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Publicación de Misioneros de Guadalupe

El padre misericordioso Acercar a otros a Dios

Enero 2014 Año LXV • Núm. 769 • Ejemplar gratuito


Papa Francisco

El carácter luminoso de la fe

...la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre [...] La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Francisco Encíclica Lumen Fidei (núm. 4)


Intenciones P. Ignacio Flores García, mg

Universal: El desarrollo económico. Para que se promueva un desarrollo económico auténtico, respetuoso de la dignidad de todas las personas y todos los pueblos. Uno de los grandes problemas que afecta a la mayoría de la población mundial es la pobreza. Las marcadas diferencias sociales no residen únicamente en la posesión de bienes, sino también en lo que olvidamos hacer con esos recursos en favor de los que más necesitan. Es evidente que un desarrollo económico no podrá alcanzarse mientras descartemos el propósito de que todos tengamos las mismas oportunidades para cubrir nuestras necesidades básicas. Hay que perseguir constantemente un desarrollo económico en un sentido justo, no sólo dando a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, sino dando también al hermano lo que es del hermano.

Por la evangelización: La unidad de los cristianos. Para que los cristianos de las distintas confesiones caminen hacia la unidad deseada por Cristo.

Este año comienza cargado de buenos propósitos y nuevas esperanzas. Las fiestas decembrinas que acabamos de vivir nos recuerdan la importancia de la unidad familiar y la necesidad de ahondar en nuestras relaciones familiares como seres humanos e hijos de un mismo Dios. El cristiano de hoy tiene que abandonar las diferencias que nos dividen y mirar de nueva cuenta al faro que nos guía con la luz de su verdad: Cristo Jesús. Él, como hijo de Dios, nos invita constantemente a no perder la ruta de nuestra hermandad como hijos e hijas de un mismo Padre y, sobre todo, a unirnos para compartir una misma fe. Enero 2014

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Índice

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El padre misericordioso P. Antonio de Jesús Mascorro Tristán, mg

Publicación de Misioneros de Guadalupe

Ejemplar gratuito. Prohibida su venta. Año LXV • Núm. 769 • Enero 2014

DIRECTORIO Director: P. José Navarro González,

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Estudios para la Misión Blanca Deyanira Díaz Acevedo, mla

mg

Codirector: Juan José Ramírez Escarza Diseño editorial: Lourdes Reyes Esquivel Ilustración: Daniel Baltazar Sarabia Enlace administrativo: Mariana Valeria Córdova Sosa

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Comenzar por los de casa P. José Sandoval Íñiguez, mg

Papa Francisco Intenciones Editorial Página del lector Centro de Orientación Vocacional Vida mg Desde el Seminario Pastoral vocacional Sólo para niños. Club de Niños mg Bienhechores

Línea Misionera: 01 800 00 58 100

Webmaster: Jorge Hugo Guerrero Luna Sitio web: www.revistaalmas.com.mx Portada El P. Daniel Panduro Fregoso, en una procesión en la Misión de Cuba.

mg,

www.mg.org.mx

Almas es editada por Editora Escalante, sa de cv, Córdoba 17, pb, local 1, Col. Roma, Del. Cuauhtémoc, cp 06700, México, df; editor responsable: P. José Alberto Contreras Téllez, mg. Distribuida por Misioneros de Guadalupe, ar, Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, cp 14000, México, df. Certificado de Licitud de Título Núm. 555 (Época SEP), y Certificado de Licitud de Contenido Núm. 4414. Certificado de Reserva de Derechos al uso exclusivo del Título Núm. 04-1999-050317152800-102. Impresa en Reproducciones Fotomecánicas, sa de cv, Duraznos 1, esquina Ejido, Col. Las Peritas Tepepan, Del. Xochimilco, cp 16010, México, df. Tel. 5334 1750. Registro Postal Publicaciones Núm. PP09-0298 autorizado por Sepomex. El Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras fue fundado en 1949 por el Episcopado Mexicano y la Pontificia Unión Misional del Clero para formar y enviar misioneros a los países no cristianos que le señale el Santo Padre. El Papa Pío xii aprobó sus Constituciones. El Primer Superior General fue Mons. Alonso M. Escalante. El Instituto es sostenido por los católicos mexicanos.


Editorial

Luz y paz Año con año, el primero de enero, la Iglesia católica celebra una Jornada Mundial por la Paz. Durante mucho tiempo, en diversos periodos, la humanidad ha sufrido los vicios de los conflictos armados, en lugar de dejarse guiar por la luz de Jesús. Por eso es importante que los católicos tengamos en cuenta, al iniciar cada Año Nuevo, el propósito de trabajar en favor de la paz y de la búsqueda de bienestar para todos los hombres. Cada cristiano, mediante sus acciones y su compromiso, debe esforzarse por mejorar la sociedad en que vive, mediante el testimonio de su fe y de su esperanza como discípulo de Cristo. La paz se encuentra en cada uno de quienes tomamos a Jesús como ejemplo de vida, y debemos cultivarla a fin de crear espacios de encuentro con nuestros semejantes. Su Santidad cada año nos envía un mensaje especial para esta Jornada Mundial por la Paz, con la intención de alimentar la esperanza del Pueblo de Dios e invitarnos a hacer a un lado los vicios que nos alejan de nuestros hermanos: odios, venganzas, agresiones, intereses personales, etcétera. Son estos vicios los grandes generadores de tristeza, los enemigos de esa felicidad que Dios, nuestro Padre, procura para cada uno de sus hijos. Es la fe lo que da sentido a nuestras vidas y ese sentido se manifiesta en el comportamiento con el que nos dirigimos día tras día. Por eso invitamos a los lectores de Almas a hacer eco de la invitación a ser impulsores de la paz desde sus propios hogares y comunidades. Tal como nos damos un saludo de paz en cada Misa, esperamos que todos los días de este nuevo año el pueblo católico de México salude las intenciones de paz que tanta falta hacen para mejorar la sociedad en que vivimos. Que la Santísima Virgen de Guadalupe acompañe nuestros pasos e ilumine nuestro corazón para mantener un esfuerzo permanente hacia la paz y la reconciliación.

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Página del lector

Estimados Misioneros de Guadalupe: Los felicitamos por la tarea tan noble que realizan al predicar el Evangelio a los hermanos de otras partes del mundo. El motivo de mi mensaje es compartirles el dolor que mis hijos y yo sentimos por el fallecimiento de mi esposa, Ma. del Carmen S. de D., el 13 de noviembre del 2011. Gracias Dios mi esposa y yo tuvimos diez hijos: Martha Laura, Miguel Ángel, Ma. Elena, Raúl, César Luis, Salvador, Margarita, Roberto, Ma. Estela y Carlos Gabriel, nueve de ellos están casados, por lo que además tuvimos la bendición de veinte nietos y cuatro bisnietos. ¡Doy gracias a Dios y a la Santísima Virgen de Guadalupe! Reciban saludos de toda mi familia y agradecimientos por su atención. Ángel D. B.

Mi nombre es Felipe F. B. y escribo para felicitar a los Misioneros de Guadalupe. También les comparto que mi mamá, la señora Juana B., empezó a leer la revista Almas hace más de veinte años. Mi mamá hace cuatro años fue operada de los ojos, pero desgraciadamente no recuperó del todo la salud. Ya no puede leer la revista, pero yo sigo cooperando con ustedes. Mi mamá nació en Atemajac de Brizuela, Jal., donde pasó la mayor parte de su vida y tuvo catorce hijos, de los cuales le quedan siete. Ahora vive en Guadalajara. ¡Que Dios los bendiga, los cuide y los proteja por siempre! Felipe F. B.

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Revista Almas


Página del lector

Hola, queridos Misioneros de Guadalupe: Después de haber leído las historias que las Madrinas y los Padrinos han compartido en la revista Almas, he sentido el deseo de también compartirles una pequeña semblanza de mi madre: María C. V. Ella fue una gran y maravillosa mujer. Precisamente en el momento en que dio su último suspiro, fueron estas las palabras que dije para dar gracias a Dios por habérmela prestado durante tantos años. Mi madre nació, vivió, y murió en Querétaro. Dios le regaló un hermoso don: su voz, y con ella, desde niña, supo dar servicio a nuestro Señor al cantar o al rezar el Santo Rosario. En la colonia era conocida como doña Crucita, y participó en diversas pastorales: litúrgica, social, profética. En la capilla dirigió la oración de cada viernes con el grupo del Sagrado Corazón de Jesús; rezó con un pequeño grupo la liturgia de las horas y las laudes de lunes a viernes; también rezó durante varios años la novena de las posadas. Hasta el último día que Dios le permitió estar entre nosotros fue un gran ejemplo de cómo la verdadera felicidad está en servir con humildad y entregando el corazón. Falleció de cáncer el 21 de agosto de 2010, pero su amor y su ejemplo seguirán impulsándonos a ser mejores cada día. ¡Bendito sea Dios que me regaló como mamá a una gran persona! Le pedimos que nos siga fortaleciendo e ilumine nuestro caminar y nuestro pensar. Con cariño la recordamos su esposo y su hija. María del Carmen R. V.

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El padre misericordioso Padre Antonio de Jesús Mascorro Tristán, mg

El Padre Antonio Mascorro narra la historia de reconciliación entre un anciano y sus dos hijos en la Misión de Kenia, la cual recuerda a la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32). En una comunidad que atiendo en Kenia, hay un hombre anciano que tiene dos hijos, quienes en una noche oscura llegaron hasta su boma (choza) para exigir a gritos la parte de la herencia que según ellos les correspondía. Al no tener respuesta favorable subieron el tono de las ofensas y llegaron incluso a la agresión. En la mañana siguiente la noticia corría de boca en boca entre los habitantes del pueblo, e incluso llegó hasta nuestra iglesia antes del café del medio día; todos profetiza-

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ban las consecuencias que traería esa falta de respeto al padre anciano. La “maldición” pareció tocar la puerta y llegar hasta la casa de uno de los hijos, quien repentinamente cayó enfermo sin alguna causa justificada. En opinión del doctor del raquítico dispensario médico de la comunidad no había muchas esperanzas de recuperación, por lo que sugirió un pronto traslado a otro hospital, pero con la dificultad de que el único medio de trasporte

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se esfumó con la salida del matatu (autobús) de las 6 de la mañana. A la familia le quedaba como una de las pocas posibilidades pedir ayuda en nuestra iglesia, razón por la cual el hermano mayor llegó corriendo hasta la parroquia con la voz entrecortada. Aun sabiendo que aquello afectaría mi programa pastoral del día, le di respuesta afirmativa y en menos de 15 minutos el enfermo, inconsciente ya, había sido colocado en el asiento trasero de la camioneta gris que tenemos, acompañado de su esposa y un amigo. El hermano mayor se sentó a mi lado y después de una breve oración emprendimos nuestra marcha hasta el hospital. Cuando habíamos avanzado unos kilómetros, el hermano me pidió parar un poco pues estábamos por llegar justo frente a la casa de su padre, que dista tan sólo unos cien metros del polvoriento camino. A lo lejos se observó la figura cansada

del anciano, quien con un azadón en la mano y la mirada perdida en el camino parecía presentir el paso de sus hijos. El hermano mayor levantó la mano desde la camioneta y fue reconocido inmediatamente por su padre, que de inmediato soltó el azadón y, a un paso demasiado rápido para sus años, se acercó hasta la camioneta. Se saludaron de mano y, con un tono de angustia, preguntó qué pasaba. “Tu hijo está enfermo”, fue la respuesta del hermano mayor. Luego el rostro benevolente del padre pareció adquirir un brillo nuevo cuando con voz potente dijo: “¡Ero! (¡Niño!)”, dirigiéndose al enfermo. No hubo respuesta al primer llamado, pero cuando volvió a hacerlo los ojos del hijo menor se abrieron pesadamente por primera vez desde que fue subido a la camioneta. “¡Ero, dame tu mano!”, le pidió el padre, y el joven, con gran esfuerzo, colocó su mano sobre el brazo de su padre; luego se estrecharon en un

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gesto reconciliador que el anciano solemnizó con una breve oración que pronunció en voz alta, para después lanzar un poco de saliva que esparció en el brazo y bendecirlo. La “maldición” había quedado atrás. El padre olvidó, si no es que ya lo había hecho desde antes, la ofensa de sus hijos. Al ver al menor en ese estado sintió compasión y de su corazón sólo podía brotar el perdón, el amor para sus dos hijos que estaban perdidos y habían vuelto a la vida. Las lágrimas de todos sellaron la reconciliación.

rado con la bendición del padre a su hijo enfermo. Los silenciosos casi 90 minutos de camino sólo se interrumpieron por las llamadas telefónicas de la angustiada madre que ya los esperaba en el hospital, y a quien le parecía eterno el recorrido.

El anciano suplicó que lo mantuviéramos informado y seguimos nuestro camino hasta el hospital.

Cuando el enfermo fue admitido en el hospital regresé al pueblo, agradeciendo a Dios por permitirme participar de aquella experiencia. Comprendí que verdaderamente es necesario alegrarnos y hacer fiesta porque Él es un padre que, como ese anciano, sabe perdonar las ofensas de sus hijos y siempre está esperando que regresemos a la casa para devolvernos la dignidad perdida cuando nos apartamos de su lado.

A partir de ese momento no hubo más diálogo, parecía que nadie quería que se escapara ese instante de gracia que habíamos vivido; como si nadie quisiera interrumpir ese ambiente de paz que se había gene-

No sé cómo siguió la relación entre aquel anciano y sus hijos, pero sí sé que la maldición fue sustituida por la bendición del amoroso padre, y que unos días después el hijo dejó el hospital y regresó a casa.

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¡El Señor te llama! Si eres un joven mexicano que ha sentido el llamado de Jesús y quieres llevar su mensaje de salvación a las personas que no lo conocen, tanto en México como en el extranjero, Misioneros de Guadalupe te invita a participar en las actividades que organiza su Centro de Orientación Vocacional (cov).

cov México Tel. (01 55) 5573 3000 Correo electrónico: vocacionesmg@hotmail.com Línea Misionera (sin costo): 01 800 00 58 100

cov Monterrey Tel. (01 81) 8358 2101 Correo electrónico: covmty@hotmail.com Línea Misionera (sin costo): 01 800 83 15 350

cov Guadalajara Tel. (01 33) 3601 0815 Correo electrónico: vocgdlmg@hotmail.com

cov Villahermosa Tel. (01 993) 315 2934 Correo electrónico: covtabasco@hotmail.com


Estudios para la Misión Blanca Deyanira Díaz Acevedo, mla

La misionera laica Blanca Díaz escribe las reflexiones que le ha suscitado estudiar un diplomado de Misionología en Colombia. Mi nombre es Blanca Deyanira Díaz Acevedo, soy mexicana, trabajo como Misionera Laica Asociada a Misioneros de Guadalupe y actualmente colaboró en la Misión de Guatemala. Desde hace unos meses estoy cursando un diplomado de Misionología en el Instituto Teológico para América Latina (itepal), y ahora quiero compartir con nuestros Padrinos y Madrinas algunos pensamientos acerca de esta bonita experiencia.

oportuno y que me da este regalo de continuar con mi formación humana, profesional y espiritual.

Me siento muy contenta, bendecida y amada por nuestro Señor, que camina conmigo, que me escucha, que me responde en el momento

Una cosa llamativa es que en el salón de clases los escritorios están colocados en forma circular, no hay cabeza, el centro es Cristo: el Cristo vivo que cada uno de nosotros lleva. Los profesores son más bien moderadores o coordinadores, exponen un tema y suscitan el diálogo. Y es esto lo que más me gusta, pues cada uno de los participantes hace sus aportes, expone su pensamiento, su visión, sus inquietudes, y todo de manera abierta, pues existe un clima de mucho respeto para escuchar y ser escuchado. Aquí se comprende que cada vivencia misionera tiene la huella del paso de

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Estar en este diplomado en verdad me fascina. En primer lugar por el ambiente que se vive día con día. Todos son muy amables y amigables, nos tratan como si fuéramos verdaderos tesoros misioneros; se trata de reconocer y valorar la obra de Dios en cada vocación sacerdotal, religiosa o laical.

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Jesús resucitado, que va construyendo la historia de salvación en un proceso personal y, al mismo tiempo, comunitario, del pueblo que conduce. En el curso hay gran diversidad de culturas y de vocaciones: hay sacerdotes y hermanos religiosos que tienen experiencia de Misión con los no cristianos, pero también hay sacerdotes diocesanos y religiosas. Hemos estudiado la historia de la Misión de la Iglesia y hemos confirmado que la Historia es una gran maestra. Reconocemos que la falta de fe se nota al negar las limitaciones que encontramos en la tarea de la evangelización, entre las luces y las sombras de las cuales estamos conformados. El buen cristiano, el buen evangelizador, analiza sin prejuicios las actividades y busca la manera de evitar las fallas que se han tenido anteriormente. El verdadero cristiano ama siempre a su Iglesia y trabaja con perseverancia para hacer cada vez más visible el amor de Jesucristo

derramado por medio de ella. Por lo tanto, siempre surge una nueva manera de hacer la Misión, según las nuevas circunstancias históricas. La Iglesia siempre es desafiada por una manera nueva de vivir, nuevas mentalidades y diversas realidades que exigen nuevos caminos de evangelización. Sin embargo, lo más importante es hacer visible a Cristo resucitado, a quien cada uno de nosotros hemos conocido y experimentado en nuestras vidas. Durante este diplomado me he dado cuenta de que nuestra bellísima América Latina tiene mucho que dar y enseñar, tiene muchos signos de vida para ayudar a la formación humana de modo cristiano. Estimados Padrinos y Madrinas, así como nosotros pensamos en Dios dentro de los salones de clase, los invito a pensar en Dios en cada una de sus vivencias, personales o en su comunidad, porque es necesario y vital detenernos un momento y reflexionar para seguir renovando nuestro espíritu misionero.

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Vida MG

40 aniversario sacerdotal Padre Ignacio de la Garza Evia Ugarte, mg

El P. Ignacio de la Garza ha realizado su ministerio primordialmente en la Misión de Corea, la formación de seminaristas y el gobierno de nuestro Instituto. Este mes cumple 40 años de sacerdote. 12

El P. Ignacio de la Garza Evia Ugarte nació en la ciudad de Monterrey, nl, el 4 de marzo de 1948. Cuando era niño comenzó a escuchar el llamado del Señor a la vida consagrada gracias a la lectura de vidas de santos y, particularmente, gracias a una plática que el P. Ricardo Colín N., mg, dirigió a los alumnos del Colegio Regiomontano. El P. Ignacio cursaba apenas tercer año de primaria, pero continuó fomentando su vocación con la lectura de la revista Almas. Ingresó al Seminario Menor en 1961, para comenzar a prepararse como sacerdote; allí estudió secundaria y preparatoria. Inició sus estudios de Filosofía en 1966 y tres años después, el 19 de abril de 1969, fue nombrado Revista Almas


a la Misión de Corea para culminar su formación sacerdotal misionera. El P. Ignacio ha comentado que haber tenido la oportunidad de ir a Corea mientras aún era seminarista lo ayudó mucho en el desarrollo de su vocación. El P. Ignacio fue ordenado diácono el 29 de junio de 1973 en Seúl, Corea, por el Cardenal Esteban Kim Sou-hwan, Arzobispo de Seúl, y a finales del mismo año regresó a México para preparar su ordenación sacerdotal. El 19 de enero de 1974 recibió el Sacramento del Orden de los presbíteros en la ciudad de México, por imposición de manos de Mons. Alfredo Torres Romero, Obispo Auxiliar de México.

En 1987 regresó a la Misión de Corea, donde continuó realizando trabajo en parroquias. Así mismo, durante un tiempo fungió como Consejero y, posteriormente, Superior de la Misión. En 1997 el vii Capítulo General de Misioneros de Guadalupe lo eligió Vicario General del Instituto. Dicho cargo lo ocupó hasta el año 2003, en el cual regresó a la Misión de Corea, donde a la fecha comparte el mensaje amoroso de Cristo entre quienes no lo conocen.

En 1974 comenzó a colaborar en la formación de los futuros sacerdotes misioneros, al ser nombrado al Seminario Menor, primero como asesor y posteriormente como rector. En 1978 fue nombrado a la Misión de Corea, donde ayudó en la atención de los enfermos de Sorokto y realizó trabajo parroquial. De 1983 a 1987 volvió a la patria para volver a trabajar en la preparación de los seminaristas, pero desempeñando el cargo de rector del Seminario Mayor en la ciudad de México.

Este mes cumple 40 años de entrega a la evangelización de los no cristianos. ¡Muchas felicidades, P. Ignacio!

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Desde el Seminario

El rostro de la sierra de Hidalgo Seminarista Carlos Pérez Landeros

Un seminarista que cursa segundo año de Filosofía escribe acerca de su actividad pastoral en la sierra del estado de Hidalgo. Realicé una actividad de campo misión en la Parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria, municipio de Nicolás Flores, Hidalgo, perteneciente a la Diócesis de Tula. He estado trabajando en este lugar en varias ocasiones: antes de Navidad, en Semana Santa y en vacaciones de verano. Las actividades de campo misión hacen que los seminaristas nos enfrentemos a muchos retos. El primero de ellos es llegar a un lugar ubicado en una sierra llena de barrancos, con derrumbes constantes. Una vez establecidos, la belleza del paisaje es impresionante, e incluso la gente y la cultura propias ofrecen momentos que pocas veces se pueden vivir en las zonas urbanas. Mi trabajo ha sido formar un grupo de infancia y adolescencia misioneras, aunque con la gente adulta compartimos algunas actividades y


tratamos de conocerlos a la hora de las visitas casa por casa.

abracé y le dije: “¡Usted se encargará de que yo aprenda otomí!”.

Lo más importante de esta experiencia, a mi parecer, es dejar unas vacaciones en compañía de mis seres queridos e ir a compartir (más que mi fe) mi propia persona. La gente de estas comunidades valora que uno deje todo por compartir un momento con ellos y vivir en una realidad cultural y religiosa que muy pocos se atreven a conocer.

Hasta la fecha no he podido aprender más que unas simples palabras, pero desde aquel día me gané una amiga en quien descubro la identidad cultural y religiosa propia de los otomíes, lo cual me ayudará a realizar mi trabajo pastoral de una mejor manera.

En la comunidad encontré profesores, amas de casa, niños (unos traviesos y otros con una madurez impresionante), jóvenes, panaderos, ferreteros, etcétera. Pero, sin lugar a dudas, lo que más llamó mi atención fueron los campesinos que desgastan su vida para poder llevar unos centavos a sus hogares y, en especial, una señora que mientras escribo seguro sigue luchando por su vivencia diaria. Si quisiera resumir la importancia de mi experiencia en una persona sería la señora Francisca. En los primeros días en su rostro sólo veía cansancio; me parecía que su fe estaba centrada en un Cristo crucificado, hecho de una simple madera encontrada en algún bosque. Pero cuando me acerqué a ella su rostro cambió. Recuerdo esa sonrisa que me marcó; no era únicamente un rostro viejo, en él veía la identidad de la cultura y la religiosidad otomí. La saludé con un simple “Hola”, y ella respondió “Kijat-zí” (’Buenos días’ en otomí). Por un momento me sentí fuera de lugar, pero ella empezó a reírse al notar que no había entendido. Yo la

Agradezco a Dios por permitirme vivir esta experiencia, e invito a los jóvenes para que se animen a compartir su vida y su fe en medio de estos pueblos, sin miedo a los sacrificios que esto pueda implicar, porque estoy seguro de que cuando dejas todo por Dios siempre recibes bendiciones en recompensa; prueba de ello son los corazones de estas personas que con sus sonrisas y agradecimientos nos hacen ver el rostro de Dios en la tierra.

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Pastoral vocacional

Al 2 x 1 Padre Ignacio Flores García, mg Un día que realizamos promoción vocacional en una parroquia del Estado de México, después de transmitir nuestro mensaje en la Misa, se acercaron dos muchachos y uno me dijo: “Padre Nacho, yo quiero ser un sacerdote diocesano. El Padre de la parroquia me inspira mucho y yo quiero ser como él”. Me dio mucho gusto escuchar esas palabras, pues veía que la vocación de ese muchacho se despertaba poco a poco a través de un hermano sacerdote de la diócesis. Este joven iba acompañado de su hermano de sangre, quien escuchaba y de vez en cuando me veía, atento a lo que su hermano y yo dialogábamos. Cuando terminó de hablar, llegaron a mi mente, de forma inmediata, palabras de agradecimiento porque

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Dios estaba tocando el corazón de aquel muchacho, que en verdad se veía muy feliz y emocionado al contarnos su entusiasmo por ingresar al seminario diocesano. Pero por otra parte le preguntaba a Dios: “¿Y dónde estará en esta parroquia una vocación misionera?”. De pronto dirigí la mirada al hermano y le pregunté: “Y a ti, ¿no te gustaría ser misionero?”. El muchacho sonrió nerviosamente y balbuceó algunas palabras a su hermano, el futuro seminarista, queriéndome

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responder algo. El primer joven contestó por su hermano: “Es que precisamente a eso venimos, Padre... Lo que pasa es que yo le quería platicar mi inquietud, pero también que mi hermano quiere ser misionero. Lo que ustedes compartieron durante la Misa movió a mi hermano y él me pidió que lo acompañara a pedirle informes”. Volví a mirar al muchacho y, sonriéndole, le dije con mucho gusto: “¡Bienvenido!”. Con eso el hielo se quebró y comenzamos a platicar sobre las Misiones. Los muchachos quedaron emocionados de ver cómo Dios hacía una invitación al 2 x 1; cada uno se mostraba contento por seguir al Señor, uno como futuro sacerdote diocesano y otro como posible misionero. A mí también me daba alegría atestiguar que estos hermanos, llenos de generosidad, daban respuesta a muchas de las oraciones que continuamente hacemos en nuestras parroquias, en nuestras casas y en los diferentes grupos eclesiales de nues-

tras comunidades: “Manda, ¡oh, Jesús!, obreros a tu mies...”. Actualmente el futuro misionero ha iniciado su proceso de acompañamiento en el Centro de Orientación Vocacional (cov) de Misioneros de Guadalupe. El campo misión, las entrevistas mensuales, los paseos, el juego, la oración y demás actividades que realizamos han hecho de aquel joven tímido un muchacho en búsqueda de una entrega misionera dentro de nuestro Instituto. Deseamos que su vocación, como la de tantos muchachos, siga adelante con alegría, servicio y perseverancia por el Reino de los cielos. Queridos jóvenes, papás, amigos y bienhechores, cuando le pedimos a Dios una bendición, nos da más de lo que le pedimos. Sigamos, pues, orando al Señor para que nos bendiga con muchas vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Y tú, muchacho que lees, ¿no te gustaría ser misionero?

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Comenzar por los de casa Padre José Sandoval Íñiguez, mg

El Padre José Sandoval narra la historia de acercamiento a la religión que vivieron una mujer adulta y su familia, y reflexiona acerca del compromiso misionero de los laicos. Desgraciadamente en México mucha gente se ha alejado de la Iglesia y ha perdido casi toda relación con Dios. Muchos saben que están bautizados y se dicen católicos, pero su ignorancia religiosa es total. En mi tierra natal, Yahualica (que era un pueblo muy fervoroso de Jalisco), ahora es fácil encontrar adultos que no han recibido el Bautismo y a quienes la religión no les interesa en lo más mínimo. Si esto sucede en un pueblo chico, es de suponer que la situación es más grave en las grandes ciudades. Hace ya un par de años que llegué a mi tierra para cooperar en la pastoral parroquial y, por recomendación, vino a trabajar en mi casa una mujer a quien voy a llamar con el nombre ficticio de Magdalena. Resulta que ella tiene tres hijos: uno de 18 años, quien después de terminar el primer año de preparatoria dejó el estudio para dedicarse a trabajar; otro de 13, que está en quinto de primaria, y una niñita de 7, en primero de primaria. Poco después de 18

que nació la niña murió el esposo a causa de un accidente y Magdalena, solitariamente, ha tenido que salir adelante con sus hijos y trabaja cada día en varias casas, una o dos horas en cada lugar, sobre todo haciendo labores de aseo. Cuando escuché que ni ella ni sus hijos habían hecho la Primera Comunión le propuse enseñarle el catecismo para que se preparara a recibirla, a lo que ella accedió. Con


mucho empeño aprendió las principales oraciones y le fui explicando el contenido del Credo, los mandamientos de la Ley de Dios y los de la Iglesia, así como los sacramentos. Después de dos meses Magdalena estaba lista para recibir por primera vez el Cuerpo de Cristo. Le conseguí como madrina una católica muy fervorosa y comprometida con el trabajo de la Iglesia. Como le daba vergüenza que se supiera que hacía la Primera Comunión, quedamos en que ella, su madrina y sus hijos se sentarían en una banca entre la gente. Asistió a Misa y recibió la Eucaristía devotamente, y la madrina le ayudó a dar gracias. Fue un día muy grande para Magdalena y su semblante reflejaba mucha alegría. Naturalmente también yo sentí gran gozo y satisfacción, pues las horas empleadas en la enseñanza del catecismo habían dado su fruto.

El hijo mayor no mostraba interés en hacer la Primera Comunión, pues le daba vergüenza asistir al catecismo junto con los niños de primaria, pero cuando supo que su mamá se prepararía le reclamó, porque no le había avisado a tiempo para que él también se preparara en privado. Ahora habrá que hacer un programa para que también él reciba el catecismo, según le permita su trabajo. Por su parte, los dos hijos más chicos se inscribieron en el grupo parroquial.

Yo siento que si las cosas están tan mal en nuestra patria se debe al alejamiento de Dios, de manera que es

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urgentísima la nueva evangelización. También considero que este problema podría ser resuelto si los seglares fueran más comprometidos con la vocación misionera de la Iglesia. Si cada uno de los millones de católicos practicantes acercara a una persona a la Iglesia cada año,

de seguro en pocos años México estaría de nuevo cristianizado. ¿Y qué tal si esa tarea la iniciaran nuestros Padrinos y Madrinas? Nuestros lectores –que son cientos de miles, están animados por el fervor misionero y participan en la tarea misionera con sus oraciones y sacrificios– podrían dar un paso más y convertirse en misioneros activos. Si cada uno se pusiera como tarea, durante un año, acercar a la Iglesia por lo menos a una persona que no practica la religión, y si se prepararan para enseñar ellos mismos el catecismo de Primera Comunión a los adultos que no la han hecho, sentirían el gozo del misionero cuando recoge el fruto de su trabajo. ¿Este anhelo será un sueño imposible?

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S   Hace más de 2 mil años una estrella muy luminosa indicó el sitio donde nacería el nuevo rey de los judíos. tres reyes magos de oriente decidieron seguir ese brillo y llevar obsequios al recién nacido.

melchor cargó con un cofre de oro.

gaspar llevó incienso.

baltazar decidió llevar mirra.

la gente que encontraron en su camino les dijo a los tres reyes magos que en belén había nacido un niño muy lindo llamado jesús.


la estrella los guió hasta un humilde portal donde se encontraban el niño jesús y sus padres: josé y maría.

Los tres reyes magos se arrodillaron para entregar los regalos que llevaban al niño. desde entonces llevan un regalo a cada niño del mundo para recordar el día que conocieron a jesús.

por eso los niños deben portarse bien y realizar buenas acciones. un ejemplo sería obsequiar un juguete a un niño que no tenga.


Actividad Amiguito, ¡te invitamos a construir un Portal de Belén para recordar el significado del Día de Reyes! Sólo entra a la página de internet del Club de Niños Misioneros de Guadalupe, imprime el material y sigue las instrucciones.

Visita la sección “Aprende/Zona Misionera” en:

http://www.clubdeninosmisioneros.org.mx/


Aviso de privacidad Misioneros de Guadalupe, Asociación Religiosa (“A.R.”) (“Misioneros de Guadalupe”), con domicilio en Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, C. P. 14000, México, D. F., es responsable del tratamiento de sus datos personales y de la protección de los mismos. Sus datos personales serán tratados para las finalidades necesarias de identificarlo y hacer uso de ellos en las publicaciones periódicas del responsable, así como promover y difundir nuestras actividades. El responsable podrá asimismo dar tratamiento a sus datos personales para finalidades análogas y compatibles con las anteriores. También se podrá dar tratamiento a sus datos personales con la finalidad secundaria de proporcionarle información sobre nuestras actividades vocacionales.

Usted podrá consultar nuestro Aviso de Privacidad Integral en

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Recibos y Credenciales 2014 Queridos Padrinos y Madrinas: Como cada año, hacemos de su conocimiento la información pertinente que esperamos tengan en cuenta acerca de los recibos y las credenciales de nuestros Promotores Misioneros. Credencial de Promotores Misioneros La credencial que identificará a nuestros Promotores Misioneros durante 2014 será plastificada, tendrá formato vertical y contará con los siguientes elementos al frente: logotipo institucional, distintivo de vigencia 2014, fotografía, nombre y apellidos del Promotor Misionero, y el puesto. En el reverso tendrá las firmas del Director de Administración y Finanzas y del Promotor Misionero. Recibos para Padrino o Madrina Les pedimos que noten los siguientes datos: 1) Fecha de vigencia 2014 en color negro. 2) El número de recibo estará enmarcado con fondo negro. 3) Contiene un código de barras al lado derecho. 4) Comprobar que les sea entregado el recibo con la leyenda: COMPROBANTE PARA PADRINO/MADRINA, en color rojo.

El Promotor Misionero que los visite debe entregar un recibo y un ejemplar de Almas en el momento en que reciba su donativo. Para cualquier anomalía, comentario o pregunta, por favor comuníquense con nosotros a: Línea Misionera (sin costo) 01 800 00 58 100, o escríbannos a: padrinosmg@gmail.com, padrinos@mg.org.mx ¡Gracias por su apoyo a las Misiones!


¡Jesús te busca! El Padre Daniel Panduro Fregoso, mg, de Guadalajara, Jal., fue encontrado por Jesús durante su adolescencia. Participó en el Centro de Orientación Vocacional de Misioneros de Guadalupe mientras estudiaba secundaria y preparatoria, y después ingresó al Seminario de Misiones. Ha colaborado en las pastorales vocacional y universitaria, así como en la promoción del Instituto. También ha compartido el Evangelio con los pueblos de Perú, Cuba y, actualmente, Angola. ¡Tú también déjate encontrar y lleva la Palabra de Dios a otros pueblos!

Ciudad de México Cantera 29, Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, cp 14000, México, df. Tel. (01 55) 5655 2691

Guadalajara Madero 837, esq. Escorza, Centro, sj, cp 44100, Guadalajara, Jalisco. Tel. (01 33) 3825 2315

Línea Misionera: 01 800 00 58 100

Monterrey Habana 105, Col. Altavista, cp 64840, Monterrey, Nuevo León. Tel. (01 81) 8358 2101

Villahermosa Ejército Mexicano 167, Col. Atasta de Serra, cp 86100, Villahermosa, Tabasco. Tel. (01 993) 315 2934

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Almas, enero 2014  

Publicación mensual de los Misioneros de Guadalupe.

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