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Mis cuentos infantiles Wilpia Camacaro de Rosales


Mis cuentos infantiles No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del titular del Copyright. Derechos Reservados Copyright© 2016 Respecto a la segunda edición para Wilpia y Miguel Camacaro Pérez, Email: cursoediciones@gmail.com. Editor: Miguel Camacaro Pérez Depósito Legal: Nº IF05120138001392 ISBN: 978-980-12-6255-1 Edición gráfica: Miguel Camacaro Pérez Portada: Operadora Gráfica CYAN, C.A. 2ª Edición (ampliada y revisada) 1000 ejemplares en el mes de marzo de 2017. Impreso en Venezuela por Tipografía y Litografía Horizonte, C.A.


A la memoria de mi nieto Josemanuel Siempre estarรกs presente en mi vida.


Agradecimiento A mis hijas Lauren, Wilpia Micel, Yeili y Gissel. A mi nieto Robert David, a mis nietas Andrea, Isabella y Miranda. A mis hermanos, hermanas, colegas y amigos por incentivarme a escribir mis cuentos.


Presentación El hombre tiene la imprescindible tarea de aprender con valores. Los padres y los maestros son pilares fundamentales en el aprendizaje de los niños. Esa combinación de conocimientos, en la escuela y en el núcleo familiar, es la garantía para una formación integral de los niños, que son excepcionalmente el principio de una sociedad plena. Viniendo de un hogar de educadores de la escuela primaria, la autora de este libro nos lleva a una lectura de hechos comunes, raros encuentros de letras que se transforman en cuentos, donde los protagonistas dan paso a los valores. Las lecciones son inigualables. Con un lenguaje claro, sin palabras rebuscadas, la escritora en forma magistral refleja la cotidianidad de los valores, que están allí, y que son eternos.


Recomiendo altamente la lectura de esta compilación de cuentos infantiles, que llega para incorporarse a la literatura especializada, donde cada personaje existe en el corazón de quien escribe. Mi hermana, Wilpia Mercedes, vivo ejemplo de educación centrada en valores, herencia de nuestros padres, hace posible la enseñanza en tiempos de cambio para la sociedad. Ella persevera con sus sentimientos, con sus posiciones de vida, para entregarnos una lectura interesante que dará frutos por siempre. Miguel Camacaro Pérez Editor


Índice Pág. 1. La pajarita Paulita ..........................................13 2. El osito Daniel ...............................................16 3. La ovejita Elena .............................................19 4. El conejito Javier ...........................................21 5. El gatito Gabriel.............................................23 6. El lobito Leonardo ..........................................26 7. La ardillita Liliana ...........................................29 8. La tortuguita Camila ........................................31 9. El pollito Elías ...............................................34 10. La lorita Isabella ............................................36 11. La mariposita Andrea.......................................38 12. El Tigrito Samuel ............................................41 13. La hormiguita Gissel ........................................44 14. El monito Jorge .............................................47 15. El elefantito Armando.......................................50 16. El venadito Isaías ...........................................52 17. La ranita Valentina..........................................54 18. El canarito Miguel Andrés ..................................57 19. La abejita María Laura ......................................60 20. El leoncito Diego Alejandro ................................63 21. El caballo Capitán...........................................65 22. El cardenalito Rafa .........................................68 23. La conejita Beatriz Saraí ...................................72 24. La venadita Samantha Victoria ............................76


1. La pajarita Paulita

É

rase una vez una pajarita llamada Paulita que acostumbraba a

mentir frecuentemente. Una mañana se encontró con su amigo, el lorito Juan. Éste iba al juego de béisbol, que tanto le gustaba. De inmediato Paulita le dijo que regresara a su casa ya que su mamá lo necesitaba con urgencia. Al llegar a su casa, Juan se dio cuenta que Paulita le había jugado otra broma. Su mamá le aseguró que en ningún momento lo había mandado a buscar. 13


Al día siguiente, el lorito Juan se topó con Paulita y le juró que nunca más le creería. La pajarita, sin sospechar lo que sucedería, soltó una carcajada y le dijo que él y su familia siempre le creerían. Al regresar a su hogar, Paulita encontró a su abuelita muy enferma, por lo cual fue enviada a la casa de Juan en busca del médico. Paulita llegó presurosa a la casa de la familia de Juan y contó lo que pasaba, pero nadie creyó. Por más que la pajarita insistía sobre gravedad de su abuelita, la mamá del lorito cansada de sus constantes mentiras, prefirió dejar dormir a su agotado marido, el doctor Ramón, quien asistió el 14


difícil parto de la conejita Jacinta, que le ocupó toda la noche y parte de la mañana. Paulita regresó a su hogar sin haber cumplido con la misión encomendada. Al llegar allí todo era tristeza. Su abuelita había sido trasladada a la ciudad y no la vería durante un largo tiempo. Paulita

lloró

desconsoladamente

por

la

ausencia de su querida abuelita. Desde ese día, la pajarita Paulita nunca más mintió.

15


2. El osito Daniel

É

rase una vez una familia de osos integrada por papá José,

mamá Marina y su hijo el osito Daniel. Éste solía realizar sus tareas bajo la supervisión de su mamá. Él tenía una cartuchera repleta de colores, marcadores, varios lápices de grafito, sacapuntas y borradores. Mamá Marina siempre le decía que si en alguna oportunidad algún compañero necesitaba algo, se lo prestara de inmediato. El osito la miraba, y sin 16


decir nada continuaba haciendo sus deberes escolares. En

una

presentaba

ocasión una

cuando

prueba

de

el

osito

Daniel

castellano,

su

compañero el venadito Manuel recordó que había dejado el borrador en la mesa de su casa. Éste le pidió al osito Daniel que le prestara uno, pero él le respondió que solo tenía el que estaba usando. Al recibir la prueba corregida, el venadito Manuel empezó a llorar, pues la profesora le llamó la atención por su falta de pulcritud. Daniel no se conmovió con las lágrimas del avergonzado venadito. Al siguiente día, cuando 17


Daniel y su mamá se trasladaban a la escuela en un autobús,

este

comenzó

a

incendiarse

repentinamente. En medio del caos todos se bajaron del transporte, y en cuestión de minutos, se quemó totalmente. El asustado osito se dio cuenta que su morral se había quedado en el autobús, y al llegar a la escuela, contó lo que había sucedido. De inmediato el venadito Manuel se encargó de conseguirle con sus compañeros de clase un borrador, un lápiz y un sacapuntas. Igualmente le obsequió un cuaderno que le acababa de comprar su padre. 18


El gesto del venadito Manuel hizo reflexionar al osito Daniel, quien desde ese día se convirtió en un compañero solidario, dispuesto a ayudar a sus amigos en todo momento, sin pedir nada a cambio.

3. La ovejita Elena

É

rase una vez una ovejita llamada Elena quien vivía con su

madre Isabel, con su padre Rafael y con el resto del rebaño. Elena no entendía por qué debían seguir al señor Juan y a su perro José, pues en todo momento les indicaban el camino a seguir. 19


Un día, en un descuido de sus padres y del pastor, Elena se ocultó en un matorral y se quedó atrás. Comenzó a caminar y a disfrutar del paisaje. De pronto observó en lo alto de la montaña a un lobo que la miraba con muy malas intenciones. La ovejita se asustó mucho, se sintió sola y desamparada. En ese instante, vio a sus padres y al fiel perro José, quienes se habían regresado para buscarla. Todos

corrieron

hasta

alejarse

del

lobo

y

alcanzaron al grupo que continuaba avanzando gracias a su guía, el señor Juan. Desde ese día la ovejita Elena nunca más se separó de su rebaño y entendió que siempre contará con sus padres y sus amigos pastores, 20


quienes en todo momento estarán dispuestos a guiarla por el camino correcto.

4. El conejito Javier

É

rase una vez un conejito llamado Javier quien acostumbraba a

contestarle mal a su abuelita Carmen y en ocasiones, no le respondía

cuando

le

preguntaba algo. Cierto día Javier entró a la cocina a tomar agua. La abuela le dijo algo que ni siquiera escuchó, y salió rápidamente a seguir jugando con sus amigos. 21


En ese momento llegó su tía María, quien había regresado a casa para buscar unos libros que necesitaba con urgencia. Al abrir la puerta, oyó que su mamá se quejaba. Se le acercó y se dio cuenta de que lloraba, decía que le dolía el pecho. De inmediato la trasladaron al hospital. Los doctores les dijeron a los familiares que la vieja conejilla había sufrido un infarto. Javier lamentó no haber atendido al llamado de su abuelita. Afortunadamente, Carmen se recuperó al poco tiempo y regresó a su hogar. Desde ese día Javier conversa constantemente con su abuelita y le pregunta cómo se siente.

22


La anciana coneja no deja de sonreír y acariciarle el rostro. Está feliz por el cambio de su adorado nieto. Él la abraza muy fuerte y le recuerda siempre lo mucho que la quiere. Javier entendió que debemos tratar a nuestros abuelitos con amor, respeto y consideración.

5. El gatito Gabriel

É

rase una vez un gatito llamado Gabriel quien

convivía con su mamá Carmen. Ésta

limpiaba,

lavaba

y

23


planchaba en casas de familia porque su esposo Jesús había muerto. Gabriel era muy desordenado. Su cuarto era un desastre: libros en la cama, ropa sucia en el piso, zapatos por todos lados... La agotada gata Carmen tenía que recoger todo. Gabriel había acordado con sus amigos ir a jugar fútbol el día sábado. Esa mañana se levantó, le extrañó no ver a su mamá en la cocina preparando el desayuno. Fue hasta su habitación y la encontró acostada. Su cansada mamá le decía que le dolía todo el cuerpo. Gabriel salió en búsqueda de una taza de leche. Ella se la tomó y logró dormirse. 24


El gatito Gabriel al darse cuenta del cansancio de su querida madre, se dedicó a arreglar su habitación, colocó los libros en el escritorio, los zapatos en el clóset, la ropa

sucia en la cesta y

cambió las sábanas de su cama. Prefirió no ir al juego para hacerle compañía a su mamá. Desde ese día el gatito Gabriel mantiene su cuarto ordenado, para que su mamá pueda descansar al llegar del trabajo.

25


6. El lobito Leonardo

É era

rase

una

vez

un

lobito

llamado Leonardo, quien

hijo

único

y

muy

buen

estudiante. Leonardo tenía muchos juguetes y un clóset repleto de ropa. Algunas camisas y ciertos pantalones le quedaban pequeños. Su mamá Luisa, le dijo que se los regalaría a los hijos de la loba Mariana, pero él le contestó que aún los usaba. Cierto día, Leonardo salió de vacaciones, con su papá José y su mamá Luisa, para un pueblito que 26


quedaba en la montaña. En el camino, en plena subida, el carro se apagó. Todos se bajaron rápidamente del automóvil, el cual rodó por un barranco y quedó inservible. Caminaron un poco y comenzó a llover. Fue entonces cuando vieron una humilde casita. Allí vivía otra familia de lobos integrada por papá Antonio, mamá Teresa y dos lobitos menores que Leonardo. De inmediato, les dieron leche caliente y ropa para dormir. Los lobitos jugaron con Leonardo hasta que los venció el sueño y se quedaron rendidos en unas colchonetas.

27


Por la mañana desayunaron y salieron a la carretera a esperar el bus para regresar a su casa, no sin antes agradecer a la familia de Antonio por las atenciones brindadas. Leonardo quedó maravillado por la amabilidad de esta familia tan pobre. En forma desinteresa los habían invitado a pasar la noche en su humilde y cálido hogar. Desde ese día, Leonardo y su familia visitan con frecuencia a sus nuevos amigos. Les llevan comida, ropa, zapatos y juguetes.

28


7. La ardillita Liliana

É

rase una vez una ardillita llamada

Liliana

que

convivía con su papá Luis, mamá

Ana

y

sus

dos

hermanitas, Andrea y Valentina. Su casa estaba ubicada en lo alto de un árbol. Todos los días bajaban a buscar semillas para alimentarse y para guardar en la despensa. Sus padres y hermanitas reunían muchas semillas, las cuales iban subiendo poco a poco. Liliana siempre se tardaba en regresar al sitio

29


acordado, por esa razón su aporte era menor. Su mamá le recriminaba el porqué de esa situación. La traviesa ardillita le decía que se entretenía mirando el río, cuando en realidad lo que hacía era enterrar las semillas y no las subía como debía hacerlo. Un día comenzó a llover muy fuerte. La tempestad se prolongó por varios días. No podían salir y se consumieron todas las reservas de alimentos. Cuando por fin escampó, bajaron hambrientos. Liliana corrió a su escondite y no encontró nada. El agua había arrasado con todo. Caminaron un largo

30


trecho para encontrar comida. La situación vivida hizo reflexionar a la ardillita Liliana. Nunca más enterró semillas. Ahora colabora afanosamente en la recolección de las mismas para que la despensa de su casa siempre esté repleta de alimentos y juró que su familia no volvería a pasar hambre.

8. La tortuguita Camila

É

rase una vez una tortuguita llamada

Camila quien acostumbraba a ir de paseo los sábados con el venadito José, el conejito Manuel y el gatito Andrés. 31


La lenta tortuguita siempre se quedaba atrás. Cuando llegaba al sitio acordado, ya habían merendado. Ella comía en silencio y los veía jugar. Cierto día, el gatito Andrés escuchó sin querer una confesión que Camila le hacía a su mamá Lourdes. La afligida tortuguita lloraba y le decía que se sentía muy triste porque no podía seguir el paso del grupo durante los paseos y no disfrutaba de gran parte de las anécdotas que contaban durante el recorrido. Andrés fue de inmediato a contarles a José y a Manuel

lo

que

había

escuchado.

Todos

reflexionaron sobre lo injustos que habían sido con 32


la

tortuguita.

Decidieron

que

era

hora

de

demostrarle que su compañía era muy importante para ellos. Desde ese día, realizan el paseo en autobús. Camila no deja de reír con las ocurrencias del venadito José, los cuentos del conejito Manuel y los chistes del gatito Andrés. De vez en cuando la tortuguita se anima a recitar una linda poesía. La tortuguita Camila está feliz de contar con unos amigos comprensivos y dispuestos a ayudarla en todo momento para que se sienta a gusto. José, Manuel y Andrés entendieron el verdadero valor de la amistad.

33


9. El pollito Elías

É

rase una vez un pollito llamado

Elías

quien

se

burlaba del lorito José cuando éste pasaba a la pizarra y no lograba resolver el ejercicio de matemáticas. El apenado lorito se sentaba y Elías continuaba riéndose. El pollito era muy bueno en esta materia, mas no así en castellano, pues tenía muy mala ortografía, mientras que el lorito se destacaba en esa asignatura.

34


Cierto día, la profesora llamó a Elías a su escritorio y le dijo que debía mejorar su ortografía y le mandó a repetir el trabajo asignado. Sus compañeros, cansados de sus burlas, empezaron a reírse, menos el lorito José, quien se le acercó y lo invitó a su casa para realizar la tarea de

castellano

así

como

los

ejercicios

de

matemáticas pendientes. La actitud del lorito hizo reflexionar al pollito. Desde ese día siempre estudian juntos. Elías ha mejorado notablemente su ortografía y José saca muy buenas notas en Matemática.

35


El pollito Elías entendió la importancia de la ayuda

mutua

y

el

verdadero

sentido

del

compañerismo.

10. La lorita Isabella

É

rase una vez una lorita llamada Isabella quien

jugaba en las tardes con sus amigas Inés, Claudia y María. Isabella habla muy claro desde muy temprana edad y le encanta hacer el papel de maestra. Un día organizó un salón de clases y les asignó actividades a sus amiguitas. 36


Al final de la jornada, la lorita Isabella se molestó porque no todas lograron realizarlas al mismo tiempo y dejó de jugar. Su mamá, la cotorra Micel, quien es educadora, se le acercó y le dijo que el docente debe tener paciencia porque no todos los alumnos son iguales, algunos se tardan más en lograr los objetivos. La lorita no aceptó la opinión de su madre. Una mañana, en clases de educación física, la profesora ordenó a las loritas dar siete vueltas alrededor de la cancha. Inés llegó de primera, seguida por María. Isabella arribó en tercer lugar y Claudia en cuarto lugar.

37


Ese día la lorita entendió que su mamá tenía razón. Isabella se siente muy orgullosa de su madre, porque no solo se conforma con impartir clases sino que siempre orienta a sus alumnos para que mejoren cada día.

11. La mariposita Andrea

É

Rase

una

vez

una

linda

mariposita llamada Andrea,

quien disfrutaba mucho volar por el jardín de su hogar. Su mamá, la mariposa Lauren, la lleva todas las mañanas a la escuela y le 38


encomienda que haga sus tareas al llegar a la casa. Lauren trabaja en el agotador turno de la tarde. La mariposita Andrea queda al cuidado de su abuelita, quien le da el almuerzo y le dice que descanse un rato para que luego realice las actividades pendientes. En un descuido de su abuela, la traviesa mariposita sale a dar un paseo. Al regresar, apenas le da tiempo de sacar los cuadernos, cuando ve llegar a su cansada mamá, a quien no le queda más remedio que esperar que Andrea termine la tarea para cenar y poder acostarse. En vista de que la situación se repetía a diario, la mariposa Lauren inscribió a Andrea en tareas 39


dirigidas. La abuelita la lleva y su mamá pasa por ella. Andrea añora sus paseos vespertinos, pues al llegar a su casa ya está anocheciendo. Se compromete con su mamá a realizar sus deberes escolares en el hogar para luego salir a disfrutar del paisaje. La mamá de Andrea le da la oportunidad de demostrarle que puede ser responsable. Para su asombro, la mariposita cumple al pie de la letra lo prometido y le da tiempo para realizar su paseo preferido. La mariposa Lauren está muy contenta, pues al recibir el boletín se da cuenta de que Andrea ha mejorado notablemente su rendimiento. 40


La mariposita Andrea también está feliz, pues ya puede compartir con su mamá después de cenar y disfrutar de un rico helado antes de dormir.

12. El Tigrito Samuel

É

rase una vez un tigrito llamado Samuel quien

tenía dos hermanitos: Robert y David. Sus padres acostumbraban a salir diariamente en busca de comida

mientras

que

los

tigritos

quedaban al cuidado de su tía Cristina.

41


Cierto día, su tía empezó a sentirse mal. Estaba mareada y les pidió que no se separaran de ella, pero el sueño la venció. Seguidamente Samuel invitó a sus hermanitos a jugar y correr un rato. De repente el tigrito se distrajo al observar a lo lejos un grupo de ovejas. Cuando se dio cuenta Robert

y

David

habían

desaparecido.

asustado, fue a avisarle a su tía.

Muy

Los dos

recorrieron los alrededores y no los encontraron. La angustia hacía que Cristina se sintiera cada vez peor. Al

regresar

sus

padres,

Samuel

lloraba

desconsolado. Su mamá se quedó para atender a su hermana. Él y su papá salieron a buscar a sus 42


hermanitos. Ya casi al anochecer, observaron a Robert y David que venían con dos tigres amigos. Los pequeños habían llegado al lugar donde una abuelita cuidaba a sus nietos mientras sus padres cazaban. Ella les dio agua y comida. Cristina

ya

no

estaba

mareada

pero

preocupada por la suerte de sus sobrinitos. Su hermana no dejaba de llorar. Al llegar al hogar todo era alegría. Al fin la familia estaba reunida nuevamente. Para celebrar, todos disfrutaron de una rica cena. Desde ese día el tigrito Samuel entendió que debemos ser obedientes y proteger a nuestros hermanitos. 43


13. La hormiguita Gissel

É

rase

una

vez

una

hormiguita llamada Gissel,

quien vivía con su familia en una hermosa

ciudad.

Gissel

siempre

actuaba responsable y eficientemente en su trabajo. El equipo que tenía a su cargo ya estaba acostumbrado a laborar afanosamente y por esta razón siempre cumplían a cabalidad con todas las labores asignadas. Como Gissel no tenía horario fijo, siempre llegaba a su casa muy cansada. Algunas veces 44


decía que no tenía hambre y se acostaba a dormir de inmediato. En la mañana mientras desayunaba, su mamá le decía que estaba preocupada por su ritmo de trabajo, pues se veía agotada. La hormiguita solo le contestaba: ─ ¡Quédate tranquila, estoy bien! Un día, la hormiguita Gissel reunió al equipo a primera hora para organizar una jornada social que se efectuaría el siguiente sábado. Visto que se habían quedado hasta tarde el día anterior, la hormiguita Gissel comenzó a sentirse mal por el exceso de trabajo.

45


Todo le daba vueltas. Su compañero José la llevó al médico, quien tras revisarla le dijo que estaba muy estresada y que necesitaba reposo. La hormiguita pidió vacaciones y se dedicó a dormir, alimentarse bien y acompañar a su mamá en sus caminatas matutinas. En las tardes se reunía con sus sobrinitos para sacarlos a pasear y también aprovechaba para visitar a sus amigas. Al incorporarse a sus labores, Gissel estaba feliz y muy orgullosa de su grupo, pues todos se habían esmerado en llevar a cabo las actividades previstas. La hormiguita Gissel entendió que nuestro cuerpo necesita un descanso de vez en cuando. De 46


allí la importancia de las vacaciones. Desde entonces las disfruta al máximo con su querida familia.

14. El monito Jorge

É

rase

una

vez

un

monito

llamado Jorge, que era

muy inquieto, mientras que hermanito

Edwar

era

su muy

tranquilo y obediente. Los pequeños quedaban al cuidado de su nana Carmen, cuando su mamá Alejandra trabajaba. Cierto día Alejandra llevó al médico al monito 47


menor. Carmen realizaba la limpieza y Jorge jugaba en su cuarto. El travieso monito fue a la cocina a buscar un cambur. Dejó caer las conchas en el piso y regresó a su habitación. De repente escuchó los gritos de Carmen. La nana se había resbalado con las conchas de cambur y estaba tirada en el piso muy adolorida. El asustado monito corrió a pedir ayuda. Tocó la puerta de la vecina: la mona Aura. Ésta se comunicó con su amiga Alejandra. Rápidamente llevaron a Carmen al doctor. Afortunadamente no tenía fracturas, pero le indicaron reposo.

48


Jorge estaba muy pendiente de Carmen le llevaba frutas y la consentía. En pocos días, la nana se recuperó y volvió a sus faenas diarias. En las tardes llevaba a los monitos al parque. Jorge estaba feliz al observar a Carmen que se sentía mejor. Bajaba una guayaba del árbol y se la traía. La abrazaba fuerte y le decía que la quería mucho. La fiel nana lo bendecía y lo besaba tiernamente. Hacía lo mismo con su hermano Edwar. El monito Jorge entendió la importancia del amor y consideración que se merecen nuestras nanas que con tanto cariño y dedicación nos cuidan. 49


15. El elefantito Armando

É

rase

una

elefantito

vez

un

llamado

Armando, quien vivía con su padre

José,

su

madre

Miguelina y con el resto de la manada. Armando era grande y gordo comparado con los de su edad. Jugaba con sus amigos Omar, Miguel y Jesús, todos corrían hacia el río más cercano a bañarse y a refrescarse en el lodo. Armando se quedaba atrás y llegaba muy cansado.

50


Muy preocupado el elefantito le comentó a su querida maestra lo que le pasaba. Ella le dijo que no todos somos iguales, tenemos limitaciones para realizar ciertas actividades, pero a la vez poseemos habilidades que nos permiten destacarnos en otras. Para demostrárselo, la docente organizó unas competencias, donde el ganador sería el que lograra arrastrar el tronco más pesado de un árbol. Armando resultó el vencedor. El elefantito Armando lucía orgulloso su medalla de oro, estaba feliz por ser el más fuerte, sus padres y amigos le brindaron un caluroso aplauso. Su maestra lo abraza emocionada. 51


16. El venadito Isaías

É

rase

una

vez

un

venadito llamado Isaías,

quien realizaba las tareas con su amigo y vecino José Luis. Bueno, en realidad Isaías siempre las hacía y José Luis se las copiaba. De paso, el venadito debía esperar que su compañero finalizará para poder ir a merendar con su abuela Irene, que vivía cerca. Cierto día, el venadito Isaías llegó a casa con un fuerte dolor de cabeza. Su mamá Yuda le dio un

52


calmante para aliviarlo. Él se fue a la habitación, cerró las cortinas y se durmió. Como todas las tardes, José Luis se presentó en casa de Isaías. Esta vez su mamá le dijo que debía investigar

solo,

descansando.

pues

Cuando

el Isaías

venadito se

estaba

levantó,

ya

recuperado, se encontró con la grata sorpresa de que José Luis había investigado todo. Desde ese día José Luis e Isaías hacen sus deberes al mismo tiempo, visitan a la abuela Irene, disfrutan de sus ricas meriendas y oyen muy atentos las anécdotas que suele contarle la anciana venada. Ella está feliz y agradecida por su compañía. 53


17.La ranita Valentina

É

rase una vez una ranita

llamada

Valentina, quien convivía con sus padres Ángela y Edicson a la orilla de un riachuelo que bordeaba a un hermoso pueblo. Cuando la traviesa ranita estaba de vacaciones, su tía Gladys iba todos los días a casa para cocinar, limpiar y mantener todo en orden. Un día, antes de salir a trabajar, Ángela le pidió a Valentina que ayudara a su tía a barrer el patio y que también la acompañara a hacer las compras. 54


Pero la desobediente ranita no tomó en cuenta las indicaciones de su mamá. Apenas desayunó, se fue a jugar a la casa de sus primas que vivían cerca. Al mediodía su papá Edicson llegó para almorzar. Seguidamente lo hizo Valentina, quien pasó presurosa para tomar una ducha. Cuando la ranita salió del baño, se encontró a su mamá sirviendo la mesa junto a su tía. Todos se sentaron a comer. La ranita aprovechó la ocasión para pedirle a sus padres que la llevaran al circo, pero su mamá le dijo que para complacerla debía obedecer las reglas. Valentina entró en razón, pues no era justo que su fiel tía Gladys realizara todas las labores sin 55


contar

con

su

ayuda,

sobre

todo

estando

disponible, pues por sus vacaciones no tenía compromisos con la escuela. Desde ese día la ranita Valentina se convirtió en la eficiente ayudante de Gladys. Ángela y Edicson no solo la llevaron al circo, sino que le traen dulces, le compran lindos obsequios y por las tardes le leen bellos cuentos junto a su querida abuelita Lucila, a quien visita frecuentemente. La ranita Valentina entendió que debemos ser responsables y cooperar en todo momento con la familia. Se dio cuenta que todo esfuerzo tiene su recompensa. 56


18. El canarito Miguel Andrés

É

rase una vez un canarito llamado

Miguel

Andrés

quien vivía en lo alto de un frondoso árbol junto con su padre Miguel, su madre

Giannina

y

su

hermano Adriano. Todos acostumbraban a realizar largos paseos por los jardines de las casas cercanas. El canarito se acercaba más de lo debido a la fuente de la familia Martínez, a pesar de que sus padres siempre le advertían que debía tener mucho cuidado, pues allí permanecían algunos pájaros en jaulas. 57


Un día el travieso canarito no obedeció y fue atrapado. El canarito se puso muy triste y se arrepintió por no haber escuchado a sus padres, quienes permanecían cerca, sin poder hacer nada para rescatarlo. Cierto día el señor Martínez se quedó encerrado en su cuarto durante un buen rato. Estaba desesperado, pues su esposa le había dicho que estuviera pendiente de la sopa que estaba haciendo mientras ella iba al mercado. Cuando su esposa llegó y se dio cuenta de la situación de angustia de su marido, fue en busca de un cerrajero que lo ayudó a salir de la habitación.

58


Lo primero que hizo el señor Martínez fue ir al jardín para liberar a todas las aves. La familia de Miguel Andrés en agradecimiento acordó visitar todas las tardes al señor Martínez para darle un hermoso concierto de trinos mientras éste disfruta de una rica merienda. El señor Martínez y el canarito Miguel Andrés entendieron que la libertad no tiene precio.

59


19. La abejita María Laura

É

rase una vez una abejita llamada María Laura quien vivía

con sus padres Diana y José. Como única hija se convirtió en la consentida de sus tíos y abuelos. María

Laura

también

era

una

excelente

estudiante, pero no se alimentaba bien. Su profesora Aimé citó a los padres de la abejita, porque en dos oportunidades se quedó dormida en clase.

60


En la reunión les dijo que la docente de Educación Física estaba muy preocupada porque María Laura no pudo terminar el entrenamiento, ya que estaba muy cansada. La profesora Aimé les sugirió llevarla al médico y así lo hicieron. Al tener los resultados de los exámenes, el doctor les informó que la abejita estaba anémica. Habló un rato con ella, le explicó que debía comer bien, tomarse las medicinas para que su estado de salud mejorara y así se convirtiera en una abejita saludable. María Laura le prometió al médico que cumpliría al pie de la letra sus indicaciones, pues quería 61


participar en una carrera de atletismo que se realizaría dentro de dos meses, con motivo de la celebración del aniversario de la semana del colegio. María Laura lo cumplió. El día del maratón la abejita se convirtió en la ganadora de la carrera. Estaba tan feliz que corrió hacia sus padres para abrazarlos. La abejita María Laura entendió que debemos alimentarnos bien para estar sanos y fuertes.

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20. El leoncito Diego Alejandro

É Diego

rase

una

vez

leoncito

un

llamado

Alejandro

quien

convivía con su padre José Manuel, su madre Andreina y con su hermana Samantha. El travieso leoncito jugaba fútbol con su papá cuando éste regresaba del trabajo, mientras Samantha leía cuentos con su mami Andreina. Al

terminar

la

práctica,

Diego

Alejandro

siempre quedaba inconforme, quería jugar más y más. 63


Cierto día, José Manuel llegó más temprano, fue a la habitación del leoncito, quien veía la televisión, para decirle que ya podía empezar a entrenar, pero para su sorpresa, Diego Alejandro le dijo que estaba muy cansado, pues había tenido educación física en la mañana. Desde ese día el leoncito espera que su papá lo invite a jugar. Si no lo hace, él entiende que está cansado. Entonces le busca las pantuflas y comparte un rato con él, hasta le da unos masajitos. Samantha no se queda atrás: lo consiente con muchos besitos. José Manuel se siente el rey de la casa con tantos mimos de sus adorados hijos.

64


El leoncito Diego Alejandro entendió que debemos ser considerados con nuestros padres, ellos

merecen

descansar

después

de

las

agotadoras faenas diarias.

21. El caballo Capitán

C

apitán es un hermoso caballo que convive

en una confortable caballeriza junto a Tárditu, El Ángel, Dulcinea y Poccolina, entre otros. Está al cuidado del veterinario Dr. Raúl y del fiel señor Soto. Capitán asiste con mucha frecuencia a 65


diversos eventos invitado por su orgulloso dueño, Joaquín. Cierto día, Poccolina escuchó sin querer una conversación entre Tárditu y Ángel. Éste se quejaba porque Capitán siempre va en la delantera de las cabalgatas, mientras ellos van atrás. La yegua corrió a contarle a Capitán lo que había escuchado. El noble caballo le dijo que no se preocupara, que la próxima cabalgata le cedería el primer puesto a su compañero. El día de la actividad, Capitán se negaba a alimentarse. El Dr. Raúl no entendía lo que pasaba,

66


pues estaba bien. Ya casi a la hora de la partida, el hábil caballo empezó a comer. El Dr. Raúl le indicó a Joaquín que podía participar, pero que no ocupara la delantera para observarlo. Así hizo. Ángel y Tárditu estaban felices de liderar la cabalgata y Capitán, muy complacido, le guiñó el ojo a Poccolina al pasar frente a ella, quien había salido a dar una vuelta con el señor Macuto. Al llegar a las caballerizas, Poccolina no dejaba de alabar la nobleza de Capitán, quien demostró ser un excelente amigo.

67


22. El cardenalito Rafa

E

sta es la historia de un joven cardenalito llamado Rafa

quien vive con sus padres, Segundo y Aura, con sus hermanos Yelaura y JesĂşs. Todos duermen en lo alto de un cujĂ­. El hermoso cardenalito luce un plumaje rojo vivo en su cuerpo. Su cabeza y sus alas son negras al igual que sus ojos. Su pico y sus patas son de color gris oscuro. Su novia Yeili es de color gris con rojo pĂĄlido en la parte delantera. Ambos acostumbran a pasear 68


por los alrededores en busca de semillas y frutos. Frecuentan un lugar en el cual hay varias matas de clavelito amarillo, con semillas negras, que son sus preferidas. Cierto día se encontraron con la sorpresa de que no había ni un solo clavel en dichas matas. Muy cerca en un árbol colgaba una jaula. En su interior había varios claveles, guatacaros maduros y zarzamoras,

frutos

muy

buscados

por

los

cardenalitos. La jaula tenía una abertura y una muy disimulada rejilla. Yeili, muy cautelosa, no quiso entrar, mientras que Rafa le dijo: ─Tranquila. Espérame aquí, ya vengo.

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Al ingresar a la jaula, que en realidad era una trampa, el cardenalito quedó atrapado. Su novia voló de inmediato a buscar a sus suegros. Cuando regresaron al sitio, Rafa ya no estaba, se lo había llevado el cazador Luis para su casa, la cual afortunadamente quedaba cerca. El propósito era cruzarlo con una canaria. El cardenalito no entendía por qué lo había encerrado junto a la pajarilla amarilla. Ambos solo deseaban regresar con los suyos. Al pasar los días, el cardenalito y la canaria estaban cada vez más tristes: Fue entonces cuando María, la esposa de Luis, después de haber leído un interesante

artículo

referente

al

peligro

de 70


desaparición del cardenalito y la prohibición de comercializarlos, le sugirió que los liberara y así lo hizo. Las aves volaron alegres con rumbos diferentes. Cuando ya todos pensaban que no verían más a Rafa, este se reunió nuevamente con ellos ¡Qué felicidad! Después de compartir con sus padres y hermanos, fue al encuentro de su adorada novia Yeili. Ambos lloraron de alegría. Muy pronto formaron su hogar. Ahora tienen dos crías, un macho y una hembra. Rafa está pendiente de que no les falte nada y cada día perfecciona su nido como todo un ingeniero, para que sea más seguro y confortable. El señor Luis 71


eliminó la jaula y hoy en día se queda maravillado con la pureza y belleza de los hijos de Rafa y Yeili cuando se posan en los árboles cercanos. Luis entendió que no hay que ir en contra de la naturaleza, que todos debemos contribuir a la conservación de esta hermosa ave para así evitar su extinción.

23. La conejita Beatriz Saraí

É

rase una vez una pequeña conejita

llamada

Beatriz

Saraí, la primera cría de una joven pareja: Beatriz y Vincencio, todos

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convivían en un hermoso bosque cerca de un pequeño riachuelo. Beatriz Saraí era colaboradora, ordenada, de buen carácter y amorosa. La conejita visitaba a su querida abuelita María quien vivía cerca junto a sus tíos Dan, Luis y María Elena. Disfrutaban de una rica merienda mientras oían una serenata de trinos de los canarios que se posaban en los árboles cercanos. De regreso a casa, se topó con su nueva vecina, Magaly, quien venía hablando con su mamá. En ese momento oyó cuando Magaly le contestó de mala manera a su madre porque no quería a entrar a su casa. 73


Al llegar a su hogar, la conejita comentó a sus padres lo sucedido. Vincencio y Beatriz le dijeron a su hija que invitara a su amiguita a pasar una tarde con ellos, y así lo hizo. Magaly se quedó maravillada con el amor que existía en dicha familia y pudo darse cuenta del respeto con que Beatriz Saraí trataba a sus padres. Ambas jugaron un rato en el patio mientras la señora Beatriz descansaba, pues había pasado toda la mañana arreglando la casa y cocinando. Luego entraron a comer unas ricas zanahorias. Antes de que Magaly se marchara, llegó su padre del trabajo. Su madre se había levantado para esperar a su esposo, en ese momento de 74


encuentro familiar, Beatriz Saraí los abrazó y besó, diciéndoles: ─Los amo. Nunca dejaré de agradecer a Dios por la familia que tengo. Por su parte, Magaly aprendió una gran lección: debemos ser obedientes y considerados con nuestros padres al igual que contribuir en todo momento para que la tranquilidad reine siempre en nuestro hogar.

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24. La venadita Samantha Victoria

E

sta es la historia de una linda venadita llamada

Samantha Victoria, quien convive en un hermoso bosque con su mamá Karelys, con sus abuelos Elizabeth y Saturnino, además con otros de su especie. A Samantha le encanta salir de paseo con su mami junto a su querida madrina Gissel Aimé y las sobrinas de ésta: Andrea e Isabella. A ellas se une otro grupo de ciervos. Sus abuelitos se quedan bajo el cuidado de su tía Karem.

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Antes

de

salir,

los

adultos

le

dan

las

instrucciones, especialmente que no se alejen. Pero la traviesa venadita aprovechó el momento en que estaban comiendo y en un descuido bajó al río a beber agua. De repente observó a lo lejos una enorme leona, muy asustada corrió y corrió. Recordó los consejos de

su

mamá

y

se

escondió

en

silencio.

Afortunadamente, la leona no la vio y se fue. Esperó un tiempo y continuó su camino. Al poco rato se encontró

con

los

demás,

quienes

estaban

realmente preocupados. Su madre Karelys no cabía de la emoción al ver sana y salva a su hija.

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Su madrina Gissel la olía tiernamente, mientras que la aún temblorosa venadita prometió que nunca se separaría de ellas. Gissel está muy contenta con el cambio de actitud de su ahijada Samantha Victoria. Así se lo hizo saber a José Ángel, padrino de la venadita. Le comentó que ahora, antes de salir de paseo, es Samantha quien les dice a sus amiguitas Andrea e Isabella: ─Ya saben, no se separen de nosotros. Karelys se siente muy orgullosa de su hija Samantha

Victoria

por

su

madurez,

responsabilidad y obediencia.

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FIN

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Mis cuentos infantiles