Issuu on Google+

HISTORIAS DE รRBOLES

Alumnos/as de 6ยบA


LA CASA DEL ÁRBOL Era un árbol llamado Sana que vivía cerca de una casa y en esa casa vivían dos niños, Izan y Nicolás, con sus padres Rufo y Marta y su perro Zar. A Izan y Nicolás les gustaba mucho jugar a la pelota en el jardín. Un día cuando estaban jugando se les quedó la pelota encolada en las ramas de Sana. Nicolás e Izan se pusieron tristes porque no podían seguir jugando. Era de noche y, después de cenar, se fueron para la cama. Mientras Nicolás e Izan descansaban, Sana hizo mover sus ramas para que la pelota cayera al suelo. Al día siguiente los niños salieron al prado y vieron que la pelota se había desencolado de las ramas de Sana. Nicolás dijo: -Tengo una idea. Izan preguntó: -¿Qué idea tienes? -Podríamos hacer una casa en el árbol pero tendremos que preguntar a papá primero si nos deja y nos ayuda. Mientras Izan y Nicolás esperaban que su padre llegase, estuvieron pensando y diseñando cómo iba a ser la casa del árbol. Cuando llegó le preguntaron y él respondió. -Es una idea magnifica. Hoy iremos a comprar el material y mañana nos pondremos manos a la obra. Al cabo de una semana ya habían acabado la cabaña. Y todos los días iban a visitar la casa del árbol. Alicia González Teixeira


Sucedió en Pico Soleado En un lugar llamado Pico Soleado Azafrán vivía, entre bosques alejada de la sociedad, una hermosa mujer y a la vez árbol. Estaba cansada de vivir lejos de los pueblos y ciudades. Nunca había visto un humano en aquellas tierras deshabitadas en las que nunca pasaba nada bueno ni malo, solo pasaba el tiempo muy lentamente por culpa del aburrimiento. Los árboles nunca hablaban no hacían absolutamente nada, solo fabricar su propio alimento. Un día llegó un leñador a aquellas tierras y empezó a cortar árboles y más árboles hasta dejarla a ella sola. El leñador dijo: -¡Cuánto me ha costado cortar todos estos árboles! Ahora son “troncos muertos”. Solo me falta cortar un árbol ¡con forma de mujer! – Se sorprendió el leñador – Bueno ahora a cortar.

Encendió la motosierra y cuando estaba a punto de cortar… -¡No lo haga!-Exclamó la mujer árbol. -¡Un árbol que habla! ¡Estoy alucinando o qué me pasa! El leñador se desmayó y la mujer árbol se preocupó. Después de un buen rato, el leñador se despertó y le preguntó: -¿Qué me ha pasado? -Te has desmayado al oírme hablar. Soy una mujer árbol y mi nombre es Lurdes. -Encantado yo soy Juan. Ahora tendré que asumirlo... ¡Bueno a cortar!


-Por favor no me cortes. Yo quiero vivir y escribir obras literarias como Jacinto Benavente. -Y yo quiero tener leña para cuando llegue la Navidad. -¿Qué es la Navidad? -Es una fiesta en la que se hacen regalos a los niños buenos y a los que se portan mal les regalan carbón, pero no de comer si no del que se utiliza para las barbacoas en verano. Me has convencido no te cortare porque hablas y eso para un árbol es muy raro. Iré al otro bosque que allí no hay nadie que hable como tú. -Sí, sí que lo hay, es toda mi familia ese bosque entero. Lo que sucede es que solo podemos hablar cuando somos pequeños o cuando eres padre y madre pero cuando nos hacemos mayores, dejamos de hablar. Por eso ellos ya no hablan y a mí me faltan dos años para que me ocurra lo mismo. ¿Tú me podrías ayudar a conseguir mi sueño? Pero no podrás contar esto a nadie, ni persona, ni árbol. ¿Vale? -De acuerdo. Te ayudaré Juan dejo su trabajo de leñador y se dedicó a proteger árboles en peligro de extinción.

Beatriz Bernal Maestre


LA BELLEZA DE UN ÁRBOL Esta historia comienza con una bella dama enamorada. Su nombre era Ana tenía treinta años y era la persona más bonita que se hubiera visto. Era alta, delgada y tenía largos cabellos castaños. Pero aunque por fuera era hermosa por dentro no lo era, no respetaba la naturaleza, tiraba las cosas al suelo y de pequeña se colgaba de las ramas de los árboles y a veces las rompía. Su enamorado, por otra parte, era hermoso por fuera y por dentro. Le encantaba la naturaleza y por eso no le correspondía. Se llamaba Iván y tenía antecedentes ingleses. Tenía dos ojos marrones preciosos que brillaban como dos hojas con rocío de la mañana. Un día por la mañana Ana estaba paseando y comiendo patatas fritas. Cuando las acabó, tiró el envoltorio al suelo y, de repente, apareció una mujer rubia con una guirnalda de flores en el pelo y vestida de blanco.

Ana preguntó extrañada: -¿Quién eres tú? -Soy la Madre Naturaleza – Contestó. -¿Qué? ¡Creía que no existías! -¡Pues existo! ¿Y sabes qué? Yo veo todas tus malas obras y para que te des cuenta de lo que sufren los árboles y la naturaleza te voy a hacer esto. Entonces la Madre Naturaleza convirtió a Ana en un árbol. Ana gritó: -¡Pero qué me has hecho!


-Te he convertido en un árbol para que aprendas la lección y cuando lo hagas llámame pero no me mientas porque yo sé cuando mientes.-Le explicó la Madre Naturaleza – Me voy. Piénsalo, vas a tener mucho tiempo. -Pero ahora como enamoraré a Iván-Se lamentó Ana. Pasaron los días, las semanas y los meses y Ana lloraba toda la noche y por la mañana todo se despertaba mojado. Pero no solo lloraba por Iván, lloraba porque la gente la trataba mal a ella y a los demás árboles. Entonces se dio cuenta de que no se debe hacer a los demás lo que no quieres que te hagan a ti. En ese momento apareció la Madre Naturaleza y le dijo: -Por fin has aprendido la lección. -¿De verdad?- Preguntó Ana emocionada. -Sí, pero debes cuidar la naturaleza -¡Claro! ¡Gracias! Entonces la Madre Naturaleza volvió a transformar a Ana en una persona humana y acto seguido se marchó. Ana saltaba de alegría. Al día siguiente Ana salió temprano a limpiar el parque e Iván que paseaba por allí la vio y fue corriendo a hablar con ella: -Ana, ¿dónde has estado? ¿Estás limpiando el parque? ¿A qué se debe ese cambio? -Hola Iván, he estado de viaje y sí estoy limpiando el parque. Digamos que me ha cambiado la vida. -¡Pues eso es estupendo! ¿Oye, quieres que quedemos luego para tomar un café? - Si, me encantaría -Pues te veo luego en la cafetería del centro Y cuando Iván se marchó Ana miró el árbol en el que se había convertido y dijo con una voz muy dulce: -Gracias.

Claudia García Pajín


UNA HISTORIA MUY LOCA ¡Hola! Me llamo Nerea y os voy a contar una de las historia de mi hermana Silvia. Le pasan unas cosas de lo más raro. Pero bueno así es mi hermana. Os cuento. Mi hermana tiene una hija llamada Sara y un perro llamado Pelé. Hay que reconocer que es muy guapa y lista, pero es insoportable y una bocazas pero, sobre todo, no sabe escuchar a los demás. Solo se preocupa de ella. Bueno a lo que iba. Silvia se llevó a Sara y a Pelé al parque de perros (hasta ahí todo bien) y se encontraron con una amiga de la infancia que se llamaba Aitana que, al parecer, se había convertido en hechicera. Silvia lógicamente, sabiendo cómo es ella, le dijo de todo y a Aitana le molestó tanto que la convirtió en árbol.

Mi hermana se enfadó mucho pero como era un árbol y no podía hablar se enfadó mucho más. Después de un rato se dio cuenta de que era inútil enfadarse.


Aitana que había estado esperando allí delante de mi hermana, cuando notó que se había tranquilizado, se conectó con ella a través de la mente y le dijo: -Por ser tan desagradable y haberte reído de que era hechicera te he hecho un conjuro con el que te vas a sentir despreciada por todo el mundo y cuando vuelvas a ser humana sabrás apreciar las virtudes de los demás y no serás tan arrogante. -¿Qué? Seré buena lo prometo pero no me dejes así por favor. -Solo volverás a ser humana cuando escuches a la Madre Naturaleza. -¿Y qué quiere decir eso? Aitana ¿estás ahí? Me ha dejado hablando sola. ¡Qué mala persona! Pero si yo hago lo mismo, paso de lo que no me gusta oír. Pero, ¿qué querrá decir con escuchar a la Madre Naturaleza? En fin mi hermana se quedó esperando aburrida hasta que vio a Sara y a Pelé e intentó llamarles pero era inútil, o no tanto. Pelé se acercó para hacer sus necesidades y no sé de qué forma lo hizo, pero Nerea consiguió contactar mentalmente con Pelé y le contó que Aitana no la trataba bien y que era muy mala con ella. Nerea se puso triste y empezó a llorar. Pero ¿cómo? os preguntareis, si los árboles no lloran. Pues porque ya no era un árbol. Consiguió comprender a la Madre Naturaleza que era saber entender a los seres vivos con los que tratamos. Cuatro años después mi hermana había cambiado y ahora es una persona encantadora y llena de energía. Para que veas lo importante que es la naturaleza.

Icíar Suárez Angones


UNA EXCURSIÓN INOLVIDABLE Un día, estaba yo en mi casa, en el sofá, viendo la tele tranquilamente, cuando de repente me llamó mi madre y me dijo: - Nos vamos de excursión al bosque. - ¡Bien! ¡Qué divertido! –Exclamé yo. - Voy a preparar la comida para poder marcharnos, que es muy tarde. – dijo mi madre. Yo continué viendo la tele hasta que al cabo de media hora mi madre terminó de prepararlo todo y dijo: -¡Venga, nos marchamos! Todos nos metimos en el coche y tras unos cuarenta minutos de viaje, aproximadamente, llegamos a nuestro destino mi madre, mi padre, mi hermano, mi hermana, mi perra y yo. -¡Venga, daros prisa, que la ruta es larga y ya es la una!– Dijo mi padre. De manera que nos pusimos a caminar los seis. Poco a poco, nos fuimos adentrando en el bosque. Todos los árboles eran pinos. Era un pinar. Llevábamos ya caminando una hora cuando de repente mi perra se paró y se quedó mirando algo a lo lejos. No quería andar y se la veía muy nerviosa. -¿Qué le pasa?–Preguntó mi padre. - No lo sé, pero por si acaso átala. – Dijo mi hermano. - Sí, será lo mejor. – Dije yo. Mi padre la intentó atar, pero no lo consiguió. Mi perra, que se llamaba Luna, echó a correr y más adelante se puso a arañar un árbol. Nosotros pensábamos que simplemente se estaba afilando las uñas, pero nos dimos cuenta de que aquel árbol era distinto, es decir, no era un pino. También parecía que tenía dos rubíes incrustados y una forma muy extraña. No parecía un árbol pero estaba quieto y no se movía nada, de modo que lo ignoramos y continuamos caminando. Eran ya las tres y nos paramos a comer. A las cuatro menos veinte nos pusimos de nuevo en marcha. Al cabo de un rato apareció una sombra en el suelo y oímos pisadas rápidas. Era como si alguien estuviera corriendo sobre un montón de hojas secas. Nos dio algo de miedo y


decidimos dar la vuelta. Llevábamos caminando tres horas y media desde que decidimos volver, pero siempre pasábamos por el mismo sitio. - Creo que nos hemos perdido. - dijo mi hermana con voz temblorosa. En ese momento apareció una mujer muy extraña, con un gorro hecho de hojas, que nos preguntó: -- ¿Os habéis perdido? Nosotros respondimos que sí. Ella conocía muy bien el bosque y nos dijo que nos ayudaría a salir. Nosotros no lo creímos pero no dijimos nada. La mujer nos llevó a una parte del bosque muy oscura. - Pero... ¿dónde estamos? - preguntó mi padre. - Estáis de camino a mi casa. - dijo ella. - Y… ¿por qué nos llevas allí? - dije yo. Ella me respondió: - Si queréis que os ayude dejadme a mí. Después de un rato llegamos a su casa. Su casa no era como nos esperábamos. Era una mansión enorme y lujosa. Era tan grande como una catedral. Tenía unas cuarenta ventanas. - ¡Pasad, pasad- Nos dijo Entramos y ella nos guió hasta una de las cocinas de aquel inmenso laberinto. Nos dijo que deberíamos de estar hambrientos así que nos dio un plato de carne de primera calidad. Nosotros se lo agradecimos mucho. Dijo que nos podíamos quedar a dormir esa noche y que al día siguiente nos guiaría hasta la salida del bosque. Nos acostamos muy pronto porque estábamos muy cansados y al día siguiente nos esperaba una buena caminata. Al amanecer desayunamos y nos pusimos en marcha rápidamente. Ella nos guió hasta la salida del bosque. Allí estaba aparcado nuestro coche. Todos nosotros le dimos las gracias y nos despedimos de ella. Una vez en casa yo dije: - Esta excursión será inolvidable. - Y que lo digas. - dijo mi hermano.

Mario Rodríguez Valdés


EL BOSQUE ENCANTADO Soy Myriam, tengo 11 años y os voy a contar una aventura emocionante y fantástica que viví con tres amigas. Ahora, adentraros en ella: En un lejano lugar, oculto del mundo, se encontraba el Bosque Encantado. Mis amigos Johana, Sandra, Dani y yo nos fuimos de acampada al bosque. Cuando ya casi habíamos llegado al lugar perfecto, tropezamos y caímos por un precipicio. Suerte que caímos en un lago. Allí hacia un calor de achicharrarse. Nos secó la ropa en muy poco tiempo y justo cuando íbamos a descansar, nos cayeron las mochilas encima de la cabeza. Estábamos tan cansados que nos dormimos. Cuando nos despertamos nos bañamos en el lago y en el fondo encontramos un libro muy raro. Yo le pregunté a Sandra: -Sandra, ¿sabes de qué puede tratar este libro? -No. - Me contestó. -¿Y tú Dani?–Le interrogué. -Ni idea. – Me dijo-. -Johana, ¿tú sabes algo sobre él? -No. – Me respondió – Para averiguarlo vamos a leerlo. Empezamos a leer el libro. Ponía que aquel era el Bosque Encantado y que allí vivía un árbol con forma de mujer. Dentro del libro había un mapa para encontrarla. Entonces empezamos a buscarla. Seguimos los caminos que mandaba, pero al cabo del un rato Johana no estaba y yo dije: -Aunque Johana no esté, no podemos rendirnos pues a lo mejor cuando lleguemos al final la encontramos. - Sí, Myriam tiene razón – dijo DaniUna hora después Sandra tampoco estaba. Yo me empecé a preocupar. -Como tú bien has dicho no podemos rendirnos – Me animó Dani. Después de horas de caminata nos paramos a descansar en un viejo y robusto árbol. Miramos hacia arriba y dije emocionada: -¡Es la mujer árbol! ¡La leyenda era cierta!


-Sí – Me contestó ella – Con una sonrisa de oreja a oreja y sin poder contenernos, nos abrazamos. Teníamos los ojos encharcados de lágrimas de alegría, pero a la mujer árbol se le veía cara triste. Entonces le preguntamos: -¿Qué te pasa? -Que estoy muy triste -¿Por qué? -Porque un malvado ogro me ha robado mi pergamino. -Pero… ¿Por qué para ti es tan importante? -Es muy importante porque es el pergamino que llevara a las personas de vuelta a casa, sin él la gente se quedará aquí para siempre. -Nosotros perdimos a nuestras amigas, ¿sabes dónde están? -Sí, posiblemente también las haya raptado el ogro. Están en la cima del Monte Aterrador junto con mi pergamino. -Si quieres de la que vamos a rescatar a nuestras amigas, podemos traértelo. ¿Te parece bien? -Me encantaría. ¡Mucha suerte! ¡Gracias amigos! Emprendimos nuestro viaje. Cuando llegamos allí vimos al ogro. Era grande; no, era enorme, era gigante. No había palabras para describirlo. Tenía un ojo, dos bocas, una nariz y cuatro orejas. Fue muy fácil vencerlo, solo tuvimos que pasar por debajo de las piernas y hacerle cosquillas. Él se cayó al suelo y nosotros conseguimos rescatar a nuestras amigas y al pergamino. Volvimos a devolvérselo a la mujer árbol. Yo, agradecida, le dije: -Gracias por indicarnos el camino para salvar a nuestras amigas. -No fue nada, vosotros también me ayudasteis a recuperar el pergamino. Nos indicó la salida y nos dijo: -Buena suerte en vuestro viaje. Llegamos a un lago y cruzamos una cascada de agua cristalina. De pronto, estábamos en el bosque donde había empezado nuestra aventura. Al anochecer, llegamos a casa de Sandra donde nos esperaban nuestras madres. Nos preguntaron qué tal había sido la acampada y respondimos con una sonrisa: -¡Fue genial, una experiencia inolvidable! Myriam Canal Solar


EL BOSQUE DE LAS FORMAS En un bosque llamado el Bosque de las Formas había, además de árboles altos y fuertes, árboles con distintas formas como: perros, gatos, patos...y uno muy especial con forma humana. En aquel bosque

reinaba

la

tranquilidad. Hasta que un día muy temprano los árboles, que podían hablar, escuchar y moverse, se despertaron con un grito: -¡Árbol va! El árbol con forma humana se despertó y le preguntó al árbol con forma de gato que tenía al lado -¿Qué es toda esta gente y esta maquinaria? -Todo esto es lo que los hombres utilizan para talarnos y cortarnos en pequeños trozos para quemarnos y darles calor. Al anochecer, los leñadores se van a casa satisfechos de todo lo que talaron durante el día. Los árboles esa misma noche se reunieron en una asamblea que el árbol con

forma

humana

convocó. La asamblea era para hacer algo contra los leñadores. Los árboles estuvieron toda la noche discutiendo entre ellos sobre qué hacer.


A la mujer árbol, que podía comunicarse con los humanos porque tenía forma humana, se le ocurrió una idea y la comentó: -Yo puedo hablar con los humanos así que a la primera persona que pase le diré mi idea. A la mañana siguiente un señor iba paseando por el bosque y se encontró con el árbol y éste le dijo: -No te asustes por hablar con un árbol. Tengo que contarte algo. El señor aunque estaba asustado le dijo: -Vale, no me asustaré. El árbol le dio las gracias y empezó a contarle la idea: -Nosotros los árboles lo estamos pasando muy mal porque unos leñadores están acabando con nuestro bosque. -¿Y qué quieres que haga? Preguntó el señor. -Pues no lo sé. Cualquier cosa: una valla eléctrica, un vigilante... -Bien, lo intentaré- Dijo el señor -Muchas gracias buen señor. Al anochecer el señor empezó a poner vallas para que los leñadores no pudieran pasar. Cuando terminó era ya por la mañana y los árboles se iban despertando. El árbol con forma humana al ver lo que había hecho, se lo agradeció mucho. Entonces el señor le dijo que no le diera las gracias a él sino a todo el pueblo.

Rubén Álvarez Álvarez


MEJOR SER UN ÁRBOL

Soy Lidia, un árbol, y me gustaría saber cómo es la vida de un pájaro. Vivo en un colegio y siempre estoy viendo a los niños espantar a los pájaros y ellos, indefensos, salen corriendo hacia mí y se esconden entre mis ramas. Mis hojas son un escondite para ellos. Muchas veces me quedó mirándoles sorprendido de cómo vuelan y he aprendido que es mejor ser un árbol que un pájaro. Ahora quiero ser lo que soy una mujer árbol, aunque no tenga amigos pero me entretengo escuchando las conversaciones de las personas.

Saúl Blanco Cué


FIESTA EN EL BOSQUE En un bosque todos los animalillos correteaban por las ramas de un árbol muy especial al que le encantaba ser amable con todos los habitantes del bosque. Ese árbol se llamaba Naturaleza y tenía una hermana que era lo contrario a ella. Se llamaba Tulipán y era una presumida. Le encantaba llamar la atención para presumir de lo que los demás no tenían y, sobre todo, le encantaba hacer fiestas. Había un pequeño problema, no a todos los animales les gustaban las fiestas, uno de ellos es el jefe del bosque y es un búho llamado Guardián que decía: “Quien haga una fiesta será expulsado del bosque”. -¡Qué haremos ahora! Se alarmó Tulipán. -No lo sé, pero ya sabes que si haces una fiesta serás expulsada del bosque y te aseguro que no te va a gustar nada-. Le aseguró su hermana. -No te preocupes, tengo una idea para convencer al jefe- Dijo ella. Tulipán le empezó a explicar el plan que tenía, pero por la cara que ponía Naturaleza, no tenía buena pinta. Empezaron a discutir porque una decía que su plan era perfecto y la otra lo contrario. Al cabo de unas horas, Tulipán estaba en casa de Guardián explicándole porque debería hacer una fiesta, pero él no estaba muy convencido, así que la echó de su casa. Ella muy enfadada se fue a dar una vuelta y entonces fue cuando vio una tienda de cosas para hacer fiestas y entró. Compró todo lo necesario y fue a su sitio preferido, un sitio que estaba al lado de un riachuelo muy transparente. Estuvo toda la noche haciendo carteles para que, cuando todos se d espertaran, supieran donde iba a ser la fiesta. A la muy

mañana siguiente

emocionados

y

se

todos

estaban

prepararon

ir. Cuando por fin empezó,

todos

bailando.

despertó

Su

hermana

se

dolor de cabeza y fue a echar

un

para

estaban vistazo

con y


saber que era ese escándalo. Cuando llegó vio a todo el vecindario bailando y mandó que Tulipán le dijese si había convencido a Guardián y ella le dijo que no. La hermana se enfadó mucho y antes d darse cuenta allí estaba el jefe. Después de varias horas el búho ya estaba bailando y por cierto se lo estaba pasando muy bien. Desde ese día en ese bosque estuvieron permitidas las fiestas y todas las noches se oían voces y música. De tantas fiestas que hicieron Tulipán y Naturaleza conocieron a dos robles muy macizos y se enamoraron locamente tanto ellas como ellos.

Los cuatro juntos se lo pasaban muy bien y disfrutaban mucho juntos. Su vida era de lujo.

Carlota García Oyón


Hechos y aventuras de… María -Yo sólo soy un árbol. Cada día pasan, por delante de mí, miles y miles de personas felices. ¡Ojalá fuera una persona! A la mañana siguiente, la misma rutina de siempre: -Otro día más, y otro día menos de mis cien años de soledad. Al anochecer, el árbol empezó a perder más y más hojas. Y por cada hoja que caía, el árbol se iba convirtiendo

en

una

hermosa mujer. Tenía el pelo tan castaño como el tronco mismo. Llevaba un largo vestido de color verde como las hojas que caían; las hojas, los ojos, eran tan blancos como la luna que la iluminaba cada noche, su voz era tan dulce como el sonido del viento empujando las hojas suavemente. A la mañana siguiente pasó una amable señora y le preguntó: -Niña, ¿estás bien? No tengas miedo, yo te llevaré a mi casa y te daré calor. La señora se la llevó a su casa y le preparó una rica sopa caliente. Cuando la probó su pálida piel se volvió totalmente normal. La chica impresionada de comer una sopa tan buena y por ser humana exclamó: -¡Soy humana y esta sopa está riquísima! ¿Me puede decir cómo se llama? La señora educadamente le dijo su nombre: -Me llamo Carolain. ¿Y tú cómo te llamas? -No tengo nombre señora. Vera... Y tranquilamente se lo explicó todo con pelos y señales.


-Espero que me crea y que no piense que estoy loca. -Claro que te creo. Yo un día planté un manzano y al día siguiente se convirtió en un bebé que llenaba la casa de alegría y también del olor de las manzanas pero, cuando tuvo veinte años, se fue de casa y me dejó sola - Dijo Carolain muy triste. Y la chica para calmarla le dijo: -Lo siento mucho Carolain. ¿Estás bien? -Sí, no

te preocupes.

He

pensado que podrías vivir aquí conmigo. ¿Qué te parece? - Me encantaría. -Ahora tenemos que buscar un nombre para ti. A mí me gusta mucho el nombre de María. Y la chica exclamó: -¡Vaya, es bonito ese nombre! A la mañana siguiente fueron a la gran ciudad porque María nunca había estado en una ciudad y quería conocerla. ¡Ni se imaginaba lo que le sucedería! Cuando llegaron, tenía mucha hambre y avistó un restaurante que olía a genial y entró. -¡Qué bien huele!- Decía mientras la boca se le hacía agua. Carolain le dijo en voz baja: -María ven aquí antes de que te vean. Y María se fue con Carolain a casa a comer. Por la tarde, María salió a dar un paseo y en el camino vio un huerto con manzanas y le apeteció comer una. Entró y el dueño la regañó y la persiguió. Entonces María se escondió en una casa parecida a la de Caro lain pero desgraciadamente no era. Los dueños de la casa la persiguieron y ella se metió en una tienda de ropa y se disfrazó pero como no sabía que había que pagar, la


dueña también la persiguió. Esta vez se refugió en la casa de un artesano que llevaba trabajando en una figura desde hacía tres años y, sin querer, tropezó con la obra de arte y la rompió y el señor muy enfadado la empezó a perseguir y así hasta que la persiguió la mitad del pueblo. De pronto María vio de lejos a Carolain y la llamó: -¡Carolain! Carolain corrió a ayudarla pero María se metió a un bosque y empezó a llorar a mares. Un señor la descubrió y gritó: -¡Está aquí! Todos fueron a por ella para llevarla a algún lugar lejos, pero de repente la luna llena brilló con toda intensidad sobre María y la fue transformando en el árbol que era antes. La gente, asustada, se fue y cuando Carolain llegó y vio a María convertida en árbol lloró. Le dio un poco agua y se marchó diciendo: -¿Por qué siempre a mí. A la

mañana siguiente María se

despertó y se vio transformada en árbol y algo triste pero contenta dijo: -¡Hola de nuevo hojas de otoño! ¡Hola a mi grande y robusto tronco, a mis raíces, a mis queridos llantos de nubes que me alimentan, a todos os digo hola. Y hola también a mis queridos cien años de soledad ya que nací en 1911 y ahora en el 2011 sigo perdurando. Dylan Barrios franco


EL BOSQUE FANTÁSTICO

Enfrente de un bosque había una casa. En esa casa vivía una mujer con su padre y a esa mujer le gustaba mucho ese bosque porque era mágico. Toda la gente advertía a la mujer y… Esta es la historia: Era un día lluvioso. La mujer salió muy pronto de casa para ir a su trabajo pero todos los días pasaba por el bosque y ese día, también lo hizo. Cuando llegó, se sentó en una hamaca que tenía preparada entre dos árboles y se acomodó. Ella hablaba con los árboles, les contaba a dónde iba, qué hacía, qué le pasaba… Cuando llegó la hora, la mujer se puso a hacer su trabajo que consistía en estudiar los árboles. Ella era científica de árboles, le encantaban y aprovechando que tenía un bosque enfrente de su casa, le sacó fotos y se las entregó a su jefe. Todos sus compañeros reconocieron ese bosque y le dijeron a ella que en ese bosque corría peligro, que era mejor que no entrara allí. Pero la mujer no hizo caso y siguió haciendo lo que tenía que hacer. En casa su padre le comentó que un ciudadano le había dicho que salieran de allí porque corrían peligro. La hija le respondió a su padre:


-Ya me lo han dicho en mi trabajo pero no hice caso. El padre, tampoco hizo caso y se fue a talar árboles, que era su trabajo . La mujer abrió la ventana y lo miró con pena porque le gustaban mucho los árboles y más los de su bosque que cada vez le gustaba más y más y ella no podía soportar

estar

allí

dentro. Pasaron

seis

años y a ella la despidieron del trabajo porque casi nunca iba y se pasaba el día en su bosque. Su padre había fallecido y ella seguía yendo cada día al bosque a rezar para que su padre descansara en paz. Aquel día, cuando terminó, los árboles empezaron a cantar canciones tristes. Luego salió el sol y más tarde empezó a llover y allí en el sitio que estaba notó que le empezaron a salir de los pies raíces y más y más raíces… ¡Se estaba convirtiendo en un árbol! Le crecieron ramas, hojas y sintió miedo pues estaba sin compañía, no sabía qué hacer y no se podía mover. Cuenta la leyenda que el árbol de la mujer sigue en aquel bosque y siempre seguirá.

Laura María Pascual López


EL ÁRBOL LAMADO HOJITA Un caluroso día de verano un niño iba por un merendero dando un paseo y creyó que había visto un árbol muy raro porque tenía forma de persona. Fue a mirarlo y, de repente, Hojita que así se llamaba el árbol , le dio un susto y el niño que no se lo esperaba se cayó al suelo. Hojita le dijo: -¡Hola niño! ¿Me podrías traer un poco de agua por favor? Es que estoy seco. Por cierto, todavía no me he presentado: me llamo Hojita. ¿Y tú? -Me llamo Juan. Un momento por favor. Ahora te lo traigo El niño fue a por un caldero y lo llenó de agua en una fuente que había enfrente de donde estaban comiendo. Se lo llevó, se lo echó por encima y le dijo: -Ya está. ¿Necesitas algo más?- Preguntó Juan. -No gracias. Has sido muy amable. -Respondió Hojita. -¡Adiós!- Dijo Juan -¡Adiós Juan! Espero que te pueda volver a ver- Dijo Hojita Al día siguiente a las nueve en punto Juan ya estaba levantado y desayunado en la cocina porque tenía muchas ganas de ir al merendero para volver a ver a su amigo Hojita. Todavía no se lo había contado a su madre porque pensaba que no le iban a creer y pensarían que estaba loco. Pero se arriesgó, fue al salón donde estaba su madre y le dijo: -Mamá tengo un amigo que es un árbol que habla. -Estás un poco loco. El niño llevó a su madre para enseñarle a su amigo. La madre creyó que estaba soñando y se pellizcó pero no era un sueño y se presentó. El árbol les dijo: -Si me cuidáis, en otoño yo os daré manzanas toda mi vida. Solo necesito mucha agua pero cada bastante tiempo. Así pasaron años y años y aquel árbol les dio manzanas toda la vida.

Pablo González Fueyo


La mujer-árbol Érase una vez una niña a la que le encantaban los árboles, deseaba ser un árbol. Un día la niña estaba paseando y se encontró un cartel que decía: “NO TOCAR EL ARBOL”. La niña estaba ansiosa por ver lo que pasaba al tocar el árbol y entonces lo tocó. Cuando lo hizo, se convirtió en una mujer-árbol. Ella pedía ayuda moviéndose pero la gente no la entendía, es más le tenían miedo. Los padres se empezaron a preocupar y fueron

a

buscarla,

pero

como

no

la

encontraban, llamaron a la policía. La niña seguía pidiendo ayuda pero como no podía hablar, la gente se marchaba. La policía y los padres encontraron al árbol, vieron el cartel y al árbol que se movía y entonces los padres se dieron cuenta de que a su hija le encantaba tocar las cosas y también le encantaban los árboles y pensaron que su hija podría estar dentro del árbol El padre tocó el árbol y se metió en él; es decir, se convirtió en un hombre-árbol. La policía al ver eso llamó a los mejores médicos para ver como se podía sacar a las dos personas que estaban dentro del árbol. Después de unas horas los médicos averiguaron la forma d salir del árbol que era echando una poción que mataba al árbol. La niña al oír eso le pareció mal pero ella quería salir. Así que echaron la poción y en una hora ya estaban fuera. Finalmente la niña cuando salió, se abrazó con su madre y todos felices. David Flórez Prieto


LA SABIA Hace varios años unos investigadores viajaron al Bosque Encantado. Uno de ellos era yo. También viaje e investigué el bosque de un extremo a otro pero no encontré nada. Después de un tiempo volví de nuevo al bosque y ¿a qué no sabéis que pasó? Encontré una parte del bosque que nadie más había encontrado. Lo investigué de nuevo pero no encontré nada fuera de lo normal. Pero un día alguien me habló. Yo pregunté quién era varias veces pero nadie contestó. Al día siguiente regresé y antes de entrar en el bosque oí voces que salían de los árboles. Entré silenciosamente, saludé y un árbol me contestó. Yo pregunté quién era y el árbol me dijo que era la Sabia. La Sabia me empezó a contar la leyenda de sus familiares: -Durante muchos siglos mi familia y yo echamos a los investigadores. A ti no te echamos

porque

sabemos

que nos puedes ayudar. Yo no sabía lo que era y pregunté. -¿En qué os ayudo?


El árbol triste me contó que su especie se había extinguido y para ayudarle, tenía que impedir que entraran los investigadores al bosque. –Te lo prometo. -Le dije Varias semanas después regresé a mi país. Cuando llegué, llamé a mi mejor amiga, le conté toda la historia y le pregunté si me ayudaba. Se empezó a reír de mí y dijo: -¡Vaya chiste más bueno! Ella no me creyó. Me marché de nuevo al bosque y vi que la mayoría de los árboles se habían muerto.

Sabia

se

estaba

muriendo

y

antes de morir me dijo dónde se encontraba el tesoro

que

durante

generaciones

había

guardado. Yo busqué el tesoro y lo encontré. Cuando volví a mi país le enseñé a mi amiga el tesoro que había encontrado y ella me pidió perdón por todo lo que había hecho. Lena Pacín Koch


Historias de árboles