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UNIDAD I: ESTADO Y DERECHO

cual, y dentro de los supuestos per mitidos por la ley, se faculta a un sujeto u órgano que hace transferencia. Se permite así con esta figura que ciertas funciones administrativas se deleguen en autoridades inferiores que, guar dando toda la dependencia que exige la delegación con la auto ridad delegatoria, pueden tomar decisiones más prontas y con más oportunidad. 2.4.1.2. Significación politice del Estado unitario. En los Estados unitarios la delegación, la descentralización y la descentralización serán utilizadas unas con más fuerza que otras, dependiendo del Estado unitario que se forme. Es decir que entre más autoritario y conservador sea el Estado central más delegación y más desconcentración va a conocer, y si es, por el contrario, un Estado liberal y democrático más descentralización va a aplicar. La desconcentración y la delegación como técnicas administrativas son en realidad políticamente neutras; son Utilizadas tanto en los regímenes conservadores como en los li berales. Con ellas se persigue la eficacia administrativa puesto que el agente al que se le atribuyen competencias desconcentradas o delegadas conocerá mejor los problemas que han sido individualizados en al ámbito local. Efectivamente, la delegación es roas utilizada que la desconcentración en los regímenes auto ritarios, pero las dos sirven de la misma forma el agente central que teme perder el control. En estos Estados, sobre todo en los que son pequeños, se utiliza más la delegación que la desconcen tración, y en los Estados más grandes, la desconcentración que la delegación. Son, entonces, la delegación y la desconcentración. Armas políticas que refuerzan el poder central, la primera más eficaz que la segunda. La descentralización, por el contrario, juega un papel político importante sobre iodo en los regímenes liberal-democráticos, puesto que ella implica una autonomía, una separación adminis trativa del ente central. Nada más democrático en realidad que confiar a los entes locales la administración de sus negocios, de darles la posibilidad de decidir de acuerdo con sus convicciones y sus necesidades. Pero esto puede traer problemas políticos cuando la localidad se autoadministra suficientemente y quiere, sobre todo en épocas de crisis, separarse del ente central- Si no se llega a este extremo, al menos, la localidad, de acuerdo con su grado de descentralización, puede oponerse peligrosamente a las decisiones tomadas por el eme central. La buena relación entre los dos entes determina el buen funcionamiento del Estado uni tario. En dicho sistema se combina mucho la descentralización con las dos figuras administrativas que vimos anteriormente. La mayoría de los países liberales democráticos combinan la centralización con estas tres técnicas de administración. Sé consigue con ello una descongestión del trabajo administrado y una mejor eficacia en la solución de los conflictos. Ninguna de estas técnicas pone en peligro la forma unitaria del Estado y, por el contrario, equilibra el manejo del poder. Sin embargo, hay que tener en cuenta que un mal manejo de estas técnicas puede des virtuar completamente los fines para los cuales fueron creadas. Si la repartición de competencias no está bien determinada se puede llegar a complicar el trabajo administrativo, generando confusión y contradicción en las órdenes y competencias1 de los entes centrales. Si la delegación no está claramente establecida se puede llegar a confundir sus cometidos ya retardar conside rablemente su actividad. Igualmente sucede con la desconcentración que, mal utilidad, puede estropear la agilidad y la eficacia para la cual fue creada; su mala aplicación puede generar confu siones y contradicciones entre el ente central y el local, perjudi cando considerablemente a los administrados. En cuanto a la descentralización pueda convertirse en un pro blema mayor si no está dotada de los elementos necesarios para su funcionamiento. La corrupción puede llegar a instalarse en los entes descentralizados si los funcionarios que la dirigen no son lo suficientemente preparados y si no se les controla desde el centro de manera adecuada. Esto puede generar conflictos graves, que de administrativos pueden pasar a políticos, y con ello las tentaciones de los antes periféricos de separarse del ente central. Si en una época posterior a la Segunda Guerra Mundial la descentralización fue considerada como la mejor arma para administrar correctamente los territorios, hoy en día la tendencia es a la desconcentración más que a la descentralización. En épo ca de mundialización. Los países liberal-democráticos buscan conservar lo mejor posible el control del territorio ya que las fronte ras están desapareciendo. Los medios de comunicación y: la tec nología han permitido que desde el centro los gobiernos puedan controlar fácilmente extensos territorios; no era el caso hace unos veinte anos. Hoy en día se está detrás de la planificación y de la uniformidad de políticas centrales que permitan manejar más fácilmente la economía dentro de un contexto de apertura mun dial cada vez más competitivo. Dentro de este contexto la auto nomía de las localidades se convierte en un obstáculo para el buen manejo de la política nacional. Piénsese en España o en Italia que han tenido graves problemas políticos con la constan te tensión entre las localidades y el poder central.

13 MANUAL DERECHO  
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