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Divagaciones Intrascendentes

ELOGIO DE LAS MANOS Me parece que los evolucionistas han dado excesiva importancia al cerebro del hombre para buscar un punió de apoyo a su teoría Al comparar los cerebros de unas y de otras especies, y colocarlos ordenadamente, han creído ver una progresión cuyo término íinal es el hombre. Al ver que la superficie del cerebro se va "arrugando" a medida que se avanza en este orden, que ellos mismos han establecido, y al comprobar que la actividad máxima del cerebro no está en su "masa", sino en su "superficie", se han creído con derecho a afirmar que: La inteligencia es un fenómeno natural, propio de la materia, que se produce cuando la relación entre la masa y la superfice del cerebro alcanza una proporción determinada. Y se quedan tan tranquilos. Yo no quiero desmontar este tinglado materialista a base de un criterio espiritualista. No es porque lo juzgue inútil, sino porque no hace falta, ya que otros lo han hecho a mi completa satisfacción. Quiero moverme, de momento, en el terreno de la pura materia. Si la inteligencia fuera un producto natural propio y exclusivo de la materia cerebral del hombre, el problema se complicaría enormemente. Porque, necesariamente, ello exigiría que la evolución del cerebro en las diversas especies fuera acompa-

ñada de una evolución de la inteligencia en dichas especies, ya que de hecho el análisis biológico no pone de manifiesto diferencias sustanciales en la composición material entre el cerebro de una cabra y el de un hombre, sino una diferencia de relación entre el volumen y la superficie. O sea: que a proporción menor entre superficie y volumen correspondería una inteligencia menor, y al contrario. Pero no es así, sino que dicen: A tal proporción aparece, de repente, el "ser inteligente'', y por debajo de tal proporción se carece en absoluto de inteligencia. Si el cerebro se acepta como el "único" órgano productor de inteligencia, esto no puede sostenerse. Aquí falta alguna pieza. Otra cosa diferente sería si el cerebro se considerara como una parte del mecanismo natural que produce la inteligencia. Entonces se podría admitir el salto brusco que se da entre los seres-no-inteligente y el ser-inteligente. Mientras al cerebro le falte la pieza complementaria, no hay inteligencia alguna; cuando el complemento aparece, el mecanismo puede funcionar; esto ya es otra cosa. El complemento no puede consistir solamente en una relación mayor o menor entre superficie y volumen, sino en la incorporación al cerebro de algo completamente diferente de él; entonces la operación del cerebro ya puede (lógicamente) ser totalmente diferente de la que era, pues so ha introducido en un elemento nuevo que

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ELOGIO DE LAS MANOS  

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