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Cierto día, la profesora llamó a Elías a su escritorio y le dijo que debía mejorar su ortografía y le mandó a repetir el trabajo asignado. Sus compañeros, cansados de sus burlas, empezaron a reírse, menos el lorito José, quien se le acercó y lo invitó a su casa para realizar la tarea de

castellano

así

como

los

ejercicios

de

matemáticas pendientes. La actitud del lorito hizo reflexionar al pollito. Desde ese día siempre estudian juntos. Elías ha mejorado notablemente su ortografía y José saca muy buenas notas en Matemática.

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Mis cuentos infantiles  
Mis cuentos infantiles  

Siempre he tenido la preocupación por inculcar valores a los niños. Como madre, abuela y educadora, estoy consciente que la educación comien...

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