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S C O U T

Mike Wilson

SCOUT ES GRATIS NO VENDER


Scout es un conjunto de dibujos que parecen palabras. Los dibujos están buenos. Las palabras no tanto. —Bobby Baden-Powell



Juana tiene 43 y está obsesionada con el chico de al lado. Scout tiene 14. Él se puso Scout. Muy a su pesar, nadie le dice así. Quiere ser scout pero sus padres se lo prohibieron. Papá dice que es una organización nazi. Mamá dice que está llena de fanáticos religiosos. Hermana torta dice que son una manga de homofóbicos. Pero él quiere. Quiere porque los vio una vez en la tele. Una serie yanqui, blanco y negro, niños exploradores trepando árboles y navegando en canoas y todos tenían cortaplumas y armaban carpas y usaban pantalones cortos, calcetines que les llegaban a las


rodillas y aquel pañuelo scout que codiciaba tanto. A veces se amarra los pañuelos de su mamá en el cuello. Hermana torta se burla. Le dice que parece un niño-niña. Hay una patrulla scout que se junta los domingos en el parque del barrio. Son scouts avanzados. Tienen unos 17 o 18 años. Sus uniformes condecorados con parches. Papá dice que son un montón de adultos vestidos de pendejos. Mamá sospecha que es una incubadora de pedófilos. Hermana torta les grita obscenidades cuando pasa en su bici. Él los espía desde la esquina. Una vez, después de la reunión dominical de la patrulla, Scout se amarró un pañuelo y fue a pararse al parque, al sitio donde se juntaban. Oscurecía. Vio huellas, una pila de ramas y hojas, piedras dispuestas en círculos. Cerca de un árbol encontró un libro. Se le había quedado a uno de los scouts. Era el manual oficial de los Boy Scouts of America traducido al castellano. Lo escondió bajo su camiseta y regresó a casa. No durmió esa noche. Juana no sabe nada de los scouts. Escribe poemas y tiene un gato amarillo. En la pieza de atrás aloja a su primo lisiado. Él trabaja en una farmacia y borda en su tiempo libre. Pajaritos y ciervos, a veces flores. Le


gusta bordar margaritas. A Juana le bordó unos cojines con gorriones que ella exhibe en el sofá del living. A veces ella le pasa una escobilla especial para limpiarle los pelos del gato amarillo. Primo lisiado gana poco así que no le cobra arriendo. A modo de pago le trae aspirinas y colonias de la farmacia. Juana supone que las roba pero no le importa. Enfrente de las casas de Scout y Juana vive el Nene luminoso. Es un niño de 8 años. Entiende cosas, demasiadas para su edad. Y es sabio. Pocos saben esto. Juana lo sospecha, Hermana torta habla con él con frecuencia, él la aconseja y ella prospera, Scout apenas nota que existe. Es más chico que él y no practica el escultismo. Scout se encierra en el baño y lee el manual a escondidas. Mamá no lo estorba porque piensa que se masturba. Le dice a Papá que hay que respetar su privacidad, que le hace bien descubrir su cuerpo y satisfacer las necesidades propias de la pubertad. Papá no se opone. En la introducción del manual sale una breve biografía del fundador del movimiento, Lord Robert Stephenson Smith BadenPowell. Repite el nombre varias veces, susurrándolo al espejo hasta memorizarlo. Hermana torta pasa por


afuera del baño y escucha sus susurros pero piensa que Scout gime en éxtasis y le grita a través de la puerta un ¡dale campeón! congratulatorio. En las tardes Nene luminoso se sienta en el cordón de la acera. Los otros niños de la cuadra juegan a esa hora pateando la pelota, saltando cuerda, corriendo porque sí no más, pero él no se interesa. Comprende el propósito de las cosas. Hermana torta se acerca pedaleando. Se desmonta de la bici y la suelta mientras ésta sigue en movimiento y camina hacia él como si nada. La bici avanza un par de metros más y cae sobre el pavimento. Hermana torta se sienta al lado de Nene luminoso. Nene le dice hey, ella responde hey. La ventana de Juana da hacia la casa de Scout. Desde ahí ve su dormitorio. Lo observa en las noches. Antes de dormir Scout se dedica a leer y releer una revista de Boy’s Life que se robó de la biblioteca del colegio. No sabe inglés pero hay muchas ilustraciones y él adivina el contenido de los artículos. Juana lo espía y siente cosas. A veces siente deseo, otras veces una sensación que podría ser maternal, pero no lo tiene claro. Lo mira hasta que Scout apaga la lámpara del velador.


Hermana torta está enamorada de Niña coja que vive al final de la cuadra. Niña coja en realidad no es coja. Fue coja el verano pasado, cuando su familia se vino a la cuadra. Se había esguinzado el tobillo y cojeó por un par de meses. Para entonces ya había quedado como Niña coja. Hermana torta le cuenta todo esto a Nene luminoso, y le confiesa que la ama pero que le da miedo acercarse a ella. Que no sabe si Niña coja se interesa en chicas, pero piensa que quizá sí por la forma en que se viste, por el corte de pelo, porque anda en skate y porque quiere ser DJ. Nene luminoso piensa y dice quizá, pero quizá no. Y después dice que Scout a veces usa un pañuelo de señora pero eso no significa que le gusten los chicos. Primo lisiado atiende en la farmacia del barrio. Se siente triste cuando está ahí, es la luz y el olor del lugar. Tubos fluorescentes que hacen tic tic cada tanto y el aire saturado de un olor químico. A veces se imagina que los vapores de todos los remedios se filtran por las cajitas de cartón y forman una miasma narcótica que lo medica contra su voluntad. Siempre siente que sufre de todos los efectos secundarios de todos los remedios en toda la farmacia. Y de ninguno


de los beneficios. La combinación química resulta en una sensación profunda de soledad. En el manual, Scout descubre una descripción detallada del primer campamento scout realizado en la Isla de Brownsea en 1907. Tenían un horario de actividades muy estricto que siguieron al pie de la letra. Partía a las 6 de la mañana y concluía a las 21.30. A esta hora apagaban las linternas de las carpas. Scout lee esto más o menos a esa misma hora, en su pieza, escondido bajo las mantas de su cama, a la luz de una linterna. Esta coincidencia lo conmueve. Nene luminoso entra a la casa. Ya es de noche. Su familia está en el living. Ven tele. Él no se une. Nunca lo hace. Nunca le piden que lo haga. Comprende el propósito de las cosas. Va a su pieza. Es pequeña y sin juguetes. Cama, velador, una alfombra ovalada, una silla de aluminio y una radio desenchufada. Alguna vez sus padres le imponían juguetes. Nene luminoso no lo toleró. Ya no insisten. Toma un cuaderno y un lápiz grafito. Escribe cosas. Hace marcas. A veces los trazos se forman en números. Es difícil saber si son intencionados o si son dígitos dibujados al azar y que la semejanza numérica sea un


epifenómeno accidental. Se dedica a esto por unas dos horas. Piensa en Hermana torta antes de dormir, en esa maniobra al desmontarse de la bici, en su rudeza bella. Juana hace un turno en la librería. No hace mucho ahí. Es una librería. A veces entra una que otra persona. Dice hola pero no ofrece ayuda salvo que el cliente se note particularmente consternado al no encontrar el libro que busca. La mayor parte del turno lo dedica a escribir poemas. No son muy buenos pero los escribe igual. Son mayormente versos en prosa sobre lucha libre. Piensa que puede establecer una poética en torno a la figura del luchador libre, que puede descubrir ahí cierta elegancia como ya se hizo con el boxeador. No la hay, pero ella piensa que sí y se empeña. El manager de la farmacia le pregunta si sabe algo de las cajas de aspirina que faltan. Primo lisiado se encoge de hombros, piensa unos segundos y le dice que de seguro están atrás en algún lugar. Que cosas así pasan con frecuencia y que al final descubren fármacos que pensaban desaparecidos cuando hacen el inventario anual. Primo lisiado lo mira, trata de leerlo. Parece convencido y le dice que tiene razón.


Antes de irse el manager le pasa un pañuelo y le señala la nariz. A veces le sangra, sospecha que es por los vapores de aspirina que inhala sin querer al robar tiras para Juana. Es sabido que la aspirina puede causar hemorragias, afina la sangre o algo así. Hermana torta ve tele y piensa en Niña coja, en sus dientes levemente separados, ama sus dientes. Afuera Niña coja anda en skate y sabe que Hermana torta se fija en ella. Está acostumbrada a que algunas chicas la miren así. Pero no siente nada por ellas. Con menos frecuencia uno que otro chico se fija en ella. Tampoco hace caso. Solo quiere hacer lo suyo. Escuchar música, pasear su perro, andar en skate, y a veces dibujar árboles. También le gusta leer cómics japoneses. Ahorra plata y compra manga en la librería donde atiende Juana, la vecina de Hermana torta. Estos días lee un manga sobre unos jóvenes pandilleros unidos por la narcolepsia. Scout arma una carpa en su patio. Usa un par de sillas plegables, sábanas, toallas y un mantel. Toma prestado un saco de dormir de la pieza de Hermana torta. Ella lo usaba cuando chica para pijamadas. Es verde y tiene un estampado de mariposas y pipas. Extraña combinación pero nadie lo cuestiona. Le


dice a sus padres que quiere pasar la noche en la carpa hechiza. Dicen que no. Insiste. Dicen que sí. Lleva el manual y una linterna. Lee que es tradicional que los scouts coman algo llamado marshmallow cuando acampan. No sabe qué es eso. Vuelve a entrar y le pregunta a Mamá si tienen marshmallows en la casa. No sé de qué me hablas. Mira a Papá pero él solamente parpadea. Vuelve a la carpa y conversa con otro scout, uno imaginario. Le dice Billy. El cuaderno de Nene luminoso tiene 88 páginas. Usa lápiz grafito porque cuando llena las 88 hojas de escritos, trazos y posiblemente números, procede a borrarlo entero con una goma de borrar Staedtler. Atardece, toma el cuaderno y regresa a la acera y se sienta en el cordón como de costumbre. Qué borras le pregunta Hermana torta mientras pedalea en círculos. Borro lo que alguna vez fue todo pero que ahora es nada. Porque ahora se avecina un nuevo todo y debo resolverlo antes de que vuelva a quedar en nada. Hermana torta suelta la bici y se sienta junto a Nene luminoso. Cuéntame más. Todos los días Niña coja entra a la librería. Va al rincón donde están los manga. Lee por 45 minutos y


se va sin comprar nada. Juana se lo permite, no estorba a nadie, y exigirle que compre el libro requeriría demasiada energía y simplemente no le importa lo suficiente como para enfrentarla. Hace tiempo que se siente así. Sus decisiones están basadas en la cantidad de esfuerzo que requieren y en la medida de importancia que le asigna al asunto. Hoy, por alguna razón, después de que Niña coja se retira, se interesa lo suficiente como para ir al rincón manga y ver qué es lo que lee tanto. Se llama Narukorepushī. Se centra en una pandilla de adolescentes que patrulla la ciudad de Sendai. Ocurre en los 80. La ciudad es controlada por una decena de pandillas rivales que se enfrenta por el dominio del territorio. Ellos son la única pandilla adolescente. Se hacen llamar Las fieras de Sendai. Todos los integrantes sufren de narcolepsia. Cualquier situación estresante precipita el cuadro y caen dormidos. Cada mes participan de los enfrentamientos entre las facciones. Cuando llegan al lugar designado se forman enfrente de sus rivales con nunchakus, bates, y cadenas. Esta noche sus rivales son una pandilla de cuarentones que se hace llamar Los niños exploradores. El líder de Los niños exploradores da un paso hacia Las fieras. Éstos se


ponen nerviosos, se desploman y duermen. Los niños exploradores proceden a reventarlos mientras descansan, dejándolos al borde de la muerte. Como de costumbre. Primo lisiado borda un paisaje. Abajo un atado de margaritas, arriba un par de gorriones con las alas abiertas. Mientras enhebra un hilo azul le cae una gota de sangre de la nariz y mancha el centro del bordado. Deja un círculo rojo y perfecto. Parece una pastilla piensa. Decide bordar collares de aspirinas alrededor de los cuellos de los gorriones. Nunca había hecho algo así. Es difícil, requiere un punto más fino, hilo más delgado, intenta ponerle Bayer a cada aspirina pero fracasa. Debe practicar más. Los otros chicos de la vecindad notan como Nene luminoso le habla a Hermana torta todas las tardes sentados en la acera. Están molestos. Sienten que Hermana torta los abandonó, que antes ella andaba en bici con ellos y echan de menos verla gritar insultos a esa patrulla de scouts pervertidos que se reúne en el parque. Ella era la única que se atrevía a hacerlo. A los demás chicos les da miedo porque igual esos scouts son una manga de niños-hombre más grandes que ellos y portan cortaplumas y saben


armar fogatas. Es como si a Hermana torta ya no le importara nada más que escuchar a Nene luminoso. Scout se queda despierto hasta tarde en su carpa hechiza. Conversa con Billy imaginario. Juana también se desvela espiando por la ventana y se consterna por la ausencia de Scout en su pieza. Scout se imagina que los scouts cuando están en carpas hablan de chicas así que le propone el tema a Billy. Le dice a Billy creo que me gusta la vecina que anda en skate, Niña coja. Es guapa y hace lo suyo. Pero creo que también le gusta a Hermana torta, eso me preocupa. No quiero pelearme con mi hermana. ¿Y tú? ¿Alguna chica que te guste? Billy imaginario se queda callado unos momentos. Se ajusta el pañuelo-scout imaginario y dice no, es que no me gustan las chicas. Suspira y le sonríe a Scout. Y le sonríe, y le sonríe. El poema dice así. Lucha en el ring. Lucha por ella en el ring. Lucha usando una máscara en el ring. Lucha y se dice Apache. Los espectadores lo quieren. Se acuerdan de los Western yanquis. Se acuerdan de querer que ganen los Apaches. También se acuerdan de Carlitos Tévez. Y flexiona sus bíceps. Y baila ante su oponente. Y estira su lycra. Y suda. Y afuera la


noche estila belleza. Y las bestias se hacen dóciles. Porque esta noche lucha el Apache. Juana suelta el lápiz y relee el poema varias veces. Está feliz. Siente que es extraordinario. Niña coja entra a la librería a leer su manga. Juana quiere mostrarle su poema. Casi le hace señas para que se acerque pero al final no se atreve. La soledad de Primo lisiado es única. Él piensa que resulta principalmente de los vapores de fármacos que contienen sulfatos. Es lo que piensa, aunque la verdad es que no tiene cómo saberlo a ciencia cierta porque nunca ha experimentado un estado de nosoledad. En su mente la no-soledad es una abstracción, algo de lo que se habla, que otra gente vive y ha vivido. Pero si es honesto consigo mismo, para él no es más que un mito, como Nessie o el Yeti. No tiene un punto de referencia para dar cuenta de su grado de soledad. Para sentirse solo hay que poder medirlo contra la no-soledad, algo que Primo lisiado no ha vivido. Un poco como la idea de estar vivo vs estar muerto. Nos gusta hacer este contraste pero la verdad es que no sabemos de lo que hablamos porque la muerte no es experimentable, por lo menos no hasta que ocurra y para entonces no hay como reportearla.


Niña coja pasa en skate. Hermana torta ni siquiera alza la vista. Pasa de nuevo. Y de nuevo. Nada. Está sentada en el cordón con ese niño, Nene luminoso. Parecen en trance los dos. Hablan y hablan sin parpadear pero con los ojos entreabiertos, como achinados, largos, como si estuvieran volados. Antes, cuando pasaba por este lado de la cuadra, Hermana torta no despegaba los ojos de ella. Ahora ni la nota. Empieza a oscurecer, debe volver a su casa, pasear el perro antes de que cague sobre la alfombra. En el camino de vuelta se da cuenta de que al parecer le gusta Hermana torta. Entra a su casa, pasa a su pieza y se sienta a dibujar un árbol. El perro se caga. Scout piensa que Billy imaginario está enamorado de él, pero la verdad es que simplemente está caliente. Hace poco sufrió una pubertad imaginaria y descubrió sus sensaciones imaginarias. El problema es que por querer hablar algo que se adecue al contexto de estar en una carpa de noche con otro niño explorador, Scout descubrió que le gustan las chicas. Pasa la noche pensando en Niña coja. Billy imaginario duerme un sueño frustrado. No puede dejar de soñar con el pañuelo de señora que usa Scout, le queda tan bien. Al lado, la vecina, Juana,


sufre porque no puede espiar a Scout en su pieza esa noche. Su pena ante la ausencia del chico le deja claro que su fijación no es maternal. Lo ama, lo desea. Las fieras de Sendai despiertan al día siguiente. Los niños exploradores hicieron lo que quisieron con ellos. Sus narices sangran de forma unánime. Algunos despiertan con los pantalones bajados. Nada de esto es sorpresa. Lo viven todos los meses cuando les toca un enfrentamiento con una pandilla rival. Pero eso sí, Los niños exploradores tienen manías particulares. Las fieras se reponen lo mejor que pueden y van a la farmacia de medicina tradicional que está bajo el puente. Los atiende el mismo farmacéutico de siempre. El tipo no para de tejer. Les dice que compren lengua de pelícano para la narcolepsia. Que hagan una sopa y que se van a sanar del mal somnoliento. Lo hacen. Y como todos los meses, no funciona. Esa noche Primo lisiado nota la tristeza de Juana. En un esfuerzo por animarla le muestra las aspirinas y una colonia que le trajo de la farmacia. Ella apenas murmura un gracias desganado. Se queda pegada a la ventana esperando en vano la llegada de Scout.


Primo lisiado piensa que a lo mejor un cojín bordado ayude. Va al living y busca el que tiene la gota de sangre y los collares de aspirina. Está oscuro pero por la ventana entra un poco de iluminación de la calle. Una luz pálida descansa sobre el sofá. Se acerca a su cojín y por primera vez ve sus bordados con una lucidez que nunca antes había experimentado, y siente pena por sí mismo. Ve en el bordado algo cansado, algo vacío. Que su único escape de aquella soledad incognoscible es una cosa sin valor, una gangrena de hilos muertos. Quiere llorar pero no le salen lágrimas. Le sale sangre de la nariz. La siguiente tarde los chicos de la cuadra reanudan sus actividades recreativas. Bicis zigzagueando, pelotas que se patean, zapatillas que corren ida y vuelta, el raspe del skate de Niña coja. Pero de nuevo falta el pedaleo de Hermana torta. Saben dónde encontrarla. Poco a poco los chicos se acercan, pero no demasiado, al cordón donde Nene luminoso y Hermana torta se susurran cosas. Primero son unos cuatro que se detienen con la intención de expresar su molestia. Echan de menos la presencia de Hermana torta, su rudeza y su valentía. Pero más que nada quieren que reanude ese rito dominical en el


que le gritaba groserías a la patrulla scout del parque. Iban a desquitarse con Nene y Hermana pero por alguna razón no se atreven a acercarse más de la cuenta ni a decirles nada. Se suman otros chicos a observar y a formar un semicírculo mudo. Niña coja se acerca al grupo de chicos y también los mira. Hay algo en la manera en que Nene luminoso y Hermana torta se miran y se hablan. No logra descifrar lo que se dicen, nadie se atreve a acercarse lo suficiente como para escuchar bien, pero se oye el murmullo de sus palabras. A veces hablan simultáneamente, a veces Hermana torta habla sola y Nene luminoso escribe lo que dice, o dibuja, es difícil distinguir cuál de los dos. Nota un giro en la dinámica, le da la sensación de que ahora Hermana torta es la luminosa y que ella le revela el sentido de las cosas. Como si Nene fuese el que escucha grandes verdades y traza un mapa de lo que le revela Hermana. Niña coja la desea más que nunca. Esa noche Juana se convence de que quizá Scout se enamoraría de ella si lee sus poemas. Debe escribir unos versos especiales, algo que sincere lo que siente por el chico. Mientras piensa y busca inspirarse, el gato amarillo maúlle. Hace dos días que Juana no lo


alimenta. Toma un lápiz y su cuaderno de poemas. Apoya el grafito con la intención de escribir la siguiente frase Apache seduce las cuerdas del ring. Pero otra cosa ocurre. El mismo trazo que debiera escribir letras y palabras se alarga y sin poder detenerse procede a dibujar un luchador dentro del cuadrilátero, con máscara, lycra y todo. Una vez terminada la figura, levanta el lápiz y piensa que es una ilustración maravillosa. La verdad es que es un dibujo mediocre, pero ella no lo ve así. Cuando no duermen, Las fieras de Sendai recorren la ciudad en bici y en skate. Es su forma de marcar presencia, de mostrar que no son temerosos. Cuando tienen hambre se detienen a comer fideos callejeros en el carrito de un coreano que se vino a Japón después de la guerra. A veces de noche pasan por una calle iluminada por una ampolleta anémica, y a veces ven ahí sentados a un par de chicos occidentales. Un niño bastante menor y una chica adolescente. Siempre susurran cosas que ellos no entienden. Y siempre anotan cosas en un cuaderno. Suelen quedarse mirándolos unos minutos antes de reanudar su recorrido por los barrios.


La angustia de Primo lisiado lo lleva a pensamientos suicidas. Los gorriones, margaritas, y ciervos, espantos de hilo de su propia mano lo hacen desear la muerte. A esta hora la farmacia está cerrada pero el mánager le pasó una llave en caso de emergencias. Entra, prende las luces, los tubos hacen tic tic, va a la parte de atrás, donde almacenan todos los remedios. Abre todas la cajas de cartón de todos los remedios y extrae las pastillas de las tiras y se rodea de fármacos. Se sienta, respira y espera que la sobredosis de vapores lo fulminen. Se empeña, respira hondo, cree que lo hace bien y que su muerte va a ser elegante y triste. No lo consigue. Amanece y Scout sale de la carpa, Billy imaginario sigue durmiendo. Va a su pieza y fuera de su ventana encuentra un sobre. En el sobre hay una hoja de papel y en la hoja un dibujo de lo que pareciera ser un hombre disfrazado. Un tipo con máscara y un traje de baño de mujer. Está parado en un cuadrado. Es difícil saber qué es. El dibujo no es muy bueno. Piensa que quizá Niña coja se lo dejó. Sabe que ella dibuja árboles y lee cómics japoneses, quizá también dibuja hombres corpulentos travestidos y con máscaras. Lo toma como una señal y sonríe. Piensa que ella se ha fijado en él. Deja a Billy durmiendo en


la carpa y sale a la calle a buscar a Niña coja. Extasiada, Juana lo observa desde su ventana. Piensa que Scout viene por ella. En los ojos de Hermana torta están los ojos de Nene luminoso y todo vibra. Y de sus bocas salen sonidos, sonidos que suenan como palabras pero que en realidad son sonidos sin lenguaje. Esas frases que salen no son frases, son espejismos que suenan como frases sin serlas, interpretar los sonidos sería un error, así como ver a una virgen en una mancha de humedad o un rostro en la superficie de Marte. Y en esos sonidos hay certezas que no se conocen ni se pueden conocer porque no pertenecen a ese orden de cosas. De sus bocas fluye la experiencia del sentido de la cosas. No es conocimiento y no es almacenable, es verdad sin traducción, verdad sin lenguaje, verdad libre de la duda. Los chicos de la cuadra y Niña coja se cobijan en el aura de esa verdad y las cosas son bellas. Para cuando Primo lisiado se da por vencido y abandona la farmacia, el sol está a punto de salir. Lo peor es que se siente más solo que nunca y físicamente más sano que nunca. Los odiosos vapores le hicieron bien. Abatido se acuerda de Nene


luminoso. Dicen algunos que es sabio, dicen que sabe cosas, dicen que es un pequeño dios. Quiere entender lo que le sucede y piensa que quizá el niño tenga respuestas. Está cansado de todo, cansado de ser, cansado de su cuerpo y de su existencia ornamental. En el camino de regreso a la cuadra pisa las margaritas que crecen en el jardín de una vecina. Esta vez Las fieras de Sendai se quedan más rato mirando al par de occidentales. El niño y la adolescente siguen sentados en la calle murmurando cosas. Uno de los chicos más atrevidos de la banda les habla, pero ellos no responden. No parecen entender japonés. En cierto momento otro chico fiera se pone nervioso y cae dormido. El niño occidental sale de su trance y nota esto. Se pone de pie y se acerca al que sería el líder de la pandilla. El nene trae un cuaderno. Les dice que miren bien, que esto los va a sanar. Que no sufrirán más de la peste somnolienta. Ellos no entienden sus palabras porque el chico no les habla en japonés, pero comprenden el gesto cuando apunta al cuaderno de 88 hojas. Les muestra una de las páginas. Las fieras se amontonan para poder ver bien. Sale esto


Billy imaginario despierta en la carpa, está solo y no entiende nada. Scout sale a la calle con el dibujo del luchador que le hizo Juana pero que él piensa que es una declaración de amor de Niña coja. Ve que todos los niños de la cuadra se han juntado alrededor de algo. Están callados y quietos. Entre ellos divisa a Niña coja. Todo lo demás da lo mismo. Quiere hablar con ella, hacerle saber que recibió su mensaje, su dibujo mediocre y bello, que él también la quiere, que podrían ser felices y hacer escultismo juntos y amarse. Se acerca, extiende la mano para tocarle el hombro, pero algo lo detiene. Se queda a su lado y mira como ella mira a Hermana torta quien a su vez mira a Nene luminoso. Siente placer. Juana va por Scout. Vio su sonrisa cuando recibió el sobre, piensa que le gustó el poema dibujado, que la va a entender, que la diferencia de edad da lo mismo, que es un amor puro el que sienten el uno por el otro. Apenas se contiene. Está feliz, verdaderamente feliz, por primera vez en años siente regocijo. Al salir de su casa no se da cuenta que el gato amarillo dejó de maullar. Murió antes del amanecer. Juana corre a la calle sonriendo, mostrando los dientes. Ve la multitud de chicos en formación semicircular. Ve a Scout. Ve el dibujo del luchador en su mano. Ve que


mira a Niña coja. Ve cómo la mira. Entiende. Se detiene a unos pasos de él. Debería sentir dolor, debería sufrir como nunca antes, pero no. Algo fluye del par sentado en la acera, de Nene y Hermana. Una ola cálida de serenidad, de plenitud, como si estuvieran encapsulados por una esfera de paz absoluta. Las fieras de Sendai salen transfigurados. Los chicos occidentales desaparecen en la noche. Saben lo que quieren. Avanzan por la ciudad en sus bicis y skates buscando a sus rivales, a Los niños exploradores. Ya no son vulnerables y un odio monstruoso hierve dentro de ellos. El demonio de la venganza yakuza los posee. Son una máquina y ruedan sobre el asfalto y la ciudad tiembla. Primo lisiado arrastra los pies. Odia que su cuerpo se sienta tan sano y su alma tan nauseabunda. Piensa que si posee tal cosa como un fantasma dentro de su carne, éste apenas es un vapor lánguido. No sabe morir bien, no sabe bordar cosas bellas, y no sabe entender la soledad que lo sepulta. Da la vuelta la esquina. Detrás de él pasa una manada poseída de jóvenes en bicis y skates. Agrietan el asfalto y aúllan. Se alejan raudos hacia el horizonte y los pierde de


vista. Reanuda su caminata y ve que al final de la cuadra hay una congregación de vecinos. Todos quietos y serenos. Entre la multitud ve a Juana, Scout, Niña coja y un poco más atrás el amigo imaginario de Scout, todos cautivados por la presencia de Hermana torta y Nene luminoso. Quiere ir donde ellos, acercarse al aura de Nene y descansar. Siente cómo una gota de sangre cae de su nariz. Se detiene, ya no quiere unirse. En ese momento algo negro se vierte en él y flota en un pozo de brea y alquitrán. Comprende que el Mundo lo ha rechazado por una razón, que su existencia tiene un propósito, que debe ser una sombra, una serpiente, una cabra, el contrapeso, ser el némesis del pequeño dios que escribe en el cuaderno de 88 hojas. Sonríe como nunca antes, se rasga el delantal farmacéutico y se despoja de su vestidura blanca. A unas cuadras de ahí la patrulla de scouts avanzados se reúne como de costumbre en el parque del barrio. Todos uniformados, pantalones cortos, medias hasta las rodillas, camisas con parches de escultismo, sombreros, medallas y por supuesto los pañuelos oficiales de la tropa regional. Recitan el juramento scout para dar inicio a su reunión dominical cuando a lo lejos se siente el sonido de cadenas y el chillido


de ruedas. Se nubla. Alguien pregunta si no serĂĄ el retorno de Hermana torta y sus insultos, pero no. El ruido es demasiado fuerte. Uno de los niĂąos exploradores trepa un olmo, otro le lanza los binoculares. Mira. La voz le tiembla. Es una pandilla de chinos grita. Vienen en bicis y skates. Vienen furiosos.

Scout  
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