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ARTE RUPESTRE


Mi garganta conocĂ­a la sed antes de la estructura de vena y piel alrededor del pozo donde palabras y agua se entremezclan sin pausa alguna, hasta pudrir la sangre.

Dylan Thomas


Volver a escribir para mantener el dolor inc贸lume y sin deseo de alivio.


ARTE RUPESTRE

Este cubil es necesario

para sembrar nuestros

vellos como flores silvestres

para quitarnos la

cáscara de los miembros como la piel sobrante de las frutas

para encorvarnos sobre el plato de

carne como si nosotros mismos lo hubiéramos cazado

para enmarañarnos sobre la cama

como feroces depredadores con dientes de leche para desparramarnos sobre los muebles como guerreros sacrificados por el enemigo invisible para quedar catatónicos mirando la pantalla como los primeros pobladores frente a una lluvia de estrellas

para retozar bajo el agua como

animales heridos que olvidaron lamerse

para

gruñirnos cada dos por tres como macho alfa y

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hembra madre

para reunirnos a la medianoche

y rezar a cambio de favores esenciales

para

desplomarnos inconscientes hasta que los gemidos vuelvan a sobresaltarnos

para grabar estas

lĂ­neas y dar fe de nuestras costumbres mientras llega el momento de renacer bajo la tierra

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BIENVENIDA

Cómo es que en nuestra ausencia los muebles no han sido arrojados por la ventana gracias a alguna fuerza desconocida, y que al cruzar el umbral de la entrada el paisaje que nos rodea no semeje el vacío de un desierto de arena. El hogar nos abofetea con su tesón para soportar, inmutable, el paso del tiempo. Su intransigencia ante el más mínimo cambio nos revela totalmente desamparados tras volver del viaje a nuestro origen.

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CENTINELA

Aunque en el empeño te disloques la clavícula, no llegará tu báculo a rozarle. Bien puedes seguir mirándome de reojo, sostener esa sonrisa socarrona mientras te dilatas más allá de los límites intentando acortar las distancias. No he sido yo el que ha puesto infinito entre ustedes; no soy yo quien decide transformarte en viento perdido cada vez que pones rumbo a su espalda. Yo sólo soy el centinela, la mano elegida para alzar la cimitarra,

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el pecho que se interpone a la guadaña trapera que lo busca mientras descansa. Puedes hacer con mi silencio el tormento inagotable que te satisfaga; haz brotar de mi lengua la madeja negra que se me atraganta; echa raíces en mí si te complace y termina por estropear lo que aún se yergue incólume en mi alma. Cuando por fin llegue el momento en que caiga dilapidado, otra mano se alzará para vestir esta coraza.

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DÍA DEL JUICIO

¿Llegará el día en que levantes tu dedo de Dios para señalarme entre los ojos sin el más leve temblor de tu dorso? ¿Abandonarás el silencio -en el que aún te cobijaspara acusarme de haber transformado tu cuerpo, todavía incipiente, en el único refugio de todos mis padecimientos? ¿Elevarás tu nueva voz entre los cielos

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para desgranar mi nombre y sentenciarme “padre�, de una vez y para siempre, exactamente igual al resto de la especie?

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FUGA

Debes cavar el túnel debajo del muro en dirección al parque, atravesar arena, piedras, raíces hacia el mundo que se abre más allá del álamo y el césped, porque mientras sigas escarbando entre los cimientos sólo encontrarás delante de tu rostro mis piernas de guardián indiferente.

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PACTO SECRETO

Ella no lo sabe pero cuando me toma no hay amor en el abrazo, sus ojos no me miran desde una cima para caer sobre mi pecho como si hallasen la redención, entre su pubis y el mío no existe mayor alquimia que un frote inteligente, no hay en nuestras ondulaciones más que la búsqueda vehemente de un único fin, el hallazgo del último estertor para abandonar la tregua tras el alivio.

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PRIMER MANTRA

Cada vez que vuelves para recoger el eco que dejas sembrado entre mis sienes, las perlas que logro arrancar de mi vulva entre los dientes siempre se tornan terca munici贸n que agoto en un instante sobre tu frente.

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TALA

Se me ha astillado la espalda con un solo golpe de tu pico; el tronco entero se me ha resquebrajado desde la corteza hasta el centro de los anillos. ÂżCĂłmo sostener entonces el hogar que construimos sobre mis hombros, si hemos iniciado la hecatombe y las ramas ya me chirrĂ­an antes de desplomarme en medio del bosque?

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SEGUNDO MANTRA

En una noche como ésta te he de confesar que detrás de la lengua también guardo racimos menos violentos, cuentas de madera que repaso con insistencia mientras mortifico mi espalda con tu nombre.

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SEPULTURA

En una playa visitada únicamente por pelícanos y perros; en un hoyo somero y mal tapado por la arena oscura; dentro de un saco plástico, con la punta de la nariz asomando entre las roturas; a merced del bochorno y la garúa; exactamente al lado de donde te dejé.

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No eres diferente a nadie, poeta, como todos lo Ăşnico que puedes predecir es la muerte.


JINETE

Cómo detener esta carrera contra el tiempo, dejar de fustigar estos músculos que vienen galopando desde su nacimiento. Cómo detener esta agitación continua, dejar de ser el muslo que se tensa con cada zancada, los cascos que atizan el suelo para tomar un nuevo impulso. Aún me restan energías para atravesar el planeta de lado a lado, para saltar sobre los mares y pasar por encima de montañas y desiertos; pero ya estoy harto de terminar siempre entre bosques invernales de árboles desnudos

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o cabalgando sobre el techo de los coches en medio de autopistas desbordadas por los atascos. Cómo dejar de ser el sudor constante discurriendo por las piernas y el pecho, poder abandonar una competencia que carece de reglas, bajarse del lomo de uno mismo y caminar como aquel hombre inexistente que controla la razón de sus pasos. Cómo librarse del deseo de alcanzar una meta nunca vislumbrada, construida con unas cuantas imágenes que podrían desvanecerse con un leve soplo. Cómo vencer el terror de detenerse en cualquier parte del camino, dejar de oír los latidos retumbando entre las sienes y volver a construir algo en medio del silencio. 44


AMULETO

Antes de que el tiempo me lleve río abajo hasta desembocar en medio de la nada, me apresuro a clavar con estas letras mis ojos sobre el papel, para que el resto del día todo lo que mire permanezca velado tras la visión de este poema, todavía palpitante.

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PUNZADA DE CIELO

Nadie sabe cuándo cambiará el viento, en qué momento estas horas insípidas se tornarán broncas coces de ramas secas, olas que arrasan sólo con la espuma, cuerpos que ruedan como piedras hasta terminar sobre la orilla jadeantes, boquiabiertos, preguntándose por los insulsos días sin heridas.

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MANANTIAL

El esperma cae en mi mano como una mancha de pintura sobre el lienzo -cometa blanco que se estrella con el firmamento de mi carne-. Un dĂ­a mĂĄs los surcos de mi palma cobijan los sudores del hombre sediento (cuando no es agua lo que se pide tampoco es agua lo que se bebe). Miro con desazĂłn mis propios frutos, semillas que nunca he de arrojar a la tierra, sangre que no extraigo de las venas y que arrojo por inercia y sin dolor. No hallo sentido alguno en su presencia, en su forma, en su textura, en su olor;

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no encuentro ninguna respuesta en su temblor continuo, en su movimiento pendular cuando lo vuelco bocabajo. Sin comprenderlo, acepto su existencia fugaz. Aguardo con paciencia a que culmine su transformaci贸n en baba transparente, me enjuago las manos bajo el grifo y me seco sin dejar resto de nostalgia sobre la piel.

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SECRETO DE HERRERÍA

¿Quién dice que el acero sólo pierde la templanza bajo el fuego? Yo sé de acero reblandecido bajo el agua, de acero agrietado entre el barro seco, de acero petrificado entre órganos y huesos, reluciente acero derretido por un grito.

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BROTE DE PLAGA

Te has alimentado de mi pecho para conocer el verdadero sabor de las lĂĄgrimas. Lejos de este pasto por el que devaneas nunca hallaste la hoja que anhelas en silencio. Tu apetito de oruga ha encontrado entre mis costillas el hartazgo pasajero que tanto le deleita. La ceguera no te permite reconocer que ya se acerca el dĂ­a en que tu ansia superarĂĄ las dimensiones de mi cuerpo.

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Aunque volviera a germinar cien veces y cien veces me extendiera para abarcarte nada impediría que mi tallo se doblase sobre la tierra bajo tus dientes. No debiste buscar las respuestas en un brote de límites tan modestos, mis raíces nunca prometieron mayor altura que la alcanzada cuando levanto la frente. A pesar de mis advertencias nos has condenado a caer como otra espiga sin mies. Ya no te alzarás como una plaga insatisfecha dispuesta a devorar todo lo que te rodea; ya no podrás alimentarte de mí, pequeña sed que me carcome.

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RAMA SECA

Nada en mi cuerpo se purifica con el tiempo. Donde antes había escamas ahora crecen púas apuntando hacia los huesos; si antes se multiplicaban los lunares ahora en su lugar se multiplican los insectos. Ignoro hasta dónde llegará este esqueleto envejecido. Doblar las rodillas es lo mismo que forzar la resistencia de dos ramas secas. Tal vez deba empezar a escarbar entre las sábanas un socavón para enterrar los miembros; servirme de la lástima de mi parentela

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o dejar que me picoteen mientras estĂŠ durmiendo.

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ESTAMPA BUCÓLICA

Ponerme de cuclillas y expulsarlo todo. Reunir la vorágine en el centro del vientre y arrojarla en un hoyo sin fondo. Tumbarme sobre la tierra con el cuerpo vacío y dejar que mi estómago se alimente con el silbo del viento. Respirar sin oír mis latidos y esperar a que el silencio me cubra, como una capa de polvo sobre una bestia sin vida.

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LANDAS

Detén aquí mismo los caballos. He de bajar del coche para extraviar las piernas bajo la nieve. Tú sigue de largo hasta donde desees, de ahora en adelante el universo es tuyo.

Yo tentaré a la tierra a confundir los dedos de mis pies con raíces. El manto de lluvia cana no es tan profunda y ya llego a sentir la hierba seca mientras escarbo, sabueso, de rodillas.

¿Preferirá la bruma cubrirme primero el lomo, o tomará la iniciativa por la punta de mi nariz?

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Si desease esquivar el frío andaría en diagonal con pasos cortos, como zorro ingenioso y comedido; pero hoy intento entregar con éxito huesos que cargo con vergüenza a la pradera.

El suelo me aceptará como alimento, igual que a lobo famélico o liebre sin madriguera; pero no deseo su caridad de albergue, pasar por alto al farsante arrepentido. Para hoy me he frotado el cuerpo dispuesto a abandonarlo como un tronco, talado, si quieres, perdido de hojas, con las manos vacías, repleto de nidos culpables en la frente, hueco de anillos, carcomido desde la semilla, pero árbol al fin y al cabo… 70


déjame caer árbol entre corro de árboles, y que el último grito acobardado se oiga como madera crujiente en el eco del bosque, exhalación desgarrada pero bronca.

Desde la cabaña, nadie asome el rostro por la ventana. No se compadecerá el hombre por el cerezo caído.

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Ă?NDICE

Arte Rupestre, 11 Bienvenida, 13 Centinela, 17 DĂ­a del Juicio, 21 Fuga, 23 Pacto Secreto, 27 Primer Mantra, 31 Tala, 33 Segundo Mantra, 37 Sepultura, 39 *** Jinete, 43 Amuleto, 45 Punzada de Cielo, 49 Manantial, 53


Secreto de Herrer铆a, 55 Brote de Plaga, 59 Rama Seca, 61 Estampa Buc贸lica, 65 Landas, 69


Arte Rupestre  

Género: Poesía / Autor: Miguel Ángel Sanz Chung

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