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acordado, por esa razón su aporte era menor. Su mamá le recriminaba el porqué de esa situación. La traviesa ardillita le decía que se entretenía mirando el río, cuando en realidad lo que hacía era enterrar las semillas y no las subía como debía hacerlo. Un día comenzó a llover muy fuerte. La tempestad se prolongó por varios días. No podían salir y se consumieron todas las reservas de alimentos. Cuando por fin escampó, bajaron hambrientos. Liliana corrió a su escondite y no encontró nada. El agua había arrasado con todo. Caminaron un largo

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Mis cuentos infantiles  

Siempre he tenido la preocupación por inculcar valores a los niños. Como madre, abuela y educadora, estoy consciente que la educación comien...

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