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Pero la desobediente ranita no tomó en cuenta las indicaciones de su mamá. Apenas desayunó, se fue a jugar a la casa de sus primas que vivían cerca. Al mediodía su papá Edicson llegó para almorzar. Seguidamente lo hizo Valentina, quien pasó presurosa para tomar una ducha. Cuando la ranita salió del baño, se encontró a su mamá sirviendo la mesa junto a su tía. Todos se sentaron a comer. La ranita aprovechó la ocasión para pedirle a sus padres que la llevaran al circo, pero su mamá le dijo que para complacerla debía obedecer las reglas. Valentina entró en razón, pues no era justo que su fiel tía Gladys realizara todas las labores sin 55

Mis cuentos infantiles  
Mis cuentos infantiles  

Siempre he tenido la preocupación por inculcar valores a los niños. Como madre, abuela y educadora, estoy consciente que la educación comien...

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