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calmante para aliviarlo. Él se fue a la habitación, cerró las cortinas y se durmió. Como todas las tardes, José Luis se presentó en casa de Isaías. Esta vez su mamá le dijo que debía investigar

solo,

descansando.

pues

Cuando

el Isaías

venadito se

estaba

levantó,

ya

recuperado, se encontró con la grata sorpresa de que José Luis había investigado todo. Desde ese día José Luis e Isaías hacen sus deberes al mismo tiempo, visitan a la abuela Irene, disfrutan de sus ricas meriendas y oyen muy atentos las anécdotas que suele contarle la anciana venada. Ella está feliz y agradecida por su compañía. 53

Mis cuentos infantiles  

Siempre he tenido la preocupación por inculcar valores a los niños. Como madre, abuela y educadora, estoy consciente que la educación comien...

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