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El Teatro Faenza vuelve para recordarnos los años luz de Bogotá. Por Milena Quevedo Rico Caminando hacia al centro de la capital Bogotana en la calle 22 entre la carrera quinta y séptima se encuentra uno de los monumentos nacionales y culturales más importantes del siglo XX. Se trata de un tesoro, El Teatro Faenza, que nos remite a un viaje en el tiempo. La cultura bogotana de los cachacos vestidos con sus largos abrigos en medio del frio de la ciudad, el cine y la moda. Hasta llegar en sus años oscuros a ser participe de las fantasías sexuales de hombres que en medio del abandono, el frío y la oscuridad, llegaron a desahogar sus deseos reprimidos. Pasando luego por el cierre y después, la restauración del Teatro por parte de la Universidad Central. Una historia colectiva, algunas veces evocada por sus fieles bogotanos, pero mayormente olvidada e ignorada en medio del agite moderno. De la cual se desata una lista de historias individuales ricas en recuerdos e inevitablemente particulares, que describen los cambios que ha sufrido la imagen, la sociedad y que hacen hoy de ella una ciudad sin identidad, una tierra de nadie, invadida por gentes de otras regiones. Una ciudad que busca ser restaurada, devuelta y recreada. Todo inició a principios del siglo XX cuando de Europa y Estados Unidos llegó el cinematógrafo, que instauró una nueva forma de entretenimiento para los bogotanos. El 3 abril de 1924 se inauguró el magnífico escenario, construido en las viejas instalaciones de la fábrica de loza Faenza. Dos visionarios y soñadores hicieron posible este gran sueño: José María Saiz y José María Montoya, quienes con la ayuda de los arquitectos: Arturo Tapias, Jorge Muñoz y el ingeniero Ernesto González Concha desarrollaron esta pieza magnifica con influencias del art nouveau y eclecticismo académico de finales del siglo XIX. Un teatro desde siempre revolucionario, porque rompió con la tendencia


republicana que se imponía en aquel momento. Por los pasillos del Faenza llegaron a desfilar hermosas mujeres de peinados sofisticados que discutían mientras degustaban cocteles o compartían un té con sus amigas. Las flappers aparecieron en escena, eran rebeldes, de cabello corto, disfrutaban bailando y escuchando jazz. “Esas mujeres adoraban el Salón Luz” dijo Enrique Bautista, arqueólogo, antropólogo e historiador, el hombre que ha recogido los pedazos de la historia, entre otras, de la calle 22 1. “Las señoritas se situaban en los balcones de sus casas para ver el desfile de la gente que entraba a vespertina. En los intermedios, los caballeros se levantaban de sus sillas y miraban a las niñas bonitas. Los palcos eran el escenario de los primeros amores y de los besitos de la infancia” 2señaló en el año 2002 Álvaro Castaño Castillo, director de la emisora HJCK. Sobre el mismo piso del recinto bailaron las quinceañeras, que eran presentadas en sociedad por sus familias. Pero allí no solo había teatro y cine, la sociedad se reunía en él incluso para exhibir lo último en moda y autos. Los intelectuales veían interesados el noticiero de los Acevedo (una aproximación en blanco y negro de lo que pasaba en el mundo entero). Los políticos también se disputaron el lugar. “Jorge Eliécer Gaitán lideraba los jueves del municipal, donde miles de adeptos lo escuchaban, y luego los conservadores se inventaron los viernes culturales del Faenza”, cuenta Bautista 3, recordando la década de los treinta, en memoria de quienes ya no hacen parte de este mundo terrenal pero hacen de la historia individual una colectiva. Luego ‘El Bogotazo’ (9 de abril de 1948) también sacudió con fuerza el destino del prestigioso teatro y aunque en infraestructura no sufrió grandes cambios, se convirtió en un teatro de barrio con un carácter mucho más popular, puesto que la élite del sector migró hacía el norte de la ciudad. Llegando el auge de los teatros en Chapinero, lo cual detuvo la oferta fílmica de calidad en los cinemas del centro y fue entonces cuando el cine rotativo se convirtió en la mejor opción, en las décadas de los 50, 60 y 70. Mientras todo eso sucedía, nuevas clases sociales ocupaban la calle 22 y sus alrededores. De esta manera el sector fue invadido por prostitutas y traficantes, que desacomodaron las relaciones entre los mas fieles 1ltiempo.com/bogota/teatro-faenza-una-joya-bogotana-que-cumple-90-anos/13773376 2http://www.ciudadviva.gov.co/enero07/magazine/6/ 3ltiempo.com/bogota/teatro-faenza-una-joya-bogotana-que-cumple-90-anos/13773376


espectadores. Así, poblaciones segregadas, se tomaron el Faenza y dieron comienzo a lo que muchos denominan los años negros. “Si las paredes hablaran...” dicen en un tono resignado quienes estuvieron en medio de la degradación que convirtió el teatro en un sitio de encuentro para tener relaciones homosexuales. Donde el cine pornográfico fue lo menos relevante comparado con las aberraciones sexuales que confirmaban el carácter de una sociedad de doble moral, que revelaba su identidad en las noches. Según cuentan, muchos poderosos pagaron para que sus aventuras íntimas en los baños y pasillos no fueran reveladas. Las evidencias que existen actualmente frente a estos sucesos nos remiten a 1979 cuando el artista Miguel Ángel Rojas focalizó sus trabajos en la esfera de las relaciones humanas y su contexto social en El Teatro Faenza, para evocar la ciudad desde su lente fotográfico a partir de experiencias ocurridas allí, entre ellos un video y una serie de fotografías de larga exposición llamadas Corte en el ojo, su título, parte de una experiencia real, un puño que se ganó por ser descubierto tomando fotos furtivamente, el golpe fue tan preciso que un lente de sus gafas lastimó su córnea izquierda.

Al

explorar su sexualidad y plantear un trabajo confesional, muy personal, que sólo buscaba, según él, entenderse a sí mismo 4(una tendencia de las artes es salir de los limites en busca de una reunificación con la vida). Su trabajo inmaterial trascendió rápidamente a esferas más amplias, al poner un tema tabú para la época, difundiendo como artista visual situaciones perturbadoras que desacomodaron y siguen desacomodando las relaciones entre los individuos, convirtiéndose en un portal generador de actividades “una forma de arte donde la intersubjetividad forma el sustrato y que toma por tema central el estar-juntos, el 'encuentro' entre espectador y obra, la elaboración colectiva del sentido [...] El arte es un 4http://www.artnexus.com/Notice_View.aspx?DocumentID=9909


estado de encuentro.”Bourriaud. Por supuesto su objetivo no tenia nada que ver con cambiar este aspecto de la sociedad, simplemente pasar de lo existente a otro estado, actuando conforme a una sociedad concebida de modo abierto.

Posteriormente en el año 2002, el teatro fue cerrado. Se dejó de ver el color crema y vino tinto de aquellos palcos que empezaron a ser cubiertos de gruesas capas de polvo y telarañas, muros descascarados e inflados de humedad y los pisos de madera podrida rezumaban la miseria. Muchos veteranos bogotanos lamentaban el hecho, lloraban la muerte anunciada de ciudad memoria. De todas esas historias fueron testigos las paredes del Faenza, que después de 90 años y como monumento de la ciudad, empieza a recibir el lugar en la historia que siempre mereció. Los problemas del olvido y deterioro buscan ser resueltos gracias a la intervención de la Universidad Central, que lo compró a una identidad bancaria y buscó recrear este intersticio de la mano de la innovación moderna. Tratando plantear un equilibrio entre los dos mundos: manteniendo el respeto por la historia aún cuando está más idealizada la modernidad. Claudia Hernández, arquitecta restauradora a cargo de devolverle la dignidad al teatro Faenza, en una recreación de la estética, ha trabajado arduamente con un equipo de que


supera las 250 personas, la cuales hacen su labor detalladamente, respetando la infraestructura, conservando los colores originales del recinto. Todo eso acompañado de una investigación sin precedentes. “Es importante rescatar estos edificios porque los años 20 fueron de luz, muy interesantes en materia de cultura, arquitectura y literatura. Nuestro país floreció al mundo”, dice Hernández 5. Se espera que la restauración termine en el 2015. Mientras tanto, en el proceso de restauración se han encontrado memorias materializadas: pinturas murales, hallazgos de la antigua fábrica, fragmentos de cerámica, cartas de amor, reliquias y hasta monedas, que nos impregnan inevitablemente con aquella época existente. La estética relacional vuelve y juega con un teatro desentendido por llegar a ser considerado insignificante y viejo. Buscando restituirle el valor, recreando en lo existente, manipulándolo, representándolo y volviéndolo a poner en escena, recuperando así un poco de la esencia que alguna vez tuvo el lugar. Explorando otras posibilidades de encuentro cotidiano a través del arte, comunidades generadoras de formas no convencionales de participación para rescatar ciudad memoria, instaurando relaciones constructivas y creativas en aquel micro espacio. Lo cual comienza a generar una serie de dinámicas, un sentido político que junto a la modernización van contribuyendo de nuevo a la segregación local y la comunicación global, como lo fue en los viejos tiempos cuando se consideraba un “teatro moderno”. La modernidad por su parte, va acumulando y conciliando, a la vez que mezcla sus signos y símbolos modernos con los pasados que han resistido el paso del tiempo, dos mundos compenetrados. Sin embargo respecto al poder absoluto revindicado por la conciencia individual, que es moderna y melancólica, no se identificará exclusivamente con ninguno de esos dos mundos. Con melancolía seguiré recordando a partir de El Teatro Faenza, en el bagazo la memoria colectiva, la identidad que alguna vez tuvimos como bogotanos, extrañando de sobremanera a los cachacos, a aquellos encuentros en medio de la ciudad gris. Mientras en el mundo moderno me encuentro en aquel lugar con costeños, paisas, caleños y hasta extranjeros que ignoran lo que esas construcciones significaron en algún tiempo, pero presentan la ventaja de vivir únicamente del presente actuando según su concepción del futuro.

5http://www.espaivisor.com/exposicionenlanave.php



Faenza