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Reencarnar y desencarnar Saludo matinal Sábado 14 de abril de 2018 Queridos amigos, hola buenos días, la reencarnación es una dadiva divina que nos permite evolucionar, muchos reniegan de la vida que le ha tocado vivir, pero conforme el hombre evoluciona va valorando la vida, y prestando menor valor a las cosas, restando importancia a las cosas que le suceden… Es más difícil reencarnar que desencarnar… ya que el Espíritu al otro lado de la vida viste una armadura, que le inhibe las percepciones y le impone limitaciones y necesidades urgentes, relacionadas con la subsistencia; pasa por la completa amnesia, incapaz de definir la propia identidad; durante varios años estará en total dependencia, debilitado e indefenso. Males físicos lo asediarán, dudas lo perseguirán, el dolor será su compañera inexorable. ¡Será complicado y asustadizo! En cambio cuando desencarna es como el retorno al hogar, al continente espiritual; sacar la armadura, readquirir las


percepciones, encarar la realidad, superar las dudas, librarse del dolor físico, reencontrar afectos queridos… Y lo mejor – la libertad. Es razonable que festejemos el nacimiento. A fin de cuentas, incluso por las peores pruebas que puedan esperarlo, es, para el Espíritu que llega la ocasión del recomienzo, la facilidad de renovación, la oportunidad de desarrollar sus potencialidades y evolucionar. Con el grado de evolución que tenemos sería pedir demasiado el que festejásemos la muerte. Estamos lejos de la convicción necesaria. Por lo menos no deberíamos deplorarla. En nuestro propio beneficio, es necesario encarar la muerte de forma optimista, como el viajante que retorna al hogar, después de una larga ausencia. Es porque nos apegamos demasiado a la experiencia humana, sin espacio para pensar en la vida espiritual, que nos aferra tanto la muerte. Las almas se lían de tal forma, que encaran la muerte como el aniquilamiento de todas las esperanzas, algo tétrico, terrible, que procuran ignorar. Prefieren imaginar la muerte como un monstruo que no las amenazará si no piensan en él. La reencarnación puede ser una especie de destierro, una penalización a cumplir, por culpa de nuestros compromisos del pasado, depende de cómo encaremos la experiencia humana. Hay personas atormentadas y enfermas que parecen vivir en un hospital; otras se sienten en una prisión. Hay quien se sitúa en una arena de disputas por la riqueza y el poder, y quien juzgue estar haciendo un viaje de vacaciones, en la inconsecuencia de los vicios y ocios... Resaltar en la experiencia humana la escuela y la oficina de trabajo, considerando que estamos aquí para aprender los fundamentos de la Vida y superar las tendencias egoístas con el empeño en el bien, sería lo ideal que pensásemos al respecto. Considerando que la jornada terrestre es una gran lija que pule nuestras imperfecciones más groseras, todos tenemos programas relacionados con el hospital y la prisión. Hay males inevitables. No obstante, facultarnos la bondad celeste los ameniza, tornándolos perfectamente tolerables, desde que no despreciemos la necesidad de aprender y servir, sin desánimo. «Todas las almas están sujetas a la transmigración, y los hombres que no conocen los caminos del Señor, que sean bendecidos; ellos no


saben que están siendo traídos delante del tribunal, tanto cuando entran en este mundo como cuando salen de él. Son ignorantes de las muchas transmigraciones y pruebas secretas que deben de pasar». (Zohar 2.99b) Este proceso de la reencarnación obedece unas leyes justas y buenas creadas por un Dios justo las cuales rigen la existencia de todo espíritu, tanto encarnado como desencarnado. La primera es la ley inexorable de la progresión o la evolución. El espíritu ha de vivir múltiples vidas para poder alcanzar su meta de una vida perfecta que a su vez cuando la logre, ya no tiene que reencarnar más, porque ha llegado a la suprema felicidad donde como "espíritu puro o bienaventurado" servirá de mensajero (ángel) de Dios. De manera que el espíritu tiene que purgarse o expiar a sí mismo de sus imperfecciones y para esto dispone de todas las oportunidades que necesita en las múltiples existencias. Dicho proceso obedece otra ley inexorable, la ley de karma. Esta ley kármicas de causa y efecto que rige a todos los espíritus estipula que las obras buenas tienen que ser más que las malas para poder purgar el espíritu. Para alcanzar una expiación completa se necesita muchas vidas humanas. Una vez que se haya logrado la perfección, la necesidad de reencarnar ya no existe. Mientras tanto, la condición de la vida de uno varía en cada "encarnación “de acuerdo a los méritos o desméritos en su vida anterior. Significa la ley de karma que lo que es uno ahora es el resultado de lo que pensó e hizo en la vida en el pasado ya que lo que piensa y hace ahora determina lo que será en una vida en el futuro Por eso como manera de expiación algunos nacen ciegos, sordos o paralíticos, tullidos, leprosos, anormales, pordioseros o esclavos. De otro lado otros disfrutan de la salud y la prosperidad. Lo que es un hecho evidente que el espíritu individual de cada persona progresará indefinidamente por medio del proceso de la reencarnación, la cual quiere decir la "vuelta del espíritu a la vida corporal" o la "pluralidad de existencias" del espíritu en cuerpos humanos… La reencarnación estimula la impasividad, es decir, la serenidad ante los sufrimientos y dolores resultantes de lo que hicimos en el pasado; pero deja bien claro que el futuro depende de nuestras


iniciativas, estimulándonos al esfuerzo del Bien y al empeño de auto renovación. Amigos mis mejores deseos para todos en este fin de semana, que Dios los bendiga Merchita Extraído en parte del libro “Reencarnación” de Richard Simonetti

Saludo matinal sábado 14 de abril de 2018 reencarnar y desencarnar  

SALUDO MATINAL SÁBADO 14 DE ABRIL DE 2018 REENCARNAR Y DESENCARNAR

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