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Transformaciones de la existencia en la tierra y la generalización de la mediumnidad Salvador Gentile (2ª parte) ¿De dónde vienen? ¿Quiénes son esos Espíritus vampirizadores? “En pocos minutos, penetramos vastísima aglomeración de callejuelas, reuniendo un caserío decadente y sórdido. “Rostros horrendos nos contemplaban furtivamente, al principio, pero a medida atravesábamos el terreno, éramos observados, con actitud agresiva, por transeúntes de miserable aspecto. “Algunos kilómetros de vía pública, repletos de cuadros deplorables, desfilaron ante nuestros ojos. “Centenas de mutilados, lisiados de todos los matices, entidades visceralmente desequilibradas, nos ofrecían paisajes escalofriantes. “Impresionado con la multitud de criaturas deformadas que se alineaban bajo nuestro rayo visual, perfectamente agrupadas allí,


en experiencia colectiva, dirigí algunas interrogaciones al Instructor, en tono discreto. “¿Por qué tan extensa comunidad de sufridores? ¿Qué causas imponían tan flagrante decadencia de la forma? “Paciente, el orientador no se demoró en la respuesta. “–Millones de personas—informó calmado—, después de la muerte, encuentran peligrosos enemigos en el miedo y en la vergüenza de sí mismas. Nada se pierde, André, en el círculo de nuestras acciones, palabras y pensamientos. El registro de nuestra vida se opera en dos fases distintas, perseverando en el exterior, a través del efecto de nuestra actuación en criaturas, situaciones y cosas, y persistiendo en nosotros mismos, en los archivos de nuestra conciencia, que recoge matemáticamente todos los resultados de nuestro esfuerzo, en el bien o en el mal, al interior de ella misma. El Espíritu, en cualquier parte, se mueve en el centro de las creaciones que desenvolvió. Defectos obscuros y cualidades loables lo envuelven, donde se encuentre. La criatura en la Tierra, por donde peregrinamos, oye argumentos alusivos al Cielo y al Infierno y cree vagamente en la vida espiritual que la espera, más allá del túmulo. Más temprano de lo que pueda imaginar, pierde el vehículo de carne y comprende que no se puede ocultar por más tiempo, deshecha la máscara del cuerpo bajo el cual se escondía, a la manera de la tortuga dentro del carapacho. Se siente tal cual es y recela la presencia de los hijos de la luz, cuyos dones de penetración le identificarían, de pronto, las malezas indeseables. El periespíritu, para la mente, es una cápsula más delicada, más susceptible de reflejarle la gloria o el estado vicioso, en virtud de los tejidos rarefactos de los que se constituye. En razón de eso, las almas decaídas, en un impulso de rebeldía contra los deberes que nos competen a cada uno, en los servicios de sublimación, se alían unas a las otras a través de organizaciones en las que se exteriorizan, tanto como es posible, las lamentables tendencias que le son peculiares, no obstante estar herronadas por el aguijón de las inteligencias vigorosas y crueles. “–Pero—interferí— ¿no hay recursos para volver a erguir a semejantes comunidades?


“–La misma ley de esfuerzo propio funciona igualmente aquí. No faltan llamados santificantes de lo Alto; con todo, con la ausencia de adhesión íntima de los interesados al ideal de su mejoría, es impracticable cualquier iniciativa legítima, en materia de reajuste general. Sin que el Espíritu, señor de la razón y de los valores eternos que le son consecuentes, delibere movilizar el patrimonio que le es propio, en el sentido de elevar su campo vibratorio, no es justo que sea arrebatado, por imposición, a regiones superiores, que él mismo por lo pronto no sabe desear. Y hasta que resuelva lanzarse a la empresa de su ascensión, va siendo aprovechado por las leyes universales en lo que pueda ser útil a la Obra Divina. La lombriz, mientras es lombriz, es compelida a trabajar el suelo; el pez, mientras es pez, no vivirá fuera del agua... “Sonriendo, ante su argumentación, concluyó de buen humor: “–Es natural, pues, que el hombre, dueño de vastas teorías de virtudes salvadoras, mientras se demora en el convoy de la inferioridad, sea empleado en actividades inferiores. La Ley estima infinitamente la Lógica. “Se calló Gúbio, evidentemente constreñido por la necesidad de no despertar demasiada atención sobre nosotros. “No obstante, sensibilizado por la miseria que encuadraba allí tanto dolor, me perdí en un mar de indagaciones íntimas. “¿Qué emporio extravagante era aquél? ¿Algún país donde se exhibían tipos sub-humanos? Yo sabía que semejantes criaturas no vestían cuerpos carnales y que se congregaban en un reino purgatorio, para su propio beneficio; sin embargo, se vestían con ropajes de materia francamente inmunda. Lombroso y Freud, encontrarían ahí abundante material de observación. Incontables tipos que interesarían de cerca, a la criminología y al psicoanálisis, vagaban absortos, sin rumbo. Innumerables ejemplares de pigmeos, cuya naturaleza, en sí, aún no puedo precisar, pasaban por nosotros a montones. Plantas exóticas, desagradables a nuestra mirada, proliferan allí, y animales en copiosa abundancia, aunque monstruosos, se movían al azar, dándome la idea de seres agobiados que pesada mano transformara en duendes. Callejuelas y despeñaderos obscuros se multiplicaban alrededor, acentuándonos el angustioso asombro.


“Después de la travesía de vastísima área, no contuve las interrogaciones que me escapaban del cerebro. “Pero, el Instructor, esclareció, discreto: “–Guarda las preguntas intempestivas por el momento. Estamos en una colonia purgatorial de vasta expresión. Quien no cumple aquí dolorosa penitencia regeneradora, puede ser considerado inteligencia sub-humana. Millares de criaturas, utilizadas en los servicios más rudos de la naturaleza, se movilizan, en estos sitios, en posición infra terrestre. La ignorancia, por ahora, no les confiere la gloria de la responsabilidad. Desarrollando las tendencias dignas, son candidatos a formar parte de la humanidad que conocemos en la superficie de la Tierra. Se sitúan entre el raciocinio fragmentario del mono y la idea simple del hombre primitivo de la floresta. Se apegan a personalidades encarnadas u obedecen, ciegamente, a los espíritus prepotentes que dominan en paisajes como éste. Guardan, en fin, la ingenuidad del salvaje y la fidelidad del perro. El contacto con ciertos individuos los inclina al bien o al mal y somos responsabilizados por las Fuerzas Superiores que nos gobiernan, en cuanto al tipo de influencia que ejercemos sobre la mente infantil de semejantes criaturas. Con respecto a los Espíritus que se muestran en estas callejuelas siniestras, exhibiendo formas casi animalizadas, observamos en ellos variadas demostraciones de anormalidad a las que somos conducidos por la desarmonía interna. Nuestra actividad mental nos marca el periespíritu. Podemos reconocer la propiedad del aserto estando aun en el mundo. El glotón comienza a adquirir un aspecto deprimente en el cuerpo que habita. Los viciados en el uso del alcohol, pasan a vivir boca abajo, arrojada al suelo, a la manera de grandes vermes. La mujer que se habituó a mercadear con su cuerpo físico, olvidando las sagradas finalidades de la vida, presenta una máscara triste, sin salir de la carne. Pero, aquí André, el fuego devorador de las pasiones degradantes revela a sus víctimas con la más horripilante crueldad. “Seguramente, porque yo había reflexionado en el problema de la asistencia, el orientador adujo: “– Es impracticable la asistencia individual y sistemática en una ciudad en la que se amontonan millares de alineados y enfermos.


Un médico del mundo sorprendería aquí, por centenares, casos de amnesia, de psicastenia, de locura, a través de neurosis complejas, alcanzando la conclusión de que toda patogénesis permanece radicada en los ascendientes de orden mental. Quien cura en estos lugares ha de ser el tiempo con la piedad celeste o la piedad celeste por intermedio de los embajadores de la renuncia, en servicios de intercesión para los espíritus arrepentidos, que se refugien en la obediencia de los imperativos de la Ley, inspirados por la buena voluntad. “Algunos transeúntes repulsivos caminaban cerca de nosotros y Gúbio consideró prudente guardar silencio. “Noté la existencia de algunas organizaciones de servicios que nos parecerían, en la esfera carnal, ingenua e infantil, reconociendo que la ociosidad era allí, la nota dominante. Y como no viese niños, a excepción de las razas de enanos, cuya existencia percibía sin distinguir a los padres de los hijos, arriesgué de nuevo una indagación en voz baja. “Respondió el Instructor atento: “–Para los hombres de la Tierra, propiamente considerados como tales, este plano es casi infernal. Si la compasión humana separa a los niños de los criminales definidos, ¿qué decir del cariño con que la compasión celestial vela por los infantes? “–Y en general, ¿por qué tanta ociosidad en este plano?—indagué aun. “–CASI TODAS LAS ALMAS HUMANAS, SITUADAS EN ESTAS CAVERNAS, ABSORBEN LAS ENERGÍAS DE LOS ENCARNADOS Y LES VAMPIRIZAN LA VIDA, COMO SI FUESEN LAMPREAS INSACIABLES EN EL OCÉANO DEL OXÍGENO TERRESTRE. Suspiran por regresar al cuerpo físico, debido a que no perfeccionaron la mente para la ascensión, y persiguen las emociones del campo carnal con el desvarío de los sedientos del desierto. Como fetos adelantados absorbiendo las energías del seno materno, CONSUMEN ELEVADAS RESERVAS DE FUERZA DE LOS SERES QUE LES DAN CALOR, desprevenidos de conocimiento superior. De ahí, esa desesperación con la que defienden en el mundo los poderes de la inercia y esa aversión con la que interpretan cualquier progreso espiritual o cualquier avance del hombre en la montaña de la santificación. En el fondo, las bases económicas de toda esa gente residen, aun, en la


esfera de los hombres comunes y por esto, perseveran, apasionadamente, el sistema de hurto psíquico, dentro del cual se sustentan, junto a las comunidades de la Tierra.” (Páginas 51 a la 55 del libro Liberación, 1ª edición, IDE – Mensaje Fraternal, de Francisco Cândido Xavier y André Luiz). Perdonen, nuestros lectores lo extenso de la transcripción. Pero consideramos útil describir bien el plano de la vida donde se movilizan los Espíritus de aquella esfera, así como el cuadro de su vida personal, para que pueda ser evaluado el daño causado por esos Espíritus inferiores a los encarnados desprevenidos que los alimentan psíquicamente.

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Transformaciones de la existencia 2 parte salvatore gentile  

TRANSFORMACIONES DE LA EXISTENCIA 2 PARTE SALVATORE GENTILE

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