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¿Desafección política o falta de liderazgo?

Miro con interés los últimos resultados del barómetro del CIS y no hago otra cosa que confirmar lo que todos los politólogos y sociólogos del país llevan años anunciando. La ciudadanía se está alejando a marchas forzadas de los políticos y estos son percibidos como uno de los principales problemas para un número importante de personas (24,7%). Solo el paro (82,5%) y los problemas de índole económica (46,9%) representan problemas más importantes que la clase política. En realidad este dato no es para nada sorprendente y multitud de encuestas realizadas por diferentes estudios de opinión lo vienen reflejando de una manera insistente en los últimos años. Los politólogos y sociólogos nos hemos apresurado a explicar estos resultados mediante el término de desafección política. Las consecuencias de esta desafección política no son fáciles de predecir ya que muchos se sorprendían de la falta de respuesta social que, ante una situación económica tan alarmante, se producía entre la población que más duramente estaba sufriendo las consecuencias de la crisis. Creíamos que el escenario era totalmente diferente a lo que se estaba produciendo en Grecia o al que se había producido en Islandia, país, este último en el que la desafección política ha derrocado a toda una generación de políticos. Creíamos que una serie de elementos estructurales de la sociedad estaban tapando el levantamiento popular contra los políticos como los responsables de la situación que se vive tanto en el Estado Español como en Eukal Herria. Las familias tapaban los problemas derivados de la inestabilidad laboral, los problemas de financiación de las viviendas, etc. Los inmigrantes, el sector social que más ha sufrido la crisis, al venir de realidades económicas más difíciles se podían adaptar con mayor facilidad a la progresiva pérdida de poder adquisitivo o regresaban con una importante cantidad de divisas a sus lugares de origen. La desafección política es un fenómeno que supone un alejamiento y falta de interés por parte de la población hacia la política y todo lo que de ella se deriva. Suele traer consigo una serie de movimientos en algunas variables como podrían ser una baja participación ciudadana en partidos políticos y/o sindicatos, una falta de interés en la política elevada por parte de la mayoría de los ciudadanos o la paulatina falta de confianza en las instituciones propias de la democracia representativa. En un principio todas estas variables tienen unos valores muy altos tanto en España como en Euskal Herria y por tanto se puede hablar de cierta desafección política. Es un hecho cierto


y no trato de negarlo pero tengo que valorar que estos niveles altos de desafección política ya eran altos antes, incluso de entrar en la crisis. Seamos sinceros, el interés por la política nunca ha sido muy alto. Es más teniendo en cuenta el surgimiento del movimiento del 15-M en España o la movilización del abstencionismo tradicional en favor de Bildu en las elecciones municipales en Euskal Herria, mi sensación es que la participación política ha aumentado y por tanto la distancia entre clase política y sociedad ha de deberse a otro factor. No hay que pensar mucho para darse cuenta de que la distancia entre sociedad y clase política no solo hay que achacarlo a la sociedad o al ciudadano, también hay una falta alarmante de calidad de los políticos. Es mas es este fenómeno el que mayor distancia ha generado. No hay forma objetiva de medir la calidad de la clase política y si la hay los científicos sociales no le prestamos demasiada atención pero estamos sin duda ante la peor generación de políticos de los últimos años. Ya no existen líderes políticos capaces de cambiar a la sociedad. Se muestran autocomplacientes, no saben conectar con la sociedad ni con los nuevos canales de comunicación y participación política. Se rodean de una burbuja impermeable que los aleja de las percepciones y actitudes sociales más novedosas. Los partidos y su estructura interna sectaria gestan políticos faltos de preparación y conocimientos, con una alarmante falta de valores democráticos. El panorama que tenemos en frente va desde una derecha elitista que piensa más en sus propios beneficios o en los beneficios de grandes intereses económicos, a una izquierda empeñada en hacer algo que no sabe hacer: gestionar como neo liberales, olvidando la responsabilidad de liderar una sociedad cohesionada y justa. No hay en todo el espectro político ni un solo líder carismático que sea capaz de coger la mochila cargada de piedras y sacarnos del agujero. Y a pesar de todo esto, politólogos y sociólogos nos empeñamos en utilizar el término desafección política volcando toda la responsabilidad en la sociedad en su conjunto. Si ha habido algún comportamiento responsable y carismático en los últimos años han sido todos los tsunamis que hemos vivido en los últimos meses, tsunamis de respuesta y confrontación con la forma clásica de entender la política de los dirigentes que gobiernan pero que no lideran.


¿Desafección política o falta de liderazgo?