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MIGUEL ÁNGEL SOUZA

E

EL DEBER ® ESCENAS

Santa Cruz de la Sierra Domingo 2 de septiembre de 2007

n Santa Ana de Velasco no hay hoteles de cinco estrellas, no existen piscinas de aguas azules ni se ofrecen suntuosos espectáculos. No hay nada de aquello a lo que estamos acostumbrados los turistas que vivimos en el 'mundo moderno'. No se conoce la Internet y el teléfono sigue siendo un artefacto tan raro que apenas hay uno para una población aproximada de 700 habitantes. En cambio, en esta pequeña población, en la que el tiempo parece haber dicho ‘no avanzo más’, existen humildes albergues ecológicos en los que las verdaderas estrellas son los dueños de casa. Con sencillez y hospitalidad, ellos se empeñan en dar la mejor atención a los visitantes, pese a que sus camas no cuentan con suaves colchones y que en sus baños las tutumas se encargan de reemplazar las duchas. Hay también una enorme laguna de aguas verdosa, formada por una represa y adornada con una enorme cantidad de tarope, donde se puede pescar y nadar al mismo tiempo, rodeado de una naturaleza exuberante. En las calles de este pueblo, fundado en 1755 y que se mantuvo casi aislado por dos siglos y medio, es común encontrarse con algún músico nativo, que sin haber estudiado puede deleitar a cualquiera con las melodías que le saca a su flauta de caña hueca, a su viejo violín o a su tambor hecho de cuero. Así es Santa Ana y así es como quiere que los bolivianos y el resto del mundo la vean. Como un lugar donde se puede estar en contacto con la naturaleza, donde se puede conocer de cerca la cultura de un pueblo. La población chiquitana, ubicada a 511 kilómetros al noreste de Santa Cruz de la Sierra, mostró todas sus galas el pasado fin de semana, cuando se realizó su lanzamiento como destino turístico. El cacique, Carmelo Rocha Poicheé, y los integrantes de su cabildo indígena fueron los encargados de recibir a los posokas (visitantes) y churapas (amigos), como se dice en lengua chiquitana. Entre ellos estaban el prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, y los viceministros de Cultura, Pablo Groux, y de Turismo, Ricardo Coux. También se encontraba medio centenar de periodistas de diferentes partes y medios de comunicación del país. Enviados especiales del diario mexicano la Jornada estuvieron junto a visitantes que llegaron desde la capital, la ciudad brasileña de Cuiabá o poblaciones hermanas como San José y San Ignacio. Durante dos días, esta misión jesuítica mostró sus tradiciones, su religiosidad, sus juegos típicos y, sobre todo, a su gente, que al fin y al cabo es la portadora de la verdadera riqueza que se esconde en este lugar, que algunos han

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PATRIMONIO. La población quiere atraer visitantes para generar recursos económicos. Los lugareños esperan días mejores. Son conscientes de que deben mantener sus tradiciones, porque es su verdadera riqueza

Santa Ana apuesta por un futuro turístico ■ RELIQUIAS VIVIENTES DE UN PUEBLO MISIONAL

Joaquina Poicheé Soriocó (con el estandarte) es la madre del cacique del pueblo y una de las integrantes de Las Azucenas. Esta agrupación, formada por 14 mujeres adultas, se encarga de limpiar la iglesia todos los sábados, para que el domingo se realice el oficio religioso. “Antes de eso rezamos el rosario, como lo hacían nuestros abuelos”, dice mientras alterna el español con el chiquitano.

■ FESTIVIDAD Y PICARDÍA EN LAS CALLES La ceremonia de captura y posterior castración de un toro cautivó a los turistas y a los niños. Actividades como éstas se realizan en los días festivos

PARA VIAJAR ■ LOS ALBERGUES SON UNA EXPERIENCIA REAL

■ JALANDO CON TODO SU ESFUERZO

■ GRAN INFLUENCIA DE LA IGLESIA CATÓLICA

Al igual que estos niños, que intentan llegar a lo alto del palo ensebao, la gente de Santa Ana espera

■ CON GANAS que a través del turismo se generen fuentes de empleo. De esta forma se quiere evitar la migración, DE LLEGAR porque en las últimas décadas ha disminuido considerablemente la población del lugar (actualmente hay alrededor de 700 habitantes en el lugar). MÁS ALTO

Los niños heredan de sus ancestros juegos populares como el pejichi. Es una diversión que el modernismo no les ha arrebatado todavía

La historia aneña está ligada a la Iglesia católica. El pueblo fue fundado por el misionero jesuita Julian Knogler, en 1755. Su templo, que forma parte del Patrimonio Cultural de la Unesco, fue construido por los indígenas, en base a planos dejados por los religiosos

dado en calificar como la ‘joya escondida de Chiquitos’. Varios de los visitantes se sorprendieron al descubrir que en su iglesia, construida con adobe, madera y mica, se encuentra un órgano musical construido por indígenas hace más de dos siglos; que sus casas en hilera de estilo misional son las únicas que se

conservan en toda la región, y que una formación de piedras que hay en las afueras pudo haber sido el centro de rituales protagonizados por brujos. Sin embargo, este lanzamiento no sólo pretende que la gente de fuera descubra la magia de Santa Ana, sino que también apunta a que el turismo genere fuentes de

Por Bs 20 ó 25 al día, uno se puede alojar en cualquiera de los nueve albergues ecológicos que hay en el pueblo. Allí, los aneños atienden a los huéspedes como si fueran integrantes de su familia. Compartir el desayuno, el almuerzo, la cena y charlar por las noches es una experiencia fascinante.

■ ES UN LUGAR

DE FÁCIL ACCESO

empleo para los habitantes. Como muestra alentadora están los Bs 40.000 que se comercializaron en artesanías durante los dos días del lanzamiento (entre ventas y reservas). Lo confirmaba una emocionada adolescente, de nombre Ana Algarañaz Siyé, que vendió alrededor de 30 pares de aros y cuatro collares que elabora

con semillas de diferentes plantas de la zona. “Nunca había vendido tanto. Ojalá que estos siga así”, decía. La misma emoción sintieron los propietarios de los nueve albergues ecológicos, que tuvieron la oportunidad de atender a personas de diferentes lugares. Para Ricardo Ortiz, de la Agen-

cia Española de Cooperación Internacional y uno de los gestores del proyecto, éste es sólo el comienzo. “En la medida que sea sostenible, será un verdadero éxito”, comentó. El cacique también se mostró optimista, porque, según él, “Santa Ana necesita progreso, pero sin perder sus tradiciones”.

Los 511 kilómetros que separan a Santa Ana de Santa Cruz de la Sierra se pueden recorrer entre 10 ó 12 horas. Los buses de transporte público cobran Bs 50 ó 55 hasta San Ignacio de Velasco. Los 43 kilómetros restantes para llegar al lugar se hacen en otro vehículo, al que se le paga entre Bs 10 ó 15.


Santa Ana de Velasco