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Proyecto1:Maquetación 1 06/11/2011 20:04 Página 13

Opinión

Amalia, alcohólica rehabilitada Por las experiencias vividas en estos últimos años, he llegado a comprender de primera mano, el problema que para una mujer representa el hecho de reconocer que el consumo del alcohol está afectando negativamente a su vida, admitir que se está convirtiendo en una adicta a esta sustancia, es decir en una persona alcohólica, con todo lo denigrante que esa palabra conlleva. Es realmente difícil asumir esta enfermedad, sí, porque el alcoholismo es una enfermedad y como tal hay que tratarla. Para la sociedad este tema es poco menos que desconocido y más en lo que esta enfermedad atañe a la mujer, al fin y al cabo, parecen ser pocas las afectadas y las que lo son sean probablemente mujeres de vida descuidada. Nada más lejos de la realidad, desgraciadamente son numerosos los casos de mujeres alcohólicas, las cuales ocultan su enfermedad por el temor que les inspira que su condición sea conocida hasta por las personas de sus círculos más cercanos. Por lo que en la mayoría de los casos, tiene mal pronóstico su recuperación. Solo aquellas que sean capaces de asumir su enfermedad y opten por pedir ayuda a los recursos existentes, tendrán la oportunidad de cambiar su suerte.

John Cameron, La ayuda-mutua en Europa ahorra a nuestras naciones billones de euros cada año en términos de mejora de salud, alta productividad y ahorros en todo el rango de la prestación del bienestar. Por esta simple razón, tiene sentido para los Estados Europeos dar soporte a los grupos de ayuda-mutua. Sin embargo, estos beneficios financieros son despreciables cuando los ponemos junto a los resultados en la vida real que los grupos de ayuda-mutua dan a las familias y comunidades. Investigaciones presentadas al Foro Europeo de Alcohol muestran que alrededor del 80% de la gente con problemas que acude regularmente a los grupos de ayuda-mutua se recuperan con el tiempo. En Europa esta cantidad asciende a unas 100.000 personas por año, las cuales, sus vidas empiezan a retornar a la “normalidad” cada año. Las familias comienzan a abrir sus puertas al mundo exterior y los niños, miles de ellos, empiezan a experimentar la paz en sus hogares. Los hijos de alcohólicos viven en constante incertidumbre, como viviendo en una zona de guerra, sin saber cuando va a ocurrir la próxima explosión. La adicción hiere a los individuos y a sus familias. La ayuda-mutua alimenta un nuevo crecimiento con los años y generaciones.

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Revista nº0  
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Revista de la Federación de Alcohólicos Rehabilitados de España

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