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Creaciรณn: noviembre de 2019 Redacciรณn: Edgardo Lemus, 2019 Ilustraciones: Edgardo Lemus, 2019 Chalchuapa Santa Ana (El Salvador)


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Todo empezó un día donde un niño llamado Mathew se muda de casa, hacia una cuidad no muy conocida, a lo largo del tiempo, Mathew empieza a conocer a muchos amigos que tienen casi su misma edad, que por lo cual él es un niño muy amigable, sencillo y valiente. En la cuidad donde se mudó Mathew celebran el mes de Halloween, y todos los 31 de octubre todos los niños salen a pedir dulces como una tradición, en la cuidad donde se encuentra un cementerio muy espantoso, no es como todos los cementerio común y corriente, ese lugar nadie lo visita por que suceden muchas cosas tenebrosas.


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Los amigos que ha conocido Mathew le cuentan la historia de ese escalofriante lugar, cosas malas que habitan ahí sobre todo, en una tumba se dice que hay algo que con tiene una energía negativa pero no saben realmente lo que es porque nadie se acerca ni entra a ese lugar. A pasar los días la historia que los amigos de Mathew le contaron, le parece muy interesante y a la vez muy espeluznante pero a él, le llama aún más la curiosidad sobre el cementerio.


3 El día siguiente les dice a sus amigos que viven cerca de él, que quiere ir a ese cementerio, pero los amigos sorprendidos y espantados le dicen que no, porque ir ahí es muy arriesgado es demasiado peligroso e implicaría no regresar con vida a su casa, el por creerse muy valiente ante sus amigos les dice que está muy decidido a visitar ese lugar, y les pregunta a ellos - ¿Quién ira conmigo de noche al cementerio? - Desde luego sus amigos al ver que Mathew tenía mucho valor para ir, uno de sus amigos dijo – yo iré contigo Mathew – dijo unos de sus amigos, y al ver que unos de sus amigos lo apoya él se sintió más confiado, y entonces los demás dijeron - también nosotros iremos con tigo Mathew -. Él se alegró y se animó aún más al ver que ellos lo apoyaban.


4 Entonces el día siguiente era el propio día de Halloween, Mathew y sus amigos esperaron a que oscureciera. Muchos niños andaban con sus disfraces pidiendo dulces haciendo travesuras. Mathew pide permiso a su madre para poder salir con sus amigos a pedir dulces, cuando en realidad le está mintiendo para poder ir al a visitar el cementerio con sus amigos. La madre de Mathew le concede el permiso de poder salir con sus amigos, pero le da tiempo límite para que llegue a casa, Mathew ansiosamente se dirigen hacia el cementerio con sus amigos que van disfrazados.


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Cuando entran al cementerio Mathew y sus amigos sienten escalofríos escuchar voces muy tenebrosas, todo está oscuro con mucha neblina que por lo cual se vuelve más difícil poder ver por donde caminan, ellos muy asustados, unos de los amigos de Mathew le dice - ¡Mathew salgamos de este lugar, está muy tenebroso! - Mathew muy valiente contesta – ¡no tengan miedo, yo los protegeré de todo lo malo! –. Conforme avanzan siguen escuchando voces muy tenebrosa, lamentos, una presencia que los asecha a donde quiera que ellos caminen, escuchan pasos muy cerca de ellos, es imposible no sentir miedo, de pronto escuchan el ruido de una rama que cae frente de ellos, asustados empiezan a correr buscando una salida de ese horrible cementerio, pero todo está cubierto de neblina que cada vez se vuelve más densa volviéndose aún más difícil poder encontrar la salida, y es donde todos se separan, porque no logran ver nada, Mathew agitadamente corre y corre diciendo – ¡¡ adonde están todos! -.


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Mientras Mathew corre, se tropieza con una piedra, al caer mira un oso de peluche arrecostado sobre una tumba que no contienen ningún nombre, a él le llama demasiado la atención el peluche, y sin observarlo detalladamente no se da cuenta que el peluche está muy roto con el algodón saliéndose de él, Mathew se lo lleva a su casa sin darse cuenta de lo malo que contiene el peluche. Logra encontrar la salida del cementerio, se encuentra con todos su amigos afuera, y uno de sus amigos le dice – ¡Por fin te encontramos Mathew! -. Y el agitadamente se ríe con todos sus amigos a carcajadas después del enorme susto que se llevaron en ese peculiar lugar, Pero él decide no mostrarles el peluche que encontró ahí adentro.


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Pasan los días y todo parece ser un mal recuerdo de lo que vivieron Mathew y sus amigos en aquel cementerio, pero Mathew no sabe que en realidad ha empezado su peor pesadilla. Todo empezó el día del noveno cumpleaños de Mathew. Lo celebraron en casa. A los padres de Mathew no les gustaban las cadenas de comida rápida, y aunque no le prohibían a su hijo acudir a un cumpleaños en alguno de aquellos sitios, pero preferían celebrarlos en casa, con bocadillos y dulces hechos por la madre. Todos los amigos del pequeño se presentaron llevando regalos. A la hora de acostarse en su cuarto, rendido de tanto jugar con sus amigos, vio ese oso de peluche que había encontrado aquel día en el cementerio, no recordaba que lo había dejado debajo de la cama.


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El día siguiente cuando despertó, el oso estaba arrecostado a lado de su cama, y cuando despertó del todo, le pareció muy extraño porque no recordaba haberlo dejado en ese lugar no le tomo mayor importancia. Luego lo tomo y observo que el oso estaba muy roto, entonces decidió coserlo el mismo, sonreía al verlo y cada vez le gustaba más conforme lo iba cosiendo, sin imaginarse que en realidad el oso esta poseído por un ente maligno. Entonces decidió llamarlo Smile por su peculiar sonrisa. Smile no era exactamente bonito. No había nada de malo en su aspecto, en su pelo café claro y sus ojos morado oscuro; Era tal vez demasiado grande, sobre todo la cabeza, desproporcionada, Pero tampoco se trataba de eso. Lo que no acababa de gustarle a Mathew era la mezcla de dos características antagónicas; era un oso de peluche antiguo, y sin embargo, hablaba.


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A Mathew le pareció un poco raro que hablara ya que era un oso antiguo, ya que antes no los fabricaban así, lo bien que, si era capaz de hablar, tuviera un aspecto más moderno. Y luego estaba lo del tacto. Smile estaba frío, siempre frío. Le faltaba la cálida de suavidad de los demás peluches o de los muñecos de trapo que eran los favoritos de Mathew. Poco a poco, y sin saber cómo. Mathew se fue acostumbrando al oso hasta el punto de que en un par de semanas acabó arrinconando a todos los demás juguetes y peluches; solo jugaba con Smile y dormía siempre con él. Sus padres se preguntaban si eso sería porque Smile hablaba con una voz suave y dulce como la de un niño de verdad, aunque se preguntaban también porque estaba cocido, solo se imaginaban que los amigos de Mathew se lo habían regalado para su cumpleaños.


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Smile no emitía esos sonidos artificiales, esas frases cortas e insulsas del tipo « ¿Me quieres?» «Te quiero mucho», que repetían otros peluches o muñecos, Smile incluso parecía capaz de seguir una verdadera conversación. Desde luego, no respondía a las preguntas, pero tenía una sorprendente variedad de tonos para expresar la alegría, la tristeza, el enfado, la impaciencia... Como si el peluche realmente tuviera conciencia y emociones. A menudo Mathew se encerraba en su cuarto, y durante horas y horas a través de la puerta de su cuarto solo se escuchaban las dos voces susurrando, como si se estuviesen contando secretos oh planeando algo, en realidad no se podía entender exactamente lo que hablaban, pero Mathew se oía riéndose, y luego hablaba con voz suave.


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Por las mañanas, al despertarse, lo primero que veía Mathew era el rostro de Smile, junto al lado de él. En aquellos ojos morados oscuros de cristal se veía reflejado un diminuto Mathew. En ocasiones, era como si Smile fuese el niño y el pequeño como que fuese el peluche. Lo cierto era que a veces Smile le daba órdenes. Mathew prefería no decir nada de aquello a sus Padres, ni siquiera salía ya con sus amigos a jugar, ni les contaba nada desde el día de su cumpleaños, que fue el último día que los volvió a ver, desde la visita del cementerio. En el colegio él prefería quedarse en el salón a la hora del receso.


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Un día Mathew quiso jugar con Dako, que había sido su muñeco favorito durante mucho tiempo. Dako era de fieltro y resultaba muy suave al tacto. Parecía un pequeño granjero, con su sombrero y su camisa de cuadros, y era tan genial que Mathew en la escuela lo presumía a todos sus amigos, que se lo envidiaban porque no todos lo podían tener, ya que era fabricado en otro país. Pero Smile se enfadó demasiado al ver que Mathew estaba jugando con Dako y lo mantenía en sus brazos, y no tuvo más remedio que guardarlo.


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Otro día, mientras Mathew ordenaba su cuarto, el arrincono a Smile donde tenía a todos sus peluches, Smile protestó: – No me arrincones, estúpido. Al principio, Mathew no podía creer lo que Acababa de escuchar. – ¿Me has arrinconado? – ¿Cómo te atreves? – ¡Estúpido! – repitió el peluche.


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Mathew gritando – ¡Mamáaaa! Fue corriendo a contárselo a su madre, Pero su madre no le creyó. – Dudo mucho que el fabricante se haya permitido programar al peluche para que insulte – aseguró –. A ver, Smile, repite eso que has dicho. La madre tomo al peluche, lo que no era habitual porque desde el principio le daba un poco de grima. Lo observó atentamente. Se acercó y coloco su oído sobre el peluche para ver de dónde salía el sonido, pero no salía ningún sonido. –A ver, hijo, repite lo que hacías cuando el peluche te ha insultado.


18 Mathew le conto que el solo ordenaba su habitación y que coloco al peluche junto con los demás peluches y muñecos, lo tomo de los brazos y apretó a Smile con bastante fuerza. – Soy bueno –. Dijo entonces el peluche –. Tú también tienes que ser bueno. La madre se fue murmurando: –Ya ves, hijo, él dice que es bueno... Pero en cuanto estuvieron a solas, el peluche repitió: – ¡Estúpido!.


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A veces, cuando estaba con sus compañeros de clases, Mathew se preguntaba si algún otro niño tendría un peluche como Smile. Decidió castigar a Smile y estuvo un día entero sin tomarlo, sin jugar y ni hablar con él. Incluso sacó a Dako y jugó con él, al alguacil y el ladrón. Le gustaba hacer de ladrón y le decía a Dako que era muy inteligente y muy bueno como alguacil.


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Pero al llegar la noche, Mathew se sentía culpable de haber abandonado a Smile todo el día, y se lo llevó, como siempre, a la cama. A la hora de dormir, Smile habló por primera vez en el día y ordenó: – Levántate sin hacer ruido y toma las tijeras grandes, tus padres no te oirán porque están mirando la televisión –. A Mathew le pareció muy rara aquella orden, Pero pensó que si no obedecía se quedaría sin saber qué se proponía Smile. Se levantó, tomo del costurero las tijeras nuevas, que eran muy grandes y afiladas, y volvió sin hacer ruido a su habitación.


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Smile parecía mirarlo con una mirada muy escalofriante. No era como los otros peluches o muñecos, que contienen en su rostro una mirada de alegría Mathew casi esperaba que el rostro de Smile empezara a moverse... –Trae a Dako – ordenó el oso –. Mathew tomo el muñeco y lo puso sobre la cama, frente a Smile. – Clávaselas –ordenó Smile. – ¿Qué? –Las tijeras. Quiero que se las claves. La voz que surgía entre el pecho de algodón era un susurro que hacía pensar en oscuridad, en lugares donde se ocultaban toda clase de cosas que a Mathew le daban miedo; gusanos, cucarachas, ratas. Pensó que así debía de sonar la voz de los muertos.


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Levanto las tijeras y las dejó caer con fuerza contra el cuerpo de Dako. Enseguida sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Dako estaba con él desde hacía muchísimo tiempo, desde que era un bebé, tristemente recordó ¡Cuántas veces lo había abrazado, jugado con él, e incluso le había contado sus secretos!


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Contempló apenado el desgarrón en el cuerpo del muñeco, soltó las tijeras y se volvió hacia Smile. – ¡Eres malvado! – acusó Mathew. Entonces lo tomo y comenzó a golpearlo contra su mesa de estudio. Smile no se quejó una sola vez, no dijo una palabra. Mathew se detuvo asustado y contempló el destrozo que había hecho. El pelaje del peluche se había roto por la mitad y de un brazo que ya había cocido cuando encontró a Smile en el cementerio.


24 Uno de sus ojos se había desprendido, Mathew no podía dejar de mirar al peluche, empezó a sentir miedo al ver que lo había roto, se empezó a imaginar un montón de cosas que Smile podría hacerle, por haberle hecho eso. – ¡Habla! –pidió–. ¿Por qué no dices nada? Tal vez el mecanismo que lo hacía hablar se había roto. Mathew se arrepentía de haberlo maltratado contra la mesa de estudio que estaba en su cuarto, sentía una angustia no menor que si hubiese herido a su mejor amigo. – ¡Perdóname! –. suplicó. El peluche Smile no dijo absolutamente nada. –¡Anda, háblame! –. Pero Smile no decía nada. Aquella noche, Mathew se durmió llorando. Al despertar, lo primero que hizo fue buscar con la mirada a Smile, deseando con todas sus fuerzas que todo hubiese sido nada más un sueño. Smile parecía mirarlo fijamente, esta vez con su único ojo. Mathew lo tomo en sus brazos; estaba frío, más frío que nunca se asustó aún más, no entendía lo que estaba pasando, tenía más miedo, porque ya no le parecía nada normal lo que estaba sucediendo con el peluche.


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Aquel día era sábado, y los sábados los padres de Mathew se levantaban tarde. Aunque estaba deseando contarles lo sucedido, tendría que esperar. Su mirada llena de tristeza, tropezó con los destrozos del día anterior. Le apenó ver lo que quedaba del pobre Dako, le dio un enorme sentimiento porque él era su mejor amigo.


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En cuanto a Smile, tenía una especie de sonrisa inquietante, debido aún más desde que lo maltrato contra la mesa. Trató de coserlo ocultando la grieta. –Voy a tirarte a la basura, para que no puedas hacer nada malo –amenazó, aunque estaba apenado y su enfado era consigo mismo.

Mathew apenas se atrevía a tocar a Smile. Pensó que lo que debía hacer era correr a refugiarse en la cama de sus padres, que aun dormían. –Pienso contarles lo malo que has sido – le advirtió al peluche.


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De pronto, la voz de Smile brotó, muy escalofriantemente; – Agarra las tijeras Mathew sintió que el pánico se apoderaba dentro de él. –No pienso hacerlo. – ¡Agarra las tijeras! Imposible no obedecerle. Con esa voz que provoca temor, Mathew empuñó las grandes tijeras. –Acaba con Dako –. Ordenó Smile. – ¡No! – ¡Vamos! –insistió Smile. Entonces Mathew con un enorme miedo de lo que podría hacer Smile, clavó las tijeras una y otra vez en el cuerpo de Dako, en su cara, hasta que el relleno apareció a la vista.


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–Ahora, tu castigo –. Susurró Smile. – ¿Qué quieres que haga? –Pon tu cabeza arrecostado sobre la mesa. –No entiendo... – ¡Hazlo! – Dijo el peluche. Mathew coloco su cabeza sobre la mesa. Con su mano derecha seguía apretando fuertemente las tijeras. – ¡Clávatelas! – ¿Que me las clave? ¿Tú estás demente? Mathew dudó, sujetando las tijeras con mano temblorosa. Cerró los ojos, empañados por las lágrimas. En la casa se oían algunos ruidos.


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–Eres malvado –. Se quejó, incapaz de resistirse y salir huyendo. Era como si él fuese el oso de peluche y no pudiera hacer otra cosa más que obedecer, y entendió que el peluche lo estaba poseyendo, se dio cuenta de lo peligroso que era, e incluso que podría hasta llegar a lastimar a sus padres. Entendió que no fue buena idea haberlo traído a casa el día que lo encontró en el cementerio, se arrepintió tanto de no haber escuchado a sus amigos, que le decían que fuera a ese horrible lugar.


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– ¡Ahora! –Ordenó Smile. El grito de su madre, en la puerta de la habitación, fue para Mathew como el despertar de una pesadilla justo a tiempo. Arrojó las tijeras al suelo mientras la madre iba hacia el peluche, y lo tiró por la ventana. Abajo, en el jardín, Bruno jugaba solo. Bruno era conocido por sus berrinches y pataletas, él siempre anda bien vestido como un adulto en miniatura. Aunque era vecino de Mathew no podía decirse que fuesen amigos.


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Cuando Smile aterrizó junto a los muñecos de Bruno, los recogió todos y se fue rápidamente entro a su casa. Por el camino escondió a Smile bajo su camiseta, y ensayó lo que diría si llegaba el caso que sus padres lo descubrían con el peluche. Pero cuando saco al peluche en su cuarto, no le agrado la apariencia de Smile, el observo detalladamente que el peluche estaba roto, sin un ojo y a la vez tenía una mirada muy macabra, entonces decidió ir lo a tirar a la basura rápidamente y Smile, dijo unas palabras, Bruno al escucharlo le dio aún más temor por el tipo de vos que tenía el peluche, lo tiro a la basura y ya no pudo salir de ahí, ya que era un peluche poseído por un ente maligno y su plan era apoderarse de las vidas de las personas, pero en el momento que Smile cae en la basura pasa el camión que recoge toda la basura del vecindario, y no se volvió a saber nada del peluche hasta entonces…


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Mathew se muda a un nuevo vecindario en una ciudad muy poco conocida, donde hace muchos amigos, cerca de donde vive se encuentra un misterioso cementerio donde nadie entra por la mala vibra que contiene, donde se encuentra un oso de peluche roto y muy antiguo, en su interior habita algo sobrenatural, en el cual el pequeño Mathew y sus amigos visitan por curiosidad el cementerio, Mathew encuentra el oso de peluche arrecostado sobre una tumba que no tiene nombre, y decide llevárselo a su casa para jugar. Al pasar d e los días s uceden cosas s obrenaturales, Mathew s e encariña del peluche, volviéndose su peluche favorito y lo nombra como Smile por la enorme sonrisa cocida que contiene, poco a poco el pequeño Mathew habla con el oso, y sin darse cuenta el oso le ordena cosas, el cual el niño obedece todo lo que le ordena, que al final se da cuenta que está siendo poseído por el peluche.

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EL OSO DEL CEMENTERIO  

Mathew se muda a un nuevo vecindario en una ciudad muy poco conocida, donde hace muchos amigos, cerca de donde vive se encuentra un misterio...

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Mathew se muda a un nuevo vecindario en una ciudad muy poco conocida, donde hace muchos amigos, cerca de donde vive se encuentra un misterio...

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