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Mario R. T. 1ยบ B


Érase una vez una niña que vivía en el bosque con su padre. Un día, paseando por el bosque, se encontraron un cachorro de perro. La pequeña le dijo a su padre que si podían quedárselo, él no pudo negarse y se lo quedaron. Le llamaron Ton y desde ese día fue el mejor amigo de la niña. La niña salía todos los días al colegio y su perro Ton la acompañaba hasta la puerta y la esperaba hasta que saliera de clase. Un día Ton no se levantó para acompañarla y la niña se preocupó y fue corriendo a decírselo a su padre. El padre se asomó a la caseta donde dormía Ton. Ton estaba muy malito, le cogieron y lo llevaron al veterinario. La pobre niña estaba muy preocupada porque no podía quedarse sin su amigo Ton. Salió el


veterinario y les dijo que si le daban una pastilla al día podía durar muchos años. Desde ese día la niña comprendió que su querido Ton era el mejor amigo que había tenido y ahora le tocaba a ella cuidarle y acompañarle a su amigo Ton. Desde ese momento se hicieron inseparables, a todos los sitios iban juntos y nunca se separaron.

Amanda B. A.


Érase una vez una princesa, su padre, su madre y su hermana que se fueron en la carroza al campo a ver a sus tíos. Cuando llegaron estaban contentos pero cuando entraron a casa de sus tíos, los tíos estaban discutiendo. Cuando estaban durmiendo las niñas, los padres de las dos niñas hablaron con los tíos. El padre le dijo al tío que perdonara a la tía…. Y el tío ya le perdona a la tía. Los tíos se quedaron en su casa y ellos se fueron al castillo.

Kishaia 2º B


Achet贸n S. C. 3潞 A


Ainhara D. S.


Marta P. 4ยบ A


E L Á R B O L DE L A A M I S T A D Había una vez, una niña a la que le habían regalado un árbol por su cumpleaños. La niña se llamaba Luna. Luna tenía muchos juguetes, pero no iba a la escuela, hasta que un día sus padres decidieron que debería ir. Luna llevó un día a sus amigos a su casa para enseñarles el árbol y que comiesen sus frutos especiales. El fruto del árbol de la Amistad era, según la persona, de un sabor diferente. Cuando fueron al cuarto de Luna vieron todos sus juguetes y sus amigos le preguntaron: -Luna, ¿podemos jugar con tus juguetes? Y Luna respondió: -No, porque los cuido muy bien y no quiero que se estropeen. Entonces los amigos de Luna se enfadaron y se fueron. Luna, muy afectada, se fue al lago a pensar y apareció la señora del pueblo que le había regalado el árbol y le dijo: -Luna, ¿qué te pasa?


-Que mis amigos se han enfadado conmigo porque no les he dejado jugar con mis juguetes.Respondió Luna. Entonces se dio cuenta de lo que había hecho y le dijo: -Mi árbol se ha secado por mi culpa, tengo que arreglarlo. El árbol de Luna se llamaba el árbol de la Amistad y se había dado cuenta de que, si se portaba mal con sus amigos, el árbol se secaría. La anciana del pueblo dijo: -Muy bien Luna, por fin has aprendido que la amistad es más importante que tus juguetes. Luna asintió y se fue a buscar a sus amigos y a disculparse por lo que había dicho. Cuando se disculparon, fueron a casa de Luna y, vio que el árbol era de nuevo un pequeño arbolito sin hojas, debía terminar su tarea. Luna compartió los juguetes con sus amigos y, ese día, el árbol de la Amistad volvió a brotar y Luna recuperó a sus amigos.

Daniela A. J. 5º B


OJO SALTÓN Y SU MAESTRO. Érase que se era un ratón y un preso. El preso se llama Tomás y el ratón Ojo Saltón. En esta historia pasaron mucho tiempo juntos, en la soledad de la cárcel, jugando a juegos como: el ajedrez, las damas...Se pasaban los días juntos para echar la revancha. En uno de esos tantos días amaneció muy nublado, uno de esos días que no quieres ni puedes hacer nada. Así que Tomás el presó que para no aburrirse, podría enseñar a Ojo Saltón a ser un ratón de circo, para que a sus compañeros de celda le alegrara la estancia y no pensaran en sus familias o en alguna otra cosa que les diera nostalgia. Pasaron muchos días y Tomás le enseñaba muchos más cosas o trucos a Ojo Saltón como: el de la cuerda la floja o también, el de mantenerse con las patas traseras y mantener una bolita de pan seco... Con tantos trucos fue a todos lados a hacer gracia a esa gente que lo estaba pasando realmente mal. Así llegaron a ser el mejor maestro y el mejor ratón de la historia. En uno de esos días fueron a visitar al mismísimo rey.


Con tanta fama se dieron cuenta que los años pasaban y que estaban haciendo viejos los dos y ya Ojo Saltón o hacía las actuaciones con tanta energía como antes y con tanta agilidad ,ya estaba perdiendo la vista ,el equilibrio... Pero ellos dos siempre volvían a su celda tan contentos por hace sonreír a otras personas que ya no sonreían. Cuando ya quedaba menos de un año para que Tomás saliera de prisión, el pobre Ojo Saltón ya iba muy mal ya ni madrugaba, no se movía apenas... Y cada noche se iba se acostaba antes viendo, el reflejo de la Luna en el cuenco de su agua. Así pasaron días y días hasta que llegó ese día que no querían que llegara nunca pero llegó. El pobre Ojo Saltón no se despertó de su cama de algodón y el pobre Tomás se disgustó porque sabía lo que pasaba en su habitación. Aunque Tomás sabía que nunca le volvería a ver le enterró en donde nació en su madriguera con una cruz de palitos finos. Allí descansó y siempre le tendrán en sus oraciones.

Sena María A. B. 6º B


UN FUTURO INESPERADO Si no hubiera sido por un perro llamado Sura, no estaría aquí contando la historia en la que se cuenta una amistad entre yo, un niño afgano llamado Ahmed, de 8 años y un perro. Todo comenzó en una cueva en un pequeño pueblo de Afganistán donde yo, un niño huérfano, me refugiaba. Sólo salía por la noche para recoger fruta y beber agua en un riachuelo cerca de la boca de la cueva. En esos momentos la guerra estaba lejos y los talibanes no se acercaban a mi vivienda. Pero un día de verano tenía una sed intensa y salí al riachuelo. Cuando estaba volviendo a la cueva, un talibán me vio y me empezó a perseguir y cuando creí que ya había huido, caí justo en los brazos de un enemigo. Un montón de ellos se tiraron encima mía. Claramente ganaron ellos, ya que eran más y más fuertes que yo. Me dijeron que me llevarían a la cárcel y que me fusilarían con más personas de mi raza. En ese momento me empujaron dentro de un Land Rover y empezaron a llevarme al sitio donde estaría por última vez en mi vida.


Cuando me sacaron, me llevaron hasta la cárcel, pero en ese momento apareció un perro que les empezó a atacar. Había cinco que me agarraban y el perro consiguió morder a todos. Yo aproveché y salí corriendo con él delante de mí, guiándome. Cuando por fin paramos de correr, fue como diez minutos después, al lado de un río y empezamos a beber como si nunca hubiéramos probado el agua. Después de bebernos todo el agua del río (por cierto, esto es una expresión), seguimos caminando por un camino de arena. El paisaje era seco, sin ni siquiera un charco de agua, pero tenía algún frutal. Todo este tiempo había estado observando al perro. Me di cuenta de que era un perro bastante raro, pero mi madre, antes de que muriese, me dijo que por aquí rondaban perros raros que las personas los abandonaban cuando venían de visita antes de la guerra. Pronto llegamos a una señal que ponía: KABUL 7 Km. Decidimos seguir andando hacia Kabul. En ese momento me torcí el tobillo, pero no desesperé y seguí caminando, hacia lo desconocido. Anduvimos despacito y por cada segundo que pasaba el tobillo me dolía más y


más. Al cabo de dos días sólo habíamos recorrido 2 km. En esos días ese perro me salvó la vida varias veces. Por las noches se acercaba a mí y yo le abrazaba contra mi pecho y él me lamía la cara. Después de eso me quedaba dormido, contento con la compañía que tenía. Al tercer día, por la mañana recogimos fruta y empezamos a caminar. Pronto el camino se empezó a convertir en un desierto seco, ni un frutal se veía. De repente, vimos una autocaravana. Nos dirigimos a ésta y nos encontramos con la puerta cerrada y con una bandera que reconocí como la de Inglaterra. Llamamos a la puerta y el perro empezó a saltar. Me extrañó un poco, pero averigüé a qué se debía eso. Cuando un soldado inglés abrió la puerta, el perro se lanzó a sus brazos. El soldado empezó a decir algo que yo no entendía, como “Sura”. Me empezó a hablar en mi idioma y eso me extrañó aún más. Me dijo que lo había perdido en un paseo por el desierto, que hubo una tormenta de arena y eso les separó. Me dijo que ya que había encontrado a Sura, se iba a casa. Ahí empezó mi nueva vida. Le pregunté si me podía ir con él, que era un niño huérfano sin


casa y quería tener una vida mejor. Se lo pensó un rato y me dijo que por qué no. Yo empecé a saltar y a abrazar a Sura. Esa misma tarde nos fuimos. A la mañana siguiente estábamos en Inglaterra. Unas horas después el soldado estaba enseñándome mi habitación y unas palabras en inglés. Nunca llegamos a Kabul. Y hoy sigo en esta misma casa, con mi propio trabajo. El perro que me salvó la vida un montón de veces está muerto, pero Sura fue un hermano para mí y no lo olvidaré, porque gracias a ese perro mi vida cambió totalmente.

Lara N. 6º C

Abril 2013


Certamen narrativa 2013