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La Descolonización en la política del Ministerio de Cultura1 Erika Sylva Charvet La persistencia de la colonialidad y sus manifestaciones Se puede afirmar que la conquista y la colonización españolas son los hechos de mayor impacto histórico y los principales referentes de la configuración cultural del Ecuador, ya que si bien el proceso independentista significó romper con la metrópoli española en lo administrativo, no lo consiguió en los aspectos culturales e identitarios. Esta forma de dominación interiorizada en la larga duración, cuya característica principal es el concepto de supremacía de “lo europeo” sobre “lo no europeo”, significa según Aníbal Quijano “la colonización del imaginario de los dominados”. La colonialidad se expresa como colonialidad del poder es decir, un ejercicio político sustentado en una explícita o implícita supremacía étnica que legitima la inferioridad y subordinación del “Otro”. Esto significa que, a casi dos siglos de independencia, el imaginario de “razas inferiores” y “superiores”, herencia de la conquista, continúa incidiendo en los aspectos materiales y subjetivos de la sociedad (Quijano, 2000). Otra forma de expresión de la colonialidad es la colonialidad del saber, que se expresa en el eurocentrismo en la ciencia y la cultura, enfoque epistemológico basado en la premisa de la supremacía del pensamiento europeo sobre otros pensamientos no occidentales que lo impone como paradigma único de conocimiento. Este paradigma descarta otras posibilidades epistémicas; “oculta, invisibiliza y silencia a los sujetos que producen este otro conocimiento” (Walsh, 2005:17; Walsh, 2008). No solo niega la producción cultural de los pueblos indígenas y afrodescendientes, sino que en general, el espacio no europeo es asumido como “exótico”, su arte como “folklore” y el conocimiento ancestral como “inútil”; ni siquiera es aceptado como conocimiento sino como un conjunto de “supersticiones” (Oviedo, 2009). En el siglo XXI, la colonialidad en la cultura se ve reforzada con la globalización. Una de sus formas más significativas es la agresiva penetración de los productos de las industrias culturales del Norte, principalmente el cine y la televisión, que gracias al desarrollo tecnológico incrementan exponencialmente su difusión. Se genera, entonces, una virtual invasión cultural pues el mensaje de estos productos se presenta bajo la forma de mitos inteligibles por audiencias de cualquier cultura, fenómeno caracterizado como “Macdonalización cultural” (Ritzer, 2004). Desde la otra orilla, la débil producción cultural de los países de la periferia, llamados en “vías de desarrollo”, no puede enfrentar esta poderosa invasión cultural de la metrópoli. La dependencia y alienación generada por los productos culturales transnacionales debilita la construcción identitaria de los pueblos de la periferia, pues sus poblaciones tratan de reproducir los imaginarios, modelos de vida y valores difundidos por las producciones foráneas que se entrelazan de manera compleja con los heredados de la vieja experiencia colonial. En el Ecuador, la mediación de la colonialidad del poder y del saber, con toda su parafernalia simbólica, ha configurado una historia que niega las matrices culturales 1

Ponencia presentada por Erika Sylva Charvet, Ministra de Cultura de Ecuador en el Seminario del Políticas Culturales organizado por el Ministerio de Cultura y la OEI. Quito 4 de julio del 2011.


originarias. Es un fenómeno de larga duración que comienza con la llegada de los españoles, invisibilizando la antigüedad de orígenes de nuestro pueblo. Esto ha generado una ambigüedad en torno al pasado histórico del país, bloqueando “sentimientos de identificación” entre sus miembros, consolidando el metropolitanismo y eurocentrismo en el aparato educativo, académico, social y cultural. Otro efecto en el imaginario ha sido la ruptura de la comunidad de linaje2, que signó el nacimiento del Estado ecuatoriano (1830) constituido en torno al núcleo étnico blanco-hispanoeuropeo-occidental y al racismo como dispositivo ideológico orientado a garantizar su “pureza”. Ambos fenómenos no lograron ser desafiados ni en las grandes coyunturas de ruptura como la Independencia, la Revolución Liberal (1895-1912), o las reformas de los años 70. Tal colonialidad pervive también es el sentido del “osotros” que históricamente excluyó a indios y afrodescendientes del imaginario de la ecuatorianidad elaborado por el discurso del poder a partir de nociones e imágenes negativas, desvalorizantes y hasta degradantes sobre las y los ecuatorianos. La colonialidad también se expresa en una concepción tradicional de la autoridad que justificó la dominación de las élites por la vía de una herencia racial y cultural supuestamente superior, y que fue la base del elitismo que caracterizó el funcionamiento del Estado ecuatoriano hasta hace pocas décadas. La fuerte influencia de la Iglesia Católica siguió reproduciéndose en la confesionalidad de la vida que propugnaba un tradicionalismo ideológico que no pudo ser eliminado dada la fallida construcción del Estado laico y la lenta y dificultosa configuración de una sociedad moderna. Pero también la exclusión y dominación colonial se expresó en contra de la mujer, en el dominio patriarcal, herencia europea, pero también indígena y afrodescendiente, que implanta la supremacía masculina sobre la femenina en todos los órdenes de la vida, configurando una sociedad profundamente machista e inequitativa. En el siglo XX se registran varios fenómenos que han coadyuvado al bloqueo de la integración simbólica del país. Al truncarse el proyecto de Estado acional, con el fracaso de la Revolución Liberal, se creó el marco para el fortalecimiento de expresiones que resquebrajaban el sentido de integración nacional, tales como el regionalismo, orientado a reforzar las identidades locales y exacerbar las fronteras regionales, ideología que nació del enfrentamiento entre las clases dominantes regionales a fines del siglo XIX, y en el siglo XX manifestó su competencia por el acceso y control de los recursos del Estado. Se exacerbó el exotismo, por el cual indios, negros y mestizos eran vistos como un “Otro” ajeno a la identidad nacional. Un hito importante de este período, fue sin duda el conflicto territorial con el Perú en 1941 que culminó con la firma del Protocolo de Río de Janeiro en 19423, evento que generó un profundo trauma colectivo, y, con ello, la emergencia de imaginarios auto destructivos sobre la ecuatorianidad que se extenderían a lo largo del siglo XX, y que anularían el desarrollo de la autoestima y el orgullo nacionales. Desde hace treinta años, también es posible ver otros impedimentos, tales como la ya señalada dependencia y alienación cultural y la ruptura del vínculo ser humano-naturaleza (registrada desde la Colonia) por la expansión del capitalismo dependiente y sus efectos depredadores en lo social y ambiental. 2

La comunidad de linaje es un vínculo de consanguinidad imaginado entre los miembros de una nación que le otorga su dimensión sicológica y emocional. 3 El Protocolo fue resultado de la derrota militar del Ecuador en la guerra con el Perú (1941). Implicó el cercenamiento de más del 50% del territorio ecuatoriano de entonces.


El Proceso Constituyente: una oportunidad para la superación de la colonialidad El proceso constituyente iniciado en el Ecuador el año 2007, es un punto de inflexión en los sentidos del país y sus concepciones sobre nación y Estado. Este proceso, precisamente abre las posibilidades de recuperación, potenciación y reinterpretación de los aspectos que permitieron, a pesar de todas las adversidades señaladas, la cohesión del Ecuador4, planteando el reto de generar nuevas visiones e imaginarios para superar aquellos que han obstaculizado su integración simbólica. La fortaleza de este proceso es que es el resultado de un acumulado histórico de resistencias a la colonia, al régimen oligárquico, el neoliberalismo, de logros importantes en materia de derechos y de la articulación de varias experiencias que fueron moldeando la necesidad de una reorientación diametral del devenir de la sociedad ecuatoriana. Al sistematizar sus principales antecedente, señalamos, en primer lugar, la crisis estructural e integral del modelo de desarrollo histórico, que invadió todos los campos de la vida social, incluido el simbólico a fines de los 90 y principios de la década del 2000. En segundo lugar, la movilización de los sectores populares, especialmente indígenas, por una reforma ascendente del Estado, que cobró fuerza con el levantamiento indígena del 1 de junio de 1990 y se prolongó a lo largo de la década, ante la implantación de políticas neoliberales, cabe señalar que la movilización étnico-popular frenó la plena implementación del modelo neoliberal y abrió el camino para la materialización de la Asamblea Nacional Constituyente propuesta por el Presidente Rafael Correa en el 2007, como vía de la reforma política demandada décadas atrás por los movimientos sociales5. La Nueva Constitución (2008) surgida de esta Asamblea piensa al país con una visión unificada, propone la recuperación del Estado y la participación de la sociedad civil en la deliberación y el ejercicio político. Del proceso constituyente surgen propuestas de redefinición de la identidad nacional, el rol del Estado, el modelo socioeconómico y la cultura, pilares para la superación de la colonialidad. Entre esos cambios están el cuestionamiento al paradigma de desarrollo y la incorporación del concepto de Sumak Kawsay o Buen Vivir como fundamento filosófico del Estado y modelo de vida alternativo. El Sumak Kawsay comprende a la naturaleza desde una perspectiva integral y no meramente como proveedora de recursos naturales, redefiniendo y armonizando la relación ser humano-naturaleza. (Maldonado, 2010). Desde esta concepción alternativa al desarrollismo individualista, se ha configurado el Plan acional del Buen Vivir que reorganiza la institucionalidad del Estado, a la vez que la misma Carta Constitucional vigente (2008) concibe a la

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Desde el Estado: los símbolos patrios, el panteón nacional y su ritualidad; la convocatoria y movilización en respuesta a las guerras fronterizas; la identificación generada por el aparato escolar público, entre otros. Desde la sociedad civil: experiencias organizativas en torno a lo nacional-popular, los procesos de resistencia indígena y luchas sociales, la constitución y acción de redes colectivas culturales, la emergencia de héroes y heroínas populares. Desde los usos y costumbres: las tradiciones y cosmovivencias culturales que identifican la ecuatorianidad, tales como, la lealtad a la familia, las formas de cooperación tradicionales (minga), la religiosidad, las manifestaciones artísticas locales, las fiestas populares, la gastronomía, los juegos, la vestimenta, el humor. 5 En efecto, el movimiento indígena propuso la convocatoria a una Asamblea Constituyente orientada a la reforma del Estado desde inicios de la década del 90, propuesta que se plasmó a medias con la convocatoria a la Asamblea Constitucional de 1998, materializándose como una vía de reforma solo con la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente del 2008.


naturaleza como un sujeto de derechos y posibilita que la sociedad civil participe en procesos de democracia directa, entre otros aspectos descolonizadores. La Constitución del 2008, inspirada en las demandas de vastos sectores de la población, plantea una alternativa al estado uninacional oligárquico homogenizante y excluyente y propone un Estado incluyente, plurinacional, de contenido nacional-popular. Se orienta a construir una estructura estatal que responda al carácter plural de la sociedad ecuatoriana garantizando el marco de una convivencia cultural armónica (Walsh, 2009; 2008 (a); Ramón, 2005; Congo, 2005; Kowii, 2005). Un Estado solo unitario, como históricamente se definió el Estado ecuatoriano, ya no puede responder a estas demandas, por cuanto se identifica con una sola nación, que en el caso ecuatoriano se agrava pues el Ecuador es todavía una “nación en ciernes” (Santos, 2007; Sylva, 2001). El Estado plurinacional, en cambio, es un concepto adecuado para una época en la que se reconoce el hecho de que conviven en un mismo Estado diferentes nacionalidades y pueblos con sus particularidades. La plurinacionalidad no desafía al Estado en su unidad política, tampoco a la democracia como régimen. Pero implica un reto: se trata de reorganizar las estructuras e instituciones políticas para que se correspondan a la diversidad étnico-cultural de la sociedad, sin romper el carácter unitario del Estado. Al mismo tiempo, que la interculturalidad se posicione como eje que garantice relaciones armónicas de respeto y de interrelación entre las diversas culturas del país y la igualdad de oportunidades para toda la población. Justamente, es el proceso constituyente el que ha otorgado centralidad a la cultura expresada en varios aspectos, tales como, la declaratoria de desarrollo cultural como política de Estado (2007); la creación del Ministerio de Cultura (2007); la declaratoria de emergencia patrimonial (2007); y la creación del Sistema acional de Cultura y el establecimiento de su rectoría en la nueva Constitución (2008). Con ello se posibilita desarrollar una política pública estratégica en el campo cultural orientada a construir hegemonía y cohesión nacionales, así como su organización sistémica encaminada a superar su dispersión histórica. Desde el punto de vista cultural, el proceso constituyente que vive el país abre oportunidades para pensar y vivir la cultura desde perspectivas integradoras, inclusivas y democráticas, promoviendo un cambio cultural y una refundación simbólica a partir de la revalorización de códigos y símbolos propios, de las expresiones culturales de nuestro pueblo y de la afirmación de referentes identitarios provenientes de los procesos de resistencia, movilización y reinterpretación de nuestra historia e identidad. La reorientación cultural sustentada en un concepto amplio, contemporáneo de cultura, entendido ya no solo como arte, sino como el modo de ser de expresarse de una sociedad o grupo y que abarca desde las artes, hasta las tradiciones, pasando por los derechos y valores, posibilita cuestionar imaginarios y mitos surgidos en la Colonia, consolidados en la República Oligárquica y reproducidos hasta la actualidad como parte del acervo histórico imaginado. Entre ellos están, los Mitos del Señorío sobre el Suelo y de la Raza Vencida, que señalaban al indio como una raza doblemente vencida, por la naturaleza indómita y por la conquista española, consolidando el núcleo étnico blancohispano-europeo-occidental del Estado, mitos que han sido interpelados por la movilización indígena de los 90 y los procesos de resistencia al modelo neoliberal que deslegitimaron la percepción de “raza vencida” del pueblo indígena.


Otro mito es el del mestizaje homogenizante, la proyección de un imaginario de Estado donde las particularidades de las diferentes nacionalidades indígenas y los pueblos afroecuatorianos, se diluyen en una “nación mestiza”. Pero, ese “mestizaje” sigue mediado por concepciones racistas pues es asumido como “blanqueamiento” perfilándose como vía de acceso al núcleo étnico dominante por parte de los sectores subalternos que, en ese marco siguen ocultando sus matrices étnicas y culturales y sustituyéndolas por la axiología y el simbolismo dominante. Este mito ha sido cuestionado, desde el pensamiento crítico, la valoración de la diversidad étnica cultural y la importancia de los procesos interculturales. Esta valoración de la diversidad, ha cuestionado el carácter exclusivamente unitario planteando la construcción de un Estado que también exprese la “unidad en la diversidad”, es decir, un Estado plurinacional e intercultural propuesto, justamente, en la Constitución del 2008. Otro mito de la ecuatorianidad se sustenta en la tesis de la “ación Pequeña” propuesta por Benjamín Carrión, según la cual no importaba la pequeñez territorial del país ni el hecho de que no fuese “potencia económica” o “militar”, si es que se lograba su desarrollo como “potencia cultural”. Ante este enfoque surgido para consolar a una sociedad síquicamente devastada por la mutilación territorial resultante del Protocolo de Río de Janeiro de 1942, se puede contraponer en la actualidad un imaginario de valoración de la diversidad, natural, étnica y cultural de un país que se perfila como “potencia megadiversa”, un concepto que, a diferencia del de Carrión, tiene proyección tanto cultural cuanto económica. Así parecería que el sentimiento de derrotismo y fracaso surgido en el Ecuador en los días de Carrión, hace 70 años, después de la guerra con el Perú, ha ido cambiando evidenciándose la emergencia de nuevas visiones y auto percepciones en torno a la ecuatorianidad. En ese tenor, desde hace treinta años, en el marco de la conmemoración de los 500 años de invasión europea y resistencia indígena en América Latina, precisamente con la movilización indígena, la valoración que el pensamiento crítico sobre las cosmovisiones indígenas así los propios logros políticos de las organizaciones étnicas, también ha ido generando una nueva visión del “Nosotros”, una visión que considera el pasado de los ecuatorianos ligado a una antigüedad prehispánica y a otras raíces originarias y que rompe la tradicional percepción del “Otro” eurocéntrica que ve al indígena, afrodescendiente, cholo o montubio como ajeno a la ecuatorianidad.

Política pública cultural y colonialidad Aún cuando desde los años 70 se han ido cuestionando en lo conceptual y político estos viejos mitos e imaginarios, es el proceso constituyente el que muestra la factibilidad de superarlos. Así, este se presenta también como un hecho cultural, como un proceso en el que nuevos contenidos simbólicos circulan y se proponen nuevas prácticas y discursos que buscan reorientar diametralmente el Estado. Es en ese sentido que el Ministerio de Cultura ha desarrollado cuatro ejes programáticos que permiten recrear en lo cultural el mandato constitucional y el Sumak Kawsay o Buen Vivir. Estos son: La Descolonialización6

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La definimos más adelante.


Los Derechos Culturales, buscan garantizar a las personas y comunidades el acceso a los bienes y servicios culturales y a participar en condiciones de igualdad, dignidad humana y no discriminación. Entre ellos se destacan, el derecho a usar y manejar la lengua propia; a la identificación del individuo con sus condiciones telúricas y sociales originarias; al patrimonio histórico tangible o reconocimiento de los valores patrimoniales de su entorno; al reconocimiento de las pautas culturales de orden tradicional, saberes y tradiciones, a la creencia propia y el accesos a los lugares sagrados y a las religiones originarias; al uso de atuendos propios, vestimentas y emblemas, las ciencias y tecnologías propias y el derecho a gozar de un ambiente saludable. Los Emprendimientos Culturales, definidos como conjunto de actividades de producción, comercialización y comunicación en gran escala de mensajes y bienes culturales que favorecen la difusión masiva de la información y el entretenimiento. Son medios portadores de significados que dan sentido a las conductas, cohesionan, o dividen las sociedades. La ueva Identidad Ecuatoriana Contemporánea o la emergencia de una positiva auto percepción colectiva sobre lo que significa ser ecuatoriano y ecuatoriana. Al mismo tiempo, estos ejes programáticos están articulados entre si y mediados por cuatro ejes transversales: La interculturalidad, entendida como “una nueva forma de integración entre los ecuatorianos”, o un “nuevo modelo de convivencia social basada en el respeto y la aceptación de lo distinto” (Ramón, 2005: 53, 55, 57; Congo, 2005: 33 Passim; Kowii; 2005: 50), un proceso social y político que trasciende la tolerancia y el respeto a la diversidad, se dirige a la construcción de sociedades, relaciones y condiciones de vida nuevas y distintas, en una dimensión integral. La equidad integral, una política de igualdad de oportunidades para toda la población, partiendo del reconocimiento de que existen diferencias entre los seres humanos. Modificar la situación de inequidad que enfrentan vastos sectores de la población es posible desde respuestas institucionales que atiendan dichas especificidades y desde el desarrollo de acciones de carácter afirmativo para cerrar las brechas de acceso a los bienes y servicios culturales. El fortalecimiento de la institucionalidad cultural que comprende las entidades del Estado central, la de los gobiernos autónomos descentralizados, la pública no estatal, y también a aquella de carácter privado. El hecho cultural se desarrolla con una multiplicidad de actores cuya capacidad institucional para enfrentar eficientemente el desarrollo cultural es heterogénea, lo que ha ocasionado dispersión, duplicidad de esfuerzos, discontinuidad en las acciones y distanciamiento entre las acciones culturales y las demandas ciudadanas. Por ello resulta importante la construcción de un Sistema acional de Cultura descentralizado que potencie, articule, promueva, estimule y amplifique las múltiples y diversas iniciativas inmersas en el hecho cultural. Posicionamiento internacional. Por una parte, se orienta a la difusión sistemática de las diversas manifestaciones artísticas y culturales del país en el exterior, históricamente invisibilizadas en los escenarios internacionales por el Estado oligárquico; y, por otra, a fortalecer los vínculos de cooperación cultural entre los distintos países y organismos


internacionales, priorizando la cooperación Sur-Sur, y, dentro de ella, el trabajo con los países latinoamericanos y caribeños a fin de contribuir a la integración desde la cultura. La descolonización y la decolonialidad La descolonialización tiene varias vertientes históricas, entre otras, las reflexiones de Waman Puma de Ayala que cuestionó la estructura colonial y las del esclavo liberto ghanés Ottobah Cugoano, que criticó el pensamiento iluminista, pero también los aportes de los afrocaribeños Aimé Cesaire y Franz Fanon. “Descolonializarse tiene un lugar fundamental tanto en lo político como en el pensamiento. Apunta a la afirmación y al fortalecimiento de lo propio, de lo que ocurre “casa adentro”... y de lo que ha sido subalternizado o negado por la colonialidad” (Walsh, 2005: 23). La decolonialidad surge desde otra genealogía del pensamiento “crítico” europeo. Es una estrategia que no se limita a la incorporación o la superación (tampoco simplemente a la resistencia). Busca la creación de condiciones radicalmente diferentes de existencia, conocimiento y poder para fabricar sociedades distintas basada en principios epistémicos y políticos distintos, “Otros”. Ambos son proceso integrales orientados a transformar las relaciones económicas, epistémicos, étnicas, sexuales, de género, mediadas por la colonialidad. Para ello se hace necesario descolonizar la memoria social, los sistemas educativos, las instituciones del arte, la didáctica de la cultura y las industrias culturales, entre otros aspectos que permitirán ir venciendo las posiciones coloniales reflejadas tanto en las relaciones de producción, como en la estructura material y simbólica de la sociedad ecuatoriana. Además, implica revalorizar y reivindicar el derecho a ser diferente a partir de nuestra historia, nuestras especificidades y sentidos. Políticas y estrategias para la Descolonización 1. Descolonizar el poder. Contribuir a la construcción de una sociedad democrática, intercultural, respetuosa de las diferencias, promotora de la equidad, conocedora y orgullosa de nuestra historia, de lo que somos y de nuestras características como pueblo. 2. Aportar a la formación de una sociedad democráticamente consciente y crítica de todo tipo de discriminación y encaminada a la construcción de la autoestima, el orgullo y la unidad interna del país. Estrategias • Aplicar el Plan acional para el Buen Vivir y el Plan Plurinacional para Eliminar la Discriminación Racial y la Exclusión Étnica y Cultural, en sus programas, proyectos y en la misma gestión del Ministerio de Cultura. • Promover programas, proyectos y campañas contra el racismo y la discriminación, el machismo, la homofobia, el regionalismo, orientados a promover la construcción de una sociedad intercultural, equitativa y democrática y fortalecer la identidad nacional a través de alianzas con distintas entidades. • Promover la recuperación y potenciación de la memoria social y el patrimonio cultural tangible (material) e intangible (inmaterial) en todos los campos de la producción artística y cultural.


• Promover la difusión de mensajes de integración cultural a través de las expresiones artísticas. • Fortalecer los referentes y emblemas culturales de identidad nacional y generar nuevos recuperando la memoria de héroes, heroínas, ciudadanos/as, artistas e intelectuales de distintas regiones, así como de aquellas experiencias históricas nacionales y locales que elevan nuestro sentido de soberanía, autodeterminación y autonomía. • Fortalecer y apoyar investigaciones, estudios, análisis sobre expresiones culturales nacionales que rescaten y pongan en valor la identidad nacional en la diversidad. • Erradicar del calendario festivo ecuatoriano las celebraciones de la conquista o “fundación española” de las ciudades y localidades y promover la conmemoración de la resistencia y la independencia del dominador como emblemas de identidad local y nacional. • Fortalecer una política comunicacional que difunda contenidos desde una perspectiva descolonizadora, que visibilicen y cuestionen la difusión de mensajes, símbolos y conceptos de contenido colonial y neocolonial. • Apoyar los procesos de fortalecimiento identitario de las culturas y tribus urbanas y erradicar toda forma de intolerancia y estigmatización de las mismas. • Articular lazos culturales con los países latinoamericanos y caribeños para contribuir a los procesos de integración de la región y al fortalecimiento de una identidad regional. • Fomentar la circulación de la producción cultural ecuatoriana a nivel internacional a través de delegaciones culturales, participación en encuentros y seminarios internacionales, muestras y semanas culturales del Ecuador en el exterior. 3.

Descolonizar el saber. Contribuir al fortalecimiento de los procesos de creación cultural del Ecuador, revalorizando nuestras formas de conocimiento y prácticas en la producción, difusión y consumo culturales. Estrategias • Promover la recuperación y potenciación de la memoria social y el patrimonio cultural tangible (material) e intangible (inmaterial) en todos los campos de la producción artística y cultural. • Desarrollar programas, proyectos y acciones que promuevan los procesos identitarios del país en sus instituciones, historias, valores, saberes y prácticas en los distintos campos artísticos. • Socializar a escala masiva el conocimiento sobre la ancestralidad de nuestras culturas y desarrollar un sentido de antigüedad propio del Ecuador. • Promover la difusión del pensamiento y las prácticas de liberación indo-afrolatinoamericanas. • Promover la elaboración y difusión de obras originarias y emblemáticas del pensamiento-Otro ecuatoriano (críticas y alternativas a la matriz eurocéntrica). • Promover el desarrollo de nuevas visiones y conceptos sociales y políticoculturales sobre la base de la filosofía del Sumak Kawsay y las experiencias históricas de los pueblos ecuatoriano y latinoamericano.


• Universalizar la producción artística y cultural ecuatoriana a través de su posicionamiento, promoción y difusión en el escenario internacional. Establecer alianzas con el Sistema Educativo acional en todos sus niveles (primario, secundario, superior) para promover la descolonización integral del currículo, especialmente en las áreas destinadas a la formación histórica y artístico-cultural.


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/Discurso_La_Descolonizacin_29sept2011  

http://www.ministeriodecultura.gob.ec/images/stories/Discurso_La_Descolonizacin_29sept2011.pdf

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