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TIEMPO DE AGITACIÓN · Francisco Cándido Xavier Iniciada nuestra reunión pública, El Evangelio Según el Espiritismo nos dio el ítem 6 de su capítulo IX, que provocó los mejores comentarios.


Se reportaran los comentaristas a los trazos dominantes de la agitación que se observa en nuestro tiempo. Desentendimientos antagonismos sin razón, generando dificultades en el relacionamiento común, fueron comentados, trayendo a la charla casos lamentables en lo que, de simples desacuerdos de opiniones surgen actos de salvajería y delincuencia. En el término de nuestras tareas, nuestro querido Emmanuel escribió la página presente, con nuestro interés en verla en el Diario de san paulo con sus anotaciones doctrinarias. Desde ya, en mi nombre y de los compañeros, le dirijo mi profundo reconocimiento por la atención que dispensará, siempre, a nuestro pedido.

DIALOGO CURATIVO· Emmanuel Observa la extensión del sufrimiento humano y haz del verbo un instrumento de alivio y de paz. En torno de los propios pasos, encontrarás los enfermos del alma que surgen en todas direcciones: los que trajeron desajustes psicológicos de otras existencias presentando traumas oscuros en el campo de la mente, los que no pudieron atender los compromisos asumidos y caminan en el mundo disgustados consigo mismos; los desesperados, que caminan en las orlas de la delincuencia y los afligidos, casi todos ellos vinculados a procesos de angustia. Todos son enfermos del alma que deben ser medicados, por encima de todo, por el dialogo curativo. En la casa, compadécete de los familiares y procura irradiar la luz del entendimiento que establezca la tranquilidad y seguridad; en el grupo de trabajo, cuanto te sea posible, transfórmate en eliminador de las confidencias amargas, cambiando la incomprensión por la bondad o acidez por bendición; en las manifestaciones de carácter público, selecciona los conceptos que te vistan ideas y pareceres a fin de que no


vayas a estimular la violencia o la discordia; y, en las públicas, moviliza la solidaridad y la gentileza, disminuyendo el cansancio y la soledad en aquellos compañeros que soportan conflictos y pruebas que tal vez desconozcas. No te cargues con vibraciones fulminativas, ante la intemperancia que sorprendas en las vidas ajenas, una vez que no curarás a un enfermo, haciéndote más enfermo, especialmente, en el caso en que te veas ante determinado adversario o supuesto agresor. Colócate en el lugar del prójimo e imagina como serian tus reacciones si alguien te hablase con desconsideración o mal humor. Cuanto mayor es la turbación en el ambiente, mayor es el desequilibrio mental alrededor de nosotros. Y cuanto más la desarmonía nos envuelva, más imperiosa se revela la necesidad de la conservación curativa, capaz de suprimir molestias y obsesiones en la incubadora. Sea cual fuera la circunstancia en la que te encuentres, condimenta lo que digas con bondad y comprensión. Todos sabemos que, en la tierra, sobran los incendios de rebeldía y tribulación, sufrimientos y lágrimas. El Señor, sin embargo, no espera de nosotros cualquier fórmula milagrosa que venga a extinguir, de inmediato, los momentos de perturbación, entre tanto, donde estés y con quien estemos, pide nuestra taza de agua fría.

MANSEDUMBRE Y DULZURA · J. Herculano Pires (Hermano Saulo) Las agitaciones de nuestro tiempo caracterizan la fase de transición por la que estamos pasando en la tierra. El conocimiento espirita debe preservarnos de arrastramientos peligrosos y de incomprensiones a respecto de la situación del mundo. Una consulta a las notas intimas de Kardec, en el libro Obras Póstumas, bastaría para esclarecernos al respecto y predisponernos para la necesaria vigilancia.


Emmanuel nos recomienda, como siempre, la mansedumbre y la dulzura como los mejores instrumentos para la paz. La receta es acertada, más conviene no olvidarnos en la enseñanza de Lazaro, en el ítem 6 del capitulo IX del evangelio: “El mundo está lleno de personas que traen sonrisas en los labios y el veneno en el corazón. No basta que los labios destilen leche y miel, pues si el corazón no siente nada de eso, se trata de hipocresía.” El Espiritismo, teniendo como finalidad conducirnos a la Verdad, no se preocupa con las apariencias y no aprueba las técnicas de falsificación del hombre. De nada vale el varniz de la mansedublre en las relaciones sociales, si no tuviésemos el corazón puro, como Jesús enseñó a los fariseos. En las horas de bonanza podemos hablar en tono suave, más es en medio de la tempestad, la advertencia, la represión enérgica y hasta aun mismo el llorar son indispensables. El buen sentido de Kardec nos recuerda el deber de ayudar con energía en las horas de crisis. Escribe Emmanuel: “Todos los enfermos del alma deben ser medicados por encima de todo, por el dialogo curativo.” El Espiritismo, por sí mismo, apareció en el mundo como un dialogo de su naturaleza. Y podemos ver y sentir, en los textos doctrinarios, que la terapéutica no se hace apenas con palabras balsámicas, pues hay situaciones que requieren el golpe quirúrgico de las expresiones firmes y precisas. La mansedumbre y la dulzura se tornan negativas cuando no proceden de un corazón lleno de amor verdadero. La copa de agua fría que podría ayudarnos en las horas de crisis no brota de la fuente del fingimiento, más si de la fuente natural del entendimiento fraterno y del sentimiento legítimo de amor al prójimo. Sabemos que la evolución individual y colectiva no se hace por medio de artificios. Todos los artificios son condenados por la doctrina renovadora del espíritu de verdad, que se asienta en lo real y no en lo ilusorio. En nuestra conducta espirita, normalmente en las fases criticas como la que estamos afrontando, no podemos olvidar que la búsqueda de la verdad es nuestro objetivo.


Artículo publicado originalmente en la columna dominical “Chico Xavier pide licencia” del periódico Diario de S. paulo, en la década de 1970. Traducido por. M. C.R


Tiempo de agitación (analizando con chico xavier y j herculano pires)