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Mañana partiremos El barco pintado con los colores más vivos avanzaba a buen ritmo hacia el embarcadero. Allí encontró a su amiga, una vieja barquichuela de recreo que la esperaba impaciente. —¿Qué has visto? -le preguntó ella ansiosa-. ¡Has tardado demasiado! —He visto cosas horribles. Me avergüenzo de nuestros creadores, querida. Sin duda, estamos condenados a morir. —¿Por qué? -insistió ella. —¿Recuerdas al viejo petrolero ruso? Encalló en las Cíes, y el mar se ha tornado negro como la noche. Desde mi suelo de cristal no pude ver vida, y millones de peces han muerto. Pregunté a cuantos encontraba a mi paso, y las noticias no fueron mejores. Mi pequeña hélice se enredó con cientos de bolsas de plástico y pasé siete días varado. Otros me contaron que el coral ha desaparecido, que las ballenas acuden a morir a las costas, y que de los crustáceos nada se sabe. Es una gran tragedia, y creo que habrá más. —¿Crees que debemos marcharnos? —Mañana lo haremos, ¡estoy harto de tanta mediocridad! La cena estaba preparada. Juan tiró rápido del tapón de la bañera y sus dos barcos quedaron encallados en el desagüe. —¿Podrás comprarme más pilas, mamá? Mis barcos deben salir de viaje. Laura

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Microecos ilustrados  

Dos años de microrrelatos ecológicos ilustrados

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Dos años de microrrelatos ecológicos ilustrados

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