Guillem rovirosa, de evangelizado a evangelizador

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GUILLERMO ROVIROSA, de evangelizado a evangelizador en el mundo obrero

MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ

Institut Superior de Ciències Religioses de Barcelona junio 1998


1. SÍNTESIS BIOGRÁFICA: 1.1 1.2 1.3 1.4

De la fe al ateísmo La conversión a Cristo La conversión al mundo obrero Evangelizador del mundo obrero

2. SU RELATO DE CONVERSIÓN: 2.1 2.2 2.3

Antes de encontrarme con Cristo Mi encuentro con Cristo vivo Después del encuentro personal con Cristo

3. COMPARACIÓN ENTRE DOS ITINERARIOS: 3.1 3.2

Relato de la conversión de Rovirosa La propuesta del anuncio del Kerigma en seis pasos

4. BIBLIOGRAFÍA

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1.- SÍNTESIS BIOGRÁFICA (1897-1964) Guillem Rovirosa i Albet nace en Vilanova i la Geltrú el 4 de agosto de 1897 y muere en Madrid el 27 de febrero de 1964. Sesenta y siete años de una vida intensa, marcada por la búsqueda de la verdad, por la conversión a la fe y por la encarnación que va a hacer del mensaje de Jesús entre la clase obrera y dentro de la Iglesia, en la difícil época de la posguerra del victorioso “nacionalcatolicismo” del Régimen, adelantándose en muchas cosas al Concilio Vaticano II. Después de una larga etapa de ateísmo y de indiferencia religiosa (1915-1932), en la que, no deja de buscar explicaciones a los misterios de la existencia humana y de Dios, va a descubrir a Jesucristo y la urgencia de evangelizar la clase trabajadora, tarea que comienza de forma organizada en 1946 con la creación de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), como movimiento especializado en el apostolado obrero dentro de la Acción Católica que impulsarían los obispos españoles. 1.1 De la fe al ateísmo: Fue educado en el seno de una familia católica tradicional. Su crisis de fe empieza durante el bachillerato que cursó en el Colegio de los Escolapios de Barcelona. A partir de entonces su incredulidad irá creciendo. En 1915 muere su madre y rompe completamente con la vida cristiana. En los años siguientes, asume un ateísmo consciente y agresivo, muy condicionado por sus experiencias y vivencias religiosas negativas. Según su propia confesión, la muerte rápida de su cuñado en plena juventud, y la de su madre le impulsó a buscar la verdad en el espiritismo y este le lleva a la teosofía. Buscó la verdad en todas las religiones menos en la cristiana: en el parsismo, en el budismo, en el hinduismo, en la sabiduría de Confucio, en el panteísmo, hasta caer en el más absoluto escepticismo. En 1930 marcha con su esposa Catalina Canals a París. Puso un taller de juguetes mecánicos llamado “Jouets Rovirosa”. En París empezó su camino de conversión a Cristo que fue un proceso lento, pero profundo y serio. 1.2 La conversión a Cristo Rovirosa hablaba de sus dos conversiones. La primera fue su conversión a Cristo, que se traducía en una imitación y un seguimiento de la vida de Jesús de Nazaret desde la fe en la divinidad del mismo Jesús. Esta conversión llevaba, según la narra el mismo Rovirosa, el germen de su segunda conversión: la solidaridad con los pobres que le llevó a la conversión a la clase obrera y al movimiento obrero. Veamos cómo narra Rovirosa el inicio de su primera conversión:

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“Mi primera conversión tuvo como punta de partida el hecho siguiente. Era finales de 1932 y yo iba distraídamente por las calles de París, cuando me llamó la atención el ver una gran muchedumbre ante la Iglesia de San José. De pura casualidad pregunté qué pasaba. Me dijeron que el Cardenal Verdier hacía la visita pastoral y que en aquellos momentos estaba predicando... Yo iba solamente para verlo, pero resultó, que sin yo desearlo, también le oí. El oírle fue cosa de dos o tres minutos y lo único que “pesqué” fue este concepto: “El cristiano es un especialista en Cristo... el mejor cristiano es el que más sabe de teoría y práctica de Jesús.” Entonces me di cuenta de que de Jesús no sabía casi nada, ni de teoría ni de práctica y me entraron ganas de saber algo”. La pregunta: “Yo, ¿qué sé de Jesús?” no dejaba de resonar en su mente y en su corazón. Él, que se consideraba a si mismo un fanático de la verdad, se reprochaba en su intimidad: “¿Por qué ataco lo que no conozco ?”. Estas dos preguntas le impulsaron a conocer a Jesús. Rovirosa continúa el relato de su conversión del siguiente modo: “Lecturas y más lecturas. Me impresionó una “Vida de Jesús” de Mauriac, escrita poco tiempo después de su conversión. Jesús, como figura histórica, ganó pronto todo mi interés y todas mis simpatías. Pero yo no podía aceptar de ninguna manera que un hombre fuese Dios”. Fue este salto a la fe en la divinidad de Jesús el que ralentizó el proceso de su conversión total. Rovirosa y su mujer deciden a mediados de 1933 venirse a España para profundizar en esa conversión. Los tres últimos meses de ese año los pasó Rovirosa en el Monasterio de El Escorial para fortalecer la fe recién nacida, pero llena de dudas y de obstáculos. Bajo la guía de José Fariña, religioso agustino, que conoció en París, medita sobre el proceso de los grandes conversos al cristianismo, discutiendo y dialogando sobre “las Confesiones” de San Agustín. En la Navidad de ese mismo año, Rovirosa hizo lo que él llamaba “Mi segunda Primera Comunión”, que para él tuvo, en adelante, sentido de su plena comunión con la Iglesia. Cuando el matrimonio Guillermo Rovirosa y Catalina Canals se disponía a regresar a París, a comienzos de 1934, un encuentro con un antiguo compañero de estudios de Rovirosa, les hizo cambiar los planes. Este le ofreció un contrato como director técnico de la empresa catalana “Rifá i Anglada” en Madrid, dedicada a la venta e instalación de material frigorífico. Ambos lo interpretaron como algo providencial y se quedaron en Madrid. La conversión supuso un cambio radical en su vida que, en adelante, se caracterizó por la austeridad, la pobreza, la solidaridad con los pobres, la exigencia de perfección cristiana y la entrega apostólica.

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1.3 La conversión al movimiento obrero La conversión a Cristo llevaba en germen una segunda conversión: la conversión a los pobres que más tarde se concretaría en la conversión al mundo obrero. También esta conversión siguió un proceso lento de maduración que culminó en su entrega a la fundación de la HOAC. Desde el principio de su estancia permanece en Madrid y allí le sorprende la Guerra Civil. Una circunstancia profesional influyó decisivamente en la consolidación de esta conversión. Los obreros de la empresa “Rifá i Anglada”, que eran todos de izquierdas, le eligieron presidente del Comité de Empresa, de acuerdo con las normas del gobierno republicano. En ese diálogo permanente con los compañeros de trabajo, fue tomando cuerpo el nuevo proyecto de apostolado obrero. Acabada la guerra, es denunciado por el gerente de la empresa y un Consejo de Guerra le condenó a 12 años y un día como persona contraria al régimen. Rovirosa estuvo en la cárcel un año y después pudo disfrutar del beneficio de la “prisión atenuada”. Durante su estancia en la cárcel pudo experimentar la tragedia de la condición obrera y de la militancia obrera. Allí comprendió plenamente lo que debía ser el apostolado obrero. El triste destino de aquellos militantes obreros, honrados a carta cabal, fue el impulso decisivo de su conversión a la clase obrera y al movimiento obrero. En la cárcel trabó amistad con algunos militantes que no le olvidaron jamás y que más tarde engrosaron las filas de la HOAC. 1.4 Evangelizador del mundo obrero La vida apostólica de Rovirosa desde 1946 a 1964 es difícil de resumir en este pequeño trabajo. Hablar de la actividad apostólica de Rovirosa durante estos años es hablar del desarrollo de la HOAC y esto desborda el objetivo de nuestro trabajo. Lo dejamos aquí y retomamos el análisis del relato de su conversión. El que Rovirosa decidiera “hacerse un especialista en Cristo” no tendría mayor trascendencia si no hubiera sido por la manera como lo hizo. Lo verdaderamente importante es que Rovirosa descubrió el rostro de Cristo en el rostro de los explotados y empobrecidos; unió la causa de Jesús y de su Iglesia a la causa del mundo obrero; puso al servicio de Cristo y del mundo obrero todo lo que era y tenía, vida, tiempo, matrimonio y conocimientos; renunció a todo lo que no estuviera orientada a anunciar el Evangelio en el mundo obrero... Con esta manera de realizar el seguimiento de Jesucristo y de vivir la fidelidad a la Iglesia, Rovirosa ha aportado una de las maneras más genuinas de evangelizar. No sé si será presuntuoso afirmar que Rovirosa, como testigo de Jesucristo, realizó, con respecto al mundo obrero español, lo mismo que Pablo, respecto a los esclavos del mundo grecorromano; lo mismo que Francisco de Asís, respecto a los siervos de la Edad Media; lo mismo que Oscar Romero, respecto a los empobrecidos del Tercer Mundo...

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2.- SU RELATO DE CONVERSIÓN Lo que más impresiona en Rovirosa es su conversión. Esta se inicia a los 35 años, una edad en la que ya tenemos muchas cosas definidas. Lo tenía todo: una familia, una profesión en la que destacaba como técnico -ya había realizado varios inventos-; un brillante porvenir en definitiva. Pero se encontró con Jesús y desde ese momento toda su existencia empieza a girar en torno al mensaje y la persona de Jesús. De la verdad científica pasa a la verdad de la Fe sin abandonar el rigor y la profundidad de la primera, y desde ese momento todo cuanto es y tiene pasa a estar en función de ese descubrimiento. Rovirosa descubre que el mensaje de Jesús no es un dato más en su vida, un añadido a lo que ya es y tiene. El Mensaje es lo único importante a partir del cual ha de replantearse lo que ha sido, lo que es y lo que quiere ser. Rovirosa, primer evangelizador del mundo obrero, fue a su vez evangelizado como Pablo de Tarso. El mismo nos cuenta su relato de conversión, que para su estudio lo dividimos en tres grandes pasos: antes del encuentro con Cristo, el encuentro y después del encuentro con el Cristo vivo. 2.1 Antes de encontrarme con Cristo... Rovirosa a pesar de haber nacido en una familia cristiana comienza su alejamiento y hostilidad hacia cualquier forma de religiosidad en su juventud al ver sobre todo el comportamiento general de lo que él llamaba “El tinglado católico”, al cual combate con plena conciencia en nombre de la verdad. Se lanza por los caminos del espiritismo y la teosofía. Llega a ser secretario de la Asociación Teosofía de Barcelona, que decía que no había ninguna religión que estuviera por encima de la verdad, que todas contienen una parte, pero que no hay ninguna que la contenga toda. Esto le conduce a estudiar con entusiasmo todas las religiones, el budismo, hinduismo, confucionismo y otras, excepto de la Cristo. El resultado fue un confusionismo que le llevó a un escepticismo total que le hizo desentenderse de todo y se convirtió en una persona arisca y solitaria, atento solamente a las cuestiones técnicas y científicas. Rovirosa va a escribir su autobiografía en “El primer traidor cristiano: Judas de Keriot, el apóstol” y en ella se describe, cuando habla de su padre, como un buscador incansable de la verdad: “El lector se dará cuenta de la gratitud y ternura que siento al evocar al hombre que me engendró dos veces: dándome la vida física y engendrándome después de manera perseverante, consciente y mansa, para la vida del hombre libre, haciéndome “fanático de la verdad”. Me siento más hijo suyo y más unido a él por la segunda vida que me dio, que por la primera”. 6


“El estudio siguió apasionándome, pero en el aspecto religioso el hundimiento fue total. La vida se me hizo dura y toda la ética religiosa que me quedaba se fue por los suelos con la basura”. “Yo creía a pies juntillas que la base de la moral cristiana era ésta: que los buenos al final resultan siempre premiados, mientras que los malos tarde o temprano son siempre castigados”. Pero el hecho es que las vicisitudes de la propia vida y lo que veía alrededor me mostraban la evidencia de que la regla de juego era al revés. El recuerdo de mi madre como encarnación de la bondad, fue el empujón decisivo para desentenderme totalmente del “tinglado católico”, que se presentaba ante mis ojos como un negocio muy bien montado para que unos cuantos “vivales” pudieran vivir burguesamente a espaldas de los infelices a quienes hacían tragar sus ruedas de molino. No, aquello no tenía nada que ver con la verdad y mi deber era desentenderme por completo de ello. Y sin necesidad de una “declaración formal” decidí, con plena conciencia, no solo desentenderme, sino combatir la religión católica, considerada como farsa magna, en nombre de la verdad”. En el fondo de esta estremecedora confesión late uno de los argumentos contra la religión católica: la escandalosa inconsecuencia de muchos cristianos con su fe. Todo esto unido a creer que la muerte de su madre y la de su cuñado eran una evidencia del perder de los buenos fue un empujón a la incredulidad. Pero Rovirosa no queda contento con ello y comienza a buscar la verdad. Dejemos que sea él quien en su autobiografía nos relate su búsqueda: “La muerte rápida de mi cuñado en plena juventud y fuerza física (tenía 26 años) me hizo caer imbécilmente en el espiritismo, que de momento me deslumbró. Pero yo buscaba allí la verdad y, naturalmente no la encontré. Y por aquel camino fui a parar a la teosofía. Aquí el deslumbramiento fue mayor y duró más tiempo. Empezó ganándome la voluntad el lema de la Sociedad Teosófica de Barcelona, que reza así: “No hay ninguna religión que esté por encima de la verdad”. Profesan una especie de sincretismo, afirmando que todas las religiones que existen, o han existido, contienen una parte de verdad, pero no hay ninguna que la contenga toda. El progreso religioso, por tanto consiste en ir separando el grano de la paja en todas las religiones, para ir construyendo la gran religión sintética, en la que todo sea verdad.

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Esto me entusiasmo y me puse a estudiar tanto como podía todas las religiones... menos la de Cristo. De ésta, pensaba yo, ya estoy de vuelta... Cada descubrimiento era un nuevo placer. Mis preferencias fueron prontas a la religión de los antiguos parsis, fundamentada en la filosofía de Hermes; hacia el budismo, tan poético; y sobre todo hacia el hinduismo. La sabiduría de Confucio, que no fundó ninguna religión, sino una especie de filosofía vital, también la encontré admirable. Y aquí comenzó mi incomodidad, ya que el fondo de todas esas religiones es el panteísmo y esto no lo veía claro”. A través de su confesión podemos descubrir que Dios amaba a Rovirosa, escondiéndose tras ese vació interior que le producía la búsqueda de la verdad. Guillermo Rovirosa no podía reconocerlo porque lo buscaba en otros salvadores: “Llegué a la conclusión de que la verdad que yo buscaba no estaba en ninguna de estas religiones, ni en todas juntas. Así llegué al escepticismo total. ¡Todo era mentira!... Yo buscaba un Redentor a mi gusto y allí donde decían que había uno, allí iba yo. Después lo dejaba con la convicción de que me habían timado. Lo que quiero decir es que yo buscaba un Dios a mi medida”. 2.2 Mi encuentro con Cristo fue así... Es en París, con su esposa Catalina, donde Rovirosa se va a encontrar de bruces con la verdad que estaba buscando desde hacía tiempo. Dejemos a él mismo que cuente su propia experiencia como otro evangelizado, Pablo de Tarso: “Mi primera conversión tuvo como punta de partida el hecho siguiente. Era finales de 1.932 y yo iba distraídamente por las calles de París, cuando me llamó la atención el ver una gran muchedumbre ante la Iglesia de San José. Por pura casualidad pregunté qué pasaba. Me dijeron que el Cardenal Verdier hacía la visita pastoral y que en aquellos momentos estaba predicando... Yo iba solamente para verlo, pero resultó, que sin yo desearlo, también le oí. El oírle fue cosa de dos o tres minutos y lo único que “pesqué” fue este concepto: “El cristiano es un especialista en Cristo... el mejor cristiano es el que más sabe de teoría y práctica de Jesús...” Entonces me di cuenta de que de Jesús no sabía casi nada, ni de teoría ni de práctica y me entraron ganas de saber algo”. Leyendo este relato atentamente, encontramos un cierto paralelismo entre la conversión de Pablo de Tarso y la de Guillermo Rovirosa. Pablo, camino de Damasco, cae del caballo y contesta a la voz poderosa que le ha derribado. “¿Quién eres Señor?”. Cuando recibió la respuesta de Cristo, “se levantó y con los ojos abiertos nada veía”. 8


Cuando le ordena a Ananías que vaya a buscar a Pablo, acalla sus recelos diciéndole: “Ve, porque para mí éste es vaso de elección para que lleve mi nombre ante las naciones y los reyes y los hijos de Israel”. También Guillermo, al oír al Cardenal Verdier, cayó del caballo de su escepticismo, de su incredulidad y de su ignorancia de Jesús. Y se pregunta a sí mismo: “Yo, ¿qué sé de Jesús?, ¿Por qué ataco lo que no conozco?”. Al igual que Pablo: “¿Quién eres Señor?”, Rovirosa toma conciencia de que con sus ojos abiertos - los de la mente y el corazón- no ve nada. Tiene “su cara vuelta hacia la nada”, en expresión de Mauriac. Ha agotado sus fuerzas en la búsqueda de un Redentor a su gusto, de un Dios a su medida y ahora, “de cara a la nada” le salta del corazón a los labios ese grito “¿Qué sé yo de la verdad?”. Es decir, de Jesús, de ese Jesús para quien, sin saberlo todavía, seria elegido para evangelizar el mundo obrero. El Cardenal de París, sin saberlo, fue el cauce empleado por Dios, para anunciarle. Un anuncio que parte del otro, que en lugar de adoctrinar, interroga. Se trata de provocar en la persona la cuestión del sentido, de lo que espera, de lo que le angustia, de lo que verdaderamente le mueve por dentro. Si no emerge la necesidad de Sentido y de Liberación, si no hay sed, ¿para qué ofrecer agua? No ha lugar al anuncio explícito si no hay actitud activa de búsqueda, de expectación 2.3. Después del encuentro personal con Cristo... A partir de su encuentro con el Jesús histórico, Rovirosa sigue su proceso de conversión que le llevará al final a un cambio de vida total. Así lo confiesa en su autobiografía: “Lecturas y más lecturas. Me impresionó una “Vida de Jesús” de Mauriac, escrita poco tiempo después de su conversión. Jesús, como figura histórica, ganó pronto todo mi interés y todas mis simpatías. Pero yo no podía aceptar de ninguna manera que un hombre fuese Dios”. Fue este salto a la fe en la divinidad de Jesús el que ralentizó el proceso de su conversión total. Experiencia mil veces repetida posteriormente en tantos y tantas militantes de la HOAC, que llegaron a la fe desde la indiferencia, el agnosticismo o el ateísmo. Y es que el salto a la fe no es ni puede ser fruto del estudio, de la reflexión personal, ni del voluntarismo, sino de la actitud de humildad y apertura al amor liberador de Dios que actúa en nuestros corazones. Entre esas lecturas estuvo el Evangelio, sin duda alguna, porque la mente de Guillermo no podía indagar la verdad sino con método. Y allí debieron entusiasmarle el diálogo de Jesús con la samaritana, que él no había oído nunca, ni meditado: “El que beba del agua que Yo le daré no tendrá jamás sed, porque el agua que Yo le dé se hará en él fuente que salta hasta la vida eterna”. (Jn. 4, 13)

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A lo más hondo de su corazón, apasionado por la verdad, debieron llegar estas palabras de Jesús y hubo de rendirse a la evidencia de que “Jamás hombre alguno habló como este Hombre”. A este primer deslumbramiento, debió suceder a su mente, acostumbrada a confirmar el repentino encenderse de la verdad por la experiencia de su luz permanente, la evidencia de que el mensaje de Jesús era digno de ser abrazado... Y él la había expulsado de su corazón. Este había sido su error. A mediados de 1933 Rovirosa y su mujer deciden dejar París y volver a Madrid. Vuelven con otro bagaje muy diferente del que marchó. En Guillermo lucía ya la luz de la fe, “los discípulos se alegraron al ver al Señor” (Jn. 20,20). Pero Rovirosa no hacía las cosas a la ligera. En París conoció a un religioso agustino, José Fariña, y a su regreso pasa tres meses en el Monasterio de El Escorial fortaleciendo su fe recién nacida, y con él mantiene largas conversaciones sobre “Las confesiones” de San Agustín. Rovirosa testifica que al principio tales conversaciones eran discusiones sobre lo que no acababa de comprender. Al final comprendió que no siempre de la discusión sale la luz, sino de la colaboración y la bondad de José Fariña que le instaba a meditar y orar pidiendo ayuda a Dios. “Yo quería que eso de la divinidad de Jesús de Nazaret se me demostrase a la manera de las matemáticas. Ahora pienso que eso es algo así como si un ciego de nacimiento quisiera que le demostrasen la luz, a base de razones. No hay más razón auténtica que abrirle los ojos a la visión; entonces sobran las demostraciones”. Leyendo “Las confesiones” de San Agustín es cuando Rovirosa se rindió totalmente “lleno de felicidad” y realizó una confesión general de su vida. En aquella Navidad, de madrugada, se dirigió al Escorial en compañía de su mujer para hacer “su segunda Primera Comunión”, como él dice. Rovirosa ha visto la luz. Ya ha recibido el don de la fe. Fe que nace del encuentro con Cristo Jesús y es simultáneamente un don de Dios y una respuesta nuestra que El mismo genera. El encuentro con Dios en Cristo nos hace desidolatrar nuestra vida al reconocerlo a El como único absoluto. La fe genera en nosotros un modo de ser, de sentir, de pensar, de afrontar la realidad. La vida de fe es nuestra vida humana polarizada vitalmente en torno a Cristo Jesús. Ahora se decide a decir “sí” a Jesús. “Si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo (Rom. 10, 9). Desea seguir a Cristo y con su mujer quieren sellar un compromiso, “un pacto tripartito con Dios” como lo llamó él y que tenía dos cláusulas: Por un lado el matrimonio se comprometía a ponerse totalmente al servicio del apostolado, poniendo encima de la mesa, vida, tiempo, profesión, descanso, renunciando a cuanto no estuviera dirigido a tal fin. Y por otro, Cristo se comprometería a fijarles el apostolado y a cubrir sus necesidades materiales, viviendo pobremente.

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Este apostolado al que se comprometerían fueron descubriéndolo poco a poco, también como otro proceso. Su “segunda conversión” y sería el de llevar el Evangelio a los hombres y mujeres del mundo del trabajo. Esta tarea la realiza en el barrio vallecano de Doña Carlota y a partir de 1946, dentro de la Acción Católica, cuando inicia la HOAC como medio de evangelizar el mundo obrero. Rovirosa ha experimentado el encuentro personal con Jesucristo que vive resucitado en su Iglesia. Desde ese encuentro se plantea su vida. Esto es la conversión. Un proceso que se inicia un día y que no puede acabar nunca. Ese gozo por encontrar el tesoro escondido prende en él y no desea otra cosa que ayudar a que otros, hombres y mujeres del mundo obrero, lo encuentren. Inauguró un nuevo tipo de espiritualidad seglar en España, muy conectada con el mundo del compromiso sindical y político, algo inédito en la historia del cristianismo español. Fue dicha espiritualidad la que atrajo a militantes ateos de izquierda al cristianismo e hizo que este movimiento apostólico se convirtiera en un ámbito de iniciación a la fe de muchos increyentes. La HOAC fue creciendo como Iglesia en el mundo obrero, porque fue ante todo una Iglesia de conversos. La experiencia de Rovirosa fue la semilla y un indicador valioso para afrontar hoy día el mundo de la increencia como uno de los principales desafíos para la evangelización. 3.- COMPARACIÓN DEL ANUNCIO DEL KERIGMA ENTRE DOS ITINERARIOS: Relato de la conversión de ROVIROSA

PROPUESTA DEL KERIGMA en seis pasos

Rovirosa es un escéptico pero mantiene una actitud de búsqueda de la verdad: “Buscaba la Verdad y no la encontré... Y me puse a estudiar todas las religiones, menos la de Cristo, y llegué a la conclusión de que la verdad que yo buscaba no estaba en ninguna de estas religiones, ni en todas juntas. Así llegué al escepticismo” El Espíritu Santo va trabajando su corazón, desde el vacío interior que le produce el no encontrar la Verdad: “Yo buscaba un Redentor a mi gusto, y allí donde decían que había uno, allí iba yo. Después lo dejaba con la convicción de que 11

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SU PROPIA EXPERIENCIA Dios existe Y te ama con un amor personal y sin condiciones. Dios está escondido tras ese vacío interior que experimentas. Dios quiere darte “el agua que sacie tu sed”, como lo hizo con otra persona, la samaritana del evangelio de Juan. Pero ¿Por qué no experimento el amor de Dios en mí?


me habían timado”.

¿Por qué no descubro LA VERDAD?

Dios quiere darle “el agua que sacie su sed”. Mantiene viva esa inquietud por encontrarle. Rovirosa tiene una experiencia y una vivencia negativa de la religión, a la que considera un “timo”.

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La muerte de sus seres más queridos y la hipocresía de algunos cristianos le impiden descubrir a Dios: “El recuerdo de mi madre como encarnación de la bondad, fue el empujón decisivo para desentenderme totalmente del “tinglado católico”, que se presentaba ante mis ojos como un negocio muy bien montado para que unos cuantos vivales pudieran vivir burguesamente a espaldas de los infelices a quienes hacían tragar sus ruedas de molino”.

El que no puedas experimentarlo se debe a la realidad del mal que te impide experimentar el amor de Dios

No te puedes salvarte a ti mismo. ¿Dónde buscas la liberación? No puedes reconocer a Dios porque lo buscas en otros salvadores.

Rovirosa busca la liberación en ideologías y filosofías, que no salvan. Vive de espaldas a Dios.

Dios sale a su encuentro. El mismo Rovirosa lo describe: “Era final de 1.932, yo iba distraído por las calles de París, cuando me llamó la atención el ver mucha gente ante la Iglesia de San José... El cardenal Verdier hacía la visita pastoral y en aquellos momentos estaba predicando... Yo iba solamente para verlo, pero resultó, que sin yo desearlo, también lo oí. El oírle fue cosa de dos o tres minutos y lo 12

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PROPUESTA DE KERIGMA La liberación no puede venir de ninguno, desde fuera; sino solo de Cristo, que desde dentro nos ha liberado. “Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: dame de beber, tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua viva” (Jn. 4, 10)


único que “pesqué” fue esto: “El cristiano es un especialista en Cristo”... “El mejor cristiano es el que más sabe de teoría y práctica de Jesús”

Jesús es buscando:

la

Verdad

que

estás

“Yo soy el camino, la verdad y la vida. El que me sigue no camina en tinieblas”. (Jn. 14, 6)

La pregunta: “Yo qué sé de Jesús” no dejaba de resonar en su mente y corazón. Él, que se consideraba un fanático de la verdad, se reconoce pecador y se reprochaba en su intimidad: ¿”Por qué ataco lo que no conozco?”.

Jesús muriendo y resucitando te libera del misterio del mal que obstaculiza poder creer en Él.

Estas dos preguntas le impulsaron a conocer y amar a Jesús. “Entonces me di cuenta que de Jesús no sabía nada, ni de teoría ni de práctica y me entraron ganas de saber algo”.

Rovirosa acepta al Jesús histórico pero necesita dar el salto a la fe en la divinidad de Jesús: “Jesús, como figura histórica, ganó pronto todo mi interés y todas mis simpatías. Pero no podía aceptar de ninguna manera que un hombre fuese Dios”.

Tienes que reconocerte pecador y necesitado de salvación.

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ACEPTACIÓN DEL KERIGMA Cristo nos ha ganado la auténtica vida en la que puedes participar. Depende de ti que la aceptes: ACOGE en el corazón que Jesús es tu liberador, tu único salvador. RENUNCIA al sincretismo. A que la salvación vengas de otros salvadores.

Para fortalecer su fe recién nacida, pero llena de dudas, acude al Padre Fariña, un religioso agustino que conoció en París. “Yo quería que eso de la divinidad de Jesús de Nazaret se me demostrase a la manera de las matemáticas. Ahora pienso que eso es algo así como si un ciego de nacimiento quisiera que le demostrasen la luz a base de razones. No hay más razón auténtica que abrirle los ojos a la visión; entonces sobran las 13

“Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed” (Jn. 4,13) ACEPTA que Jesús ha muerto por ti. Invito y pido que Jesús sea mi Señor: “Señor dame de esa agua” (Jn. 4,15)


demostraciones”. Pasa tres meses en El Monasterio de El Escorial y el religioso agustino le invita a meditar y a que pida ayuda al Espíritu Santo.

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La lectura y discusión del libro de “Las confesiones” de San Agustín, otro convertido, le sirve de ayuda. Quiere hacer confesión general y pide hacer su “Mi segunda Primera Comunión” y a partir de ahí hacerse “especialista en Cristo”, en la teoría y en la práctica.

PIDE el don del Espíritu Santo El Espíritu Santo hace presente y eficaz en ti la salvación de Jesucristo. “Convertíos... y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Act. 2, 38)

En la Navidad de ese mismo año, junto a su mujer firman un “contrato tripartito con Dios” con el que se comprometen a ponerse totalmente al servicio de la evangelización de los más pobres del mundo obrero

La presencia del Espíritu Santo, cuando es acogida por el evangelizado provoca sus frutos.

Poco a poco su vida va cambiando. Inicia 6 sus pasos dentro de la Iglesia, en la Acción Católica. Desea vivir y combatir todo aquello que de incoherente veía en los cristianos.

Busca una comunidad cristiana y pide comenzar el camino de iniciación cristiana.

Y busca acercar la Iglesia al mundo obrero y a los pobres, que ha descubierto como lugar privilegiado de evangelización. Más tarde descubre “su segunda conversión”: la conversión al movimiento obrero. Comienza un proceso lento de maduración que culminó en su entrega a la iniciación de la HOAC, un movimiento apostólico al servicio de la evangelización del mundo obrero. Y así pasa evangelizador.

de

evangelizado

a

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El evangelizado evangelizador:

se

convierte

en

“La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será este el Cristo? (Jn. 4,28)


“Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, el cual siendo yo antes un blasfemo y un perseguidor insolente, me fortaleció, se fió de mí, y me tomó a su servicio” TIMOTEO 1, 12

4.- BIBLIOGRAFÍA XAVIER GARCÍA, JACINTO MARTÍN Y TOMÁS MALAGÓN Rovirosa, Apóstol de la Clase Obrera. Ediciones HOAC, Madrid 1.985 A.A.V.V. Rovirosa 25 años ya. Revista Noticias Obreras nº 994 Ediciones HOAC, Madrid, 1.989 GUILLERMO ROVIROSA Y ALBET Obras completas, Tomo I El primer traidor cristiano: Judas de Keriot, el apóstol. Ediciones HOAC, 1.995 XAVIER MORLANS Apuntes de clase Curso 1997-1998 Asignatura de “Dimensió querigmática de l´evangelització” Institut Superior de Ciències Religioses de Barcelona DIONISIO BOROBIO Catecumenado para la evangelización Editorial San Pablo Madrid, 1.997 CARLOS GARCÍA DE ANDOIN El anuncio explícito de Jesucristo Ediciones HOAC Madrid, 1.997 Barcelona, junio de 1998

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