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En ese momento llegó su tía María, quien había regresado a casa para buscar unos libros que necesitaba con urgencia. Al abrir la puerta, oyó que su mamá se quejaba. Se le acercó y se dio cuenta de que lloraba, decía que le dolía el pecho. De inmediato la trasladaron al hospital. Los doctores les dijeron a los familiares que la vieja conejilla había sufrido un infarto. Javier lamentó no haber atendido al llamado de su abuelita. Afortunadamente, Carmen se recuperó al poco tiempo y regresó a su hogar. Desde ese día Javier conversa constantemente con su abuelita y le pregunta cómo se siente.

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Mis cuentos infantiles  

Siempre he tenido la preocupación por inculcar valores a los niños. Como madre, abuela y educadora, estoy consciente que la educación comien...

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