 1874; la de las Hijas de !a Providencia, hoy Teatinas, en 1881; la de las Hijas de la Sda. Familia, en 1882 y la de las Misioneras de los SS. Corazones, en 1891.


En aquel convento pobre y pequeño, auténticamente franciscano, empezaron a vivir su nueva vida aquellas tres religiosas. Sor Concepción fue nombrada Superiora del Instituto y tomó para sí la tarea de instruir a las niñas, para lo cual tenía una gracia especial. Las otras dos se repartieron el cuidado de los enfermos y los trabajos de la casa. El Fundador les entregó las nuevas Constituciones escritas por él y aprobadas por el Obispo, discretísimas, muy completas para su tiempo y con muchos elementos de perenne actualidad. En ellas se destaca ante todo el título dado a la Congregación: Hijas de la Misericordiu, Terciarias de San Francisco de Asb. Cuando San Vicente de Paúl fundó su Congregación, para cuidado de pobres y niños abandonados y de toda clase de personas desgraciadas, le dio el nombre de Hijas de la Caridad. D. Gabriel, que se proponía un fin parecido, quiso dar a su Instituto un nombre casi igual: Hijas de la Misericordia. Señala como fin específico de su Congregación el visitar, consolar y servir a b s enfermos, enseñar a las niñas el santo temor de Dios, las labores de manos y demás cosas que les fuesen convenientes según su estado y condición e instruir en el catecismo a los niños de poca edad, uniendo a estas obras de misericor-


dia, como verdaderas esposas de Jesucristo, el celo por el aseo de la Casa de Dios. Después recomienda que procuren siempre establecerse en los lugares pequeños, mientras otra cosa no pida la gloria de Dios. En cuanto a los enfermos encarga que vayan con prontitud y alegría a servir a los enfermos, que los llamaren, prefiriendo los pobres a los ricos. Y aun, sin ser avisadas, si saben de algún pobre enfermo, vayan a ofrecerle sus servicios, aun cuando supieran de cierto que han de ser despreciadas. Sobre la escuela establece que se valgan de la enseñanza, para infiltrar en el corazón de las jóvenes Ias sagradas máximas del Evangelio, ajustándose siempre a las leyes del Reino y disposiciones superiores. Destaca también la sujeción omnímoda al Ordinario del lugar y al Visitador por él nombrado y se recomienda que este cargo recaiga siempre en un fraile franciscano exclaustrado, si lo hubiera, o al menos en un sacerdote que sea Tercíario. Esto explica el que D. Gabriel no fuese desde el principio Visitador de la Congregación por él fundada, sino que lo fuesen los exclaustrados PP. Bartolomé Col1 y Lorenzo Pons. Ajustándose la pequeña Comunidad de Pina a esas normas, atrajo sobre sí toda clase de bendiciones del cielo. Durante el primer año de su existencia ingresaroo en la nueva Congregación veinticuatro jóvenes


de muy buenas prendas y se fundaron cinco conventos más: Costitx, Muro, Calonja, Sta. Eugenia y María de la Salud. Vinieron pronto días de prueba y en ellos las Hijas de la Misericordia dieron testimonio elocuentísimo de su buen espíritu. En 1859 España declaró la guerra al Imperio Marroquí. La naciente Congregación ofreció a la Reina cinco religiosas, para ir al continente africano a servir en algún hospital de sangre, el que les fuera señalado. El ofrecimiento fue aceptado de muy buen grado y el día 28 de diciembre de aquel año partieron para Africa las cinco Hermanas señaladas juntamente con el sacerdote D. Rafael Barrera, gran amigo y protector de la Congregación. Prestaron sus servicios con gran abnegación y caridad en el hospital de Ceuta, sin aceptar recompensa alguna, hasta el 25 de junio de 1860. Llegaron a Palma unos días después, siendo recibidas en el muelle por D. Gabriel y Sor Concepción y otras dos Hermanas, que se hallaban en Palma, tomando parte en unas oposiciones para maestras. Fueron en seguida a la iglesia de San Francisco, donde se celebró una misa de acción de gracias y se cantó un Te Deurn. D. Gabriel, satisfechísimo, se las llevó después a su casa, pues aun no tenían residencia en Palma, y allí les dio de comer y las obse-


quió, tanto a las opositoras como a las recién Ilegadas de Africa, con un buen helado, según consta en su libro de cuentas: Per gelat, el dia de la festa de les Monjes d'Africa. 2 Zliures, 1 sou. Seis años más tarde, en 1865, la ciudad de Palma sufrió el terrible azote del cólera-mbo, que causó en ella grandes estragos. Diez y seis fueron las Hermanas que se ofrecieron voluntarias, para asistir a los apestados en los hospitales instalados en el antiguo convento de los Capuchinos y en la Lonja. Allí aguantaron, haciendo heroicidades, hasta que la plaga hubo pasado. El periódico La Regeneración ponderaba en estos términos sus caritativos servicios: "Ha sido tanta la magnanimidad de estas mujeres varoniles, que, para cortar cierta disputa, una Hermana (Sor Luquesia) se asió de un cuerpo difunto y lo puso en el ataud sin ayuda de persona alguna. Tanto es el exquisito cuidado que han tenido de los enfermos, que los más confiesan, agradecidos, deber a ellas su vida y su salud; tanta su dulzura y afabilidad, que no hay palabras ni tiempo para ponderar los buenos servicios de tan caritativa Institución". En el año 1870 invadió la ciudad de Palma otro pestífero contagio, conocido con el nombre de Fiebre amrilla. Cinco Hermanas pasaron a la Ciudad, para servir a los apestados a domicilio. Cada una tomó a


su cuenta diez, quince y hasta veinte familias, corriendo incesantemente de una parte a otra, desafiando la muerte en aras de la caridad. Una de ellas, Sor Luquesia, de treinta y tres años de edad, sucumbió en aquella lucha. Contrajo el mal, sirviendo la familia del Ecónomo de Sta. Cruz, D. Juan Pujol, y allí en el mes de septiembre, murió muy contenta, mártir de la caridad. El mismo Obispo en persona fue a visitarla y confortarla. Cuando la llevaron a enterrar en el cementerio de los apestados, los médicos, que habían sido testigos de su heroismo, le quitaron, para tener de ella un recuerdo, el cordón, el rosario y la medalla.21 Así florecía y glorificaba a Dios la nueva Congregación de las Hijas de la Misericordia. La noticia de estos heroismos había volado hasta más allá de los mares, y a principios de 1871, desde el Perú, solicitaban su instalación en aquellas lejanas tierras. No por falta de voluntad de parte de las Hermanas, sino por otras razones no pudo realizarse por entonces aquel proyecto. D. Gabriel quiso poner el remate a su bella obra, tratando de obtener para ella la aprobación de la Santa 21 Datos tomados de la Reseña Histórica de la Congregación de Hijas de la Misericordia, publicada en 1929. pgs. 25 y SS.


Sede. El 23 de noviembre de 1869 partió para Roma con la doble intención de asistir a la inauguración del Concilio Vaticano 1 y de conseguir para su Congregación el Decreto de alabanza y la aprobación de las Constituciones. 22 Con gran satisfacción de su espíritu presenció la solemne apertura del Concilio, que tuvo lugar en la mañana del día 8 de diciembre de aquel año, en la Basílica de San Pedro, con asistencia de 698 Padres, entre Cardenales, Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos y Prelados Regulares, todos ellos presididos por el Papa Pío IX. Este, al final de la larga función, les dirigió una alocución y con ella quedó, inaugurada aquella magna Asamblea. En días sucesivos se dedicó al asunto de la aprobación de su Instituto. Desde Mallorca el Obispo D. Miguel Sdvá, que a causa de su ancianidad y achaques no pudo asistir al Concilio, le mandó una carta comendaticia muy laudatoria, fechada el 1 de febrero de 1870, en que se hacía mérito de los servicios extraordinarios prestados por la Congregación en las dos primeras ocasiones antes mentadas. Después de los trámites obligados, el Decreto deseado se dio el 11 de marzo de 1871, y quedaron tam-

22

En su libro de cuentas halIamos esta nota: Pel oiatge dia 19

a Roma etmprés dia 23 w m b r e ak 1869 i teminat mars de este any (1870). 3.060 reals.


bién aprobadas interinamente las Constituciones. Con ello la Congregación de Hijas de la Misericordia, fundada catorce años antes en el pueblecito de Pina, pasaba a ser de derecho pontificio.

Habitación de D. Gabriel en el entresuelo de la Casa Ribas.

D. Gabriel durante toda su vida amó a su Congregación como la nifia de sus ojos. Celó constantemente su observancia, y encarecidamente la encargaba en una carta a la Superiora, su hermana: "Vela por la exacta observancia de las Reglas y Constituciones; estate firme en la fe; pórtate valerosamente; sé fuerte en los trabajos. Todas tus cosas sean hechas en caridad. Y también se preocupaba con interés pa-


t e d de sus necesidades temporales. Hacía frecuentes limosnas a los conventos necesitados, y en ciertas ocasiones tenía un regalito para todas. En la fiesta de San Gabriel, ya que caía entonces en cuaresma, les mandaba una empanada de pescado o buñuelos u otra golosina. En 1868, por San Gabriel, gastaba 98 reales para mandarles 102 cocas y 7 libras de chocolate. Casi lo mismo hacía por la fiesta de San Francisco. Así quería D. Gabriel a las Hijas de la Misericordia por él fundadas.


HACIA EL OCASO Cuando D. Gabriel volvió de Roma, a pesar de que su salud ya no era muy robusta, continuó dedicándose a la predicación por los pueblos con el mismo celo y fervor de siempre. En 1871 predicó la cuaresma en Santanyí con fruto muy copioso. En el mes de mayo de aquel año se fracturó el brazo izquierdo y ello le imposibilitó para el ministerio por más de un mes. Continuó después sus correrías apostólicas y en 1872 predicó la tercera cuaresma en Manacor. Al regresar a casa, D. Gabriel, siempre tan humano y placentero, trajo a su familia dos libras de suspiros, golosina especial que se fabricaba en aquel pueblo. En el año 1873 escasean mucho los datos. El último sermón que hallamos registrado en su libro, es el panegírico de San Antonio Abad, predicado d 17 de enero, en el pueblo de Sta. Eugenia. Lamentamos no tener datos sobre su última enfermedad y sobre todo sobre su muerte, ocurrida en Pal-


ma, el 11 de agosto de 1873, a los 58 años de su edad. La Congregación por él fundada contaba a la sazón 19 casas y habían ingresado en ella 150 religiosas. Ellas formaban su más hermosa corona y serían en Mallorca y fuera de ella las continuadoras de su gran obra apostólica: enseñar y hacer bien a todos. Sus funerales celebrados en la Parroquia de Sta. Eulalia fueron concurridísimos tanto por el pueblo fiel como por el clero. Después de los mismos fue acompañado su cadáver hasta la Puerta de San Antonio y desde allí fue trasladado en la galera de su casa hacia Algaida. En el término de Pina le aguardaba con cruz alzada un numeroso grupo de sacerdotes y todo el vecindario del pueblo. Desde aquel lugar "disputábanse el honor de llevarlo en brazos aquellos payeses, que tanto bien habían recibido de su bondadoso corazón y que recordaban sus buenos ejemplos y enseñanzas, viendo que les dejaba acabada una iglesia que había de ser la admiración de cuantos la visitasen". 23 Fue llevado procesionalmente a la iglesia, donde se celebraron solemnes exequias, y desde allí fue conducido al cementerio municipal e inhumado en la sepultura especial, que en él tenía la Familia Ribas. Más tarde sus restos fueron trasladados a la iglesia y ~3 Nota que se halla en el Libro de Defunciones de la Parroquia de Pina.

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descansan en el crucero, delante del altar de la Inmaculada Concepción, a la que D. Gabriel había tenido siempre tanta devoción. D. Gabriel Mariano Ribas de Pina pertenece a aquella constelación de sacerdotes seculares santos y celosos, que en el siglo pasado fueron el más bello ornamento de la Diócesis Mallorquina, como D. Rafael Caldentey, Párroco de Santa María; D. Juan Pujol, Párroco de Sta. Cruz; D. Juan Cifre, Párroco de PoIlensa; D. Miguel Maura, Rector del Seminario, y bastantes otros. Por esto su memoria será siempre bendecida.

Alcoba donde murió D. Gabriel


SU SEMBLANZA ESPIRITUAL

La característica más peculiar de la vida de D. Gabriel es el celo apostólico. Siendo el hijo primogénito de una familia noble y rica, renunció el mayorazgo, para abrazar el estado clerical, y, consciente de lo que éste le exigía, consagró toda su vida al culto divino y a la salvación de las almas. La naturaleza Ie había dado exceIentes cualidades humanas que elevadas por la gracia al orden sobrenatural, hicieron que su apostolado, a la vez que atrayente, fuese también muy fructuoso. Ante todo era sumamente sencillo y accesible a todo el mundo. A pesar de ser señor, nunca trató de guardar distancias con sus inferiores. Trataba a los criados y jornaleros de su casa con bondad y cariño, como si fuesen familiares, y a nadie quería causar molestia. Se cuenta que en cierta ocasión, habiendo llegado a pie desde Sta. Eugenia a Pina, ya muy entrada la noche, para no incomodar a nadie de casa, se fue a dormir al pajar, donde dormían los gañanes,


los cuales, al despertar, quedaron admirados al ver que su señor había querido compartir con ellos aquella pobre cama. Durante su permanencia en Italia, como ya hemos dicho más arriba, escribía de vez en cuando a los mayorales de sus fincas, a los criados y payeses conocidos con verdadero cariño, como si fuesen sus mejores amigos, o al menos tenía para ellos, en las cartas dirigidas a su madre o hermanos, un grato recuerdo. "Saludad -decía - a todos los parientes, criados y gañanes, pues a todos tengo en mi corazón". Era compasivo con los pobres como el que más y repartia entre los necesitados todo aquello de que podía disponer. Tenía un trato muy jovial y gustaba de hacer una broma inocente. A una criada antigua de casa, que le quería mucho, muy devota de las funciones de iglesia, y que al partir para Roma le había despedido con lágrimas, le escribía en mallorquín, para que le entendiera mejor: "Si haguesses vengut amb mi, me pens que heurta fet un gran desbarat, perqué amb tantes festes i quaranta-hores, m i te tendria en casa, i jo m ' h a ~ ~deb cosir Pentornpeu de su lloba, com ho vaig fer s'altre dia amb una habilitat que no ho creurks", Descansaba siempre tranquilo en la providencia de Dios, y por esto estaba siempre contento y exhortaba a los demás a estar siempre alegres. Poco después


de la muerte de su hermana Catalina, escribía a l a otra hermana Margarita: "Está alegre, ya que eres la mayor, procura que la mamá y los hermanos lo estén, que Dios sabe lo que hace y nos ama mucho". Y a su madre, que en las Navidades de aquel año, por el mismo motivo, no quiso hacer fiesta, la reprendía cariñosamente, diciéndole: "Yo no veo motivo para celebrar con tristeza el alegre Nacimiento del Niño Jesús. por qué, pues, se mete a llorar, cuando los ángeles nos visitan llenos de gozo y alegría? Si somos cristianos, debemos estar conformados con la voluntad de Dios, y si estamos conformados, no sé como meterse tristes ... Vaya con cuidado a llorar, que el Buen Jesús es niño, y a los niños no les gustan caras tristes". Era sobre todo devotísimo de María Santísima y en particular del misterio de su Purísima Concepción. En ella tenía depositada toda su confianza y a ella atribuía todas las gracias que recibía del cielo. Desde que fue simple tonsurado hasta su muerte propagh constantemente su devoción por todas partes. El introdujo en Mallorca la devoción de la Corona de las Doce Estrellas y la de las Cuarenta Avemarias, como preparación para la fiesta de Navidad, y muy particularmente propagó la práctica del Mes de Maria desde que llegó de Italia, donde lo había visto solemnizar. Para más facilitar este ejercicio en todas las igle-


sias de Mallorca compuso un Mes de Mar& en lengua mallorquina, que se imprimió en 1846, y tuvo tanta aceptación, que se hicieron del mismo cuatro ediciones, la última, cuando él ya había muerto, en 1875. En cuanto al culto del misterio de la Inrnaculada Concepción, lo tenía tan enraizado en su espíritu, que puso bajo su especial patrocinio la Congregación de las Hijas de la Misericordia. Levantó a sus expensas una capilla en su honor en la iglesia de Sta. Engenia, y otra, en la de Biniali. En el pueblo de Pina dirigió a su gusto y costeó en gran parte la nueva iglesia, que es un verdadero monumento a María Santísima. La decoración de la cúpula y de su bóveda representa las últimas advocaciones de la L q n í a lauretana, empezando por Regina Angelorum, que está representada en la cúpula, y siguiendo por las demás en los varios compartimientos de la bóveda hasta Regina sine labe original2 concepta y Regina sacratissimi Rosarii, que están pintadas en los lienzos de la pared interior de la fachada, sobre el coro. En las memorables fiestas que se hicieron en todos los pueblos de Mallorca, para festejar la proclamación del dogma de la Inmaculada, él fue el alma de las solemnidades nunca vistas, que se hicieron en Pina, en Sta. Eugenia y en Biniali. En este Último pueblo, en agosto de 1855, se inauguró, en la plaza, un obelisco


dedicado a la Purísima, como recuerdo perpetuo de la gran devoción de su población a aquel misterio. No quedaría completa la semblanza de D. Gabriel, si no añadiéramos a la misma una última pincelada: su devoción al Patriarca de Asís. Desde sus ocho años se alistó a su Tercera Orden. La pobreza, la humildad, la suavidad y el celo de San Francisco le encantaban. Por esto desde jovencito quiso entrar en su Orden, y como hemos referido más arriba lo intentó en serio, cuando mayor. Mas e1 Señor dispuso que se quedara en el mundo como sacerdote secular, pero teniendo encarnado en su alma el espíritu franciscano auténtico, para poder ser digno Fundador y Padre de la Congregación de las Terciarias Franciscanas, Hijas de la Misericordia. Para que éstas participaran plenamente de este mismo espíritu, les dio la Regla de la Tercera Orden, que ellas debían guardar como parte integrante de sus Constituciones. Así era D. Gabriel. Así sean también sus Hijas, para perpetuar en la Iglesia el carisma de su venerable Fundador.


BIBLIOGRAFIA l Congregación de Hijas de la Misericordia, Terciarias de S . Francisco de M . Reseña histórica por una religiosa del mismo Instituto. 1856-1929. Vich. 4." pgs. 397.

El M. Rdo. Sr. D. Gabriel Mariano Ribas y Gallard, Fundador de las Religiosas Franciscanas, Hijas de la Miserkmdia, de Mdorca. (1814-1873). Palma. 1948. 8." pgs. 142, por B. G. Pbro. Constituciones de las Hijm ak la Misericordia, Ter&de San Francisco de M . Dedicadas al servicio de los enfermos y a la enseñanza de las niñas. Palma. Guasp. 4." pgs. 46. rias

Manual de las FiL?as de la Miseriwrdia, o sia, CoHecció de practicas devotas, que acostumen fer en la Congregació de ditas Jermanes. Compost per Don Gabriel Mariano Ribas Pre. Palma. Villalonga. 1866. 8." pgs. 219. Mes de Maria, o devoció a Maria Santíssima, amb que se li consagra es Mes de Maig, amb lo exercici de Poració mental i vocal. Dispost per D. Gabriel Mariano Ribas Prevere. 8.", l." edició. Palma. Trias. 1846. pgs. 272. 2." edició. Trias. 1858. pgs. 244 i índex. 3." edició, aumentada amb so Dia Cristia. Colomar. 1861. pgs. 250 44. 4." edició. Guasp. 1875. pgs. 300 50.

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ti El Tercer Estandarte del ghioso San. Francisco de M s , o sea, Breve Relación del origen, privilegios y excelencias de su Tercera Orden con una sucinta noticia de los Santos, Beatos y Venerables, que a ella pertenecen. Compuesto por D. Gabriel Mariano Ribas, Terciario franciscano. Palma. Guasp. 1862. 4 pgs. 499. O


Págs.

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Los Ribas y el lugar de Pina . Infancia en ambiente revuelto 1 Carrera muy accidentada 2 Ordenación sacerdotal en Roma 3 Su estancia en Génova . . 4 Apóstol de Mallorca 5 Fundador de la Congregación de Hijas de la Misericordia . 6 Hacia el ocaso . . 7

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Gabriel Munar  

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