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SILVÍCOLA VERSUS CIVILIZADOS – O INALTERABLE “APARTHEID” SOCIAL. Jorge Hessen Muchos compatriotas “civilizados” han menospreciado los valores de los indígenas brasileños. Algunos los acusan de picaros, astutos y perezosos. A rigor, el asunto sobre ellos [“incivilizados”] no es debatido con frecuencia y cuando es abordado es hecho de un domo burlesco. Algunos creen que los indígenas representan personajes asignados al pasado de Brasil y que dejaron de tener importancia histórica después de la urbanización de las ciudades. Esa concepción superficial redunda en la construcción de una imagen de los primeros habitantes del país totalmente distorsionada, a pesar de cerca del 40% de los brasileños tener algún parentesco con una silvícola ancestral. Actualmente, todos los tipos de anomalías patológicas existentes en las áreas urbanas son destinados en las pequeñas áreas restantes (hábitats) de los indígenas, inclusive alcoholismo y suicidios. Los factores preponderantes son atribuidos a mayor proximidad con las atmosferas citadinas y la intensificación del contacto con la sociedad “civilizada”. Eso estableció un proceso de marginalización y paradoxal aproximación con el modus vivencia de la modernidad. Estrictamente hablando, la "silvicultura" ha sufrido con la


violencia, el preconcepto y la falta de efectividad de derechos fundamentales de sobrevivencia. Los estudiosos consideran que las garantías de los “incivilizados”, establecidas por la Constitución brasileña de 1988, están en riesgo debido al avance de los intereses económicos, sobretodo en el campo. No ha sido fraterna la relación social entre “civilizados” y “silvícolas”. No olvidemos que la ley de evolución gobierna los dictámenes de la Creación. Todos estamos en proceso de evolución. En nuestro origen primordial somos dominados por los instintos. La inteligencia solo gradualmente se va desenvolviendo en cada uno de nosotros. Todos fuimos creados en estado de integral simplicidad y absoluta ignorancia. Con todo, gradualmente nos apartamos de las condiciones primarias a través demultiples experiencias e iniciamos largo proceso de aprendizaje y desenvolvimiento, teniendo como destino la Angelitud. Lo mismo ocurre con los indígenas, que son espíritus en el estado de infancia relativa y que también llegaran a la Angelitud. Tales seres son relativamente desenvueltos, porque ya nutren pasiones, y las pasiones son indicios de desenvolvimiento. Son señales de actividad y de conciencia del yo, por tanto, en los espíritus primitivos la inteligencia y la conciencia se haya presentes. La demanda que anotamos aquí es la forma de cómo los “civilizados” han convivido con los “incivilizados” de todos los tiempos. Sabemos a priori que para ser legítimas las adquisiciones de las civilizaciones contemporáneas, es necesario estar basadas en los valores éticos, sin los cuales las conquistas se convierten en emanaciones venenosas que culminan por aniquilar a quien las promueve. Cuando un espíritu sale del estado silvícola o de la barbarie y, por fuerza del progreso, adquiere conocimientos, tiene inicio el acceso a la civilización, más esa civilización es aun imperfecta cara a lo incompleto de su progreso. Una civilización solo es completa por su desenvolvimiento moral. Obviamente, no podemos responsabilizar a la civilización por los desvaríos del mundo, más si al hombre que la desfigura.” (1) Por tanto, la civilización es un estado de evolución de la humanidad, por cuanto refleja el grado de moralidad y organización que nos es útil. Estado es aun incompleto, pues aunque imperfecto, la civilización demuestra cuanto fuimos capaces de evolucionar en organización y cuanto aun necesitamos de mejorar.


Los Espíritus dicen que “ninguna sociedad tiene verdaderamente el derecho de decirse civilizada sino cuando ella hubiera hecho desaparecer los vicios que la deshonran y cuando allí las personas vivan como hermanos, practicando la caridad cristiana. Hasta que eso sea alcanzado, ella será apenas un conjunto de personas esclarecidas, que habrán recorrido la primera fase de la civilización.” (2) Por tanto, no están tan distantes de los indígenas, aborígenes y otros nativos. Pedimos permiso a fin de recordar las históricas agonías sufridas por los nativos de todos los rincones. Nos vino a la mente el caso de los aborígenes australianos en el inicio de la colonización europea en 1770. Los colonos ingleses trataron a los nativos de Australia con racismo y violencia física. Perpetraron chacinas espantosas, establecieron leyes discriminatorias. A principios de la década de 1950, con el país ya independiente del talón inglés, permanecía la discriminación racial contra cualquier individuo que no fuese de la genealogía británica. En el recorrer del siglo XX, el gobierno australiano retiró 100 mil niños aborígenes de los padres (la mayoría de piel clara, o sea, mestizos) y los internó en centros educativos para infundir en ellos la cultura occidental. Esa forma de actuar fue denominada “Política de Asimilación”. Los estudiosos bautizaron el proceso de “generación robada” esos niños “secuestrados” de los padres. Consta en los noticiarios internacionales que, en el 2008, John Howard, primer ministro de Australia, lamentó públicamente ese hecho, más no quiso pedir disculpas oficiales, pues eso costaría millones de dólares de indemnización para las familias y sus descendientes. A la medida que la civilización avanza en el tiempo crea nuevas necesidades, establece nuevas fuentes de angustias y violencias. “Los desordenes sociales están en la razón de las necesidades ficticias creadas. (3) El choque cultural entre “civilizados y silvícolas” es fruto de inmadurez moral de los citadinos. Sin embargo, considerando la pluralidad de las existencias , en consonancia a los Códigos Divinos, los exploradores “civilizados” yacen subordinados al imperativo de la Ley de Causa y Efecto, y seguramente reencarnaran entre grupos de “indígenas o aborígenes”, a fin de reparar los daños causados a los hermanos en evolución.


No desconsideramos, en esos argumentos, el rechazo que sufren los demás infelices “civilizados” completamente excluidos de la convivencia social, por cuanto la ambición y el egoísmo atienden niveles insoportables. Vivimos en una civilización llena de inquietud y de gran volubilidad emocional. Somos los seres racionales que amargan las paradojas de sorprendentes conquistas científicas, al mismo tiempo en que aun coexistimos con la dengue, la fiebre amarilla, la tuberculosis, el SIDA y todas las clases de drogas (cocaína, heroína, skanc, éxtasis, crack, oxígeno, etc.) En este contradictorio panorama aun siniestro de la sociedad pos moderno el Evangelio de Cristo precisa ser la transubstanciación de los más poderosos recursos para el indulto de las mentes humanas, esclavas del persistente “apartheid” social.


Silvícola versus civilizados (jorge hessen)  

SILVICOLAS VERSUS CIVILIZADOS (JORGE HESSEN)

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