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A partir de la nota de prensa original publicada en El Universal el miércoles 07 de abril de 2004.

EL UNIVERSAL CULTURA

Santa Hildegard, la traductora del mundo La escritora Verónica Martínez rescató y publicó en México la obra de la patrona de los lingüistas Jorge Luis Espinosa | El Universal Miércoles 07 de abril de 2004 (texto resumido) A los tres años, Hildegard von Bingen tuvo el primer acercamiento a lo que más tarde ella llamaría “Luz viviente”. En ese momento no tenía ni la edad ni el lenguaje para transmitir lo que veía, pero a ello se dedicaría años después, buscando la palabra precisa, la partitura exacta y hasta una “lingua ignota”, con la cual decir lo indecible. Santa Patrona de los lingüistas y las novicias, Von Bingen es una figura muy conocida y su obra completa no había sido reunida en México, hasta que, llevada por el azar, la escritora Verónica Martínez Lira se encontró con esta visionaria. Encontró un par de obras traducidas en España. Más adelante, Alejandra Reta Lira, tradujo al español las cartas y toda la obra escrita de esta visionaria, el resultado fue El lenguaje secreto de Hildegard von Bingen, vida y obra, publicado recientemente por la editorial Espejo de viento en coedición con la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM y el FCE. La historia de la santa Hildegard von Bingen nació en la Galia Renana en el año de 1098; fue la décima hija de una familia noble, y como tal, debía ser consagrada a la Iglesia como diezmo. Pero para Hildegard no hubo contradicción entre el destino y la vocación. Sus recuerdos de infancia, como ella misma lo evoca en su biografía, la llevaban a esos instantes en que sintió la presencia divina. A los ocho años, explica Martínez Lira, fue puesta bajo la custodia de Jutta, una anacoreta de trece años que vivía en una ermita, a un costado del monasterio benedictino de Disibodenberg. “Solas, estas dos niñas se dedican a estudiar las Escrituras, mientras observan la regla benedictina”.

En un momento dado, apunta Martínez Lira, Hildegard le habla a Jutta sobre sus visiones: sobre esa voz imperante que le ordena que escriba. “Por su escasa preparación, ella tiene miedo de escribir y se niega a hacerlo, pero se enferma de gravedad. Y así le ocurre cada vez que duda”, aclara Verónica Martínez Lira. Hildegard envía algunos de sus primeros textos al papa Eugenio III, quien decide en una reunión la suerte de la santa. Bernardo de Claraval, uno de los hombres espirituales más influyentes de su época, presente en ese grupo, concluye que no pueden apagar “una luz tan maravillosa inspirada por Dios”. Animada por esta autorización, Santa Hildegard se dedica a escribir obras como Scivias, Liber vitae meritotum y Liber divinorum operum, entre otras. “Logró lo que pocas mujeres en su época: fundar tres conventos, ser independiente, escribir libros y música, mantener correspondencia con los hombres más importantes de su época y hasta crear una lingua ignota. Todo esto sin haber tenido grandes estudios. Se lanzó al mar con las herramientas que tuvo y logró trascender los siglos”, refiere Martínez Lira. Fallecida en el 1179, Santa Hildegard, precisa Martínez Lira, logró transmitir sus visiones y dar cauce a esta necesidad de nombrar nuevamente al mundo, como una traductora que hace visible la presencia divina y la belleza del universo. “Si en un principio los libros de Hildegard están basados en las Escrituras, luego se abocará al estudio del hombre, el mundo, la naturaleza y el cosmos. Y eso le fue permitido gracias a que vivió en el siglo XII. Una centuria más tarde seguramente la habrían quemado viva”, aclara la investigadora.


A partir de la nota de prensa original publicada en El Universal el miércoles 07 de abril de 2004.

Explica que aun cuando Santa Hildegard tiene un culto muy importante y está en el Santoral Romano, la Iglesia Católica aún no la ha canonizado. “Todo su proceso se ha visto detenido a lo largo de la historia”. Finalmente precisa que lo único que no se incluyó en este volumen fueron sus obras

musicales. “Habría sido demasiado extenso. Sin embargo, más adelante haremos una edición con un disco”, aseguró. De sus creaciones, la musical es la más perfecta, y tampoco tuvo educación en este sentido. “Hildegard fue autodidacta en todo”, concluye.


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