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Feyerabend, P. (1995). Adiós a la razón. Barcelona, Altaya, p. 112-117

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La investigación con éxito no obedece a estándares generales: ya se apoya en una regla, ya en otra, y no siempre se conocen explícitamente los movimientos que la hacen avanzar. Una teoría de la ciencia que apunta a estándares y elementos estructurales comunes a todas las actividades científicas y las autorice por referencia a alguna teoría de la racionalidad del quehacer científico, puede parecer muy imponente, pero es un instrumento demasiado tosco para ayudar al científico en su investigación. p. 20 2.(…) podemos enumerar métodos empíricos, aducir ejemplos históricos; usando estudios de caso podemos intentar demostrar la inherente complejidad de la investigación y preparar así al científico para la ciénaga en que va a penetrar. Tal procedimiento le dará una idea general de la riqueza del proceso histórico en que él quiere influir; le animará a dejar atrás cosas infantiles, como la lógica y los sistemas epistemológicos. p. 20-21 3.Más adelante dice: "Un científico no es un sumiso trabajador que obedece piadosamente a leyes básicas vigiladas por sumos sacerdotes estelares (lógicos y/o filósofos de la ciencia), sino que es un oportunista. p. 22 4. (…) no existe ninguna cosa que corresponda a la palabra "ciencia" o a la palabra “racionalismo. Ni hay nada así como un "método científico" o un "modo científico de trabajo". p. 60 5. 6. 6.1 Por otro lado, está claro que los científicos no poseen ni el dinero ni la fuerza para exponer su campo de trabajo a la enorme cantidad de ideas que han sido creídas y respetadas en las sociedades en que viven. Tienen que seleccionar, tienen que hacer una elección, tienen que eliminar sugerencias sin haberlas examinado de la forma que acaba de describirse. Aquí la ciencia no se diferencia de la vida cotidiana. Nosotros también elegimos profesiones, campos de interés, pareja, países, tomamos decisiones que nos afectan a nosotros mismos o a otros de una forma fundamental sin un detallado estudio de todas las rutas, pero rechazamos otras simplemente, sin arrojar ni una mirada en su dirección, y esto es lo adecuado, pues todavía no han tenido éxito los hombres sabios de todos los tiempos en iniciar siquiera un estudio completo de todas las posibles historias vividas. 6.2 La analogía entre la ciencia y la vida va más allá. La decisión de pasar por alto posibilidades importantes conduce siempre a cambios irreversibles: habiendo decidido vivir con preferencia en un país, aprendo su idioma; me familiarizo con su arte, literatura, burdeles; hago amistades, y con todo esto llego a ser una persona muy diferente de la que hizo la elección. Igualmente, la decisión de invertir dinero, energía, formación o esfuerzo intelectual en un determinado programa científico cambia ciencia y sociedad de una forma que imposibilita

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volver de nuevo a la decisión y al punto de partida. Precisamente en los campos puramente teóricos ocurren cambios irreversibles. Cuando se acababa de presentar la teoría de la relatividad, a mucha gente le chocaba aquella extraña forma de hacer física y estaba dispuesta a rechazarla al menor pretexto. Posteriormente no hubiera sido posible desalojarla ni con argumentos mucho más fuertes. 6.3 Por eso podemos decir que una decisión científica es una decisión existencial, que, más que seleccionar posibilidades de acuerdo a métodos previamente determinados desde un conjunto preexistente de alternativas, llega a crear esas mismas posibilidades. Todo estadio de la ciencia, toda etapa de nuestras vidas han sido creados por decisiones que ni aceptan los métodos y resultados de la ciencia ni son justificados por los ingredientes conocidos de nuestras vidas. 7. 7.1 Pocas personas están preparadas para poder aceptar lagunas tan grandes en sus vidas e intentan taparlas. Casi todas las autobiografías creadas por «grandes hombres» o «grandes mujeres», casi todas las biografías en ciencias, artes o política son un intento de mostrar razón y finalidad donde una visión más detallada revela una serie de accidentes benéficos felizmente fomentados por la ignorancia y/o la incompetencia de la persona sujeta a ellos. Verdaderamente, muchos de los llamados grandes son monomaniacos que no tuvieron escrúpulos en destruir su humanidad (y la de sus amigos y colaboradores) para poder acabar así el cuadro perfecto, la teoría perfecta, el arma perfecta; pero incluso estas vidas pueden encajar sólo en un plano después de que la eliminación de numerosas equivocaciones, falsos comienzos y accidentes produce la ilusión de simplicidad. El hecho es que nosotros creamos nuestras vidas actuando en y sobre condiciones que nos re-crean constantemente. 7.2 Los científicos, así como los intelectuales inclinados a lo científico, pueden conceder que sus vidas tienen muchos cabos sueltos, pero se oponen a considerar la ciencia del mismo modo. Incluso científicos de mentalidad tolerante y liberal tienen la sensación de que las afirmaciones científicas y las de fuera de la ciencia tienen distinta autoridad: que la primera puede desplazar a la segunda, pero no al revés. Hemos visto que esto es una visión bastante ingenua de la relación entre ciencia y no-ciencia.

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Feyerabend, Paul. Los límites de la ciencia. Barcelona, Paidos, 1989. p. 74-5 (…) esta libertad que la experiencia otorga al teórico casi siempre es restringida por condiciones de carácter totalmente distinto. Estas condiciones adicionales no son ni universalmente válidas ni objetivas. Se relacionan parcialmente con la tradición en la que trabaja el científico, con las creencias y prejuicios característicos de dicha tradición; y parcialmente con su idiosincrasia personal. También influirán enormemente, en la actividad del científico, el aparato formal disponible y la estructura del lenguaje que habla. La afirmación de Whorff al respecto de que las propiedades del lenguaje Hopi no son muy favorables, muy bien podría ser correcta. Por supuesto, no hay que olvidar que el hombre es capaz no sólo de aplicar lenguajes, sino también de inventarlos. Sin embargo, la influencia del lenguaje del que se parte no debería ser subestimada. Otro factor que influye fuertemente en la teorización es el conjunto de creencias metafísicas. El neoplatonismo de Copérnico fue, al menos, un factor contribuyente en su aceptación del sistema de Aristarco. Asimismo, la controversia entre los seguidores de Niels Bohr y los realistas, al seguir siendo irresoluble sobre bases experimentales, es principalmente de carácter metafísico. El hecho de que la elección entre teorías está influida incluso por motivos estéticos, puede verse en la repugnancia de Galileo a aceptar las elipses de Kepler. Teniendo todo esto en cuenta, vemos que la teoría propuesta por un científico dependerá también, aparte de los hechos a su disposición, de la tradición en la que participa, de los instrumentos matemáticos que conoce accidentalmente, de sus preferencias, de sus prejuicios estéticos, de las sugerencias de sus amigos, y de otros elementos enraizados no en los hechos, sino en la mente del teórico y son, consecuentemente, subjetivos. Si esto es así, es de esperar que teóricos que trabajan en tradiciones diferentes, en países diferentes, llegarán a teorías que sean mutuamente inconsistentes, aunque de acuerdo con los hechos conocidos. Cioran Breviario de podredumbre Todas las vías, todos los procedimientos de conocer: son igualmente válidos: razonamiento, intuición, repugnancia, entusiasmo, gemido. Una visión del mundo articulada en conceptos no es más legítima que otra surgida de las lágrimas. Argumentos y suspiros son modalidades igualmente concluyentes e igualmente nulas.

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Paul Feyerabend Contra el método. Barcelona: Ariel, 1989, p. 14 y p. 122-3 1. Introducción: los límites de la argumentación La idea de un método que contenga principios científicos, inalterables y absolutamente obligatorios que rijan los asuntos científicos entra en dificultades al ser enfrentada con los resultados de la investigación histórica. En ese momento nos encontramos con que no hay una sola regla, por plausible que sea, ni por firmemente basada en la epistemología que venga, que no sea infringida en una ocasión o en otra. Llega a ser evidente que tales infracciones no ocurren accidentalmente, que no son el resultado de un conocimiento insuficiente o de una falta de atención que pudieran haber» evitado. Por el contrario, vemos que son necesarias para el progreso. Verdaderamente, uno de los hechos que más llaman la atención en las recientes discusiones en historia y filosofía de la ciencia es la toma de consciencia de que desarrollos tales como la revolución copernicana o el surgimiento del atomismo en la antigüedad y en el pasado reciente (teoría cinética, teoría de la dispersión, estereoquímica, teoría cuántica) o la emergencia gradual de la teoría ondulatoria de la luz ocurrieron bien porque algunos pensadores decidieron no ligarse a ciertas reglas metodológicas "obvias", bien porque las violaron involuntariamente. XV. Conclusión La idea de que la ciencia puede y debe regirse según unas reglas fijas y de que su racionalidad consiste en un acuerdo con tales reglas no es realista y está viciada. No es realista, puesto que tiene una visión demasiado simple del talento de los hombres y de las circunstancias que animan, o causan su desarrollo. Y está viciada, puesto que el intento de fortalecer las reglas levantará indudablemente barreras a lo que los hombres podrían haber sido, y reducirá nuestra humanidad incrementando nuestras cualificaciones profesionales. Podemos librarnos de la idea y del poder que pueda poseer sobre nosotros (a) mediante un detallado estudio de la obra de revolucionarios como Galileo, Lutero, Marx, o Lenin; (b) mediante alguna familiaridad con la filosofía hegeliana y con la alternativa que provee Kierkegaard; (c) recordando que la separación existente entre las ciencias y las artes es artificial, que es el efecto lateral de una idea de profesionalismo que deberíamos eliminar, que un poema o una pieza teatral pueden ser inteligentes a la vez que informativas. (Aristófanes, Hochhuth, Brecht), y una teoría científica agradable de contemplar (Galileo, Dirac), y que podemos cambiar la ciencia y hacer que esté de acuerdo con nuestros deseos. Podemos hacer que la ciencia pase, de ser una matrona inflexible y exigente, a ser una atractiva y condescendiente cortesana que intente anticiparse a cada deseo de su amante. Desde luego, es asunto nuestro elegir un dragón o una gatita como compañía. Hasta ahora la humanidad parece haber preferido la segunda alternativa; "Cuanto más sólido, bien definido y espléndido es el edificio erigido por el entendimiento, más imperioso es el deseo de la vida (…) por escapar de él hacia la libertad". Debemos procurar no perder nuestra capacidad de hacer tal elección.

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