Page 1

Ignorante: compra mi discurso.

¿Cuantas veces hemos visto a dirigentes de partidos u organizaciones de izquierda apelar al sentido crítico de su militancia? Es algo habitual en sus discursos y si no lo hacen de una manera externa, si lo hacen en sus foros internos, motivando así a que su militancia cuestione o ponga en duda todo lo que llega desde la gran estructura mediático-cultural del poder. Pero, y como punto de partida a este articulo, me veo en la necesidad de hacer una reflexión sobre el propio sentido de la capacidad crítica, no solo de la militancia de izquierdas, también de las organizaciones que sustentan dicha militancia. Y parto de una premisa básica: La capacidad crítica tiene que tener, en un alto grado, capacidad de autocritica. Es decir una organización, partido, movimiento o persona, no puede denominarse plenamente critico si antes no ha hecho una autocritica en todos sus sentidos, acciones o pensamientos. Resulta simple y evidente, ¿no? Es necesario comenzar por la autocritica para reforzar la capacidad crítica, ya que esta capacidad no solo viene determinada por el cuestionamiento de la realidad que nos rodea o que “nos quieren vender”, también por la capacidad que tengamos como personas o partidos para criticar todos nuestros pensamiento, acciones o mensajes. Pensar: ¿Por qué pienso lo que pienso?; ¿Es correcto lo que pienso? o ¿Pienso de una manera adaptada a la realidad que me rodea? son preguntas oportunas que todos los militantes de izquierda deberían estar acostumbrados a hacerse. Por esto quiero hacer en estas líneas una crítica constructiva a uno de los elementos comunes en el discurso de toda la izquierda, desde el centro hacia el extremo.


Me refiero al discurso habitualmente utilizado por la izquierda de la alienación o adormilamiento de las personas que viven en un sistema individualista y anestesiante. Hagamos un símil: Imaginemos que un comercial de cualquier bebida va a un bar y le dice al responsable del bar: “Usted es un ignorante, un cateto sin estudios, poco más que un despojo social que no sabe nada de nada y como usted es todo esto, va a comprar mi producto porque yo soy más listo, más guapo y mejor que usted.” ¿Imaginamos la reacción del dueño del negocio? Sería una reacción de rechazo, puede que hasta violenta y desde luego no adquiriría el producto que el comercial quiere venderle. A los partidos u organizaciones de izquierda les sucede esto más o menos. Al utilizar públicamente palabras como alienación, adormilamiento, tratar a las personas como meras marionetas del sistema, no solo se está faltando al respeto de dichas personas y a su capacidad reflexiva, sino que además están generando un rechazo entre la gente a la que intentan lanzar el mensaje. El cinismo extremo de este discurso llega cuando se pretende defender a las personas o colectivos que reciben estas críticas. Soy consciente, al igual que muchos otros, de los mecanismos de socialización y de que los agentes que influyen en ella en muchas ocasiones se escapan a la influencia de las organizaciones de izquierda. Estos mecanismos influyen en los ciudadanos “alienados” igual que en los militantes de izquierda y por tanto es equivocada la actitud paternalista o de superioridad intelectual con la que en ocasiones se presenta la izquierda en los debates de calle. Pero este tipo de discursos no solo genera una separación de la izquierda con respecto a los perceptores principales de su mensaje. También da un arma a la derecha que ha aprovechado esta debilidad para asociar entre las “clases populares” la imagen de una izquierda llena de intelectuales, eruditos, acostumbrados a hacer reflexión en los despachos de universidades y sedes de partidos, por lo general cerradas a cal y canto al común de los ciudadanos.


Los partidos y organizaciones de izquierda se han cerrado en sus sedes y realizan reflexiones a puerta cerrada, reflexiones que en lo general vienen cargadas de falta de autocritica. Habrá que abrir la sede de los partidos al público en general y trasladar a pie de calle los debates que se dan en su interior. Esto, y no otra cosa es horizontalidad (termino de moda pero que ya empieza a estar vacía de contenido). El compromiso de los partidos de izquierda y de sus militantes ha de ser el de salir de las universidades, sedes de partidos y e incluso los bares donde se mueven compañeros o afines y llenar las plazas y calles de sus pueblos o ciudades. Adquirir el compromiso de acercarse a los lugares donde se mueven y desarrollan su vida el común de las personas que están alejados del mundo de la política y utilizar un discurso respetuoso y que trate de igual a igual a esas personas a las que se consideran engañados. La utilización de las nuevas tecnologías y las redes sociales en internet son una buena herramienta para acercarse al debate ciudadano, siempre y cuando este sea el paso previo a el contacto directo con la sociedad, al cara a cara, al de tu a tu. Las redes sociales se están convirtiendo a pasos agigantados en las plazas donde las personas interactúan y opinan sobre el mundo que les rodea. Comienzan a ser una herramienta fundamental para testar opiniones y estados de ánimo, adhesión y/o rechazo y sus opiniones. Una buenísima herramienta para comenzar a salir de esos despachos y grandes sedes. La izquierda tiene que abandonar las aptitudes de superioridad intelectual con respecto al común de las personas y visualizar que no hay culturas políticas mejores o peores, si no deferentes.


Ignorante, compra mi discurso  

Los errores de la Izquierda a la hora de trasladar su mensaje a las clases populares.

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you