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de exigir, también de manera creciente, sus indiscutibles derechos. Así si las formas generan espacios, éstos —convertidos a menudo en sugerente vacío— no sólo se transforman en los límites respectivos de las construcciones formales, sino que asimismo pueblan y habitan su innegable corporalidad, acrecentando el hálito de su misterio y el alcance de su posible espiritualidad. ¿Cómo no tener en cuenta toda la riqueza que aportan a las propuestas cerámicas de Enric Mestre esos espacios interiores, en principio vedados a la mirada y simplemente insinuados o quizás, en otros casos, convertidos en escuetos caminos conductores de la luz, cuando conseguimos desvelar el juego de orificios que taladra y perfora las formas, caracterizándolas plenamente como arquitecturas que cobijan sus propios secretos? Sin duda, la austeridad cromática y el minucioso control de las texturas no son, en este caso, sino intencionadas estrategias que vienen a reforzar el protagonismo de las formas —generadoras de volúmenes— como cobijo del espacio, quizás traducido a metáfora de la vida misma, de su profundo aislamiento y asumida soledad. Porque, como decíamos anteriormente, tras los procesos de conformación de las cerámicas de Enric Mestre nunca están ausentes las huellas de la existencia, aunque lo hagan, por lo común, de manera complementaria y raramente explícita. Tal ocurre, así, en algunas etapas de su trayectoria, con el desarrollo tan singular de las series dedicadas a las construcciones propias del entorno rural y pulso agrario: Moradas y Urnas o Acequias y Túneles. Ciertamente la propia denominación de tales series se convierte en elocuente hilo conductor que ayuda, en cierta manera, a desvelar algunos de sus planteamientos conceptuales. Pero, sin duda, todo ello es algo escuetamente coyuntural, sólo rentabilizable desde una posible exégesis explicativa de su proceso de ideación, quizás útil didácticamente aunque siempre circunstancia, frente a la autonomía creativa de las formas cerámicas y su consiguiente funcionalidad estética. En realidad, desde que Enric Mestre optó —hace ya algún tiempo— por coordinar plenamente, en sus trabajos, tanto lo que podríamos denominar llanamente la epidermis exterior junto con su interna capacidad evocadora, no sólo la categoría de la espacialidad cobró —en su beneficio— nuevos rumbos definitivos, sino que asimismo el carácter arquitectónico asumido paradigmáticamente aportó otros horizontes a su quehacer. Así, desde entonces, su personal mirada sobre el entorno existencial no ha dejado de descubrir nuevos y sugerentes objetivos, a la vez que su lenguaje artístico se enriquecía con distintas y versátiles morfologías y con una sintaxis cada vez más radical y depurada. ¿Por qué poner límites y cortapisas a la cerámica creativa, en una coyuntura histórica en que

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Enric mestre; vint peçes per a un museu  

Catálogo de la exosición "Enric Mestre; vint peçes per a un museu" que tuvo lugar en las tres capitales de la Comunidad Valenciana; Valencia...

Enric mestre; vint peçes per a un museu  

Catálogo de la exosición "Enric Mestre; vint peçes per a un museu" que tuvo lugar en las tres capitales de la Comunidad Valenciana; Valencia...

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