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TRABAJADOR EN EL CENTRO ESPIRITA

Ismael era un trabajador incansable, había pasado muchos años, entregado en cuerpo y alma, al estudio de la Doctrina Espirita, fue un duro trabajo hasta conseguir el pequeño grupo, que se caracterizaba con una gran admiración del plano invisible. Andrea era la última que se había incorporado, joven idealista sentía dentro de sí una fuerza, que no había conseguido canalizar en ninguna parte, hasta el día en que reunida para hacer la caridad, les conoció . Ellos cuatro y sobre todo Ismael, la habían alucinado, sus enseñanzas la llenaron de deseos de conocer a fondo esa filosofía, que contaba con la aprobación de su alma y sin dudarlo se decidió a entrar en el grupo. Andrea desde que penetró en el mundo de Ismael, vio en el a un fiel amigo, una fuente inagotable de conocimientos y virtudes que habían merecido su respeto y admiración. Por eso desde un principio se sintió envidiada por Antonio que no veía con buenos ojos, que ella hubiera entrado a formar parte del grupo.


Antonio no dejaba de pensar que ella había sido la tentación para destruir la armonía que existía entre ellos. Siendo observado por Ismael y sintiendo este la aversión de Antonio por la muchacha trato de disuadirle y hacerle recapacitar, cosa que no logro, si en cambio la maledicencia se apodero más de el, y salía al exterior narrando todo lo que el sentía, que estaba muy lejos de ser realidad. Todo era vigilado y mal interpretado por Antonio, con gentes ajenas a la institución descargaba su alma, enferma, su ansiedad y envidia estaba descontrolada fuera de cualquier reacción positiva, hasta el punto que llego a escandalizar, su lengua viperina que hasta entonces había dado muestras fieles al Maestro se volvió maledicente inventando cosas que no eran ciertas y que por su misión de siervo de Cristo todos creyeron a pies juntillas. Él decía que no existía un lazo de cariño entre Andrea e Ismael, levantando el bulo de que ambos se deleitaban en actos obscenos. La Casa Espirita limpia y estructurada por los trabajos constantes de Ismael en todos los aspectos y sentidos, se fue llenando de una atmosfera pesada, irradiando cierta chispa de inquietud e inestabilidad en donde se temía que cualquier palabra provocase la chispa que encendiera la mecha que diera paso a todo lo que se tenían que decir unos del otro. De un centro de estudio y tonificación paso a ser un recinto donde no se podía estar tranquilo. Todo era visto con malos ojos, Antonio termino yéndose, era un peso muy pesado el de su conciencia delatándole de embustero y envidioso, malediciente e irresponsable. Su actuación había escandalizado a los pequeños que sintiendo la necesidad de sus almas sedientas acudían al centro para aprender y que desde entonces espantados por los escándalos no volvieran a frecuentar las charlas a las que solían acudir, admirados por la sensibilidad con que Ismael les enseñaba. Ismael al final se enteró de lo que había dicho Antonio, el no comprendía el porque de la ausencia de gente asidua del centro, y aquella tarde una lengua atrevida le dijo todo lo que pensaban de el. Humillado y sin fuerzas, no hizo nada para desmentir aquel bulo y desde aquel instante decidió cerrar el centro.


No escucho los mensajes que en la última reunión mediumnica los compañeros le dijeron desde el Mas Allá aclarándole que su trabajo era visto por el Señor, que su trabajo ahora tendría más valor pues tendría el peso de la desconfianza de sus hermanos cosa que los valoraría más la Divinidad. De nada sirvieron su decisión estaba tomada. Cerro las puertas del centro y abandono la ciudad, dejando tras de si una labor que había costado mucho levantar y de la cual se beneficiaban muchos espíritus de ambos lados de la vida. Pasó tiempo para reflexionar y su alma enferma no tenía tranquilidad. Hacía mucho tiempo que no dormía tranquilo. El abrigo de aquellas gentes que le habían acogido en momentos de amargura le fue tranquilizando, Relajado en esos momentos por la cama confortable que le habían cedido, Ismael se durmió. La médium abrió la sesión en aquella noche de trabajo, rompiendo en llanto y suspiros de amargura, desconsolada transmitía las sensaciones de un espíritu desconsolado, derrotado, deprimido y con un peso muy grande en su conciencia. Era el espíritu de Ismael narrando su historia, era de nuevo llamado para reflexionar, sus amigos del más Allá, querían avisarle de nuevo para que cambiara de actitud, ellos no se daban por vencidos, aprovecharon su descanso para reparar sus energías e incentivarle a comenzar de nuevo, a dejar de darlo todo por perdido, y en esa tarde el Adoctrinador inspirado por Los Benefactores hablaron a Ismael de una forma especial, sensibilizando su alma y despertando con la venda quitada de sus ojos. La luz había vuelto a él, energías reanimadoras habían vuelto a su ser. Veía claramente su gran error, había servido a Jesús en los triunfos y no había sabido servirle en los fracasos. La popularidad y los éxitos incentivaron siempre su trabajo, pero cuando las tinieblas le destruyeron esa popularidad y le escandalizaron todo su vigor y energía se vino abajo. Agradeció al Cielo su auxilio supo leer que la inspiración no era algo que había tenido que ver con la cama prestada y el descanso concedido sin merecerlo. Todo había sido fruto de la espiritualidad que de nuevo lo evitaba al trabajo. Pensó pedir perdón a sus compañeros pedirles humildemente le aceptaran como el ultimo del grupo y así comenzar de nuevo la tarea. Agradeció estar vivo poder reparar en parte su fracaso y para ello se puso en solitario a orar, con el fervor de un hijo retornado al Hogar de donde se ausento, por su negligencia y cobardía.


La popularidad y los éxitos INCENTIVAN siempre LOS trabajos, EN CAMBIO las tinieblas destruyen esa popularidad y ESCANDALIZAN todo vigor y energía CUANDO NOS Dejamos llevar de la maledicencia y la vanidad....


Trabajador en el centro espirita (historia)