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La ética, según Cortina (1996), es una disciplina cuyo significado es comúnmente confundido con el de moral. A la ética, a lo largo de su existencia, se le ha acusado de ser una disciplina tortuosa competidora con la religión, es un error común, pues muchos piensan que ésta se supedita a indicar a los hombres el modo inmediato del qué hacer y eso es un trabajo de la moral. La ética no funciona como la moral, ésta debe entenderse como una filosofía moral. La distinción entre ética y moral gira en torno a que la ética no se atiene a una imagen de hombre determinada, aceptada como ideal por un grupo concreto; tampoco, como ya se enunció antes, intenta indicarle al hombre el modo de actuar inmediato. Ésta busca justificar teóricamente por qué hay moral y debe haberla o bien confesar que no hay razón alguna para que exista. Esto nos lleva a una cuestión que es importante resalta y aclarar: si bien la ética y la moral son totalmente distintas, ésta no puede prescindir de aquélla, debido a que este acto implicaría una incomprensión total del mundo. Continuando con la explicación de ética como filosofía moral, su función principal es acoger el mundo moral en su especificidad y en dar reflexivamente razón de él (Cortina, 1996). De ahí se infiere que, la ética como filosofía moral y como teoría de la acción, funciona como una reflexión liberadora que permite al hombre crecer y conocerse a sí mismo, toda esta reflexión es el camino hacia la libertad. Cuánto hemos dicho hasta ahora nos permite entrar en un caso más concreto donde podemos hablar de la aplicabilidad de la ética. Colombia y América latina se rigen por una ética que Cortina denomina Ética de la liberación. En el libro, la autora afirma que dicha ética se rige por el utilitarismo, pero este utilitarismo no es el mismo que nació con Epicuro, donde la vida del hombre funciona en torno a su felicidad individual y dicha felicidad se traduce en placer, lo que convierte al hombre en un hedonista. La ética de liberación a la que se refiere la autora tiene un corte más social y altruista. Principalmente lo que busca la ética de la liberación es justificar y apoyar moralmente a los que, al luchar por los oprimidos, son acusados de inmorales.

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Ha llegado el momento, como se enunció antes, de contextualizar lo anteriormente dicho en Colombia. No es difícil decir que la ética de la liberación tiene, en la actualidad, en boga el territorio colombiano. Durante décadas los colombianos han sido víctimas de opresión gubernamental llevada a cabo por un pequeño grupo que ha tenido el control del país y que no piensa en el beneficio social, sino individual, es decir, en su propio beneficio. Una premisa importante de la ética liberal es: ¡Liberémonos los oprimidos! Y son precisamente los oprimidos los que han empezado a tomar las riendas de la construcción del orden futuro utópico, son los oprimidos los que están empezando a hacer paros laborales y estudiantiles, marchas, manifestaciones de rechazo contra las políticas gubernamentales que favorecen a un grupo selecto que no quiere el bien común. Y este grupo pequeño es el mismo que intenta deslegitimar e inmoralizar los actos revolucionarios de los campesinos, estudiantes y trabajadores por la dignidad social, es este grupo el que intenta acabar dichas manifestaciones por medio de la violencia policial, arguyendo que dichas manifestaciones no están solo por fuera de la ley, sino también por fuera de la moral. Pero la boga que tiene la ética de la liberación respalda totalmente dichos actos revolucionarios, los legitima. Ahora todos los colombianos, todos los oprimidos están tomando las riendas de la construcción de futuro y del futuro del país y esto se construye gracias a dichos actos revolucionarios. En conclusión, los colombianos, cansados de tanta opresión, están despertando, y algunos, sin darse cuenta, están adoptando implícitamente la ética que busca la felicidad social, del mayor número de personas, relegando a los pequeños grupos que pretenden manejar el país a su antojo y beneficio. Son los colombianos y no solo los colombianos, sino los latinoamericanos, los que están adoptando la ética de la liberación, concepto que, sin duda alguna, aplica en la actualidad latinoamericana social y política.

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1. ¿Cree usted que la ética de liberación es suficiente para alcanzar la construcción del futuro utópico? 2. ¿Por qué se considera el concepto "felicidad" como vacío? 3. ¿Qué entiende usted por "vivir bien" y "ser feliz"?

4. Si la ética y la moral no son lo mismo, pero ésta no puede prescindir de aquélla, ¿cree usted que existe o debe existir un vínculo entre ética y religión? 5. Desde una perspectiva éticopolítica, ¿cómo se podrían reducir las diferencias ideológicas y sociales?

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Revista ética mínima  

Análisis