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N.o 471

domingo 8 de julio de 2012

CARLOS ROSAS

El endemoniado mundo de Cecilia Eudave Carlos Rosas Pรกgina 4

MILENIO


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MILENIO

en librerías El cuaderno rojo

99 pasiones en la historia de México Paul Auster Booket México, 2012 106 pp.

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ay dos formas de encontrar las razones de nuestra vida: la causalidad y la casualidad. La segunda es —al parecer— la que llevó a Paul Auster a convertirse en escritor. El cuaderno rojo. Historias verdaderas es una especie de álbum de estampas o recuento de vida del autor de Leviatán: sus lecturas y alucinaciones, las angustias, la pobreza, sus amigos y sus andanzas en Nueva York y en diversas ciudades francesas nos dan la llave para entender algunas de sus obras literarias. La relación entre la vida y los libros son directas y la ficción comienza cuando Auster intenta salir de un laberinto al que lo ha llevado el azar. Las descripciones hacen recordar el inicio de El palacio de la luna: su autor vive en un apartamento del que prefiere no salir pues no vale la pena bajar a un mundo glamoroso para volver por interminables escaleras al lugar, enmarcado por la sordidez, que lo acoge.

50 grandes mitos de la psicología popular Scott O. Lilienfield, et. al. Océano México, 2012 331 pp. e las ciencias humanas, la psicología i l í es la que más discusiones provoca. Algunos pensadores han señalado que estamos viviendo la “era psicológica”, y dadas las circunstancias poco favorecedoras que padecemos eso ha dado pie a que los escépticos digan “Por eso estamos como estamos”. Si realmente hubiera fórmulas psicológicas que hicieran más inteligente y bondadoso al ser humano, desde hace tiempo viviríamos en el llamado “paraíso”. Pero, en fin, el libro que comentamos no se involucra en cuestiones tan profundas y se centra en aspectos cotidianos como la creencia de que no usamos toda nuestra capacidad intelectual, de que nos sentimos atraídos a personas opuestas a nosotros, de que la letra refleja nuestra personalidad o de que hacerles escuchar la música de Mozart a los niños estimula su inteligencia. A pesar de la argumentación científica, es difícil que la gente cambie sus creencias.

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Luvina Número 67/ Verano 2012 112 pp.

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n este número —titulado “Inhumano”— destaca el homenaje al poeta tapatío Guillermo Fernández, asesinado en su casa de Toluca, Estado de México, el último día del pasado marzo. Francisco Hernández, Stefano Strazzabosco, Jorge Esquinca y Hernán Bravo Varela participan del tributo que comienza con algunos poemas de Fernández, quien en uno de ellos escribe: “Señora,/ arrulla a tu pequeño,/ aduérmelo en tus manos poderosas”. En la amplia oferta de Luvina, una de las mejores revistas del país, se encuentran también “Once poemas sobre el mal y sus alrededores” de Valerio Magrelli, “Evítame, por favor”, estremecedora historia de odio y venganza de Adolfo García Ortega, “Casi humano”, de Juan Nepote, quien repasa la historia del científico Alan Mathison Turing. Nacido el 21 de junio de 1912, Turing fue pionero de la computación y víctima de la homofobia, que lo llevó al suicidio en junio de 1954.

Alejandro Rosas mr ediciones México, 2012 349 pp.

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aya que han existido amores intensos entre los protagonistas políticos, artísticos y culturales de la historia mexicana. Por qué, entonces, no ceñirlos a una forma, luego de confirmar que no han sido suficientemente documentados. Estos relatos, dice Alejandro Rosas, “proceden de epistolarios, libros de memorias, archivos, notas periodísticas, referencias indirectas y una vasta bibliografía”. A pesar de que privilegian el punto de vista masculino, saben inclinarse ante los ardores femeninos. Y en vista de que desempolvan rincones ocultos, ninguno tiene desperdicio. Del brazo o a bofetones, iluminados o sombríos, hacen su aparición Hernán Cortés y Catalina Xuárez, Miguel Miramón y Concha Lombardo, Victoriano Huerta y Emilia Águila, José Vasconcelos y Elena Arizmendi, Esperanza Iris y Paco Sierra… “Extraños caminos los del amor”, escribe Rosas. Quien se ha extraviado en ellos, lo sabe.

Revista de la Universidad de México Nueva época/ Número 101/ Julio, 2012 112 pp.

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úmero de homenajes y recuerdos, dos ab abre bre ccon on dos capítulos de una novela inédita de Tomás Segovia: Los oídos del ángel, que será publicada en los próximos meses por Ediciones Sin Nombre, sello donde se encuentra buena parte de la obra del autor fallecido el 7 de noviembre de 2011. En otras propuestas, Vicente Quirarte escribe sobre su padre, el historiador Martín Quirarte, de su muerte pero también, y sobre todo, de su ejemplo. Humberto Musacchio explora el mundo y el trabajo del fotógrafo Héctor García, muerto el pasado 2 de junio, tres días antes de Ray Bradbury, de quien se ocupa Alberto Chimal. Alberto Gómez Robledo V. traza una “Breve semblanza” de Jorge Carpizo, cuya sorpresiva muerte ocurrió el 30 de marzo de este año. Beatriz Espejo apunta la mirada al universo de Marcel Proust y Enrique González Pedrero reflexiona sobre la relación entre el Estado y la cultura en nuestro tiempo.

La Otra Número 16/ Julio-septiembre, 2012 136 pp.

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oris Dinerchtein nació en Bielorrusia, es músico profesional y fotógrafo aficionado. Con presentación de José Ángel Leyva, en esta edición se despliega un portafolio que muestra las preocupaciones estéticas y sociales de las fotografías de Dinerchtein, en las que “el juego y la armonía están presentes”. Juan Carlos Abril coordina un dossier dedicado a José Manuel Caballero Bonald, a quien hace una divertida entrevista en la que asoma el carácter y las manías de este poeta nacido en Jerez de la Frontera el 11 de noviembre de 1926. Álvaro Salvador, Antonio Jiménez Millán y Luis García Montero contribuyen con sus textos a ampliar el conocimiento sobre la obra y personalidad de Caballero Bonald, sobreviviente de la llamada Generación del 50. Un paseo por la obra del pintor Mario Londoño y poemas de John Kinsella, António Ramos Rosa y Salah Stetié son parte de las propuestas de este número.

El mundo raro LOS PAISAJES INVISIBLES WORDPRESS.COM

Iván Ríos Gascón thewhitesubway@yahoo.com

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on una mirada parecida a la de ese Cosimo Piovasco que en El barón rampante decidió aislarse en su hermética floresta, Amerigo Ormea penetra en la ciudad dentro de la ciudad y contempla la irónica arquitectura concebida por el cura Giuseppe Benedetto Cottolengo en 1842, donde descuellan el pico de una iglesia, los ventanales del hospicio, el portón del sanatorio, las verjas del convento. De los muros escurren los carteles mojados por la lluvia. Amerigo piensa en los significados diluidos de las pancartas del Partido Demócrata-cristiano y del Partido Comunista, que invitan a votar con sus falsas promesas, tan distantes a la realidad hostil, a la discordia cotidiana que envenena a la nación. Amerigo Ormea avanza en ese recodo de Turín donde también murió el historiador Pietro Giannone, encarcelado por la Iglesia. El delito de Giannone fue denunciar en sus libros la nefasta hegemonía del Papa sobre el Estado italiano, la picota fue su cámara mortuoria el 7 de marzo de 1748. ¿Qué hace Amerigo Ormea en los vestigios aún en pie de la Piccola Casa della Divina Providenza? Su presencia ahí concierne a su investidura de escrutador electoral. Como miembro del Partido Comunista, a él le corresponde vigilar los comicios que incluyen a todas las voluntades italianas, la ley obliga a que el sufragio se extienda a hospitales, manicomios, asilos y conventos, nadie está eximido de las urnas. Y aunque Ormea recuerda con humor negro las anécdotas de ciertos electores que, una vez en la casilla, creían que estaban en el retrete y defecaban y se limpiaban con la papeleta, o las de aquellos que no sabían qué hacer con la boleta y el crayón y, entonces, decidían desayunarse ambos objetos, o las de los que, instruidos previamente por los funcionarios, entraban a la casilla coreando el nombre del candidato por el que les repitieron hasta el cansancio que debían votar, prosigue su encomienda, recorre los distritos con una vaga sensación de vacuidad. Como militante comunista y

simpatizante del laicismo, sabe que los operadores volverán a asestarle un golpe a la “democracia”, que los procesos electorales suelen parecerse a un casino donde la casa nunca pierde, la casa siempre puede echar mano de paleros, cartas marcadas, ruletas a control. El ciclo será largo. El ánimo de Amerigo Ormea se ensombrece cuando los practicantes entran en acción. Las monjas alistan a su ejército de votantes, a los idiotas, los paralíticos, las víctimas de malformaciones congénitas, los huérfanos y los enfermos terminales. En suma, la escoria de una sociedad cuyo gobierno suele olvidar a los desgraciados, la masa de indeseables que sólo sirven para sumar puntos a su nombre para después dejarlos en el inhumano destino del encierro. No obstante, Amerigo ocupará su puesto. Decidirá ser sólo un testigo, un convidado de piedra porque, al fin y al cabo, el sistema y su ley le imposibilitan actuar ante los abusos que se cometen en contra de los marginados, los desvalidos de conciencia. Sobre esa novela tan poco recordada, casi perdida, que se llama La jornada de un interventor electoral, Italo Calvino dijo que no salía de la sorpresa de que un texto tan breve le hubiera costado diez años de trabajo. La idea surgió en julio de 1953, cuando Calvino formó parte de la lista de candidatos del Partido Comunista y visitó los distritos electorales como vigilante del Partido. En el Cottolengo de Turín, el hospicio más célebre de Italia, presenció una discusión entre democristianos y comunistas, y de esa ríspida querella fue surgiendo lenta, paulatinamente, la figura de Amerigo Ormea. v

MILENIO FRANCISCO A. GONZÁLEZ presidente · JAIME BARRERA RODRÍGUEZ director editorial · MARINA MIRANDA directora general de negocios · JORGE VILLARREAL comercialización · MIGUEL ÁNGEL PUÉRTOLAS jefe de información · ANTONIO NAVARRETE jefe de cierre editores: JORGE VALDIVIA G. ciudad y región · MOISÉS MORA negocios · IGNACIO DÁVALOS cultura · ELDA ARROYO mp · HUGO MERINO diseño · KALIOPE DEMERUTIS ocio · IRENE SELSER fronteras · HORACIO SALAZAR tendencias · JAIRO CALIXTO ALBARRÁN qrr y el ángel exterminador · SUSANA MOSCATEL hey! · FERNANDO TORRES circulación · NOÉ ANAYA producción ·

MILENIO diario b VISOR b Dirección: José Luis Martínez S. Edición: Alicia Quiñones Coedición: Roberto Pliego Arte y diseño: Salvador Vázquez Mejía


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antesala Mesa de novedades en Gonvill Andares LORENA MELÉNDEZ

Crítica y pirotecnia ESCOLIOS SIENTEMAG.COM

Cómo trabajar para un idiota John Hoover Aguilar $229

Martín Piquín y los buscapleitos de la escuela Esteban Cabezas / Mario Flores Destino $98

Emociones tóxicas Bernardo Stamateas “B” grupo Z $180 La boda secreta Jo Beverley Titania $280 Dark Lord. Días de escuela Jamie Thomson Alfaguara $160

Me llaman la tequilera. Lucha Reyes: la cantante que innovó la canción ranchera Alma Velasco Suma $269

Deseos Kirsten Miller Alfaguara $229

Personas Carlos Fuentes Alfaguara $229

¿Y esto también es matemáticas? Adrián Paenza Debate $249

El toque de Midas Donald J. Trump / Robert T. Kiyosaki Aguilar $229.00

EL LECTOR SE LLEVA LORENA MELÉNDEZ

Ivette Flores 20 años Estudiante de diseño industrial Gonvill de Andares En esta ocasión nos encontramos a una lectora joven, acompañada de su amiga Renata Salazar, y nos comenta sobre su compra, que es un regalo. ¿Qué libro compraste? Uno de carros, se llama Automóviles alemanes legendarios de Peter Ruch. ¿Por qué? Se lo compre a mi novio de regalo porque va a ser su cumpleaños.

¿Cuál fue el último libro que leíste? Acabo de leerCarrie, de Stephen King. Estoy por comenzar otro, pero ahorita no me acuerdo su título.

¿Cómo eliges los libros que compras? Los que yo leo, pues no sé, me gusta mucho leer libros de suspenso y pues como que busco libros del estilo de John Katzenbach o que yo vea que tengan buenas críticas.

¿Cuántos libros lees al mes? Pues alrededor de cinco o seis, más o menos. ¿Cuál es tu autor favorito? John Katzenbach.

Mario Vargas Llosa

Armando González Torres agonzale19@yahoo.com.mx

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ara cualquier espectador con sentido común debe ser familiar ese sentimiento, entre la irritación y la conmiseración, que surge ante la impostura y efectismo de ciertas manifestaciones del arte y el pensamiento. Por eso, el reciente título de Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo, genera tanta expectativa, pues en muchos de sus artículos el autor ha abordado esos fenómenos con irreverente lucidez. El libro, de hecho, entremezcla esos artículos dentro de capítulos más largos que buscan darles alguna sistematicidad y espesor histórico y proyecta una perspectiva muy amplia (y sombría) de la actividad creativa e intelectual contemporánea. Vargas Llosa habla de la confusión entre cultura y espectáculo y entre precio y valor estético; deplora la degradación de los criterios de exigencia creativa; advierte sobre la retracción del intelectual de la vida pública y su efecto empobrecedor en las ideas y el civismo; condena el cinismo y ambición trepadora de las nuevas élites intelectuales capaces de cualquier concesión o provocación por un minuto de fama; reprueba la moda hermética, banal e irresponsable de muchos filósofos; lamenta la erosión de la autoridad intelectual y sus efectos sobre la práctica educativa e incluso condena la propensión a despojar a los actos más íntimos, como el erotismo, de su individualidad y misterio. En fin, Vargas Llosa aborda muchas taras culturales

(aunque se extraña alguna consideración sobre la mercantilización en la narrativa donde se fraguan algunos de los más graves fraudes y ofensas a la inteligencia) y de la cultura salta a la política, pues sostiene que, sin abandonar su independencia, ambas esferas pueden retroalimentarse, y dice que el desprestigio de la democracia ha llevado a muchos de los jóvenes mayormente dotados a alejarse de la política o abrazar radicalismos. Igualmente, habla del declive de las religiones históricas y analiza las modalidades constructivas del laicismo capaces de fomentar reforzamientos mutuos y sanos entre vida cívica y espiritual. Algunos de estos señalamientos son irrefutables pero superficiales, otros son fecundamente provocativos, pero el problema surge al intentar vincularlos en una visión general, pues es donde la contundencia y brillantez de los artículos contrasta con la escritura deshilvanada del resto del libro y donde afloran la liviandad del análisis, las conexiones forzadas y la causalidad fácil. Es como si en una novela aparecieran personajes aislados sumamente atractivos, pero incapaces de integrarse, por falta de pericia o tiempo, en una trama convincente. Así, oscilante entre el espíritu de síntesis y la simplificación, la preocupación moral y el moralismo, la intuición valiente y el lugar común, este prometedor ensayo decepciona, pues incurre penosamente en lo que deplora: la opinión herética pero pirotécnica que, al estar basada en el apresuramiento y conformismo argumentativo, dilapida su valor crítico. v


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MILENIO

literatura

Los demonios son demonios personales Escritora, académica e investigadora de la literatura mexicana, Cecilia Eudave habla de lo que acontece con su obra traducida y, sobre todo, su forma de encarar la vida ENTREVISTA CARLOS ROSAS

Carlos Rosas

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l último libro publicado de Cecilia Eudave fue Para viajeros improbables, editado por Arlequín al año pasado. Con un ánimo creativo sólido, la escritora tapatía, nacida un 11 de abril de 1968, prepara la edición de Al final del miedo, libro que terminó en 2010 y que después de su necesario reposo, ahora le da sus toques finales para lanzarlo a la luz.

Hablas de “la resistencia como lucha personal” y de rescatarte a fragmentos. Sí, y cuando hablo de que voy rescatándome a fragmentos, es que también la sociedad demanda muchas cosas, tienes que trabajar para vivir, y no muchas veces el trabajo en el que estás te permite hacer lo que más disfrutas o lo que más gozas. También a nivel personal uno va viviendo fragmentaciones diversas, no eres la misma de hace cinco o diez años, vas creciendo, vas modificando tus hábitos, tus actitudes, tus amistades, tus amores, tus vivencias, todo eso se va nutriendo.

Por otra parte, Cecilia Eudave ha comentado que trabaja dos guiones para cine. Uno desde 2008 con Luis Téllez, director de animación; otro con Isabel Cristina Fregoso, cuya base son algunos relatos que se hicieron una sola historia, guión que espera terminar este año y se pueda filmar en 2013. Aunque las credenciales de Cecilia Eudave son amplias, también como académica y estudiosa de la literatura, su producción narrativa la coloca entre los escritores más sobresalientes de Jalisco. La presente conversación partió de la próxima aparición en coreano de su trilogía de novela juvenil, pero en ella retomamos algunas de sus reflexiones aparecidas en su blog, las que muestran sus convicciones vitales y creativas. Parte de tus libros y cuentos han sido traducidos y publicados en otros países, ¿tienes noticia de cómo fueron recibidos? Soy la primera sorprendida en función de que jamás me imaginé que mi trabajo fuera a tener cabida en culturas aparentemente ajenas, como las orientales, estoy hablando de los japoneses, los chinos, los coreanos; posteriormente en otros idiomas, como el portugués y el italiano. Los editores me han dicho que los libros están vendiéndose bien, que a las personas les gustan muchísimo. Yo creo que esto se relaciona con lo que decía Virginia Woolf: la honestidad de las historias, que tiene que ver con la verdad, no esa verdad única y magnánima, sino con tu verdad; o sea, tú cuentas desde tu verdad, desde tu perspectiva, desde lo que sientes y al final, todo es condición humana. Suena un cliché cuando dices condición humana, pero es cierto, al final lo que queda es esa sensación que nos hermana a todos más allá de cualquier contexto cultural, que es el amor, la venganza, los celos, el miedo, todos estos sentimientos que finalmente se mezclan y hacen lo que somos, seres humanos.

¿Esa es tu convicción frente al mundo editorial? Lo que sucede es que, en este mundo tan vertiginoso y donde ahora hay cada vez más escritores y más medios y publicación, es un poco caótico pensar en dónde estoy parada y qué es lo que se puede esperar de mí o qué puedo esperar yo de lo que estoy haciendo. Cuando vi a Amparo Dávila, pensé que quizá en su momento tampoco fue la escritora que más llamó la atención, ni la que tuvo más seguidores o más publicaciones de libros, además escribió muy poco, y sin embargo, permanece. Sus lectores son lectores jóvenes y adultos, y la siguen, y es la maestra; sus cuentos no dejan de ser ejemplos a seguir.

Obra de Cecilia Eudave Cuento

Para viajeros improbables. Arlequín, 2011 Técnicamente humanos y otras historias extraviadas. LetraRoja, 2010 Sirenas de mercurio. Amargord Ediciones, 2007 Registro de imposibles. Ediciones del Plenilunio, México, 2006 Invenciones enfermas. Ediciones del Plenilunio, 1997

Novela

Bestiaria vida. Editorial Ficticia, 2008 Pesadillas al mediodía. Progreso, 2010 El enigma de la esfera. Progreso, 2008 La criatura del espejo. Progreso, 2007

¿Es más interesante que esas traducciones sean para un público infantil y juvenil? Así es, la mayoría de ellas son para un público infantil y juvenil, y bueno, finalmente son los mejores lectores, los que se despojan del esnobismo, de la representación social de la lectura del libro y la disfrutan simplemente, no están esperando los grandes misterios de la vida aunque puedan estar ahí. Los adolescentes y los niños se liberan y dejan que entre el libro, que entre la historia, y la creen posible, no están buscando si es verosímil o no, si aquello es factible o no, ellos simplemente lo disfrutan, lo aceptan.

Los genios de las botellas. Ala Milano Onlus, 2010. Traducido al italiano

Has compartido tu admiración por Amparo Dávila y un poco de lo que te dijo en su encuentro: “Hay que resistir, la buena literatura con los años se impone, sigue en lo tuyo, son los lectores, y sólo ellos, los que al final tienen la última palabra”.

Ha participado en quince antologías, las más recientes: El abismo. Asomos al terror hecho en México (Rodolfo J.M., Ediciones SM, 2011) y Los viajeros. 25 años de ciencia ficción mexicana (Bernardo Fernández, Bef, Ediciones SM, 2010)

Libros infantiles

Papá oso. A buen Paso, 2010. Editado en España y traducido al chino, coreano, portugués e italiano

Su cuentos “El oculista” y “El ascenso” fueron traducidos al japonés y publicados en las revistasTokai SF Nokai y Fanzine of science fiction and fact. La trilogía de novelas juveniles editadas por Progreso aparecerá traducida al coreano en 2013, bajo el sello Prunsoop.

También refieres “la tensión de ir tarde en todo”. Es curioso, mucha gente me ha dicho que yo debería estar posicionada mejor de lo que estoy ahora, pero yo me pregunto qué es posicionarse. Nunca he tenido esa meta en mi vida, además me siento muy afortunada porque he viajado mucho, he vivido muchas cosas, sí, para mí lo principal es vivir, yo no concibo la literatura que se vive a través solamente de los libros, las vivencias también nutren mucho, es decir, soy una lectora apasionada pero mi vida no solamente está en los libros, sino también está fuera de los libros. Yo no descarto toda esta literatura intelectualizada, que también está muy bien, pero a mí también me gusta la literatura vivencial, pasional, que se forja con los años, con las experiencias, con el contacto con los otros: vivir. Propones que debemos admitir “que somos, también, lo más oscuro, lo más insólito y lo más temible: hombres-bestias en batallas perpetuas”. Todo el tiempo estoy en una batalla constante contra lo que quiero, contra lo que no quiero, ser buena persona, ser mala persona, todos somos blanco y negro, somos muchas cosas a la vez, no hay una unidad real, sino la suma de muchos de nosotros, que son los que finalmente nos hacen ser lo que somos, eso me parece muy humano. Yo desconfío mucho de la gente que no tiene enemigos, desconfío mucho de la gente que no habla mal de nadie, de la gente que no bebe. Yo creo que todos en el fondo tenemos algo que no va, también tenemos nuestro lado oscuro y hay que aceptarlo, y que los demás lo vean, porque cuando nada más están esperando cosas bonitas tuyas, se decepcionan. La decepción para mí es que no muestren la otra cara, esa cara oscura, irreverente, que al final es la más, vamos a decir, verdadera, la que no teme ser lo que es; la otra es una máscara para poder convivir con la gente, con los otros. Por eso yo sí creo que los demonios son demonios personales, y hay tantos demonios como personas, porque las variantes son infinitas, y en la pequeña variante es donde está la riqueza, y eso es lo que hace que existan tantos buenos escritores y tantas buenas lecturas.


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literatura

Conversación con la doctora Julia Dench L

CARLOS ROSAS

a doctora Dench es un personaje central en las novelas La criatura del espejo, El enigma de la esfera y Pesadillas al mediodía, novelas publicadas por Editorial Progreso. En ellas, la doctora Dench ayuda a Pablo, a Flor y a Nico a librar sus respectivas batallas con seres venidos de otras dimensiones.

¿Te gustaría compartirnos una parte oscura de Cecilia Eudave? Compartir, compartir, no creo que nadie quiera compartir el lado oscuro, en ese sentido. Sí creo que soy como muy obsesiva. Entro en estados de obsesión y de pronto, a partir de ello, puedo estar de muy mal carácter, es decir, puedo pasar encerrada en mi casa una semana, un mes, sin salir y sin querer ver a nadie, envuelta en mis cosas y en mis cavilaciones. Afortunadamente esos espacios de encierro, de ostracismo, cada vez son menores, pero sí llega un momento en que la gente me cansa. ¿Será porque eres perfeccionista?, ¿o no se relaciona? Creo que todo se relaciona, finalmente somos un laberinto, porque los laberintos me gustan mucho, y hay muchos caminos que no tienen salida pero finalmente nuestra búsqueda fundamental es llegar al centro, y el centro representa lo que tú quieras. La cuestión de la fragmentación en mí es importante porque en mi familia ha habido mucha locura, entonces el miedo a la locura hace que todo el tiempo estemos como en alerta para no perdernos en el camino. Entonces yo ya encontré mi hilo de Ariadna, que es la escritura, que es la lectura, y mientras me aferre a él, estoy a salvo. v

Doctora, ¿de qué se vale para no perderse en el laberinto de la imaginación, del sueño, de lo que escapa a nuestro sentido común, pero que es parte de nuestra experiencia de vida? De la creatividad, de eso me valgo. Hoy en día se cree, como hace algunos siglos, que la razón es lo más valioso a lo cual se puede aferrar el hombre, sobradamente se ha visto que no es suficiente. La razón también crea monstruos, y si no, preguntemos a Paré por su maravilloso libro Monstruos y prodigios, que en ese afán de encontrar explicaciones volvió más real lo imposible. Todos imaginamos cosas, hasta los más escépticos, todos tenemos sueños —acaso inconfesables—, y todos nos perdemos en el sentido común, desechando, de vez en vez, la posibilidad de reconstruirnos en otros espacios ajenos a la realidad estandarizada, esa que nos dice cómo actuar y para dónde ir. Es ahí donde ser creativo, ayuda y libera, no importa el laberinto que se escoja, el de esa realidad mediatizada por los otros, o esa otra realidad que se despliega en muchas, creando mundos paralelos como analogías, metáforas del nuestro. Yo comparto ambos espacios, y tanto en uno como en otro intento ser creativa, desdoblar los espacios donde habito y sobre todo, dejarme sorprender. Aquel que se sorprende sigue aprendiendo, sigue descubriendo.   En los casos en los que ha logrado fama, sus protagonistas son adolescentes, ¿hay alguna razón que lo explique? Puedo retomar el punto del que hablaba hace un rato al referirme al poder que ejerce el mundo “adulto y racional” sobre nosotros, volviendo a insistir en que no todo es razón o “verosimilitud” en su contexto más exacerbado —si fuera así la literatura sería un compendio de tratados científicos que expliquen nuestro transcurrir por la vida—, y los adolescentes lo saben. Son ellos en ese estado de tránsito entre la niñez y la juventud los que se dejan seducir por todo. A veces esto ayuda a crecer o no, pero no dejan de ser curiosos y de asombrarse. Son receptivos a tal grado que para ellos nada es tan imposible como para no intentarse. Nada es tan oscuro como para no dejar ver lo que rodea nuestras vidas. Ellos vuelven corpóreos sus sentimientos, sensaciones, conflictos, vivencias, a veces sólo los miran desde lo abstracto, otras tantas, literalmente, crean demonios.   Pablo, Flor y Nico han sido presas de entes con capacidad de ver el alma, o el interior psíquico, ¿qué otras amenazas ha tenido que vencer? La amenazas siempre estarán ahí, no importa cuáles sean, varían según los temores de cada uno, pero el único enemigo a vencer es el miedo a nosotros mismos, a lo que somos capaces de hacer o padecer. En alguna parte de Pesadillas al mediodía afirma que “presintió que si su curiosidad era más fuerte que el sentido común vería algo de lo cual podría arrepentirse”, ¿qué monstruos la aguardaban? El de la cordura. Uno cree que la locura es el peor

monstruo, yo me pregunto si no será al revés: la cordura. Estamos tan obsesionados por ser cuerdos, por aparentar que nada nos inmuta pues todo es perfectamente explicable —la doctora Alba en Pesadillas al mediodía—, que al entrar en contacto con algo cuya lógica está por encima de lo que hemos aprendido o vivido, nos conduce a un estado de perturbación tal que nos nubla la vida y el sentido común —dicho sea de paso, el más raro de los sentidos. No hay que perder la razón, ni estar loco, para permitirnos ver en lo improbable un mundo posible. La seducción es el arma letal para las almas frágiles, ¿ha visto algo más peligroso? El alma en su construcción cultural es frágil y proclive a caer en las garras de lo maligno. Siempre habrá un ser que nos ofrezca algo a cambio de ella. No hay almas frágiles, todas pueden caer, hace falta estar en el lugar erróneo, con el estado de ánimo en su peor momento y con la persona equivocada para que nos lleguen al precio. Sí, es un lugar común vender el alma, perder el alma, pero ¿habrá algo más atractivo que destruir el espíritu de un ser humano? Toda la literatura, “realista” o no, consiste —mayoritariamente— en quebrantar al hombre y llevarlo a situaciones límite, donde la prueba es siempre la misma, aunque no se le nombre de igual manera: ganar la batalla contra el mal, llámense hombre o demonios. Su trabajo encuentra sustento en la afirmación aristotélica: “Es verosímil que haya cosas inverosímiles”, ¿tiene algún otro axioma que la respalde? Podría decirte la siguiente: Todo es real si crees verdaderamente en ello. La construcción de la realidad parte de lo que nosotros creemos que es. El mejor ejemplo son las religiones, cualesquiera de ellas, nunca hemos visto a ningún dios, a ningún santo, a ningún ángel o demonio, y sin embargo existen. Y si existen se manifiestan. Toda manifestación me permite interactuar con ella. Lo nombrado nunca dejará de ser posibilidad de existencia. Ese es mi material de trabajo y de investigación, aquello que es o puede ser una vez que se plantea como posible. Y habrá tantas variantes como cabezas en el mundo, agrégale la riqueza cultural del contexto donde el individuo se desarrolla, los demonios personales o la interpretación de cualquier ente o espacio sobrenatural son tan infinitos como las posibilidades que se desprenden del azar. Finalmente, le pedimos algún adelanto del caso que ahora resuelve. No suelo hablar por anticipado de lo que estoy investigando en este momento. Después de lo agotador que fue resolver el asunto de Nico, decidí tomar un descanso. Pero ahora me ha llegado, como llegan los seres de otras dimensiones sin previo aviso, un caso que no he podido rechazar porque siempre me han seducido los desdoblamientos del ser humano. Me asombra la capacidad que tenemos para ser esto y aquello otro también… Ahora, eso depende de Cecilia Eudave, de que la convenza de volver a ser mi voz, de sacarla de esos otros proyectos en los que anda ahora.


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Una mañana con

Tolstói

Conversaciones y entrevistas. Encuentros en Yásnaia Poliana reúne opiniones de Tolstói sobre literatura, música, ciencia, filosofía, vida cotidiana, etcétera, que publicadas en los periódicos rusos entre 1885 y 1910 aparecen por primera vez en español. Con autorización de la editorial Fórcola, ofrecemos uno de los textos que integran este libro, así como una nota del traductor y editor

Una conversación pasajera en Yásnaia Poliana1 Fiodor Muskatblit

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ste verano me vi obligado a visitar Yásnaia Poliana, una pequeña aldea trazada sobre una colina. No es grande, apenas cerca de 60 casas, pero produce una impresión muy agradable: las casitas, con raras excepciones, son de ladrillo rojo, limpias, cuidadas. El edificio de la escuela es hermoso. En todo se siente un bienestar relativo. Me detuve a la entrada de la alameda, que comienza con dos torres de piedra, absolutamente blancas. Es la famosa alameda de Yásnaia Poliana. A un lado de ella, como si fuera un cristal armado en un terciopelo verde, reluce un pequeño lago, rodeado de tilos y abedules. —¿Está en casa Lev Nikoláievich? —pregunto a un joven pescador del lugar. —Sí, sí está. —¿Estará bien de salud, me recibirá? —Supongo que sí, no está enfermo. Por eso la condesa salió hace unos días a Moscú. Se ha quedado solamente el patrón con su hija... Pedí informaran al dueño de casa de mi llegada. Después de unos minutos salió un criado, que me pidió esperar. Lev Nikoláievich estaba ocupado. Amarré al caballo fatigado bajo unos tilos y me puse a examinar la hacienda. Es un lugar que produce una impresión muy especial, una sensación de tranquilidad y de seguridad en uno mismo... La casa de dos pisos es completamente blanca, con el techo verde, y las casitas del servicio aledañas están situadas cerca del parque. En la entrada del porche hay un vergel que rodea una plazoleta cubierta de arena. Una cierta penumbra lo envuelve todo. No lejos, en la espesura de los árboles, se percibe un tenue movimiento. Reina una gran calma. No había pasado ni media hora cuando ante la puerta, muy cerca, apareció el médico del escritor, Nikitin, quien se detuvo señalando a alguien en mi dirección. Una fuerte agitación se apoderó de mí... Apenas podía sobreponerme... Todas las razones que persuadían mi sentir estaban completamente menguadas ante el pensamiento de que en unos momentos me encontraría cara a cara con una de las grandes figuras de nuestro siglo... De los arbustos salió un anciano caminando con paso lento, encorvado ligeramente y apoyado en un bastón... Iba vestido con un abrigo de lana sobre una blusa gris, ceñida por un cinturón, con botas altas, a pesar del calor sofocante que hacía... Muy parecido, en mi opinión, a como aparece en una fotografía reciente con Máximo Gorki. Al verme, Lev Nikoláievich se detuvo. Yo me le acerqué...

—¿Qué puedo hacer por usted? —me preguntó, respirando con dificultad, quitándose el sombrero y estrechándome la mano. —Sólo vine a saludarlo —respondí—, saber cómo se encuentra de salud... —¿De salud? Bueno, de salud estoy más o menos... Lo diré, como siempre he dicho: gracias a Dios, estoy más próximo a la muerte... Estoy contento... Para mí, usted sabe, una cosa es importante: que el aparato mental funcione, lo que pase con el estómago o los pulmones se nos puede escapar de las manos... Pero si funciona el cerebro, no necesito de nada más, es todo para mí... —Sí, Lev Nikoláievich, pero sin estómago, sin hígado, y muchas otras cosas más el aparato intelectual tampoco funciona... —Son situaciones que pueden rebasarnos —objetó sonriendo Lev Nikoláievich—, que los médicos se ocupen de eso... En Yalta me enfermé fuertemente... Pulmonía, fiebre tifoidea... sin embargo, soporté bien el camino de Sebastópol a casa... a pesar de que las incomodidades del viaje eran tremendas..., tremendas... Lo diré francamente, eran verdaderamente indignantes... Por alguno de sus allegados y por algunos informes de prensa yo había sabido hace un tiempo que Lev Nikoláievich está ocupado, escribiendo su autobiografía. Quise saber si eso era cierto o no. —Nada por el estilo —objetó el escritor—, es una mentira... ¡No he escrito, no escribo, ni escribiré nada semejante! Se trata de un rumor que surgió, probablemente, de que ahora se publican en el extranjero mis obras completas en francés. Mi buen amigo Biriukov elaboró para esta edición mi biografía y me pidió le comunicara algunos datos de mi vida. Una cosa con otra y se creó el rumor de una supuesta autobiografía. No reconozco el género autobiográfico y nunca lo haré. ¡Una autobiografía! ¿Pero qué es eso? Escribe una persona sobre sí mismo... dice lo bueno, y se calla todo lo malo... ¡Es apenas natural! “¡Quién, dígame, tendrá ganas de exponer sus faltas a la vista, vean, lean, admiren!... O al contrario: adrede algún avieso muestra, exagera más de lo que era: ¡miren lo pecador que soy! Eso es todavía peor... Dicen que la abyección puede más que el orgullo”. Salimos del patio hacia el camino arbolado aledaño, y caminando a través de él nos acercamos a una isba campesina medio inclinada. Ahí Tolstói bebió un poco de kumis. Una campesina, acostumbrada a estas visitas, acercó al visitante una silla tan vieja como el propio escritor, con una pata que parecía arrastrarse desesperadamente por el suelo. Le indiqué a Lev Nikoláievich del riesgo de sentarse en una silla así... —No se preocupe —respondió el escritor—, conozco bien esa silla y la colocan de tal manera contra la pared, que queda muy estable y puedo sentarme... El kumis, según dice Lev Nikoláievich, le produce un efecto benéfico. Se lo preparan especialmente, con el método original de los tártaros. Permanecimos ahí diez minutos, luego salimos para continuar el paseo y la conversación interrumpida. Hablamos, principalmente, de la vida en Rusia, la literatura y el periodismo. Yo me referí a Uspensky. Me interesaban, de manera especial, aquellos detalles y rasgos de la vida y obra del escritor fallecido, que pudieran ser conocidos por Tolstói, como uno de los veteranos de la literatura rusa. Yo no dudaba en absoluto del talento de Uspensky, no dudaba hasta que Lev Nikoláievich, refiriéndose a sus debilidades dijo a propósito, entre pausa y pausa: “A Gleb Uspensky siempre lo he leído con tensión” —a mí se me salió un involuntario: “No es para menos”. —Pero no crea —continuó, retomando el aliento, Lev Nikoláievich— que esto sea, por así decirlo, de naturaleza positiva... ¡No!... Es una

reputación forzada... Nunca he comprendido qué es lo que él quiere en realidad... Lees algún pasaje y parece un populista... Y eso no está mal, pero después ocurre que no hay nada de eso en absoluto... Reina una cierta vaguedad, una nubosidad, una ensoñación... ¡No entiendo nada! Sólo Dios sabe lo que él quiere —dijo Lev Nikoláievich, echándome una mirada penetrante con el hincapié y el tono del escéptico que de antemano se ha decidido por una respuesta negativa. Hice notar, a grandes rasgos, aquellos puntos en los que Uspensky hizo énfasis toda su vida, señalé las condiciones de su trabajo y la naturaleza de su talento como las causas de cierto carácter caleidoscópico de sus obras... —Aun así —dijo Lev Nikoláievich—, todo de lo que él habló, todo eso no es de él, no hay nada nuevo... ¡Y esto, en mi opinión, lo es todo! El escritor debe descubrir su peculiar y sustancial visión del mundo... que no exista en ninguna otra parte, ni le pertenezca a nadie más... Que haya madurado sólo en él... Yo tengo, mire usted, una regla netamente mecánica, un método para definir si un escritor, conocido o no, es realmente grande: la traducción. Me sorprendí un poco. —Sí... la traducción... Es decir, si a un escritor se le puede traducir a otras lenguas sin empobrecerlo, entonces significa que ese escritor es realmente grande... Sí... Hubiera querido señalar la indudable herencia —si no del todo próxima, al menos lejana— del modo de ver el mundo de escritores como SaltikovShchedrin, Gógol y alguno más, como ilustración


domingo 8 de julio de 2012 b07

literatura ESPECIAL

Resonancias: 25 años Jorge Bustamante García

L

as obras completas de Lev Tolstói fueron reunidas en Rusia entre 1928 y 1958, alcanzando 90 tomos. Contienen sus novelas, relatos, obras de teatro, cuentos para niños, artículos sobre ciencia, filosóficos y de opinión, sus diarios y correspondencia. Después, con el paso de los años, aparecieron volúmenes especiales con el hallazgo de materiales inéditos, pero cada vez era una rareza mayor el descubrimiento de nuevos manuscritos, originales o borradores del escritor. Por otro lado, tras su muerte, brotó un verdadero flujo de memorias, reminiscencias y documentos de personas que lo conocieron y que abordan diversos momentos de su vida y su obra. Tres veces se ha publicado en Rusia la colección Tolstói en los recuerdos de sus contemporáneos, permanentemente enriquecida y aumentada. Se podría pensar que desde hace algunas décadas ya todo estaba dicho sobre el autor de Guerra y paz, no había nada más que agregar. Sin embargo, existía todavía un género insólito con su palabra viva que había quedado en el olvido: la conversación, la entrevista y los reportajes periodísticos que dan cuenta de nuevas aristas del singular novelista de Yásnaia Poliana Esas entrevistas y conversaciones no fueron recogidas nunca en un volumen, sólo unas pocas se reimprimieron con motivo de algún aniversario, pero la mayor parte permaneció olvidada y perdida: “Enterradas en los archivos de periódicos amarillentos, no fueron advertidas ni siquiera por los bibliógrafos más escrupulosos, permanecieron desconocidas por años no sólo para el lector común sino también para los especialistas tolstoianos”, escribió casi cien años después Vladímir Lakshin, quien se dio a la monumental tarea de compilar ese material buscando en hemerotecas, archivos y bibliotecas, logrando reunir en un volumen más de 106 entrevistas con Tolstói aparecidas en revistas y periódicos rusos entre 1885 y 1910, año de su muerte. De esas 106 conversaciones, inicialmente seleccioné 38, que fui reduciendo paulatinamente a 24. Me interesaba que tocaran aspectos novedosos, pero también que mostraran a Tolstói como un ser de carne y hueso, con sus virtudes y sus defectos. Hubo conversaciones que empecé a traducir, pero que luego dejé, porque me parecían que se alejaban de ese propósito. Y así fue como fui encontrando una cierta y rara unidad que fue configurando el espíritu del libro. Desde la pianista polaca que va a visitarlo a su hacienda y le toca en las mañanas y en las tardes

de la imposibilidad de traducir sus obras y con todo ello el talento indudable de sus autores, pero recordé la severa actitud negativa de Tolstói hacia muchos corifeos de la literatura, la pintura y demás, en su tratado sobre el arte, y preferí eludir este tema un tanto delicado, para lo cual me ayudó el propio escritor. —¡Vea, por ejemplo, los casos de Chéjov o Gorki —continuó él, como confirmando lo correcto de su criterio de valoración, por el enorme éxito de estos escritores en el extranjero—, lo que significa la fuerza de la imaginación y, lo más importante, la originalidad! Hice notar que ese éxito estaba condicionado por la apuesta de estos novelistas por el genio del corazón universal, si es que se puede uno expresar así... —¡De eso es que se trata —objetó con vivacidad Lev Nikoláievich—, precisamente de eso se trata… De humanidad en general! Reconociendo en Chéjov el mayor talento como narrador, Tolstói niega en él por completo al dramaturgo y considera que de este “pecado” en la escritura de Chéjov es un poco culpable el Teatro de Arte, que en este caso juega el papel de “instigador”. —Leí Las tres hermanas y, lo reconozco, no logré terminar la lectura... El conjunto de ciertas frases, de ciertas palabras ocurre sin ton ni son... Lev Nikoláievich considera la efectividad de la acción en una pieza como una condición imprescindible y provechosa para el dramaturgo. Da la posibilidad de llevar a cabo mediante dos o tres situaciones escénicas el cometido del autor, que se reduce, en opinión de Tolstói, a la más relevante delineación del carácter de los personajes...

No le gusta Leonid Andreiev, le irrita especialmente su Abismo. —¡Es un horror! ¡Qué lodazal... Qué suciedad!... ¡Que un joven que ama a una muchacha la encuentre en tal circunstancia y él mismo esté medio abrumado y llegue a tal infamia! ¡Puf! ¿Vale escribir de eso? ¿Para qué? Poco a poco dimos una vuelta completa a la enorme hacienda de Yásnaia Poliana. Durante toda la marcha, cerca de una hora, Lev Nikoláievich no se sentó ni una sola vez. Al contrario, como que del paso de un pradejón a otro él escogía premeditadamente tales lugares, que le exigían un mayor esfuerzo —cuestas, terraplenes—, de tal manera que tuve que ayudarlo varias veces... Durante nuestra caminata pude persuadirme que el escritor, a pesar de la breve estancia de ahora por su propiedad, alcanzó a ponerse al corriente de los sucesos de los aldeanos. Nos encontramos en el camino a una campesina. Tolstói la detuvo: —¿Hola, María, cómo estás? —Bien, señor... —¿Y qué, ya encontraste tus terneros? —Todavía no... —Pues búscalos, búscalos... La campesina se fue, sonriendo contenta, halagada, aparentemente, por la “fama” de su ganado... Los últimos minutos de mi estancia donde Tolstói fueron, por desgracia, un poco ensombrecidos: Alexandra Lvovna (una de sus hijas) le entregó un telegrama que le informaba de una seria enfermedad de su yerno Sujotin. La noticia lo afligió mucho. Lev Nikoláievich mandó llamar a su médico Mijail Nikitin

Lev Tolstói Conversaciones y entrevistas. Encuentros en Yásnaia Poliana Fórcola España, 2012 192 pp.

piezas de sus músicos favoritos, hasta aquella otra mujer que lo acusa ante la prensa de haberla plagiado. Hay también ahí una joya, la de un periodista que quiere entrevistarlo durante una visita de Tolstói a San Petersburgo, pero no logra hacerlo, y lo único que le queda es realizar una magistral crónica de la visita del ilustre visitante a esa ciudad. Estas entrevistas y conversaciones traen al lector la voz viva de Tolstói, muestran la forma en que era percibido por sus contemporáneos, el lugar que ocupaba en su conciencia. En ellas el escritor toca con inteligencia, humor, paciencia, ironía y serenidad a veces encendida un gran diapasón de temas: política, religión, filosofía, aspectos de la cultura rusa y universal, Goethe, Shakespeare, Herzen, Byron, Chéjov, Nietszche, su propia creación, la música y la ciencia, las novedades de la literatura, la pintura, todo lo que bullía en los círculos sociales. Pero también se interesaba por las cosas más inmediatas y cotidianas de la vida, la relación con sus amigos, las nimiedades diarias que rodeaban y agobiaban a sus vecinos, a los aldeanos y la gente sencilla que compartían con él y su familia un mismo destino vital, social, político y geográfico. Tolstói con gusto propiciaba la conversación libre, ya fuera en su estudio o en medio de paseos a pie por su hacienda de Yásnaia Poliana, y no se desviaba de la explicación de aquellas preguntas que interesaban al invitado: el escritor se explayaba y la conversación habitualmente se daba con gran soltura. Estos encuentros con Tolstói tienen una gran actualidad, aunque afirmación semejante suene a exageración. A medida que los iba transcribiendo, me convencía más de ello. Me parecía que al responder a sus interlocutores, el escritor me respondía también a mí. Y si así lo llegase a sentir al menos un lector con la reciente edición de Fórcola en España, me parecería la resonancia más maravillosa. L

para informarse acerca de la naturaleza y el carácter de la enfermedad... A pesar de esto, Tolstói fue muy amable y me invitó a desayunar, a lo que me negué por tener ya poco tiempo. Entonces se informó si mi caballo había comido, si le habían dado heno, etcétera. Estuve todavía como media hora en la casa de Tolstói. De las habitaciones que alcancé a visitar, una era la del médico, otra era aparentemente el estudio de Lev Nikoláievich, amueblado de un modo excepcionalmente austero. En las paredes colgaban retratos de escritores: Goncharov, Ostrovsky, Turguénev y el propio Lev Nikoláievich (en la juventud)... Un poco más allá una estatuilla de yeso de Stásov... En la estancia había al menos 20 libreros. Uno de ellos contiene la literatura crítica sobre la obra de Lev Nikoláievich. En otro se observan libros diversos en diferentes lenguas, manuscritos (cartas del escritor), revistas “voluminosas”... A propósito de esas revistas, Tolstói se queja de su futilidad: —No hay nada ahí... Las abro, las cierro... Puras intrascendencias... Me fui de casa de Tolstói lleno del encanto del gran anciano, pensando en que en realidad es la refutación viva de la tesis: “Mens sana in corpore sano”. Me empezaba a parecer que era todo lo contrario: entre más frágil el cuerpo, es más potente en él el espíritu, que se desgarra con todas sus fuerzas en una envoltura débil, allá, donde ya no hay regreso... —Gracias a Dios —recuerdo las palabras a este respecto de Lev Nikoláievich—, estoy mejor: más cerca de la muerte.v Versión de Jorge Bustamante García ¹ Texto aparecido en el periódico Noticias de Odessa, número 5736, el 2 de septiembre de 1902. El autor, Fiodor Muskatblit (¿1876-?), además de periodista fue crítico y uno de los primeros biógrafos de Anton Chéjov. 2

Tolstói hizo algunos añadidos y observaciones a su “biografía”, escrita por su amigo P. I. Biriukov.


08 b domingo 8 de julio de 2012

MILENIO

varia JOHAN FALKMAN

ARCHIVO MILENIO

Retrato de Cecilia Gyllenkrok, 2011. Óleo sobre tela (detalle)

La prole sin cabeza

Johan Falkman, constructor de personas

ARCHIVO HACHE

CASTA DIVA

Heriberto Yépez hyepez.blogspot.com

E

ste 2012 se cumplen —sin que a muchos importe— 50 años del libro marxista más interesante hecho en México: Ensayo sobre un proletariado sin cabeza de José Revueltas. “Proletariado sin cabeza” significa “proletariado sin su partido” realmente representativo. Revueltas creía que la izquierda fue secuestrada por la burguesía nacional. Pedía un partido de clara tendencia marxista-leninista. Pero hay una segunda (más sutil) explicación del título. La expresión “proletariado sin cabeza” significa una clase trabajadora que no ha podido hacer de la filosofía su “arma espiritual”, idea que Revueltas tomó de Marx a propósito de la Filosofía del derecho de Hegel. “Proletariado sin cabeza” es la “prole” —al decir de la familia Peña Nieto— sin “conciencia de clase”, que Revueltas define como una fusión de la clase trabajadora con “el pensamiento teórico”. Una clase trabajadora que no sabe que debe luchar por derrocar al capitalismo. La vida del proletariado sin cabeza, entonces, es controlada en México por un régimen sin necesidad de “una dictadura férrea”. Pero sí, según Revueltas, mediante una “dictadura de clase”. Gobernantes, empresarios y sus ideólogos dirigen la nación para mantener sus beneficios de clase, dice Revueltas. En México, esa dictadura de clase se ha auxiliado del “demo-marxismo”. El demo-marxismo es una izquierda pragmatista y reformista: “oficial de la ideología democrática-

burguesa ‘más avanzada’, de los economistas del capitalismo de Estado, de los consejeros de ‘izquierda’ de la presidencia de la República”. El demo-marxismo se caracteriza por su desdén a los textos marxistas, el socialismo científico y por su idea de “adaptar” el marxismo a México, como si en el país no aplicara el materialismo histórico. (El demo-marxismo, además, es nacionalista.) En la práctica, apunta Revueltas, el “demomarxismo” se traduce en políticas en que el problema de la clase trabajadora es manejado “como algo que debe estar sujeto a la acción protectora del Estado”. (Al modo del PRI o PRD actuales.) Su clave consiste en predicar que como el “proletariado sin cabeza” no puede encabezar una lucha de transformación social en el país, una supuesta izquierda moderada burguesa debe, entonces, tomar las riendas siguiendo la lógica “queramos o no, es la que está al frente del proceso, es la que lo dirige”. El “demo-marxismo”, dice Revueltas, “es el estado de enajenación ideológica esencial en que se encuentra la clase obrera mexicana desde la toma del poder por la burguesía en 1917”. Las ideas de Revueltas no han perdido vigencia. Sólo habría que hacerle un reparo. Cincuenta años después, la izquierda oficial mexicana perdió todo rastro marxista. Hoy es sólo demo-izquierda: “moderna”, “moderada”. Un combo de hamburguesía demo-política: PRI Bueno, Marcelo, PAN y vino. v

Avelina Lésper avelinalesper.com

E

volucionar es parte del trabajo de un pintor. Una obra que se estanca en sus propios hallazgos degenera en la facilidad de los hábitos y la comodidad. La exposición de Johan Falkman describe la evolución en la trayectoria de un pintor y enseña puntos fundamentales del trabajo creador. Un pintor, por talentoso que sea, debe encontrar su lenguaje y su estilo, que se resumen en cuál es su asunto en el arte, qué quiere revelar y demostrar cómo lo hará. Esto, que parecería la parte más sencilla, no lo es. Hay pintores con gran destreza manual y sobrada capacidad para realizar una obra que no tienen idea de qué plasmar en el lienzo. La obra denuncia esas dudas, que son existenciales, con errores en la resolución de la composición y el color, temas mal planteados y obsesión con los materiales para enmascarar la falta de ideas. En el extremo están los que sobrevaloran la libertad, hacen a un lado la formación y las técnicas y se enfrascan en el ejercicio onanista de “expresarse” sin bases teóricas ni prácticas. Producen obras mal realizadas y peor pensadas, limitadísimas, que agotan los pocos recursos de los cuales disponen. La obra de Falkman admite básicamente comisiones: retratos al óleo de personas ricas y científicos que trabajan en instituciones y hospitales. Dentro de este limitado territorio Falkman crea, busca y evoluciona. El recorrido por los retratos nos lleva por la historia del pintor, más que de los modelos que posaron para su propia posteridad. En su primera etapa Falkman tenía una posición muy cómoda, vendía mucho y satisfacía a sus clientes con obras vacías. Un retrato de cuerpo entero de una hermosa señora de senos enormes y largo vestido negro; una mujer bronceada posa con joyas y con su perrito; otra yace recostada con un vestido amarillo, más joyas y lo que parece un Gauguin a sus espaldas. La constante es la imitación del estilo del retrato convencional y comercial norteamericano de los años cincuenta. Las pinturas son de pincelada plana, limpia, inexpresiva, muy trabajadas, con detalles del retratado y un acabado perfecto. En el sentido comercial, son piezas correctísimas, impecables en su realización y fallidas en su trabajo artístico; piezas vulgares que seguramente fascinaron a sus clientes. Sin embargo, ya en cuadros de esa misma época

Johan Falkman: La alteridad en el espejo Museo del Antiguo Colegio de San Ildefonso. Hasta el 15 de julio de 2012 Falkman se toma libertades creativas con sus modelos científicos; las batas blancas tienen una textura pictórica matérica, cargada de volumen. Rostros multicolores, la piel roja de los eslavos a quienes se les transparenta la sangre, mezclada con azules, anaranjados, verdes. Los científicos, clientes más inteligentes, aceptaban el experimento pictórico que se gestaba en su retrato. Entonces viene el salto deslumbrante en la obra de Falkman: con los retratos de 2011 decide ser artista, no el prestador de un servicio. Sale de su letargo creador e impone un estilo y un lenguaje que hacen de sus obras un evento pictórico. La comisión se vuelve obra autoral. Falkman aprende de nuevo a pintar reinventando los principios que tiene memorizados. La anatomía de sus modelos es una superposición de pinceladas gruesas, cargadas de óleo, que se desbordan; las caras están hechas de brochazos untuosos, casi modeladas. Los retratados, con este acercamiento más honesto, adquieren una dignidad y un silencio dramático, son testigos del cambio que el pintor hizo en su obra, se prestan para que se materialice, dejan que la pintura hable por ellos. Entre más pictóricos, más humanos. Una condesa con un vestido que remata en una flor de tela, la pintura se extiende gruesa en el lienzo, plena de relieves, agitada. El ímpetu de destruir la convención de la realidad. A partir de la acotada obligación de retratar a alguien, Falkman utiliza los elementos que tiene para demostrar las posibilidades infinitas de la pintura. El parecido absoluto y testimonial lo da la fotografía, pero la redimensión del ser humano como tema sólo pueden aportarlo esas pinceladas que superan lo que ofrece la realidad. El retrato con estas condiciones no sólo cumple con ese misterioso capricho de capturar la vida de alguien; es, en esencia, pintura. Es la construcción de una persona mediante una obra de arte.   v

Visor  

Suplemento Semanal

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