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La lenta tortuguita siempre se quedaba atrás. Cuando llegaba al sitio acordado, ya habían merendado. Ella comía en silencio y los veía jugar. Cierto día, el gatito Andrés escuchó sin querer una confesión que Camila le hacía a su mamá Lourdes. La afligida tortuguita lloraba y le decía que se sentía muy triste porque no podía seguir el paso del grupo durante los paseos y no disfrutaba de gran parte de las anécdotas que contaban durante el recorrido. Andrés fue de inmediato a contarles a José y a Manuel

lo

que

había

escuchado.

Todos

reflexionaron sobre lo injustos que habían sido con 32

Mis cuentos infantiles  
Mis cuentos infantiles  

Siempre he tenido la preocupación por inculcar valores a los niños. Como madre, abuela y educadora, estoy consciente que la educación comien...

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