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SINTOMAS DE MEDIUMNIDAD DIVALDO PEREIRA FRANCO La mediúmnidad es una facultad inherente a todos los seres humanos, que un día se presentará más ostensiva de lo que ocurre en el presente momento histórico. A medida que se perfeccionen los sentidos sensoriales, favoreciendo con más amplio caudal de aprensión del mundo objetivo, se amplía la embrionaria percepción extra física, aportando el surgimiento natural de la mediúmnidad. No pocas veces, es detectada por características especiales que pueden ser confundidas con síndromes de algunas psicopatologías que, en el pasado, eran utilizadas para combatir su existencia. No obstante, gracias a los notables esfuerzos y estudios de Allan Kardec, así como de una pleya de de investigadores de los fenómenos paranormales, la mediúmnidad va pudiendo ser observada y perfectamente aceptada con respeto, por las grandes contribuciones que facilita al pensamiento y al comportamiento moral, social y espiritual de las criaturas. Sutiles y vigorosos, algunos de esos síntomas permanecen en determinadas ocasiones generando malestar y sinsabor, inquietud y trastorno depresivo,


mientras que, en otros momentos, surgen en forma de exaltación de la personalidad, sensaciones desagradables en el organismo, o antipatías injustificables, animosidad mal disfrazada, resultado de la asistencia espiritual de que se es objeto. Muchas enfermedades de difícil diagnóstico, por la variedad de sintomatología, tiene sus raíces en disturbios de la mediúmnidad de prueba, es decir, aquella que se manifiesta con la finalidad de invitar al Espíritu a rescates aflictivos de comportamientos perversos o enfermizos mantenidos en existencias pasadas. Por ejemplo, en el área física: dolores en el cuerpo, sin causa orgánica; cefalalgia periódica, sin razón biológica; problemas del sueño – insomnio, pesadillas, pavores nocturnos con sudores; taquicardias, sin motivo justo; colapso periférico sin ninguna disfunción circulatoria, constituyendo todos ellos o apenas algunos, perturbaciones resultantes de mediúmnidad en surgimiento y con sintonía desequilibrada. En el comportamiento psicológico, aún se presentan: ansiedad, fobias variadas, perturbaciones emocionales, inquietud íntima, pesimismo, desconfianzas generalizadas, sensaciones de presencias inmateriales – sombras y bultos, voces y toques – que surgen inesperadamente, de la misma forma que desaparecen sin ninguna medicación, representando disturbios mediúmnicos inconscientes, que resultan de la captación de ondas mentales y vibraciones que sincronizan con el periespiritu del enfermo, procedentes de Entidades sufrientes o vengativas, atraídas por la necesidad de rehacer los conflictos en que ambos – encarnado y desencarnado – se vieron envueltos. Esos síntomas, generalmente pertenecientes al capítulo de las obsesiones simples, revelan la presencia de facultad mediúmnica en desdoblamiento, requiriendo los cuidados pertinentes a su educación y práctica. Ni todos los individuos, sin embargo, que se presentan con síntomas de tal porte, necesitan ejercer la facultad de que son portadores. Después de la conveniente terapia que es aportada por el estudio del Espiritismo y por la transformación moral del paciente, que son indispensables al equilibrio personal, recuperan la harmonía física, emocional y psíquica, prosiguiendo, sin embargo, con otra visión de la vida y diferente comportamiento, para que no le ocurra nada peor, conforme esclarecía Jesús después del atendimiento y la


recuperación de aquellos que Lo buscaban y tenían el cuadro de sufrimientos revertido. Sin embargo, gran número de portadores de mediúmnidad, tienen compromiso con la tarea específica, que le exige conocimiento, ejercicio, abnegación, sentimiento de amor y caridad, a fin de atraer a los Espíritus Nobles, que se encargarán de auxiliar a cada uno en la responsabilidad del ministerio iluminativo. Trabajadores de la última hora, nuevos profetas, transformándose en los modernos obreros del Señor, están comprometidos con el programa espiritual de la modificación personal, así como de la sociedad, con vistas a la Era del Espíritu inmortal que ya se encuentra con sus bases afincadas en la consciencia terrestre. Sin embargo, cuando los disturbios permanecen durante el tratamiento espiritual, conviene que se tenga en cuenta la psicoterapia consciente, a través de especialistas propios, con el fin de auxiliar al paciente-médium a realizar el autodescubrimiento, liberándose de conflictos y complejos perturbadores, que son resultantes de las experiencias infelices del ayer como de hoy. El esfuerzo por el perfeccionamiento interior unido a la práctica del bien, abre los espacios mentales a la renovación psíquica, que se enriquece de valores optimistas y positivos que se encuentran en la intimidad del Espiritismo, favoreciendo a la criatura humana con la alegría de vivir y de servir, al tiempo que la misma adquiere seguridad personal y confianza absoluta en Dios, avanzando sin ningún impedimento en el rumbo de la propia harmonía. Naturalmente, cuando se está encarnado, el proceso de crecimiento espiritual ocurre por medio de los factores que forman la argamasa celular, siempre susceptible de enfermedades, de desarreglos, de problemas que forman parte de la psicosfera terrestre, por la condición evolutiva de cada uno. La mediúmnidad, sin embargo, ejercida noblemente se torna una bandera cristiana y humanitaria, conduciendo mentes y corazones al punto de seguridad y de paz. La mediúmnidad, por lo tanto, no es un trastorno del organismo. Su desconocimiento, la falta de atendimiento a sus impositivos, generan disturbios


que pueden ser evitados o, cuando se presentan, reciben la conveniente orientación para que sean corregidos. Tratándose de una facultad que permite el intercambio entre los dos mundos – el físico y el espiritual – proporciona la captación de energías cuyo tenor vibratorio corresponde a la calidad moral de aquellos que las emiten, así como de aquellos otros que las captan y las transforman en mensajes significativos. En ese capítulo, no pocas enfermedades se originan de ese intercambio, cuando las vibraciones proceden de Entidades enfermas o perversas, que perturban el sistema nervioso de los médiums incipientes, produciendo disturbios en el sistema glandular e incluso afectando el inmunológico, dando campo para la instalación de bacterias y virus destructivos. La correcta educación de las fuerzas mediúmnicas proporciona equilibrio emocional y fisiológico, aportando salud integral a su portador. Es obvio que no impedirá la manifestación de los fenómenos resultantes de la Ley de Causa y Efecto, que necesita el Espíritu en su proceso evolutivo, sino que facilitará la tranquila conducción de los mismos sin daños para la existencia, que proseguirá en clima de harmonía y saludable, aun con los acontecimientos impuestos por la necesidad de la evolución personal. Cuidadosamente atendida, la mediúmnidad proporciona bienestar físico y emocional, contribuyendo para una mayor captación de energías vigorosas, que alzan la mente a regiones felices y nobles, de donde se pueden adquirir conocimientos y sentimientos inhabituales, que embellecen el Espíritu y lo enriquecen de belleza y de paz. Superados, por tanto, los síntomas de presentación de la mediúmnidad, surgen las responsabilidades ante los nuevos deberes que constituirán el clima psíquico dichoso del individuo que, comprendiendo la magnitud del hecho, crecerá interiormente rumbo al Bien y de Dios.

(Página psicografiada por el médium Divaldo P. Franco, el día 10 de julio de 2000, en Paramaran, Bahía).


Sintomas de mediumnidad (divaldo pereira franco)