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(Unificación con Dios) Saludo matinal Viernes 23 de agosto del 2013

Queridos amigos, hola buenos días, seguimos caminando, pese a que no actuemos a gusto de todos, hemos de seguir haciéndolo, porque si el pintor espera que su arte sea valorado por todos, dejaría de pintar, la unificación lamentablemente en los ideales y en las cosas, en el hombre, solo puede existir con Dios, porque Dios


no cambia, al ser perfecto, y al ser perfecta Su obra, no está sujeto a cambios, todos los días amanece y anochece, sus Obras están establecidas para la eternidad, en cambio los hombres, estamos siempre cambiando, y lamentablemente siempre cuando agradamos a unos, contrariamos a otros, y para no perdernos, hemos de tener en la mente agradar a Dios que es para quien trabajamos. Y la mejor forma de hacerlo, es cumpliendo sus leyes, y amando de verdad a Él y a Sus criaturas. No somos maquinas, para que Dios nos hubiera creado ya de por si perfectos, todos tenemos un espíritu que ha de conquistar el unificarse con Dios, y para ello debe fijar todos sus esfuerzos, cuando el espíritu lo consigue, es cuando consigue saber todo de todas las cosas. Entonces obra por inercia, no duda, no comete errores, y lamentablemente estamos muy lejos de todo eso. El amor, la luz y la verdad, siempre ha sido parte del ser humano, actualmente, él está descubriendo que desde el corazón se vive, se es y se crea la realidad, desde diferentes perspectivas, atrayendo paz, amor y equilibrio a él en su interior y a su entorno, porque todo se basa en la armonía de todo lo que se es y existe, por eso nuestro universo y el universo es armonía, siempre. La verdad es que todos los libros y tradiciones religiosas de la antigüedad guardan, entre sí, la más estrecha unidad sustancial. Las revelaciones evolucionan en una esfera gradual de conocimiento. Todas se refieren al Dios impersonificable, que es la esencia de la vida de todo el universo, y en el tradicionalismo de todas palpita la visión sublime de Cristo, esperado en todos los puntos del globo. A la luz significativa de la historia, observamos muchas veces, en Sus auxiliares o instrumentos humanos, las características de las vulgaridades terrestres. Algunos han sido dictadores de conciencias, enérgicos y feroces en el sentido de mantener y fomentar la fe. Otros, traicionados en sus fuerzas y despreciando los compromisos sagrados con el Salvador, lejos de ser instrumentos del Divino Maestro, han abusado de la propia


libertad, prestando oídos a las fuerzas subversivas de las tinieblas y perjudicando la armonía general. Pero Jesús señala Su pasaje por la Tierra con el sello constante de la más augusta caridad y del más abnegado amor. Sus parábolas y advertencias están impregnadas del perfume de las verdades eternas y gloriosas. El pesebre y el calvario son enseñanzas maravillosas, cuya claridad ilumina los caminos milenarios de toda la humanidad y sobre todo, sus ejemplos y actos constituyen el camino de todas las finalidades grandiosas, en el perfeccionamiento de la vida terrestre. Con esos elementos, hizo una revolución espiritual que permanece en el globo hace dos milenios. Respetando las leyes del mundo, aludiendo a la efigie de César, enseñó a las criaturas humanas a elevarse hacia Dios, en la amplia comprensión de las más santas verdades de la vida. Remodeló todos los conceptos de la vida social, ejemplificando la más pura fraternidad. Cumpliendo la ley antigua, su organismo estaba pleno de tolerancia, de piedad y amor, con sus enseñanzas en la plaza pública, delante de las criaturas disolutas e infelices, y solamente Él enseñó el “Amaos los unos a los otros”, viviendo la situación de quien sabía cumplirlo. Los espíritus incapacitados para comprenderle pueden alegar que Sus fórmulas verbales eran antiguas y conocidas, pero ninguno podrá contestar que Su ejemplo fue único, hasta ahora, sobre la faz de la Tierra. La mayor parte de los misioneros religiosos de la antigüedad se componía de príncipes, sabios o grandes iniciados, que salían de la intimidad confortable de los palacios y los templos, pero el Señor de la siembra y la cosecha era la personificación de toda la sabiduría, de todo el amor, y su único palacio era el taller humilde de un carpintero, donde enseñaba a la posteridad que la verdadera aristocracia debe ser el trabajo, lanzando la fórmula sagrada, definida por el pensamiento moderno, como el colectivismo de las manos, aliado al individualismo de los corazones, síntesis social hacia la que caminan los colectivos de los tiempos que transcurren y que, despreciando todas las convenciones y honras terrestres, prefirió no poseer ninguna


piedra donde reposase el pensamiento dolorido, para que aprendiesen sus hermanos la gran enseñanza de “Camino de verdad y vida”. Amigos os deseo un buen fin de semana, con mucho amor y cariño, que Dios nos bendiga. Merchita Extraído del libro “A Camino de la Luz” de Chico Xavier y de mi inspiración.


Saludo matinal viernes 23 de agosto del 2013 (unificación con dios)