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hermanitos. Ya casi al anochecer, observaron a Robert y David que venían con dos tigres amigos. Los pequeños habían llegado al lugar donde una abuelita cuidaba a sus nietos mientras sus padres cazaban. Ella les dio agua y comida. Cristina

ya

no

estaba

mareada

pero

preocupada por la suerte de sus sobrinitos. Su hermana no dejaba de llorar. Al llegar al hogar todo era alegría. Al fin la familia estaba reunida nuevamente. Para celebrar, todos disfrutaron de una rica cena. Desde ese día el tigrito Samuel entendió que debemos ser obedientes y proteger a nuestros hermanitos. 43

Mis cuentos infantiles  

Siempre he tenido la preocupación por inculcar valores a los niños. Como madre, abuela y educadora, estoy consciente que la educación comien...