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La revista LIFE inició su segunda etapa en noviembre de 1936, Hitler llevaba como canciller de Alemania casi cuatro años. El verano de 1936 empezó la guerra civil en España y se celebraron los Juegos Olímpicos en Berlín. En el nº 2 de LIFE, del 30 Nov 1936, encontramos el siguiente artículo en las páginas 42 y 43

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Reproducciones, Heinrich Hoffman, Berlin (Copyright) 6


Y continua LIFE en otro cuadro de texto:

En LIFE no podían sospechar que al cabo de nueve años, las acuarelas pintadas por Adolf Hitler y propiedad de su fotógrafo personal, Heinrich Hoffmann, serían confiscadas por el Ejercito de los Estados Unidos tras la ocupación y conservadas en el Centro de Historia Militar de Washington, D.C, para evitar su exhibición y comercialización. Hitler fue simplemente un pintor del montón, en su época vienesa pintó muchos paisajes urbanos, la arquitectura neoclásica 7


vienesa del XIX y coloreó postales. No fue reconocido como pintor por la sociedad vienesa, aunque vendió algunos cuadros, precisamente en una tienda de cristales que fueron vendidos según consta en los archivos del vidriero Morgenstern a judíos. Tampoco se integró en el mundillo de los artistas de principios de siglo que frecuentaban los cafés, él esperaba que le echaran una mano Pocos dictadores y criminales han escrito tanto sobre arte cuando alcanzan el poder. Cuentan que le dijo al embajador británico Nevile Henderson en 1939, Yo soy artista y

no político. Una vez que se resuelva la cuestión polaca, quiero terminar mi vida como artista” Sabemos que no fue así, terminó su vida como Kunstkritiker y uno de los mayores criminales de la historia.

Portada: Raoul Hausmann, Der Kunstkritiker, (El crítico de arte) 1919-1920

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Al final de este número se reproducen parte de alguno de los discursos de Hitler relativos al arte, de ahí ese rol de crítico de arte, sobre todo el de la inauguración de la Casa del Arte Alemán en Múnich el 18 de julio de 1937. Al día siguiente se inauguraba también en Múnich la exposición Entartete Kunst (Arte Degenerado), no había pasado ni tres meses de la Operación Rügen, el bombardeo de la ciudad de Guernika por parte de la Legion Kondor y la Aviazione Legionaria italiana. Los primeros años del siglo XX se caracterizaron por los cambios súbitos en la forma de entender el arte y la proliferación de diversos estilos y corrientes artísticas, que liberaron a las artes visuales del corsé de las academias y la continua revisión histórica del clasicismo. Aunque estos movimientos no gozaron precisamente de la aprobación del público en general. El cubismo, dadá, surrealismo, postimpresionismo, fauvismo, etc. fueron considerados elitistas y de dudo9


sa moralidad. El periódico del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), Volkischer Beobachter (El observador del Pueblo) publicó en 1922 un artículo de su principal ideólogo, Alfred Rosenberg, cargando contra todas las vanguardias de principios de siglo y consagrando el Expresionismo como el verdadero arte alemán. Aunque a partir de la toma del poder en enero de 1933, el expresionismo cayó en desgracia, relacionándolo con el comunismo y tachándolo de inmoral y subversivo, al tiempo que consideraron que su fealdad e inferioridad artística eran un signo de la decadencia del arte moderno, caracterizado por el mestizaje, bolchevismo cultural, nihilismo, y “judíos … nada más que judíos” en palabras de Rosenberg, “el arte es siempre la creación de cierta

sangre, y la naturaleza formal de un arte es entendida solo por criaturas de la misma sangre”. En el Mein Kampf, Hitler ya proclamaba desde el principio que, en vista de los “excesos mórbidos de artistas locos y depraba10


dos”, tenía que ser tarea de los dirigentes nacionalsocialistas “evitar que un pueblo sea llevado a la locura mental”. A partir de 1933, se creó toda una estructura burocrática para controlar todo lo que ocurría en Alemania. El Ministerio del Reich para la Ilustración Popular y la Propaganda, al mando de Joseph Goebbels, jugó un papel central, creando varios departamentos, uno en concreto dedicado a las Bellas Artes. Los artistas judíos, comunistas y “no deseados” fueron expulsados de sus cargos por “degenerados” y se les prohibió trabajar, los que no huyeron fueron asesinados en el Holocausto. En marzo de 1933 Hitler anunció en su declaración del gobierno sobre la Ley de Habilitación: “la sangre y la raza volverá a ser la fuente de la institución ARTE”. Se empezó a construir grandes edificios para albergar la burocracia nazi llenos de esculturas patrióticas. Entre 1933 y 1937 se construyó la Casa del Arte Alemán y al mismo tiempo se celebraron varias exposiciones de 11


“Arte Degenerado” con el material artístico que se había confiscado en museos y galerías, para concluir el verano de 1937 con la inauguración de la Casa de Arte Alemán y la exposición Entartete Kunst. La Casa del Arte Alemán se inauguró con una exposición que el Kunstkritiker consideraba era el verdadero arte alemán: desnudos de rubias esculturales junto a soldados victoriosos y paisajes con campesinos idealizados. El modelo del nuevo arte debía de ser el arte clásico griego y romano que encarna el ideal racial alemán, debía ser heroico y romántico y no estar contaminado por el judaísmo. Se pensó en vender las obras para promover a los artistas del arte alemán, basado en la ideología de la sangre y el suelo, pero apenas se vendió nada y el público fue más bien escaso, todo lo contrario de la “otra” exposición.

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La exposición de Arte Degenerado que se inauguró al día siguiente también en Múnich se montó como escarnio de lo que no era “arte alemán” con las obras amontonadas, sin marcos, torcidas, con grafitis en las paredes con insultos a los autores. No solamente se burlaban del arte moderno, alentaban al público a verlo como un atentado al pueblo alemán. Con el inicio de la guerra y la ocupación de media Europa, el Kunstkritiker se dedicó a expoliar todas las obras de arte que encontraba en los museos europeos, aquí volvemos a encontrar a Alfred Rosenberg, ministro de los territorios ocupados, que aparte de asesinar a su población, se llevaban las obras de arte para el futuro “Museo del Führer “ y vender el resto en subastas para quedarse el dinero. No solo fueron unos criminales, también una terrible organización de ladrones de arte.

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El joven Hitler que pintaba paisajes realistas y edificios bien delineados, por fin se vengaba desde su puesto de Kunstkritiker del Reich de aquellos profesores y artistas que preferían los estilos más abstractos y modernos. Quizá debieron haberle dado una oportunidad en la Academia de Bellas Artes de Viena cuando se examinó en 1907 o la segunda vez en 1908. Tenía más talento para la arquitectura [*] que para la pintura le dijeron, pero como no había acabado la secundaria no podría ir a la Escuela de Arquitectura. Debieron darle una oportunidad, algo habría sido distinto.

[*] Última página cuadro de su casa natal, 1913 14


Relación de textos de Aldolf Hitler que se reproducen en el catálogo de la exposición Entartete Kunst, Múnich 1937

El fin del arte Bolchevique Del discurso del Führer en la inauguración de la Casa del Arte en Múnich (1937)

Reafirmo aquí y ahora, mi inamovible resolución, en medio de confusión política, de limpiar la vida artística de Alemania de toda esta palabrería. ¡ Las “obras de arte” que no son capaces de ser entendidas por sí mismas y necesitan un manual de instrucciones pretencioso para justificar su existencia – hasta que por fin encuentran a alguien lo suficientemente intimidado como para soportar con paciencia semejante charlatanería estúpida o impúdica 15


– nunca encontrarán la manera de llegarle al pueblo alemán! Todas esas frases sensibleras y pegajosas como “experiencia interior”, “una fuerte resolución”, “voluntad poderosa”, “emoción profética”, “actitud heroica” “empatía significativa”, “experiencia de duración”, “primitivismo arquetípico” y otras similares – todas esas estúpidas, mentirosas evasivas, todas esas payasadas y sandeces – no van a servir nunca más para excusar, mucho menos para encargar producciones que por ser totalmente ineptas son intrínsecamente indignas. Si alguien siente un poderoso impulso o una experiencia interior, que lo pruebe a través del trabajo continuo, y no a través de sus palabras estúpidas. Estamos mucho menos interesados en todo eso, en cualquier impulso así llamado, que lo estamos en el talento. En el futuro, cualquier artista que quiera exponer en este edificio, o presentarse ante el público en cual16


quier lugar de Alemania, necesitará talento. ¿El impulso podemos darlo por sentado! Sería una real hecatombe si alguien tratara de imponerle a sus compatriotas obras que ni siquiera tuvieran impulso. Ahora bien, si estos bandidos buscan ahora hacer que sus obras gusten por el hecho de presentarlas como la expresión de una nueva era, entonces la única respuesta posible es: no es el arte lo que construye una nueva era, sino la vida entera de una nación que primero se reforma o renueva a sí misma, la que solo entonces busca una nueva forma de expresión. La verdad es que todo el parloteo sobre un nuevo arte en Alemania durante estas últimas décadas, ha surgido de un total fracaso en poder concebir lo que nueva era Alemania significa. Porque, una nueva época no se moldea por hombres de inclinaciones literarias: la moldean los soldados, que son las presencias verdaderamente formativas que guían las naciones y hacen historia. Pero claro, ese es un 17


estatus que no aspiran alcanzar estos infelices que pintan mamarrachos y escriben ordinarieces. De otra parte, solo la imprudencia descarada o la estupidez impenetrable podría atreverse a ofrecerle a nuestro tiempo presente, o a todos los tiempos, obras que hubieran podido hacerse diez o veinte mil años atrás por hombres de la Edad de Piedra. Hablan de lo primitivo en el arte y olvidan que no es el propósito del arte retroceder y alejarse de la evolución de una nación, pues su tarea únicamente consiste en simbolizar la evolución viviente. Hoy , esta Nueva Era está moldeando un nuevo tipo humano. En innumerables áreas de la vida, se están haciendo enormes esfuerzos para exaltar a la gente, para hacer que nuestros hombres, nuestros niños y pequeños, nuestras niñas y mujeres sean más saludables por consiguiente más fuertes y más bellos. Y de esta fortaleza y de esta belleza surge una nueva vi18


da, una nueva felicidad en vida. En lo que lleva de existir la especie humana, nunca ha estado tan cerca de la Antigüedad, ni en apariencia ni en sentimiento, que lo que está ahora. Usurpada del deporte, de la competencia y del combate, millones de cuerpos jóvenes aparecen ahora ante nosotros en una forma y condición que nunca antes había sido vista y escasamente pudo haber sido imaginada hace cinco mil años. Un género bello y glorioso está emergiendo: uno que, después del logro supremo en el trabajo, honra ese viejo y sabio dicho: “trabajar, trabajar y trabajar”- Este tipo humano, como lo vimos durante los Juegos Olímpicos del año pasado, dando paso adelante frente al mundo entero, radiante de orgullo por su fortaleza y salud corporal – este género humano, ustedes señores de la brigada artística prehistórica y chisporreante, es el género de la Nueva Era. Y, ¿ustedes qué crean? ¡Seres lisiados, deformes y cretinos, mujeres que solo pueden despertar repulsión, hombres que más 19


parecen bestias que seres humanos, niños que si vivieran así caerían bajo la maldición de Dios! Y esto es lo que estos despiadados incapaces se atreven a ofrecer como arte de nuestro tiempo, es decir, como la expresión de todo lo que moldea e imprime su sello en nuestro tiempo presente. Que nadie les diga que esos artistas realmente ven las cosas de esta manera. He notado como, en medio de las obras entregadas, muchas obligan a suponer que los ojos de sus artífices les impiden ver las cosas como son en realidad: esto es, que existen hombres que ven a la gente de nuestro tiempo sólo como cretinos y quienes, por cuestión de principio, perciben – o, como sin duda ellos lo expresarían, “experimentan” - jinetes en azules, cielos verdes, nubes de color amarillo azufre y así sucesivamente. No tengo intención alguna de discutir si esa gente ve y siente esas cosas o no, pero en nombre del pueblo alemán quisiera prohibirle a cualquiera de estos lastimosos 20


desdichados, a estas víctimas de tan defectuosa vista, por supuesto – intentar engañar al público e inducirlo a aceptar tales productos de su visión distorsionada como objetos reales o incluso como “arte”. No; existen dos únicas alternativas posibles. La primera es que los que dicen ser “artistas” realmente vean las cosas de esta manera y por lo tanto crean en lo que representan – en cuyo caso simplemente tocaría abrir una investigación para determinar si sus defectos visuales son de nacimiento, o puro defecto mecánico. Si esto es lo que ocurre, sería algo profundamente lamentable para estos pobrecitos; si ocurre lo contrario, entonces sería cuestión del Ministerio del Interior del Reich encargarse de anticipar y prevenir por lo menos cualquier transmisión hereditaria de esos defectos visuales tan apabullantes. Pero si estos señores no creen en la realidad de tales impresiones, sino que buscan endilgarle sus engañifas a la gente por otras razones, entonces un compor21


tamiento así cae dentro del espectro de la ley criminal... ¡No es cosa mía si estos artistas aficionados terminan agarrados de las mechas entre ellos por causa de sus obras! ¡Porque el artista no trabaja para el artista, sino como todos los demás, trabaja para el Pueblo! Y nos encargaremos diligentemente de que de ahora en adelante sea el Pueblo el que juzgue su arte. Congreso Nacional del Partido, 1935 Nuestra resolución fue firme en que a la babosa de la “experiencia” Dadaísta, Cubista y Futurista, nunca le será, bajo ninguna circunstancia permitido tomar parte alguna en nuestro renacimiento cultural. Esta será una de las consecuencias más efectivas de nuestra conciencia sobre la naturaleza verdadera de la decadencia cultural que yace atrás de nosotros. Congreso Nacional del Partido, 1933 Cualquiera que busca lo nuevo porque sí cae demasiado rápido en el reino de la ligereza. 22


Por supuesto, entre más estúpida sea la forma en que algo es construido a partir de piedra y materiales, más propenso es a que sea realmente nuevo, porque en tiempos antiguos no cualquier ignorante y tonto tenía permiso para insultar a sus contemporáneos con los malogros de su enfermizo cerebro. En la inauguración de la Casa de Arte Alemán , 1937 Antes de que el Nacional Socialismo ascendiera al poder, existió en Alemania un tal llamado arte moderno, lo que equivale a decir -en cierta medida por la naturaleza del termino-, que ofrecía algo nuevo casi todos los años. La Alemania Nacional Socialista sin embargo, pretende ofrecer una vez más un Arte Alemán, y éste, como todos los valores creativos de las personas, debe ser y será un Arte Eterno. Si el arte carece de valor eterno para nuestra gente, entonces incluso hoy no posee gran valor.

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Congreso Nacional del Partido, 1933 En el campo de la cultura, como en lo demás, el movimiento Nacional Socialista debe impedir que charlatanes e incompetentes cambien de posición repentinamente y se adhieran a la bandera del Nuevo Estado como si nada hubiera pasado, de modo que no puedan, una vez mas, tomar decisiones en materia de arte y políticas culturales. En la inauguración de la Casa de Arte Alemán , 1937 El arte que no puede depender del apoyo placentero y sincero de la gran masa de gente sana, sino que depende de minúsculas roscas que fluctúan entre el egocentrismo y la indiferencia condescendiente, es intolerable. Este arte busca confundir el sensato instinto de las personas en vez de confirmarlo amablemente. En la inauguración de la Casa de Arte Alemán , 1937 El judaísmo fue capaz, aprovechándose en gran medida de su posición en la prensa, de 24


conseguir ayuda de la supuesta crítica artística, no solo para obscurecer progresivamente todas las ideas comunes sobre la naturaleza, función y propósito del arte, sino para destruir la respuesta saludable y generalizaba en esta materia. Congreso del Partido, 1933 Robarse la atención para uno mismo por medio de locuras deliberadas no es sólo una señal de fracaso artístico sino defecto moral

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Der Kunstkritiker  

El Canciller de Alemania, de pintor aficionado a Crítico de Arte

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