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El otro efecto mariposa La mariposa sentía una inmensa responsabilidad: creía que nada ocurría al otro lado del mundo si ella no movía sus alas; así que aleteaba frenéticamente, con ímpetu e ilusión. Un día sintió la necesidad de ver con sus propios ojos los cambios que producía su esfuerzo y levantó vuelo. A medida que se dirigía hacia el sur se fue encontrando con tierras más cálidas, más sedientas, más hambrientas y desfavorecidas. Su lejano aleteo parecía haber sido inútil. Derrumbada y triste se posó sobre una raquítica rama y lloró. —¡Para qué seguir intentándolo! -sentenció abatida, y aquietó sus alas. Cuando cabizbaja miró al suelo y reparó en cómo trabajaban las hormigas, comprendió que su simple aleteo había sido insuficiente. Entonces regresó a su hogar, dispuesta a convencer a las demás mariposas de que debían batir sus alas todas juntas y al unísono para provocar un gran cambio. Sara

Juanlu

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Microecos ilustrados  

Dos años de microrrelatos ecológicos ilustrados

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Dos años de microrrelatos ecológicos ilustrados

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