Page 9

Domingo 9

EDITORIAL A9

Mayo de 2010

PERSISTENTE ATOLLADERO

ESCENAS DE LA CANICULA RAFAEL PEREZ GAY

FRANCISCO VALDÉS U.

E

l Congreso cerró el periodo legislativo con muy malas cuentas. Dejó en el tintero casi todos los temas importantes. Desde la imprescindible reforma del Estado hasta la fiscal. Los legisladores han dado muestras, una vez más, del grado en que dependen de sus partidos para cualquier decisión o movimiento. La tónica de la Legislatura ha sido, durante una década, postergar las decisiones sobre los asuntos más importantes del país. No hay reconocimiento de que es necesario el acuerdo. No hay voluntad de reconocer que los tiempos de la imposición de un solo parecer quedaron atrás. Los partidos políticos, los políticos profesionales, los legisladores, los gobernadores son reflejo de una intransigencia antidemocrática. Ninguno ha salido a tender la mano a los otros para conciliar y encontrar. El país parece sumido en su viejo ropaje autoritario de médula, no de carátula. Los votos hablaron a favor del pluralismo. La postura más consecuente con él es el proporcionalismo en el Legislativo y de gobierno, pero las posiciones dominantes buscan el mayoriteo. Unos más que otros. En la congeladora del Congreso ha quedado la propuesta de reforma del régimen político más importante que se haya formulado desde 1996, la que envió el Presidente de la República al Senado. Entre el fuego amigo y los adversarios de la propuesta se encargaron de sepultarla. Cerraron el camino a la democratización del presidencialismo al negarse a discutirla, perfeccionarla y aprobarla. Todo quedó para después: prueba de que el cálculo estratégico predomina sobre la política de tal forma que es casi imposible creer que pueda haber alguna propuesta sincera. Será en septiembre, en el nuevo periodo de sesiones del

Congreso donde los temas importantes resuciten, pero no antes, por supuesto, de haber pasado el juego a las “vencidas” de las elecciones estatales. Dicho entre paréntesis, ahí está una prueba más de que es indispensable unificar los calendarios electorales de otro modo. No es aceptable sujetar la política nacional y las trascendentes decisiones implicadas en ella a la grilla en los estados de la República. Desde que se formó esa aberrante trinchera que es la Conago, los virreyes estatales depredan el presupuesto para propiciar el clientelismo que los “posicione” en sus movimientos partidarios: de nuevo la supeditación del servicio público al cálculo diferencial de una política desprendida de su sentido público. En ellos tienen los partidos puestas sus esperanzas. Especialmente el PRI, que vuelve a las andadas de su tradición predemocrática. Conmemoraremos el bicentenario de la Independencia sin haber salido del laberinto, sin haber encontrado el hilo del diálogo democrático y del acuerdo para la construcción de una nueva etapa para el país y sus gentes. Aquí está el centro del problema. Es un tema disfrazado de ideologías que no renuncian a la imposición, cuyos baluartes no reconocen que estamos en un mundo postideológico y postsecular que requiere de análisis discreto y particular de cada tema, de cada asunto relevante para la agenda pública. Y, sobre todo, que cada uno exige negociación, concesión y acuerdo para avanzar. Debajo de los problemas que observamos hay un país que se resiste a ser gobernado por la intolerancia. Quizá en ello se aloja la esencia del rechazo a una política en la que sigue presente la intolerancia.

LADO OSCURO DE CHARLATANES SILVIA OJANGUREN

O

frecen milagros por unos cuantos pesos; ocultan que tras sus tratamientos hay peligros que pueden ser mortales. La búsqueda de la belleza lleva a muchas mujeres y hombres a las manos de criminales que les aplican productos que suelen causar deformaciones y ponen en peligro su vida. Especialistas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) dicen que en los últimos cinco años la demanda de métodos de embellecimiento aumentó 80%. Son las mujeres las que más caen en la trampa, así arriesgan salud y vida, pues se someten a tratamientos estéticos practicados por gente no preparada ni calificada, que aplica sustancias peligrosas que van desde médicas, indebidamente prescritas, hasta aceite para bebé o automotriz. Opinión de fondo La doctora Rosa Amalia Espinosa Guerrero advierte que la aplicación de estas sustancias es grave porque el cuerpo reacciona de forma tardía y puede provocar otras enfermedades, como

inflamación, alergias e infecciones, hasta llegar a deformidades físicas e incluso la muerte. La experta del IMSS nos cuenta que esos productos se utilizan en algunos SPA, gimnasios y hasta tabledance. Es común, nos cuenta, que a clínicas y hospitales del Instituto acudan personas con complicaciones severas, a quienes les fueron practicadas intervenciones “rápidas” de embellecimiento, en estéticas y clínicas no certificadas y carentes de higiene y equipamiento adecuado: se operaron senos y cara, y ahora presentan petrificados, expuestos y ulcerados los rellenos que les implantaron. Estos cosmetólogos utilizan para el relleno de senos y glúteos líquidos densos y espesos como aceite para bebé, mineral, vegetal y hasta automotriz, además de otras sustancias médicas incorrectas, porque no son precisamente para estos efectos, como el ácido hialurónico (utilizado en arrugas verticales).

L

a sensación térmica era de 32 grados centígrados con 33 por ciento de humedad, la visibilidad se lograba hasta los 9.5 kilómetros, el punto de rocío se ubicaba en 5 grados centígrados y el viento soplaba desde el noroeste a la ridícula velocidad de 8 kilómetros por hora. Había amanecido a las 7:04 de la mañana y pude ver el levante desde mi ventana, los meteorólogos pronosticaron la puesta de sol a las 8:01 de la noche del nuevo horario de verano. Es decir, no se movían las hojas de los árboles, el sol nos había cocinado sobre el asfalto durante el día y el calor nos taladraba hasta volvernos locos. Voy directo al asunto: en el patio trasero de una vieja casa de la colonia Condesa, un espacio algo más grande que una azotehuela, aparecieron de la nada un número indeterminado de cucarachas. Pensé que se trataba de una alucinación como las que sufren en las películas quienes atraviesan los desiertos. Nada. Eran de verdad y de las grandes, de ésas que parecen langostinos. Cucarachas bíblicas. Si fuera egipcio, las adoraría como a la mangosta. Las descubrí cuando bajaba del cuarto-estudio que puse un día en la azotea para aislarme, cosa que ha resultado imposible, nadie puede aislarse. Recordé escenas de Viento negro, la película de Servando González en la que unos ingenieros trazan las vías de un tren en pleno desierto de Sonora. Yo sudaba como ellos, pero los jóvenes ingenieros al menos no tenían que lidiar con un pequeño, no tan pequeño, ejército de cucarachas. Di voces de alarma: – ¡Chingos de cucarachas! Sospechoso silencio debido a una falta

de compromiso con la seguridad sanitaria de la casa. Ordené que se presentara en el frente mi hijo, pero no tuvo la entereza de los ingenieros del desierto de Sonora que marcaron los caminos de hierro del tren. Las mujeres de la casa adujeron motivos psíquicos, traumas insondables, para justificar su ausencia. En mis tiempos las cucarachas eran pequeñas, pero una mutación las ha transformado en seres monstruosos y veloces. Trate usted de pisar una y verá lo que pasa. Mi hipótesis es que estos insectos han proliferado entre los innumerables restoranes de la zona, se alimentan de bifes, tortas y tacos al pastor. Por esa carga calórica y proteínica han modificado su estructura genética. Bien visto, los mexicanos también han cambiado la hélice de Watson y Crick comiendo papas fritas, churrumáis, tacos de suadero. Resultado: un país de gordos con cucarachas gigantes. Decidí atacar por el norte armado con un bote de aerosol Baygón. Sudaba como Eleazar García, Chelelo, uno de los ingenieros de Viento negro. Los primeros disparos dieron en el blanco. Las perseguí con furia entre las estribaciones de unas macetas. La desbandada no se hizo esperar. Les corté la retirada con disparos certeros, largos. Las armas modernas me favorecen. En la casa de mi infancia una vez hubo chinches. No recuerdo escándalo similar. Mi padre las combatió con flit, aquella bomba de aire que tenía en el soporte un recipiente con insecticida líquido. El químico era potentísimo, mataba insectos, perros, seres humanos, por eso mi papá usaba un pañuelo en la boca, como los bandidos del viejo oeste.

ABC 09 05 10  
ABC 09 05 10  

periodico pdf

Advertisement