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Árbol de la derecha: Juanlu Árbol de la izquierda: Petra Acero Composición y portada: Rosa M.

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¿MicroEcos ilustrados?, pero… ¿qué es un microeco? Es la forma con la que hemos bautizado a un texto corto, un microrrelato, con temática ecologista. ¿Sabes? Durante dos años un buen puñado de locos bienintencionados escribimos, ilustramos, publicamos, leímos y disfrutamos de estos microecos ilustrados que hemos recopilado aquí y ahora. Todos los lunes, sin fallar ni uno (los lunes ecologistas de “Microrrelatos al por mayor” les llamábamos), teníamos una cita. Unos aportaban un micro, otros se ofrecían para darle color, muchos dejaban un comentario y todos, en cuanto se atisbaba la posibilidad de que un lunes se quedase sin contenido, dábamos un paso adelante y volvíamos a ofrecer palabras, colores e imaginación. Y en el viaje, en las letras y en las imágenes, nos descubrimos ácidos, críticos, positivos, constructivos, perdidos y esperanzados. Nos descubrimos habitantes de un mismo planeta. Estamos muy orgullosos de este camino que casi sin proponérnoslo hicimos juntos, por eso están estas páginas delante de ti, para que mirándolas y leyéndolas sientas lo que nosotros vivimos lunes tras lunes, para que no olvides nunca lo verdaderamente importante, lo que realmente cuenta: nuestro planeta es verde, es azul, está lleno de vida, es fuerte pero necesita ayuda. ¿Por qué no echarle una mano y tratarle bien?, ¿es poco acaso lo que él nos da todos los días? Sabemos que es trabajo inmenso pero, también creemos, que no puede una tarea más importante y que se haga en mejor compañía. ¿Qué no sabes por dónde puedes empezar? Por esta publicación, con nosotros. Disfrútala, no tengas prisa.

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La cura Se sentía cansado, llevaba mucho tiempo buscando médicos, medicinas, y soluciones para la enfermedad de su nieta, pero no había dado con nada. Como todas las enfermedades "raras" no había dinero suficiente para investigación, él sabía lo que era eso, decidir donde iban a parar los fondos públicos, elegir entre lo urgente y lo necesario, y lo que querían quienes mandaban de verdad. Pero no se sentía culpable por ello, su trabajo había sido en Medio Ambiente y no en Sanidad. Cuando todo estaba perdido, y la pobre criatura se debatía entre el aquí y el allá, sonó el teléfono. Era un científico, un viejo conocido, le habló de una posible cura, de las investigaciones llevadas a cabo en su laboratorio, de los progresos conseguidos. Su sonrisa se dibujó por unos momentos hasta que el viejo investigador le dijo que la medicina se hubiera podido fabricar, pero que la especie necesaria para ello se había extinguido hacía unos años. Conocía bien al bicho palo palmero, quebradero de cabeza durante muchos años, respiró tranquilo cuando le dijeron, hacía años, que por fin se había extinguido y ya podían construir aquél campo de golf donde habitaba. Ana V.

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Margaritas A María le gusta dormirse con un cuento. Cada noche, su madre se sienta en el borde de la cama y le relata historias increíbles. —En tiempos de la abuela de tu abuela, los niños jugaban en bosques y jardines donde la brisa transportaba el aroma de las flores y los rayos del sol acariciaban la piel. Las ranas cantaban en las charcas, los ciervos correteaban y los enamorados preguntaban a las margaritas si eran correspondidos. María ha escuchado tantas veces este cuento que simula tener una flor en la mano y deshoja el aire: me quiere, no me quiere, me quiere... —Mamá, ¿cuántas hojas tienen las margaritas? —Muchas, María, muchas. Cuéntalas mientras te duermes. La arropa y, antes de irse, la mira desde la puerta. Se está haciendo mayor. Algún día tendrá que decirle la verdad, que las flores son cuentos de abuela para entretener a los niños en este mundo gris de hormigón y cemento que un día, según cuentan, fue verde, azul, multicolor. Puck

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Guerra química —Creo que no estamos solos —dijo ella. Y con la siguiente respiración, su vuelo comenzó a ser errático hasta que cayeron inmóviles con las patas hacia arriba. Luisa

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El viejo roble El viejo roble miró con sus ojos de madera, mezcla de dolor y rabia, el negro campo de batalla. El capricho de un hombre le había costado la vida a muchos de sus hermanos. Esta vez él había sobrevivido, pero si pudiera elegir habría muerto derrumbándose sobre algún humano. Estaban diezmándolos, que ellos también sintieran el dolor de ver caer a los suyos. Cybrghost

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La víctima Un ilusionista de nuestro pueblo, de esos que hacen juegos de manos con las cartas, arrojó la idea. Esperábamos detener el efecto invernadero. Los más exaltados afirmaban que el rendimiento de la tierra se centuplicaría. Según la opinión de los curas, ese pobre mago de feria como ellos lo llaman, no tuvo responsabilidad alguna en la catástrofe que está matándonos. Dicen que fue el diablo quien habló, valiéndose de él, para que aconteciera el juicio final escrito en nuestro destino desde el principio de los tiempos. Lo cierto es que hecha la propuesta, nadie vio un solo puño que se alzara en contra. —Una ráfaga de metralla —dijo. Y, con entusiasmo, fusilamos al sol. Patricia N.

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Quinta columna En las asambleas que se celebraban en bosques y selvas, desiertos y océanos, cundía el desánimo; los animales estaban a punto de dar por perdida la batalla cuando comenzaron a aterrizar los halcones con las últimas noticias. A la oscura labor de zapa que venían desarrollando ratas, hormigas y cucarachas se acababan de sumar gorriones, perros y palomas. En un instante de lucidez, habían decidido cambiar de bando. Elisa

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El poder de la publicidad Aquel mensaje publicitario, expuesto en una gran esfera hinchable de helio, aguantó estoicamente las primeras nevadas del invierno, recibió con serenidad el constante imparto de la contaminación, incluso soportó sin alterarse el paso de la temida ciclogénesis explosiva. Para los ciudadanos formaba ya parte del sólido mobiliario urbano. Un día ocurrió la catástrofe, el calentamiento global ocasionó el fatal pinchazo, la rotura de la capa principal provocó los brutales giros, las fuertes sacudidas y la potente explosión final, fueron minutos de pánico generalizado, después llegó aquel silencio estremecedor… Sólo aquella esfera publicitaria permanece intacta, su eterno mensaje continúa orbitando alrededor del sol: “Somos pioneros en desarrollo y sostenibilidad”. Gotzon

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Perdido Cuando el niño cayó rendido, después de derramar su miedo con sus últimas lágrimas, el sauce lo acomodó en una de sus raíces antes de abrigarlo con sus ramas. Montse

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Rebobinando El planeta azul se creía solo en la inmensidad del universo, pero nunca desesperó, estaba seguro de que algún día aparecería su media naranja. Así fue, la primera vez que la vio sintió que su interior se aceleraba y que el rubor se adueñaba de sus mejillas. Pero el planeta rojo ni siquiera se percató de su existencia. Para reclamar su atención, el planeta azul decidió cambiar, tenía que conseguir que ella se fijara en él. Fue entonces cuando pidió ayuda a los seres humanos. Pronto comprendió que seguiría estando sólo, los hombres hicieron oídos sordos a sus súplicas, egoístas por naturaleza siguieron mirándose el ombligo. Hoy la tierra ha decidido buscar el aire juvenil de sus primeros tiempos, ha empezado a girar al revés rebobinando su existencia hasta ese punto en que sólo los reptiles eran sus habitantes. Si no encuentra quien le quiera, por lo menos, los seres humanos dejarán de destrozarlo. Paloma

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Pequeños detalles Rosa se recoge los pétalos en una coleta para examinar mejor el género, celebra su aniversario esa misma noche y todos los pormenores tienen que estar perfectos. El dependiente, un cardo muy educado, sale de la trastienda portando el último de sus encargos: un ramo exquisitamente elaborado, una selección de frescas y recién cortadas cabezas. La combinación de tonos rubios, morenos y pelirrojos, y texturas lisas con rizadas forman en su conjunto un espectacular centro de mesa. Abandona la tienda encantada, convencida de que sus invitados alabarán su buen gusto. Ojodegato

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Desaparición No está. Su lugar en el abecindario permanece vacío y el resto de sus compañeras, desorientadas ante la ausencia del miembro del grupo que ejerce el liderazgo, no saben qué hacer ni cómo. Al cabo de unos minutos de desordenada asamblea general deciden organizar una expedición de búsqueda y rescate. B se desliza en silencio a través de los pasillos de una biblioteca. Nada. C y D revisan los finos eslabones de una cadena de oro. Tampoco. E, F y G recorren sudorosas una serie de antiguas efigies sin el menor éxito. H se queda dormida en una hoja en blanco antes de acabar su recorrido. I queda sepultada momentáneamente en un silo repleto de semillas de mijo. K encuentra a W alrededor del kiwi que ha decidido inspeccionar. L, M, N y O escapan apresuradas del lamento de un prisionero antes de ensordecer. P y Q, inmóviles en su sitio, se miran preguntándose por qué se ha ido sin decir nada. R, S y T se marchan con tristeza de una resta en la que tampoco han hallado a su compañera. U y V resbalan de un racimo de uvas antes de poder registrarlo. X, Y y Z se pierden en un ejercicio de matemáticas. —Siéntate en el césped y disfruta del paisaje —le susurra A a J cuando ésta última la encuentra en el parterre inundado de flores de un jardín. Montse

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Respuesta práctica —¿Qué es la libertad, mami? Ella se quedó en silencio, mirando unos ojos tan expectantes como inocentes. En ese momento oyeron ruidos de algo que rozaba el suelo en el patio interior. Una golondrina, quieta y palpitante, adornaba con la forma de sus alas abiertas el gastado suelo de racholas. La madre cogió un trapo de cocina y permitió al ave clavar allí sus puntiagudas uñas. Luego le ofreció el paquete al niño. —No aprietes. Solo sostenla, ¿entiendes? El niño acertó a mover la cabeza de arriba a abajo una sola vez y siguió a su madre hasta la terraza del edificio sin despegar los labios. —Abre las manos —le dijo ella. Y fue un momento mágico para el pequeño. Aquella cosita con alas y ojos de regaliz chupada pasó de estar en sus manos a planear hacia las alturas en cuestión de solo unos segundos. —Eso que has sentido es la libertad —le susurró su madre agachada junto a él, mientras aún miraban alejarse al pájaro—. No lo olvides nunca. Montse

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Viejos verdes Descubrieron que tenían el tiempo y las ganas, que ellos eran quizá los últimos que podían iniciar esa revolución. Eso les dio alas. Se formaron, se organizaron, aprendieron cosas que ni se imaginaban y empezaron a sentir que sí, que podían. Un día como otro cualquiera enderezaron la columna, pusieron en su rostro una sonrisa, en sus ojos una mirada pícara, y salieron de los sitios en los que estaban recluidos dispuestos a cumplir con su misión. Algún periodista les llamó “los viejos verdes” y ellos, lejos de ofenderse, asumieron el nombre y se quitaron algunos achaques más de encima. Estaban cargados de semillas y de saberes a punto de extinguir. No había nadie mejor que ellos para conseguir que los niños aprendieran a amar y respetar su planeta. Luisa

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Recuerdos a todo color Mientras su hijo levantaba salpicaduras de un agua grisácea en la orilla de la playa él perdió de vista el entorno. Se encontró de nuevo en su niñez; caminando despacio, unos cuantos pasos por delante del punto donde rompían las olas, para no alertar a los peces que nadaban entre sus tobillos sumergidos en el agua transparente. —¿Por qué sonríes, papá? Lo inesperado de la pregunta se la borró del rostro de un plumazo. Sentado aún en la arena color gris pegajoso comprendió que, después de todo, sería un acto de crueldad contestar. Montse

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Avaricia Con la mar desaparecida y los ríos secos, aprendo a sobrevivir sin agua. La brusquedad del cambio trae una gran carga de angustia, sin embargo rápidamente elaboro una dieta a base de mica y arena y mi rutina de trabajo sufre pocas alteraciones. Cierto aire fresco y húmedo me conduce hasta un pozo, la tentación de beber el agua aún límpida que descubro casi nubla mi entendimiento. Fracciono el líquido en monedas. Patricia N.

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Desaparecen… Eva se agacha, ve almejas en la playa, una perla. Se afana en rastrear peces araña, calamares de sal, gambas lentas, rayas de plata, ballenas varadas, arenques grandes, barcas magenta, carabelas de madera, redes de pesca, atardeceres de arena, velas blancas, almas de pez, mañanas frescas, hadas estrella, palabras veladas, valles verdes, paz anhelada, anclas negras, naves errantes, pescadores fantasma, palabras calladas, prendas de navegantes, aves navales... para llevarse esas partes encantadas del mar en la tela del caballete... ¿Qué falta, qué falta?. Están la a, la e… ¿las demás? Desaparecen. La maldad desencadena desastres. Yacen entre las algas, arrasadas por mareas negras, enterradas las esperanzas, quemadas las selvas. Eva mete las palabras en la cabeza, teme perderlas. Plasma las letras en la tela, la a y la e. Hace tres escaleras. Parece ver tres letras más, mas… desaparecen… plantas quebradas, leyes vanas, abejas secas, aldeas masacradas, presente en llamas. Nada más estarán en el caballete de Eva. Permanecerán en la mente. En el desván del alma esperan. Mar

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Objetivo común Aún puede sentir el olor del humo en su savia, no puede ni quiere olvidarlo. Vio a los animales huir y las llamas tras ellos, asesinando a sus compañeros y éstos muriendo casi en silencio, dejando en el aire un murmullo de suaves chisporroteos. Después, cuando ya empezaba a temer por su vida, llegaron aquellos hombres cargados de agua y lo salvaron, a él y a otros muchos. Ellos tuvieron la suerte o la desgracia de ser la primera frontera de vida tras la tierra calcinada, los testigos de la masacre, los seres que habrían de construir un futuro nuevo desde las cenizas. Durante un tiempo sintieron remordimientos, pesadillas,… pero no tardaron en anudar sus raíces a las de los hermanos muertos, a las de aquellos que podían recuperarse y, juntos, dejaron que el invierno y el dolor diesen paso a la primavera; con ella empezaron a tejer una maraña de verdes hojas, a inyectar vida en la tierra, a acoger pájaros e insectos y sentir otros sonidos, otros colores, otros aromas. Hoy es un buen día. Sabe que su gesto es serio, pero ve las primeras hojas brotando en sus ramas y a los hombres llegar y plantar pequeños árboles, casi retoños. Cuando se vayan, sólo tendrán que tomarles el relevo. Luisa

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Código secreto Subió la velocidad del generador para compensar la falta de luz natural y se arrellanó en su rincón favorito para intentar de nuevo descifrar el documento. Estaba seguro que debió pertenecer a uno de los causantes de la debacle final. ¿Por qué si no iba a escribir aquel mensaje cifrado a su cómplice? Inició la lectura de nuevo, aunque su memoria no lo necesitase. “Re: Cita con Marga Después de todo tu esfuerzo por conseguirme esta cita no he tenido valor a negarme a tu deseo de saber cómo fue. Estuvimos hablando durante un tiempo que se estiró al ritmo de nuestras sombras mientras paseábamos. Perdí la noción del tiempo y entonces sin saber cómo, sucedió. El primer beso. No sé cómo explicarte. Su cabello dorado como el trigo olía a lavanda, su piel era terciopelo satinado como un melocotón en su punto; sus labios, jugosos como pulpa de fresa... Increíble. Te debo una. Tu amigo, Arthur.” Frustrado, apuntó las palabras trigo, lavanda, melocotón y fresa en la pantalla de su buscador; completamente seguro de que la clave estaba en ellas. Montse

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¡¡¡A plantar!!! —Un buen lugar. —Sí, muy bueno. —Allí pondremos una zona de juegos. —Y aquí una buena zona de acceso. —Vendrán las familias con sus niños, pasaran tardes estupendas rodeadas de un ambiente espectacular. —Las plantas y la laguna central será una buena zona para hacer un descanso en el recorrido. —Todo accesible, que no se quede nada sin ver. Será genial. —Si esta es la mejor zona para plantar… el mayor centro comercial. Rosa M.

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Civilización sostenible —Come un poco más -susurran los inmensos ojos bajo una boca vigilante. —No puedo. Son demasiado hermosas -contesta la otra criatura mientras oculta sus pupilas bajo unos párpados de un gris suave para dejar de absorber imágenes. A su alrededor los colores son de una intensidad inexplicable. Desde que llegaron, moribundos, hasta este momento, el planeta nuevo no ha dejado de sorprenderles. Les encantan sobremanera las flores; en todas sus variedades y gamas de color y las formas de sus hojas. Lo que desconocen es el aroma que desprenden la mayoría de ellas. Haría falta un humano para describir esa sensación. Y no encontrarán ninguno en toda la superficie terrestre. Montse

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El otro efecto mariposa La mariposa sentía una inmensa responsabilidad: creía que nada ocurría al otro lado del mundo si ella no movía sus alas; así que aleteaba frenéticamente, con ímpetu e ilusión. Un día sintió la necesidad de ver con sus propios ojos los cambios que producía su esfuerzo y levantó vuelo. A medida que se dirigía hacia el sur se fue encontrando con tierras más cálidas, más sedientas, más hambrientas y desfavorecidas. Su lejano aleteo parecía haber sido inútil. Derrumbada y triste se posó sobre una raquítica rama y lloró. —¡Para qué seguir intentándolo! -sentenció abatida, y aquietó sus alas. Cuando cabizbaja miró al suelo y reparó en cómo trabajaban las hormigas, comprendió que su simple aleteo había sido insuficiente. Entonces regresó a su hogar, dispuesta a convencer a las demás mariposas de que debían batir sus alas todas juntas y al unísono para provocar un gran cambio. Sara

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Salinidad Cuando consigue tranquilizarse y emerge del agua advierte que no ha conseguido ocultarlo. Sus lágrimas flotan en círculos perfectos de un azul más claro. Desde que purificaron los océanos ya nada ha vuelto a ser lo mismo. Montse

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Familia Lo acogieron confiados en que no suponĂ­a peligro alguno. Al ver el hacha en la mano del hombre que entrĂł en el bosque, los ĂĄrboles comentaron: "...el mango es uno de los nuestros...". Pedro S.

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Reserva marina —Mami, ¿has visto sus cuerpos? Brillan mucho ¿Puedo tocarlos? —No, hijo, no te acerques, esto es una reserva marina y debemos respetarlos. Además, cariño, el brillo en sus cuerpos te haría daño. Vámonos de aquí, que las cremas solares que se echan contaminan estas aguas. Y dicho esto, mamá jurel se alejó nadando con su pequeño, mar adentro. Ana V.

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Querido usuario Soy culpable, no me importa reconocerlo, asumo mi parte de culpa en tu desastrosa situación económica y por eso entiendo que te quieras deshacer de mí. Cógeme con suavidad y libérame poco a poco de mi última morada; después méteme en la caja para evitarte problemas, sabes que soy frágil. Entiérrame al fondo del trastero y diles a tus nietos dónde encontrarme, porque algún día las bombillas incandescentes volveremos a tener valor en el mercado de coleccionismo de antigüedades. Paloma

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Para gustos, colores El último cuadro expuesto llama poderosamente la atención. Muestra un mural que ocupa todo el ancho de la pared que recibe más luz y un alto de metro y medio. Lo que más destaca es el amplio espacio en blanco comprendido en el centro; el extremo izquierdo muestra un paisaje marino de colores vivos, un mar azul turquesa golpeando una orilla arenosa de un tono de oro tostado. A la derecha casi el mismo paisaje en gamas grises, con un mar adormecido por la contaminación condensada en sus aguas. Y en la pequeña reseña un mensaje del pintor junto a una bandeja que reposa en una mesita, conteniendo una paleta y diversos pinceles y pinturas. "No. No está inacabado. Simplemente pensé que aquí pintamos todos. La elección es suya; puede dejarlo como está o elegir un extremo. Saludos afectuosos. El autor." Montse

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Tierra 2.0 Su misión estaba suficientemente clara y, como ordenador, cumpliría con ella. Cuando determinados niveles en la atmósfera, en el agua o en el aire fuesen superados o no alcanzados, él simplemente despegaría y se alejaría del planeta muerto poniendo a salvo al Banco Mundial de Especies Terrestres. Después buscaría uno nuevo, un lugar en el espacio en el que la terraformación fuese viable y lanzaría la bomba cargada de vida para iniciar una nueva evolución. Comenzaría así la construcción de una nueva Tierra, una versión mejorada del original, en la que un científico, un hombre, no había tenido el valor de eliminar a la razón última de todos los problemas: el virus, un hombre como él era. Luisa

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Compensación —Sois el único acierto que justificaría todos mis errores —murmura dulcemente a lo que esconde el hueco de sus manos—. Pero me conformo conque viváis. Se agacha hasta sumergir las manos en el agua de la orilla. Las pequeñas criaturas, liberadas a su hábitat de origen, se alejan impulsadas por el débil aleteo de sus extremidades. Montse

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Emboscados Hace miles de años, en la selva, una asamblea de árboles soñó al Hombre. Eso los mató. Javier Ximens

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Sembradora de sueños Aquí las alegrías, acá los pensamientos, allá las violetas...y así fue llenando de colores y aromas la gran playa. Hasta convertirla en un inmenso jardín de sueños posibles. Patricia O. (Patokata)

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Sentidos ¿Qué puede haber mejor que la dulce caricia en las yemas de tus dedos de la página que pasas? El tacto de la corteza de un árbol vivo. ¿Qué puede embriagarte más que el perfume de la tinta impresa sobre el papel? El olor mojado de las flores de mimosa. ¿Qué mejor que una historia narrada en capítulos? La biografía narrada por la anchura del tronco del roble. Montse

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Sara

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Luto Desde que sólo existen flores en los cráteres de la luna, cada noche al acostarme, creo respirar su aroma. No estoy segura porque hace ya tanto tiempo que dejaron de adornar nuestro planeta que a lo mejor me estoy equivocando, no sería la primera vez. Ya hace algún tiempo creí que el sol estaba de luto. Cubierto por la sempiterna nube de gases, parecía que se había puesto un velo, como las viudas del pueblo cuando fallecen sus esposos, ante la inminente muerte de nuestro planeta. Paloma

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Cabopá

Maridaje Al mirar por el objetivo quiero captar la imagen del olivo añejo. Veo sobre el suelo arcilloso de secano la figura leñosa de un naranjo maduro a su lado; colmado del color de los frutos. Es una instantánea que estoy empeñada en conseguir a toda costa. Paso por este lugar casi todos los días. Estoy segura que ambos árboles llevan toda la vida juntos eso se nota. Sus sombras, se unen tímidamente al ras del suelo. Se entienden a la perfección, la naturaleza lo ha querido así después de tanto tiempo de ser vecinos.

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Saben el uno del otro casi todo. Es el maridaje perfecto de un paisaje cercano en la retina de los aldeanos. La casa que los alberga está flanqueada por muros de piedra que miran a levante. El olivo y el naranjo hacen cada día una reverencia al astro rey para que éste caliente la vieja vivienda. Ambos se miran y se hacen compañía. Dan frutos que alegran sus cuerpos enérgicos y disfrutan de las gotas de lluvia cuando caen lánguidas y pausadas, las pocas veces que la climatología lo considera. Uno produce oro líquido una vez al año y respira del otro los aromas del azahar, todas las primaveras. Todavía siguen en pie. Sin cuidados excesivos han sobrevivido a las tormentas frías del invierno y a las calimas de los veranos secos y áridos… Y siguen ahí. Yo cada vez que paso, los miro y los quiero. Hoy, pude hacer la fotografía. Cabopá

Cabopá

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Tierra ¿Soportarías que cubriesen la mayor parte de tu piel de brea después de arrancarte tu hermoso vestido de colores? ¿Qué te pinchasen continuamente hasta desangrarte? No contestes. Conozco de antemano tu respuesta. A ella nunca le preguntan. Montse

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Ciervos Anoche nos perdimos en los Montes de Toledo, camino de un tanatorio. De pronto, tres cervatillos, asustados, saltaron a la carretera, huyendo de las luces y del ruido del coche. Sendas alambradas les impedían internase entre las retamas. Apagué las luces y el motor. La luna nos iluminaba. Dejaron de huir. Bajé el cristal de la ventanilla. —¿Por favor, para ir a Robledo? —pregunté ante el asombro de mi mujer. —Sigue todo recto y en el primer cruce gira a la derecha —me contestó el que parecía más decidido. —Lamento no poder acompañarles en el sentimiento —me dijo el que estaba más apartado. —Lo comprendo perfectamente, gracias —le contesté. Arranqué el motor y lentamente continuamos el camino. Sara me preguntó que desde cuándo entendía el lenguaje de los ciervos. —Desde aquel día que me invitaron a una cacería y rehusé. —¿Y por qué ha dicho el mayor que no podía darnos el pésame? —Tu tío era cazador..., pero, y tú, ¿desde cuándo les entiendes? Javier Ximens

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Las flores de la abuela Candela juega en la arena. Con sus manos ha ido componiendo un collage, donde las piedras se han convertido en flores de pétalos blancos. —Papi, ¿te gustan mis flores? —Son preciosas, tesoro. Me recuerdan las que tenía tu abuela en el huerto cuando yo era pequeño. —¿La abuela tenía flores como estas? —Bueno, aquellas eran de colores: rojas, violetas, amarillas… —¿Cómo las de los cuentos que leemos por la noche? —Sí, como las de los cuentos. Pero esas olían muy bien y se inclinaban cuando corría el viento y las regábamos y con el tiempo se secaban y se caían, pero otros capullos nuevos volvían a salir… —¿Y dónde están ahora esas flores? El padre se queda mirando al suelo, se le hace un nudo en la garganta, se le escapa una lágrima y luego otra y otra… —Papá, ¿por qué lloras? —y de repente exclama alborozada—. ¡Mira papá, donde caen tus lágrimas están saliendo unas hojitas verdes…! Puri

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Laura

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Mañana partiremos El barco pintado con los colores más vivos avanzaba a buen ritmo hacia el embarcadero. Allí encontró a su amiga, una vieja barquichuela de recreo que la esperaba impaciente. —¿Qué has visto? -le preguntó ella ansiosa-. ¡Has tardado demasiado! —He visto cosas horribles. Me avergüenzo de nuestros creadores, querida. Sin duda, estamos condenados a morir. —¿Por qué? -insistió ella. —¿Recuerdas al viejo petrolero ruso? Encalló en las Cíes, y el mar se ha tornado negro como la noche. Desde mi suelo de cristal no pude ver vida, y millones de peces han muerto. Pregunté a cuantos encontraba a mi paso, y las noticias no fueron mejores. Mi pequeña hélice se enredó con cientos de bolsas de plástico y pasé siete días varado. Otros me contaron que el coral ha desaparecido, que las ballenas acuden a morir a las costas, y que de los crustáceos nada se sabe. Es una gran tragedia, y creo que habrá más. —¿Crees que debemos marcharnos? —Mañana lo haremos, ¡estoy harto de tanta mediocridad! La cena estaba preparada. Juan tiró rápido del tapón de la bañera y sus dos barcos quedaron encallados en el desagüe. —¿Podrás comprarme más pilas, mamá? Mis barcos deben salir de viaje. Laura

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Expulsión La nave estaba llena de dolorosas y numerosas ausencias y muchas de ellas señalaban a un único culpable. Enfadado, Noé entró en el arca y echó a la pareja de humanos. “Esta vez sálvalos tú si te da la gana”, dijo mirando al cielo y sin más, fletó el barco. Luisa

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Cumbres Entre tanta mano alzada hubo un puño que golpeó la mesa. En medio de un silencio sin aplausos, abandonó esa cumbre para poner sus cinco dedos al servicio de esas otras cumbres que de una vez por todas había que salvar. Miguelángel

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El último superviviente El espantapájaros mira el horizonte amarillo y seco con el único ojo que le queda. Su pantalón, ya sin relleno, ondea al viento solano como una bandera olvidada en el campo de batalla. Hace mucho que ya no ve pájaros. Hace mucho que ya no pasan nubes. Hace mucho que no se suceden las estaciones. Sólo el mismo sol ardiente recorre en círculos polvorientos los yermos campos sin cultivos. Por un agujero de su cabeza de tela se van escapando las últimas briznas de paja y con ellas sus recuerdos de lluvia fresca, ruido de azadón y verde huerta. Mar

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Renacer Todo estaba perdido, sólo negación y desánimo. Muchos abandonaron la fe, se rindieron. Algunos niños asustados ante tanta aridez empezaron a llorar, se fueron uniendo más; después algunos adultos: poetas, escritores, dibujantes, soñadores que todavía conservaban la capacidad de creer. Fueron muchas las lágrimas derramadas, el caudal de ese llanto empapó la tierra seca y sin vida que era su hogar. De pronto… algo les hizo tambalearse; primero fueron pequeñísimas vibraciones, después leves temblores y al fin ante la mirada atónita de los incrédulos y la luminosa expresión de los que había regado el cuerpo de la Tierra, allí estaba. Una pequeña ramita verde, apenas una minúscula mota sobresaliendo de la humedad, desafiando a los incrédulos y agoreros, regalando esperanza para los soñadores, anunciando una nueva forma de empezar a convivir con el mundo de los seres vegetales. Elysa

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Rebelión de invernadero Los pétalos se agitan de inmediato al notar el áspero tacto del guante en el esqueje. Es la señal. La orquídea alza el vuelo, dejando al jardinero con un palmo de podadoras y un tallo desflorado, sabe que su sacrificio no es en vano. Desde el aire que la mece, más consciente que nunca de que su belleza no se marchitará en un jarrón, contempla una perspectiva general de la lucha: algunos miembros de la Resistencia disparan polen a discreción mientras que los rebeldes sumados a la causa atacan con espinas por todos los flancos. La revolución ya ha empezado y su bandera es verde. Montse

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Epidemia Aunque eran incapaces de comprender su rocambolesco alegato, el Tribunal Militar escuchaba impertérrito la declaración insólita del soldado. Desde hacía pocos días su fusil había contraído una alergia extraña y ahora solo disparaba rosas. Es más, hasta le estaban creciendo ramas. Tras la exposición el Juez fue testigo de un hecho surrealista: de las cabezas de los miembros del Tribunal comenzaron a brotar geranios y amapolas. Incluso su mazo era ahora un alhelí. Terminada la deliberación el Juez dictaminó en su escrito que aquel virus fuera inoculado a todo el Ejército. Desde entonces el país vive una continua primavera. Miguel M.

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Incoherencias Cuando el viejo pastor se jubiló, traspasó al hijo el cuidado del rebaño. Sin embargo, el joven aprendiz de cosmopolita abandonó los pastos por la ciudad. Allí acudió a la Universidad y fue un estudiante comprometido con la protección del medio natural, ecologista y ferviente defensor de los derechos de los animales. Mientras tanto, sus ovejas desfallecían de hambre, y su anciano padre moría de pena pensando que su hijo rechazaba su legado porque odiaba el campo. Sara

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Tormenta Los rayos caían con tristeza, acaso con palidez: ya no había árboles que los recibieran. Jose Luis

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Mil y un años después En el mismo momento en que perdía el paraíso, Adán tuvo esa espeluznante visión. Bosques y montes, valles y montañas, playas, desiertos, la tierra entera trepidaba hendida por millares de ríos petrificados. Debía nombrar el fenómeno. —Asfalto —dijo. Patricia N.

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El milagro de las semillas En mi pueblo hubo un tiempo en el que las calles se despoblaron: los jóvenes partían a la ciudad y a los mayores les daba por morirse. Fue cuando el alcalde reunió en el Mesón a todos los vecinos para encontrar remedio a la situación. Don Camilo propuso clausurar el municipio y marcharse de allí; Angelillo presentó un proyecto para construir viviendas de lujo, todas en sus terrenos; y unos cuantos sugerimos una caravana de mujeres para los solteros que aún quedábamos por casar. Ninguna de ellas logró la aprobación general. Cuando nos proponíamos a marcharnos, entró de sopetón un joven charlatán, que al parecer estaba al tanto de nuestra preocupación. Venía cargado de un gran baúl que dejó a su vera, tomó la palabra y nos explicó su plan. Se trataba de plantar en nuestros corrales las semillas humanas que él vendía. Para demostrar el éxito del producto, extrajo una maceta de su equipaje y demandó agua al mesonero. Cuando la vertió sobre el tiesto, como por arte de magia, creció una manecita humana con sus cinco deditos. Todos quedamos boquiabiertos ante el espectáculo que presenciamos y nos abalanzamos a comprarle el género. Como escaseaban, el precio se disparó y cada cual fue en busca de sus ahorros. El joven se marchó con un buen fajo de billetes. Al día siguiente, todos sembramos en nuestras casas las simientes mágicas y comprobamos con el paso del tiempo que de ellas no florecía ningún ser humano ni nada que se le pareciese. ¡Nos habían timado! Pero de este engaño se hicieron eco los periódicos y pronto recorrió la noticia cada rincón del país. Los curiosos aparecieron y se quedaron. En un año se reabrió la escuela, se construyeron varias casas y se inauguró un hostal. La vida brotó de nuevo en nuestras calles y al charlatán lo encontraron plantado como un espantapájaros en medio de un campo riojano. Nicolás

Juanlu

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Juanlu

¡Mírenlas! La luz era tenue y el aforo estaba completo: “La palmera mira al cielo y a la tierra con ojos amarillos. Con sus múltiples brazos saluda al aire que la agita. Sus ojos parecen los de un cíclope de huerto; vigilante de los demás congéneres de su alrededor. Y la morera sola. En soledad perpetua, además de desnuda ahora que le han podado las ramas. Escucha las voces de los que pasan por su lado y observa, un poco tuerta, la mirada furtiva de los otros. Ahora bien cuando de las moreras cuelgan las ramas repletas de hojas verdes y los naranjos empiezan a florecer, en mi ciudad se combinan los colores y los sabores con los sentidos, en una encrucijada de caminos distintos, pero parecidos haciendo que los que deambulan por las calles sientan ese aire diferente que los impregna, hasta tal punto que sin querer, se creen otros. Otra imagen habitual que sirve de ornamento a parques y jardines en los tiempos modernos es el olivo. De cuándo este árbol de labor y rico fruto, es un elemento de adorno. Hoy en día tan usado en los minúsculos parterres del nuevo formato de vivienda, en el extrarradio de las ciudades… …Y la palmera sin viento parece dibujada; cuando salgan a la calle ¡Mírenlas!”. Así empezaba la joven Licenciada en Medio Ambiente su ponencia en el “Primer Encuentro para Ciudades Sostenibles”. El aforo del auditorio quedó en un silencio tan delicado como patente. Al terminar su exposición, recibió un aplauso sonoro y rotundo. Cabopá

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2112 —Y si te digo que hubo un día en el que el cielo gris que nos rodea fue azul. Y que el desierto que nos invade estuvo jalonado de árboles como el que ves en esa foto. Y si te cuento que era posible nadar en lagos al aire libre. Y salir a pasear a las montañas, sin temor a que los pulmones se encharcaran. —Sí abuelo. Y que te encantaba ir a eso que llamabais río con una caña de pescar. Pero ya no es posible. Y ahora colócate la escafandra. Es hora de ir a la residencia. David

Juanlu

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Juanlu

Visión polarizada Una interminable hilera de cerdos cebados a base de piensos transgénicos, hinchados con hormonas y antibióticos, después de vivir estresadamente en mínimos habitáculos, van entrando, uno a uno, a su particular paraíso, previo paso por una muerte aséptica. En otro lugar, en la costa almeriense o murciana, se crían gordos tomates bajo kilómetros de plástico, recibiendo, gotita a gotita todos los aportes químicos necesarios para dar la talla en el mercado. Por la noche, en el piso 4º de una gran ciudad, la familia Pérez se lamenta delante del televisor. Visionan un documental que aborda la problemática del medio ambiente. Deforestación, delfines con las cuencas oculares sangrantes y a la deriva debido a los sonar militares, contaminación de aguas dulces y saladas,... Hoy para cenar, comen un rico bocadillo de jamón con tomate. Torcuato

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Juanlu

Colgada Estaba cansada. Estaba cansada de ver la misma cara triste todos los días. Sus pasos estaban cansados de ver la misma cara triste todas las mañanas, día tras día, al arreglarse. Decidió cambiar de vida. Se colgó de un árbol. Se colgó de un árbol grande. Una grande y lejos que querían cortar. Una secuoya sin espejos. Una que estaba cansada de tantos días y tantas caras. Una mañana sin espejos, con distinta cara y en el mismo árbol en el que había decidido salvarse, se vio feliz. Bicefalepena

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Devastación Por favor, hija, no llores. Plantaremos otro árbol. El que tú quieras. Compostaremos nuestros residuos para nutrir la tierra. La humedad de la nieve y esa escasa luz que se filtra a través de las nubes, hará el resto. Cuando dé frutos, recolectaremos sus semillas y repoblaremos, con paciencia y trabajo, éste gélido e inhóspito desierto. Volverá a ser nuestro paraíso. Ya sé que…, muy probablemente, éste sea el último. Pero cariño, entiéndelo, si no lo talamos, moriremos de frío. Pedro A.

Juanlu

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Sostenibles Renovado Y al tercer día, se dieron cuenta de que se había fugado con la reponedora de colonias del Mercadona. Resucitó su pasión, su Ó de Pasión. Reciclado De naturaleza helicoidal y dado a la narrativa, decidió no reencarnarse en candelabro, ser estático, figurativo y centro de todas las miradas. Se hizo tornillo sin fin de una fábrica de chocolate, de ese relleno de naranja. Reutilizado Como ser humano, se había indignado lo suficiente para ser tenido en cuenta, pero no como para ser temido. Ese era su padre y su vocación de pandereteiro. Como jersey de cuello alto, le salían bolas. Bicefalepena

Juanlu

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Cambio climรกtico Bajo al piso tercero y monto en la barca. Remo con fuerza hasta la avenida y me sumo a los otros. En la plaza del obelisco extendemos la red y entonamos nuestros alegres cรกnticos. Ante nosotros hierve el agua de capturas. Pero en el cielo surge de nuevo esa horrible mancha azul. Pablo G.

Juanlu

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Juanlu

Ciudad jardín La primavera entró ese año rara, podía haber ocurrido como cualquiera de los anteriores, con el olor a polen de los primeros días de Abril o con una canción de Ruibal, pero no, fue al abrir el grifo del lavabo. Sin más, empezaron a brotar todo tipo de flores, primero margaritas, luego amapolas, peonías y cuando trataba de cerrar el grifo manaban delicadas orquídeas. Rápidamente comprobé el resto de los grifos y, cambiando colores y especies, todo era igual. Abrí las ventanas para que saliera la mareante mezcla de perfumes y, al salir al balcón, pude ver como en el resto de los edificios salían por las ventanas cascadas de flores. Los vecinos también asomados compartían la misma estupefacción con sonrisas estúpidas y risitas nerviosas. Aquello fue rápido, al caer la noche una maraña de tallos, pétalos y hojas cubría la ciudad. Unas semanas después el olor de nuestros cuerpos putrefactos era apenas perceptible sobre la fragancia de la nueva ciudad jardín. Jaime

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Juanlu

Ibertrola Se privatizaron las energéticas, subieron los recibos y se felicitaron todos por el libre comercio. Para evitar las malas lenguas, una se disfrazó de verde y erigió un monolito de proporciones gigantescas, a fin de adornar la ciudad. El monumento es aparentemente ecológico e inofensivo. Pero en las noches de luna llena, excitado tal vez por la visión de algún cráter lunar, se transforma en un henchido falo, enciende su muselina blanca de esperma y amenaza a la población con una lluvia ácida. Ana M.

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Los almendros son mentirosos. Y deshonestos; se dejan florecer por cualquier: Febrero. MA

Juanlu

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Feísmo Son las doce de la mañana. Se acaban de abrir las puertas de la sala. Numerosos periodistas se arrebujan en las escaleras de los juzgados. Parece ser que a consecuencia de una mala gestión protocolaria no ha podido llegar a tiempo la solicitud de indulto para la acusada. Los hechos tuvieron lugar el mes pasado cuando, en cumplimiento de la orden ministerial, se suprimieron de las praderas septentrionales del país las socorridas bañeras-abrevadero, dando lugar a sonadas algaradas del ganado bovino en las plazas de los ayuntamientos, con los consiguientes disturbios. La vaca instigadora, que respondía al nombre de Walesa, fue detenida como escarmiento. Mañana será sacrificada. Ana M.

Juanlu

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Petra Acero

Vacaciones en la playa La gente se zambullĂ­a con gozo en las aguas de mar libres de tiburones y medusas quemantes, se nadaba con el confort que proporcionaba el mar sin peces, ni corales, ni nada de vegetaciĂłn marina, mucho menos olas ni caracoles. Eso sĂ­, tras los cien metros cuadrados de la superficie de mar limpia frente al hotel de lujo, los desechos metĂĄlicos conservaban, bajo insoportable silencio, los restos perdidos de la otrora vida marina. Jose Luis

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Petra Acero

Electro2 O Al despuntar el día abrió la ventana. No había mensajes. Bajó a la cocina y desayunó con el cartón de leche en la mano. Subió de nuevo. Ahora sí, recibió la noticia. Su compañía suministradora le premiaba con 12000 kilovatios extra. A pesar de la escasez, podría navegar un poquito más. Ojeó el periódico, las energéticas aumentaban sus beneficios pero aconsejaban un uso racional de los recursos. En una esquina se daba cuenta de la subida de la temperatura global y las consecuencias para los cultivos en países poco desarrollados. Un pantallazo le avisó de un nuevo correo. Al llegar la noche, encendió la luz de bajo consumo. Ana M.

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Pablo P.

Malos presagios El mar de petróleo se fue tornando viscoso, hasta que llegó el día en que un ser surgió de él y empezó a caminar por la playa; y el sol, testigo aún de la historia, pareció oscurecerse un tanto recordando como miles de años atrás, del mismo modo, nació la vida desde el agua salada hasta lamer la arena, para quedarse, empezando ya desde el primer instante a dañarla. Luisa

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Bellotas Yo tuve una vez una encina en un terreno muy pequeño. La compartía con mi hermana y un primo, pero éste vivía lejos y no la apreciaba. En diciembre, mi hermana y yo, nos colgábamos de sus ramas más bajas y las más altas las vareábamos. Caían unas bellotas gordas, marrón oscuro y reventadas por un costado. Con ellas en una cestilla, nos íbamos a casa, hacíamos un nido entre las ascuas y las cenizas de la chimenea, rajábamos con un cuchillo las bellotas que no tuvieran ninguna herida y las echábamos al hueco tapándolas después con más ceniza y ascuas. Esperábamos alrededor de la lumbre, la tarde oscureciendo en el patio, sin luz eléctrica, con los rojos y azules de las llamas más atrás y los cuadrados incandescentes y las cenizas delante, a que se abrieran las bellotas y llenaran el invierno con su olor de fruto asado y convocara a otros olores, a la jara, al tomillo al pimentón y al pelo chamuscado del cerdo. Pronto comenzarían las matanzas. Lola

Petra Acero

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Juanlu

Restos arqueológicos En los últimos meses se ha intensificado el enfrentamiento entre los representantes de las dos principales corrientes de investigación arqueológica. El motivo de la disputa es la morfología, taxonomía y preeminencia de la vida animal que un día pobló el planeta conocido por Tierra. Así, la Escuela Arqueológica de Urano sostiene que la vida fue primordialmente terrestre, según han podido deducir sus investigadores de los documentos hallados en las excavaciones, entre los que se encuentran los llamados legajos «Carnecería Garrote. Carnes del país. Toro de lidia durante toda la temporada». Sin embargo, para una fundación adscrita a la Universidad de Marte, la vida fue primordialmente acuática. En defensa de su teoría exhiben unos documentos hallados en un yacimiento cercano al de sus rivales y que denominan «Lourdes. Pescados del Cantábrico. Marisco directamente desde las lonjas». Pero en lo que ambas corrientes coinciden es en que la vida en el planeta se extinguió en un estado de placidez y felicidad absoluta, como prueban profusamente los restos denominados «CocaCola». Fernando Vicente

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Petra Acero

La máquina Ese día su consternación alcanzó el borde del vaso. La contaminación, el deterioro del medio ambiente, los crímenes viles del ser humano al planeta (y entre ellos), le produjeron agobio y enfado. La idea que venía rondando por su mente se concretó y caminó hacia la máquina. Viajó doce, trece, catorce millones de años, hasta que encontró al eslabón perdido. Mató al homínido sin dudarlo. Mientras se transformaba en no-existencia, alcanzó a implorar que la naturaleza no volviera a cometer ese error. Sergio

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Los últimos del bosque Sólo quedan bosques en los depósitos de los museos: una evocación amarilla en libros desvencijados. Igual sucede con los árboles, los acordes del viento o el olor de las madreselvas. Todos extintos, convertidos en tenues trazos de memoria, esquirlas que socavan los recuerdos. En esos tomos carcomidos he descubierto imágenes de robles, colores que ya no existen, los caminos de las hormigas, el árbol del que germinaban las mariposas…Se acabó huir. Esperaremos exhaustos en este caserón destartalado, en el mismo lugar donde antaño florecía la espesura. Ahora el bosque es un precipicio abrupto lleno de escombros y cenizas; un lugar donde anidan los cristales rotos. A lo lejos se escuchan las sirenas, el chasquido de los percutores y el ladrido furibundo de los perros. Se aproximan incansables. Husmean la maleza, pero ahí debajo no perciben nada, sólo razones difuntas y argumentos roídos por la herrumbre. El cuerpo del abuelo permanece ovillado en el sillón mientras los niños corretean risueños entre las basuras. Huele a frustración, revolotea la sombra del ocaso, se marchitan las quimeras. Papá me acaricia la nuca. Llora. No se percibe nada en la lejanía, ni siquiera el futuro. Ahí están, disparan. Papá ha caído. Somos los últimos. Xavier

Petra Acero

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José

Por la ciencia A pesar de estar atado de pies y manos, no estaba tan incomodo, la habitación tenia buena iluminación y una calida temperatura. Por haber vivido la mayor parte de su vida en lugares habitados, podía comprender la mayor parte de lo que hablaban los humanos; pero había una palabra que el pequeño simio no conocía, esta era… ”disección”. Carlos

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テ…ida La niebla bajテウ hasta tragarse la ciudad. Tenテュa toda la noche para digerirla. Luisa

Petra Acero

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Petra Acero

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Entrevista con el pirómano —¿Y cuándo será el incendio? —Ocurrirá al atardecer, de manera inesperada. Será global. Como todo incendio, tendrá un carácter purificador. —¿Contaremos con bajas? — Sí. Con las de resistentes, dependientes, e insostenibles pero también con las de los desafortunados. —¿Quiénes sufrirán más las consecuencias de la quema? —Todos por igual, los enlaces que nos unían desaparecerán. Al principio andaremos perdidos, como abandonados en un desierto. Nos resignaremos y descubriremos las bondades de la falta. Recuperaremos el sentido de la realidad. Quizás construyamos algo nuevo, más puro y elemental. Finalmente nos adaptaremos, como las ratas. —¿Cuestión de supervivencia? —Cuestión de supervivencia. Ana M.

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Juanlu

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Crónica de otro verano más Sequía desde los cuatro puntos cardinales de la península, pertinaz sequía. El fuego arrasa indiscriminadamente provocado, por montes valles, llanuras, cerros y colinas. Cruza vías pecuarias, asalta poblados e incinera rebaños y piaras, quema todo lo que encuentra a su paso. Mientras, los prados pierden su verdor y las mesetas se entristecen porque los malos aires no dejan crecer los cereales ni las legumbres, ni las vides… y los olivos al llegar el invierno sólo tendrán olivas negras. Lloverá a jarrazos en algunas regiones desbordando ríos, ramblas y riachuelos. El agua sin esfuerzo buscará el mar sin producir provecho, dejando antes, un rastro de daño en cultivos y frutales. Muchas serán las pérdidas. Habrá llantos y lamentos por las pérdidas de vidas humanas, por los daños a una naturaleza que quedará malherida. Se disputaran, los políticos la eficacia de los efectivos y, la previsión en la prevención. No habrá juicios, ni se sabrá de los culpables. Pasaran los días, las semanas y los meses y, llegará el próximo verano, entonces se volverá a oír esa frase tan manida: “el fuego se apaga en invierno”. ¡Basta ya! Dicen los lugareños. O será todo por el desequilibrio climático que azota con “olas de calor” o quién sabe si será el deshielo del Ártico. Desde mi península, ésta es mi crónica. Firmado: Naturaleza No Me Molesten En Verano Cabopá

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Petra Acero

Maqueta En cuanto depositaron la caracola en la esquina del acuario desportillado, los niños contemplaron atónitos cómo brotaba de su interior la arena que cubrió el lecho de cristal. Después vieron surgir rocas de formas caprichosas, el agua que se agitaba con suavidad de bonanza, estrellas y caballitos de mar, peces de colores, escualos diminutos, el pecio semienterrado de un galeón holandés, dos ballenitas azules y un submarino nuclear en miniatura que vomitaba, por la rendija abierta en el casco corroído, su bilis de plutonio. Elisa

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Irrespetuosos Los árboles no saben de medianeras, y el nogal vierte generoso sobre el terreno vecino su sombra en verano, y en invierno, sus nueces. Tampoco entienden de sucesiones y, desplegando su poderío donde no deben, los eucaliptos se empeñan en complicar el trabajo de agrimensores y escribanos. Las plantas ignoran los rígidos calendarios y algunas —confundidas por un calor inoportuno— se aprestan a florecer otra vez en pleno invierno. El río desconoce los planos y crece moldeando un nuevo trazado que en nada concuerda con mensuras catastrales. Los perros atraviesan alambrados y cercos en su ambición por delimitar su territorio. Los hombres —celosos de la libertad ajena— talan los árboles, atan los perros y extreman las defensas. Mónica

Valentina

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Petra Acero

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Adiestramiento Mueva el cursor sobre el planisferio y marque el รกrea de bosques que quiera eliminar. Ahora presione "Aceptar". Vamos, sin miedo. Muy bien. Veo que aprende con facilidad. Sandra

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Juanlu

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Lombriluz La foto que tienen delante hace por fin justicia a la pequeña lombriz que, capturada en primer plano gracias a la pericia de nuestro fotógrafo, trabaja más que nadie, callada y anónimamente, para que todos podamos disfrutar de flores como ésas. Ella es el mejor abono, ella oxigena y remueve la tierra pero, sobre todo y principalmente, como todos ustedes saben, es una excelente recicladora de desperdicios orgánicos. Sabe que fuera de la tierra su vida corre serio peligro, sabe que no es fotogénica; pero, mírenla en esta foto, mostrándonos su mejor perfil y lista para continuar con su tarea. Si ella puede hacer tanto, ¿se imaginan qué no podríamos hacer nosotros?, ¿se lo imaginan? Luisa

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Juanlu

Alimento La tierra sigue saturada de ceniza. El suministro de agua m谩s cercano contiene demasiada sal. Incluso a la luz del sol le cuesta abrirse paso hasta este rec贸ndito lugar. Las plantas, ignorantes de la situaci贸n, florecen al contacto con los susurros de aliento que manan de la boca del hombrecillo de piel tostada. Montse

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Petra Acero

Bioscuridad Los troncos oscuros y erizados de las palmeras enmarcan un paisaje lúgubre de niebla y bruma. Parece que sólo los pájaros pardos han venido a revolotear en el parque. Y se han quedado mudos. Los brazos del ceibo, cubiertos de ceniza, se introducen en el cuadro, colgando en el aire húmedo los rojos crespones de sus flores cabizbajas. Cruza, como un destello, un chaleco amarillo, y se corta el silencio con el grito del benteveo, que desafía, agorero, a las agudas espinas y al viento helado. Se suma a la dantesca escena una enorme chimenea, de la cual emergen espesos chorros de humo, en distintos tonos de negro, y se desparraman millones de partículas negrísimas, que poco a poco van cubriendo y apagando los colores. Desde el manto de pastos agrisados donde yace, el charco devuelve unos reflejos aceitosos, y contempla, impotente, la perpetua batalla que está dando la vida por seguir siendo vida. En el lejano horizonte aparece tímidamente el rojizo anuncio de un nuevo día de esperanza. La niebla que cubre los montes y sembrados comienza a desarmarse, y envuelve como una bufanda húmeda, teñida de rosas y violetas, las primeras siluetas alargadas. Se abre, chirriante, un oxidado portón. Desde adentro, la luz artificial recorta la figura de un obrero, que sale restregando sus manos frías y cansadas. De un bolsillo de su camperón saca una pequeña cámara fotográfica y, sin percibir la cruenta lucha que se libra en el angustiado parque, dirige su lente y su mirada hacia el mágico instante en que la noche se repliega hacia su reino, donde acechará, sigilosa, su próxima oportunidad. La fotografía despertará admiración, y muchos elogiarán tanta sensibilidad ante la belleza del paisaje. Mientras, allá en el parque, unos restos de verde y amarillo sucumben, finalmente, ante la insensibilidad del azufre y el carbón. Hugo 95


Juanlu

Naturaleza Le gustaba esconderse entre los árboles, correr con los ciervos, seguir en el cielo la estela de los pájaros y, con los brazos extendidos, jugar a ser mariposa. Siempre caminaba descalza sobre la hierba y las gotas de rocío le besaban sus pies color tierra. Ella era feliz, pero el bosque era cada vez más pequeño y sus paseos más cortos. El primer día que pisó el asfalto notó como sus raíces comenzaban a secarse. Para continuar su camino, necesitó comprarse unos zapatos que se quita cada vez que llega a casa. Tiene césped en el salón. Abre la ventana, mira al cielo, extiende los brazos y, por un instante, le vuelve el color a las mejillas. Puck

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La jardinera Plantó un jardín de piedra, lleno de sonrisas, blanco sobre arena negra. Lo vio llenarse de flores bellas y duras y, para protegerlo del poder de las olas, elevó un pequeño muro de cantos rodados. Nada ni nadie podría destruir su jardín. Ni siquiera el mar se acercaría. Y desde él, canto a canto, piedra a piedra, volvería a plantar el planeta. ¿Un trabajo duro? No lo creyó nunca la jardinera. Luisa

Petra Acero

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Por-venir Cada día unos cuantos elegían el sol que más convenía. A veces, se decantaban por uno cubierto de nubes negras, adobadas en agua de lluvia. Otras, el sol de luz diáfana, que gustaba a la mayoría. Con las lunas no se acababan de poner de acuerdo. Unos reclamaban constantemente plenilunio para poder bañarse con reflejos plateados y algunos, más taciturnos, querían sólo una hendidura de claridad en el cielo, para perderse en la nocturnidad. Rendidos ante la evidencia, callaban al hablar de la tierra que habitaban. Aceptaban cabizbajos e impotentes la imposibilidad de cambiar de planeta. El único en el que se podía respirar. Aunque si no lo remediaban, quizá ya no por mucho tiempo. Mei

Juanlu

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11 de febrero de 2013

Estamos en los comentarios Luisa Hurtado González 11 de febrero de 2013 08:01 De cuerpo pequeño y alargado, con un número de patas variable, el animal que nos ocupa ha sido catalogado como virus, un virus capaz de arraigar y penetrar con fuerza en la memoria de todo aquel que lo lee, que no muerde pero que sí pica, provocando en el mejor de los casos una propensión convulsa a poner algunas palabras detrás de otras. Este virus, quizás en peligro de extinción en formato papel, ha encontrado en la red el caldo de cultivo ideal e idóneo para su supervivencia. Visible con facilidad en las entradas de blogs y páginas de todo tipo, a veces se oculta en los comentarios, para pasar desapercibido o quizás para llamar la atención sobre vaya usted a saber qué cosa. Si descubre uno de color verde en su casa, en su pantalla o quizás creciendo ya en su cabeza; no lo dude; escríbalo y mándenoslo, en este lugar tenemos ya un buen número de microrrelatos ecologistas. Responder Eliminar

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Juanlu

Lรกgrimas negras Va a la deriva, sin ancla, sin sujeciรณn a ninguna parte. Eso que antes llamรกbamos tierra es ahora un globo sonda en el espacio en busca de una ayuda que no llega. Las lรกgrimas que desprendemos son negras como la noche mรกs oscura y van creando a nuestro paso agujeros negros que se tragan toda esperanza. Rosa M.

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Imperdonable Sólo una vez al año revelan cuánta belleza tenían guardada. Van floreciendo en respetuoso orden, para que podamos admirarlos. En este momento están en llamas los flamboyanes. Y entonces descubro, con tristeza, que llegó a su fin la primavera y que, enfrascada vaya a saber en qué terrena complicación, no disfruté como Dios manda del blanco fugaz de los ciruelos, del rosa de los lapachos, del lila de los jacarandás. Mónica

Valentina

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Juanlu

Dicotomía Acaba de despertarse, se despereza delante de la ventana, una bocanada de sol se detiene en su cara. A un lado, el jardín rebosante de primavera, le regala su primer aroma de la mañana. Risas de niños cabalgando en bicicleta, el peloteo en la cancha, el azul de la piscina rivalizando con un sereno cielo… le armonizan los sentidos. Al otro lado el pinar; árboles centenarios, acogedores caminos, algún corzo bailando el aire, ágiles ardillas explorando el suelo, la invitan a solazarse en él. Se viste de chándal. Se monta en su coche. Después de veinte kilómetros llega a la turbia ciudad. Recorre calles completas de vehículos hasta aparcar el suyo. Tras quince minutos a pie por el rígido e impasible asfalto, se mete en el gimnasio. En cuarenta metros cuadrados y con diecinueve personas, entrena durante un par de horas. El bochorno, el ambiente, el sudor, agobiantes, se cosen a su cuerpo. Extenuada, espera a la cola para darse una ducha. Llega a casa. La miran al pasar... el aire, los pinos, los pájaros, las rosas... Ella es humana, tremendamente humana. Rosy

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Ventaja evolutiva Llegó un día en que, simplemente, dejaron de pedir peras al olmo. Asumieron que el hombre, dijese lo que dijese, no iba a hacer nada por ellos. A partir de ese momento, haciendo posible lo imposible, atreviéndose a hacerlo, lograron concretar su rabia en un apéndice mecánico, una regadera común, que les daba un extraño aspecto. A los hombres, esos idiotas, les hizo gracia el invento. De modo que, cuando llegó el verano y los hombres volvieron con sus fuegos y sus juegos, ésos que no tenían gracia alguna, tuvieron la oportunidad de descubrir la verdadera multifuncionalidad del apéndice: los árboles, antes de echarle agua a las llamas, extendían sus ramas y les arreaba una buena hostia a los imbéciles. Luisa

Juanlu

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El hijo El padre está en mitad de la habitación, siguiendo los movimientos del hijo, éste se mueve con la elasticidad de un gato mientras va guardando cosas en la mochila que hay sobre la cama. —¿Qué puedo hacer para que no te vayas? —No puedes hacer nada, padre, sabes que la decisión está tomada. Lo hemos hablado antes. El joven evita mirar a su progenitor, a quien hoy ha descubierto más pequeño que nunca. El padre se retuerce las manos. —¿Te vas porque he hecho algo mal? El hijo se para frente a él. No puede consentir que se sienta culpable, no cuando está a punto de irse. —Tú no has hecho nada malo, papá, y lo sabes. Toda tu vida has trabajado como un animal para darme una buena educación. Me has dado la oportunidad de aprender, de elegir y ahora, gracias a ti, puede salir a luchar por lo que creo que es necesario y justo. Papá -añade-, sabes que no puedo mantenerme al margen, que no puedo meterme en un despacho y mirar a otro lado. Quiero hacer algo, tengo que hacerlo. El padre asiente, el chico no le ha mentido nunca; sin embargo, ni aún sintiéndose tan orgulloso como se siente de él, consigue acallar el miedo. Toda la vida ha trabajado para los madereros y ahora su hijo quiere luchar contra ellos. Lo enseñó a amar tanto la selva, tan profundamente, que ahora quiere protegerla. Y aunque no tiene nada de qué arrepentirse, nunca han hablado de esos muchachos con ideales que desaparecen de un día para otro, nunca han sido eco del ostentoso desprecio de aquellos que le pagan. Hasta hoy no se había puesto en el lugar de esos padres que pueden llegar a perder lo que más quieren, a cambio de que la naturaleza tenga a alguien dispuesto a luchar de su lado; e intuye que, desde el momento en que el hijo se vaya, el dolor se hará dueño de su cuerpo, las lágrimas de sus ojos y el silencio de la casa. Luisa

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Juanlu

Me nace naturaleza El peso del aire sucio me achaparra, respiro con dificultad, me cuesta llenar mis pulmones con esta concentraciĂłn de gases grises. Todas las noches sueĂąo con las montaĂąas, los bosques y el mar abierto y que el aire que respiro me llena de vida. Hoy, al despertarme me he sentido ligera, como si mi peso no me atara al suelo. Al mirarme en el espejo no he podido reprimir una carcajada. De mi cabeza ha surgido un bosque, un verde y frondoso bosque. Rosa M.

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Juanlu

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Están, y no son, verdes Tuvo que ponerse a llorar para que aumentasen el nivel de las aguas, para que aquellos torpes animales bípedos levantasen los ojos de las pantallas a través de las cuales eran espectadores de la realidad que tenían enfrente, para que notasen que algo que les afectaba y les concernía estaba cambiando, inexorablemente. Quiso pensar bien, creyó que reaccionarían con rapidez pero, muy pronto, ellos mismos la hicieron recordar que nunca nada era, para ellos y con ellos, tan simple. Hubo que esperar a que dieran un nombre a todo aquello, a que recogiesen más datos con los que alimentar sus ordenadores, a que desarrollasen algunas hipótesis y creasen complejos modelos con los que escudriñar el futuro y dar la razón al presente; después compararon todos los resultados posibles, los estudiaron hasta que no tuvieron ninguna duda de que el desastre llegaba; más tarde, algunos seres decidieron buscar a los culpables, otros entendieron que eran víctimas pero, mientras hablaban de sí mismos, todos sin excepción dejaron que el tiempo pasase, como sin querer, torpemente; por último comenzaron a pensar en las acciones a tomar para evitar el desastre conocido, bautizado, previsto y que ya estaba allí, sabiendo ya que la solución llegaba tarde. La Tierra redobló sus lágrimas. Ella ya sólo quería acabar con ellos, como solución, como venganza, o como fuese. Luisa

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Los que saben del campo Dicen los que saben del campo que cuando llueve, lo que cae es oro líquido y todo lo que tiene vida y se moja, brilla con luz propia. Dicen los que saben del campo, que un arco iris es la sonrisa de la naturaleza. Dicen los que saben del campo, que pasar bajo un olmo viejo, da sabiduría para el resto de la vida. Dicen los que saben del campo, que empaparse bajo la lluvia, es igual que tomar vitaminas para crecer. Dicen los que saben del campo, que cuando nieva los árboles se pliegan, la tierra se lava y los ríos cantan. Dicen los que saben del campo, que cuando sale el sol, los árboles abrazan, las plantas florecen y los pajarillos cantan. Dicen los que saben del campo, esos mayores que por ahí andan, que cuando pasa la tormenta, el tiempo árido y la nevada, que la primavera se hace presente y la naturaleza habla.

Nani

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Juanlu

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Beber para olvidar No es que, debido al cambio clim谩tico, el nivel de las aguas suban y algunas ciudades en el mundo puedan llegar a desaparecer; es que la Tierra harta de soportarnos y sedienta de justicia, ha empezado a beber mientras se justifica pensando que la vida empez贸 en el agua y que ella fue siempre un planeta azul. Luisa

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Madre Selva Escuchando como poco a poco se desvanecen los lamentos de la Selva el nativo lleva a cabo un Ăşltimo intento por protegerla, ignorante de que el destino de ambos ha sido ya sellado por los golpes de las hachas. Miguel D.

Petra Acero

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Paisaje Si el planeta estaba cubierto de hormigón, ¿por qué lo llamaban Tierra? Luisa

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El sobre Había plantado árboles en el jardín que rodeaba la gran mole de edificios donde vivía. Ella junto con todos los niños y sus padres habían solicitado árboles a la Junta Municipal. Los árboles crecieron a la par que ellos. Un día, como un juego escribieron sobre un azulejo sus nombres y lo enterraron junto a las raíces. Cada uno sabía cuál era el suyo. Los cuidaban, regaban y mimaban jugando a su alrededor sin dañarlos. Embelesados seguían el desarrollo de aquellos seres vivos del mundo vegetal, como si se tratara de algo extraordinario. Estaban orgullosos de su proeza contemplando el milagro del entorno. Esto ocurrió hace ya bastantes años. Cuando hoy Marina, se dirigió al mostrador de la oficina de Correos para enviar un libro a una amiga, pidió un sobre verde. “Con la compra de estos sobres estás salvando árboles” Lee en la solapa. Son caros los sobres, pero no se lo pensó dos veces. Mientras esperaba su turno observando el indicador de letras rojas fosforescentes con sonido metálico que rompe el silencio del patio de operaciones de la oficina, recordó aquellos árboles que se quedaron en el jardín de la casa de su infancia. Algún día volverá a ver cómo han crecido –se dijo- para sí. Porque su apego por la tierra y el medio ambiente, no se quedó solo en aquel acontecimiento que pudo parecer un juego de niños. Cabopá

Juanlu

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Petra Acero

5 sentidos Durante el trayecto aspiré profundo su exquisito aroma, saboreé su sal cuando la brisa tocaba mi rostro, oteé su horizonte en busca de algún monstruo mítico, afiné el oído para escuchar el canto de sus sirenas y acaricié su superficie para crear un nexo pero no, nada funcionó; el majestuoso Mar Caribe no quiso develarme sus secretos. Miguel D.

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El mensaje Este año hemos decidido pasar las vacaciones en la montaña y cuando me levantaba por las mañanas, si madrugaba me iba a caminar por los alrededores de la cabaña que habíamos alquilado y conseguía despertarme del todo oliendo la retama, el tomillo, las jaras, junto a los trinos de los gorriones, los vuelos bajos de las golondrinas que llegaron a tocarme en ocasiones el pelo y el sonido del agua de las fuentes y más adelante, del río que a lo largo de su camino, salta, juega, se esconde y vuelve a saltar. Cuando llegaba a su altura, me gustaba sentarme a la vera e incluso meter los pies y refrescarme por un ratito, mientras descansaba apoyada en una roca o en el tronco de un árbol. El día que recuerdo con mayor cariño, fue cuando como casi todos los días, me senté a descansar con los pies metidos en el agua y fue a tropezar en mi pierna una botella que incluso me hizo algo de daño, ¡gracias a que no era de cristal porque se hubiera roto o incluso me hubiera herido! Era una botella de las que se usan para los refrescos de dos litros y aunque estaba aparentemente vacía, el impacto por la velocidad en mi pierna, fue algo, algo más bien sorprendente aunque el roce produjo un impacto que me dolió un ratito. Pude reaccionar a tiempo para agarrarla, que no se escapara y siguiera su curso. Seguramente la persona que la puso dentro del cauce, pretendía que llegara a la desembocadura y fuera encontrada en cualquier playa, pero hete aquí, que tropezó en mi pierna y fue agarrada por mis cinco dedos de la mano izquierda. Cuando la tuve delante de mis ojos, pude con gran asombro descubrir que dentro había enrollado un papel ceñido con una goma para evitar que dejara de ser un rollo y descubriera lo que en su interior se escondía. Abrí la botella y con cierto trabajo, conseguí extraer el rollo de papel al que con enorme curiosidad quité la goma y desenrollé encontrando el siguiente texto escrito: “Esto que estás leyendo lo ha escrito un ser pequeñito y habitante del bosque donde nace el río, porque aunque te extrañe, en el bosque vivimos unos seres diminutos que velamos por los humanos y su entorno, aunque ya los humanos se dedican a destrozar la naturaleza y vamos a tener que salir de los lugares donde llevamos viviendo infinidad de siglos. Me duele que a mis 500 años deba ir a vivir a otro lugar si no nos queman antes o arrancan los árboles milenarios que son lo que nos cobijan y nos dan sombra, nos protegen y nos dan alimento. Me da pena porque los humanos no saben o no quieren saber que nosotros velamos por su bien estar, hace mucho tiempo que quisieron desentenderse y las nuevas generaciones ni siquiera saben que existimos pero que si dejáramos de hacerlo, las hojas de los árboles estarían sucias y los árboles se morirían. Nosotros nos deslizamos para limpiar las hojas y ellas aspiran mejor el aire que necesitan, otros dejamos caer las hojas viejas que sirven de abono y de refugio a nuestras moradas, etc., etc. Esta misma botella que utilizo, es para decirte que no debéis dejarlas tiradas en cualquier sitio y menos, en los bosques que a veces en vez 115


de ser el pulmón de las ciudades, se convierte en un basurero donde será imposible vivir. De seguir así, contaminará nuestras vidas y seguido las vuestras, por eso hemos recogido todas las que hemos podido y os hemos mandado el mismo mensaje. Esperamos que algunos seáis en esta ocasión tan curiosos como imagino has sido tú y deseo cuentes esta historia a tus hijos, sobrinos, nietos y amigos, porque así todos sabréis que habrá que hacer para que nuestros bosque brillen y respiren como es debido, ya sabes que en ello está que gocemos de buena salud o seamos tan necios de mandar todo al garete". Nani

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Escritores

* Juanlu

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Ana M. Ana M. Blanco Blog: Arrimados a la sombra (http://arrimadosalasombra.blogspot.com.es/ ) Ana V. Ana Vidal Pérez de la Ossa Blog: Relatos de andar por casa (http://relatosdeandarporcasa.blogspot.com.es/ ) Bicefalepena Pedro Llamazares Blog: Bicefalepena (http://bicefalepena.blogspot.com.es/ ) Cabopá Carmen Martínez Marín Blog: ¡Ay Maricarmen! (http://aymaricarmen.blogspot.com.es/ ) Carlos Carlos Veloso Cybrghost Miguelángel Pegarz Blog: La guarida del coyote (http://miguelangelpegarz.blogspot.com.es/ ) David David Moreno Blog: Microseñales de humo (http://microseñalesdehumo.blogspot.com.es/ ) Elisa Elisa de Armas Blog: Pativanesca (http://pativanesca.blogspot.com/) Elysa Elysa Brioa Blog: Diseños by Elyely (http://elystone.blogspot.com.es/ ) Fernando Vicente Blog: Fernando Vicente (http://fernandovicente.me/ ) Gotzon Blog: Relatos encallados (http://gotzoki.wordpress.com/) Hugo Hugo Jesús Mion Blog: De musas y otros cuentos (http://demusasyotroscuentos.blogspot.com.es/ ) Jaime Jaime Sastre Blog: Microrrelatos perdedores (o no) (http://microrrelatosperdedores.wordpress.com/ )

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Javier Ximens Blog: Montes de Toledo (http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/ ) Jose Luis Jose Luis Sandin Blog: El circo (http://josseluiss.blogspot.com/ ) Laura Laura Garrido Blog: De mis palabras y las vuestras (http://demispalabrasylasvuestras.blogspot.com.es/ ) Lola Lola Sanabria Blog: Lola Sanabria (http://lolasanabria.blogspot.com.es/ ) Luisa Luisa Hurtado González Blog: Microrrelatos al por mayor (http://microrrelatosalpormayor.blogspot.com.es/) MA Blog: Explotar en el vacío (http://explotarenelvacio.blogspot.com.es/ ) Mar Mar Horno Blog: Maremotos (http://marhorno.blogspot.com.es/ ) Mei Mei Morán Blog: Mei Morán (http://meimoran.blogspot.com.es/ ) Miguel D. Miguel Díaz Mirón Blog: Conciencia transferible (http://migueldiazmiron.blogspot.mx/ ) Miguel M. Miguel Molina Blog: En 99 palabras (http://en99palabras.blogspot.com.es/ ) Miguelángel Miguelángel Flores Blog: Eternidades y pegos (http://eternidadesypegos.blogspot.com.es/ ) Mónica Mónica Brasca Blog: Papeles sueltos (http://monicabrasca.blogspot.com.ar/ ) Montse Montse Aguilera Blog: Letras para pasar un rato (http://letrasparapasarunrato.blogspot.com.es/)

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Nani Nani Canovaca Blog: La casa encendida (http://misrelatosyotrascosas.blogspot.com.es/ ) Nicolás Nicolás Jarque Blog: El rincón de Nicolás Jarque (http://escribenicolasjarque.blogspot.com.es/ ) Ojodegato Alberto Proset Ruiz Blog: Microrrelatos en el tejado (http://microrrelatoseneltejado.blogspot.com.es/ ) Pablo G. Pablo Gonz Blog: El blog de Pablo Gonz (http://pablogonz.wordpress.com/ ) Paloma Paloma Hidalgo Blog: Un libro es un jardín de bolsillo (http://unlibroesunjardndebolsillo.blogspot.com.es/) Patricia N. Patricia Nasello Blog: Patricia Nasello Microrrelatos (http://patricianasello.blogspot.com.es/) Patricia O. (Patokata) Patricia O. Blog: Musas cuenteras (http://mismusascuenteras.blogspot.com.es/ ) Pedro A. Pedro Alonso Blog: Microcuentos y otras historias (http://microcuentosyotrashistorias.blogspot.com.es/ ) Pedro S. Pedro Sánchez Negreira Blog: Entre nunca y quién sabe (http://entrenuncayquiensabe.blogspot.com.es/ ) Puck Mar Glez. Mena Blog: Los jardines de Puck (http://losjardinesdepuck.blogspot.com.es/ ) Puri Purificación Menaya Moreno Blog: El rincón de la bruja de chocolate (http://purificacionmenaya.blogspot.com.es/ ) Rosa M. Rosa Martínez Blog: Van al aire (http://vanalaire.blogspot.com.es/ )

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Rosy MÂŞ Rosario Val Gracia Blog: Desde mi pinar (http://desdemipinar.wordpress.com/ ) Sandra Sandra Montelpare Sara Sara Lew Blog: Microrrelatos ilustrados (http://microrelatosilustrados.blogspot.com.es/ ) Sergio Sergio Cossa Blog: El blog de Sergio Cossa (http://sergiocossa.blogspot.com.es/ ) Torcuato Torcuato GonzĂĄlez Toval Blog: Todo nuevo bajo la luna (http://todonuevobajolaluna.blogspot.com.es/ ) Xavier Xavier Blanco Blog: Caleidoscopio (http://xavierblanco.blogspot.com.es/ )

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Ilustradores y fot贸grafos

Juanlu

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Cabopá Carmen Martínez Marín Blog: ¡Ay Maricarmen! (http://aymaricarmen.blogspot.com.es/ ) José José Ato Blog: José Ato, pintor (http://atosaorin.blogspot.com.es/ ) Juanlu Juan Luis López Anaya Blog: Ilustraciones para un loco (http://www.dididibujos.blogspot.com/) Laura Laura Garrido Blog: De mis palabras y las vuestras (http://demispalabrasylasvuestras.blogspot.com.es/ ) Pablo P. Pablo Pavezka Blog: Velis nolis, bitácora de Pablo Pavezka (http://pablopavezka.wordpress.com/ ) Petra Acero Amparo Martínez Alonso Blog: Petra Acero (http://petraacero.blogspot.com.es/ ) Rosa M. Rosa Martínez Blog: Re-toques-Rosa (http://retoquesrosa.blogspot.com.es/ ) Sara Sara Lew Blog: Microrrelatos ilustrados (http://microrelatosilustrados.blogspot.com.es/ ) Valentina Valentina Novero Blog: (http://www.flickr.com/photos/vnovero/ )

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Microecos ilustrados  

Dos años de microrrelatos ecológicos ilustrados

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