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Al final de la jornada, la lorita Isabella se molestó porque no todas lograron realizarlas al mismo tiempo y dejó de jugar. Su mamá, la cotorra Micel, quien es educadora, se le acercó y le dijo que el docente debe tener paciencia porque no todos los alumnos son iguales, algunos se tardan más en lograr los objetivos. La lorita no aceptó la opinión de su madre. Una mañana, en clases de educación física, la profesora ordenó a las loritas dar siete vueltas alrededor de la cancha. Inés llegó de primera, seguida por María. Isabella arribó en tercer lugar y Claudia en cuarto lugar.

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Mis cuentos infantiles  

Siempre he tenido la preocupación por inculcar valores a los niños. Como madre, abuela y educadora, estoy consciente que la educación comien...