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Todo le daba vueltas. Su compañero José la llevó al médico, quien tras revisarla le dijo que estaba muy estresada y que necesitaba reposo. La hormiguita pidió vacaciones y se dedicó a dormir, alimentarse bien y acompañar a su mamá en sus caminatas matutinas. En las tardes se reunía con sus sobrinitos para sacarlos a pasear y también aprovechaba para visitar a sus amigas. Al incorporarse a sus labores, Gissel estaba feliz y muy orgullosa de su grupo, pues todos se habían esmerado en llevar a cabo las actividades previstas. La hormiguita Gissel entendió que nuestro cuerpo necesita un descanso de vez en cuando. De 46

Mis cuentos infantiles  
Mis cuentos infantiles  

Siempre he tenido la preocupación por inculcar valores a los niños. Como madre, abuela y educadora, estoy consciente que la educación comien...

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