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modos, Raegan me dejaba tomar prestado un montón de sus cosas. Trenton me iba a llevar a algún restaurante italiano de lujo en la ciudad, luego iríamos a tomar unos tragos en el Red. Se suponía que sería una noche relajada. Su tarjeta y presentes se encontraban en una bolsa de regalo roja sobre mi cómoda. Era bastante aburrido, pero sabía que él apreciaría el gesto. Saqué lo único que se acercaba a ser apropiado: un vestido de punto negro con forro blanco y mangas tres cuartos. Con un cuello redondo modesto, era el único vestido que tenía que no acentuaba mi escote y no llamaría la atención en un buen restaurante. Me puse un par de tacones rojos, un collar a juego y aretes, y le di el visto bueno. Hubo un golpe en la puerta justo antes de las siete, y troté por el piso. —No te levantes. Probablemente es Trent. Pero no lo era. Era Brasil. Miró su reloj. —Siento llegar tan temprano. Solo estaba sentado en la casa y... Raegan se puso de pie y Brasil se quedó sin palabras por un momento. Su boca hizo una sonrisa ladeada. —Te ves bien. Fruncí el ceño. Raegan se veía como un millón de dólares, y comprendí que Brasil actuaba poco impresionado intencionalmente. No lo demostraba, pero había una pizca de remordimiento en sus ojos. Raegan ni siquiera se quejó de su falta de reacción, simplemente reflejó la misma expresión y luego tomó su bolso de la barra del desayuno. —Es mejor que traigas un abrigo, Ray —dijo Brasil—. Hace frío. Abrí el armario delantero y le entregué su largo abrigo negro. Ofreció una pequeña sonrisa en agradecimiento, y luego cerraron la puerta detrás de ellos. Volví a mi habitación y terminé mi cabello. Las siete vinieron y se fueron, también las siete y media. A las ocho, tomé mi teléfono y lo encendí. Nada. Traté de llamar, pero fue directo al buzón de voz. Al cuarto para las nueve, me encontraba sentada en el sofá jugando un estúpido juego de pájaros en mi celular. No ayudó a mí ya construido enojo que Trenton no hubiera llamado para explicar su retraso. Alguien llamó a la puerta, y me puse de pie en un salto. Abrí la puerta para encontrar a Trenton, o una parte él, porque se encontraba escondido detrás de un jarrón lleno de varias docenas de rosas de color rojo oscuro. Jadeé y me cubrí la boca. —Santo infierno, ¿son para mí? —pregunté.

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Beautiful Oblivion  
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