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UN ESPÍRITU EN EL HUMBRAL Un hombre de 55 años, espírita, sofrió un accidente y murió de repente. Él se vio saliendo del cuerpo y llegando a un lugar oscuro, feo, tétrico, con sensaciones muy negativas. Siendo así comenzó a caminar por aquel valle sombrío, vio a tres espíritus vestidos con capa negra caminando en su dirección. Así que llegaron, el hombre pregunto: – ¿Qué lugar es este? – Aquí es lo que ustedes los espiritas llaman el umbral- contesta uno de los espíritus. El hombre quedo contrariado con aquella información. Mal podía acreditar que estaba en el umbral. Consideró que talvez estuviese allí para participar de alguna actividad socorrista a los espíritus sufridores. El espíritu negativo, que leía sus pensamientos, respondió que no. El estaba allí porque el umbral era la zona cósmica que más guardaba sintonía con sus energías. – ¡Mas eso es imposible! – dice el espírita en desespero. – No puedo estar en el Umbral. Debe haber algún error… En primer lugar yo soy espírita, formo parte de esa religión maravillosa que es considerada el consolador prometido por Jesús. Realizo también


proyectos sociales de donación de sopa a los pobres. Administro el pase magnético dos veces por semana a una multitud de personas allá en el centro. También ayudo financieramente instituciones de caridad muy necesitadas, además de dar palestras en el centro para los iniciados en el Espiritismo. Definitivamente hay algo errado… No hay ningún error – dijo el espíritu de las sombras – En su actual estado de evolución, usted tiene que quedarse aquí mismo. Es verdad que usted es espírita y forma parte de esa doctrina consoladora, más íntimamente usted juzgaba a las personas de otras religiones inferiores por no ser espíritas. Si, usted realizaba proyectos sociales dando sopa a los pobres, mas en sus pensamientos se sentía lo máximo practicando la caridad y juzgaba que los pobres no eran tan evolucionados por estar amargando la pobreza, cuando en verdad muchos de ellos eran más puros que usted. Si, usted administraba el pase, más consideraba que su pase era el más “poderoso” y el más curador que el pase de otros pasistas. Si, usted ayudaba financieramente a instituciones de caridad, más dentro de ti siempre daba el dinero esperando recibir algo a cambio y sintiéndose alguien muy “caritativo”. Y finalmente… Si, usted daba palestras a los iniciadores en la doctrina, mas creía tener más conocimiento que ellos y se colocaba en una posición de destaque y vanidad intelectual. Todo eso suscitando una de las mayores llagas de la humanidad, el “orgullo” y la “vanidad”. El hombre quedó impresionado con las revelaciones de aquel espíritu. De hecho, reviendo sus actitudes y su perspectiva, íntimamente había casi siempre un sentimiento de superioridad, de orgullo en relación con los otros, ante todo lo que fue hecho. El espírita entonces miró para dentro de sí y comenzó a arrepentirse de todo aquello, reconociendo su error y sintiéndose más humilde. En ese momento, el sintió una luz brillando dentro de él y comenzó a elevarse. Al percibir que estaba se elevándose y dejando el umbral, divisó a otros espíritus aun presos a la condición umbralina y nuevamente le vino orgullo y una sensación de superioridad en relación a los mismos. Tras sentir eso, cayo nuevamente en el umbral, y la caída esa vez fue aun más dolorosa. Uno de los espíritus tenebrosos dijo:


– Usted cayó nuevamente porque, en el momento en que se elevaba, comenzó a sentir una cierta superioridad en relación con los espíritus que aquí estaban, suscitando una vez más la sensación de orgullo. Además de eso, “A quien mucho le fue dado, mucho le será exigido; y a quien mucho le fue confiado, mucho más le será pedido.” (Lucas 12:48). El hombre quedó muy triste con todo aquello. Entró dentro de sí mismo y con toda sinceridad pesó. Sí, es eso mismo. Yo fui una persona arrogante por ser espirita y por todo lo que yo hacía. Ese orgullo neutralizó todo el mérito de mis acciones. Más yo entiendo, que merezco estar aquí en el umbral. Voy a quedarme aquí mismo, quien sabe si yo aprenderé alguna cosa. No me preocupo más por mí y entrego mi vida a Dios… Como dijo Jesús “Que sea hecha la voluntad de Dios y no la mía”. El hombre cayo en el suelo u apenas se entregó a Dios con fe. En ese momento, no tenía el sentimiento de auto importancia. Cerro los ojos y dejo fluir todo… En ese momento, su cuerpo comenzó a tornarse un cuerpo luminoso y, sin percibirlo, comenzó a elevarse nuevamente. Así llego a una zona más elevada, abrió los ojos y, para su sorpresa, se había liberado del umbral. Esa vez, no sintió que estaba elevándose y si liberándose. Uno de los espíritus tenebrosos estaba esperando por el en ese plano más elevado. Tiro la capa negra y una luz maravillosa comenzó a brillar. El espírita percibió que ese espíritu no era negativo, más si un espíritu de luz que lo estaba ayudando desde el inicio. El espíritu dijo: – Tu renuncia de ti mismo en el último momento te salvó del umbral. Que todo eso sirva de lección para usted, hijo mío. Toda esa experiencia que usted paso sirve para los miembros de cualquier religión. Y no se olvide jamás de lo que dijo Jesús: “No sepa tú mano izquierda lo que hace tu mano derecha.” (Mateos 6:3)


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Un espíritu en el humbral hugo lapa  

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