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decía que no tenía hambre y se acostaba a dormir de inmediato. En la mañana mientras desayunaba, su mamá le decía que estaba preocupada por su ritmo de trabajo, pues se veía agotada. La hormiguita solo le contestaba: ─ ¡Quédate tranquila, estoy bien! Un día, la hormiguita Gissel reunió al equipo a primera hora para organizar una jornada social que se efectuaría el siguiente sábado. Visto que se habían quedado hasta tarde el día anterior, la hormiguita Gissel comenzó a sentirse mal por el exceso de trabajo.

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Mis cuentos infantiles  

Siempre he tenido la preocupación por inculcar valores a los niños. Como madre, abuela y educadora, estoy consciente que la educación comien...

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